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En tiempos del rey Josías, se rescató un documento importantísimo, que corresponde en su mayor parte, a lo que es el Deuteronomio actualmente. Esto sucedió en tiempos de este rey y en tiempos de Ezequías, se produce el milagro que se nos cuenta en la primera lectura del día de hoy.
 
En tiempos del rey Josías, se rescató un documento importantísimo, que corresponde en su mayor parte, a lo que es el Deuteronomio actualmente. Esto sucedió en tiempos de este rey y en tiempos de Ezequías, se produce el milagro que se nos cuenta en la primera lectura del día de hoy.
  
Me llama la atención, que cuando Ezequías se sabe enfermo, "se vuelve hacia la pared" [[:Category:Isaías 038_002|Isaías 38,2]], dice el texto Sagrado. En eso veo yo un simbolismo muy bello.  
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Me llama la atención, que cuando Ezequías se sabe enfermo, "se vuelve hacia la pared" [[:Categoría:Isaías 038_002|Isaías 38,2]], dice el texto Sagrado. En eso veo yo un simbolismo muy bello.  
  
 
Ezequías oye la palabra, oye el diagnóstico de su enfermedad mortal, pero él da la espalda a las voces de los hombres. Ese volverse hacia la pared, es un acto muy sencillo, pero que sirve para ilustrar una actitud muy profunda.
 
Ezequías oye la palabra, oye el diagnóstico de su enfermedad mortal, pero él da la espalda a las voces de los hombres. Ese volverse hacia la pared, es un acto muy sencillo, pero que sirve para ilustrar una actitud muy profunda.
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A ver si logro explicarme con la bondad de Dios. Ezequías oye el diagnóstico del mundo, pero le da la espalda a eso. Por tanto, se vuelve hacia la pared y hace oración. Tratemos de aplicar este hecho a nuestras vidas, como una primera enseñanza del texto de hoy.
 
A ver si logro explicarme con la bondad de Dios. Ezequías oye el diagnóstico del mundo, pero le da la espalda a eso. Por tanto, se vuelve hacia la pared y hace oración. Tratemos de aplicar este hecho a nuestras vidas, como una primera enseñanza del texto de hoy.
  
Muchas veces se ha dado sentencia de muerte a la Iglesia. Los sumos sacerdotes, ya en tiempo de los Apóstoles, decretaron sentencia de muerte: "Hay que acabar con esas sectas perniciosas" [[:Category:Hechos 005_033|Hechos de los Apóstoles 5,33]], y declararon que se tenían que morir.   
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Muchas veces se ha dado sentencia de muerte a la Iglesia. Los sumos sacerdotes, ya en tiempo de los Apóstoles, decretaron sentencia de muerte: "Hay que acabar con esas sectas perniciosas" [[:Categoría:Hechos 005_033|Hechos de los Apóstoles 5,33]], y declararon que se tenían que morir.   
  
Entre ellos, sin embargo, ya un hombre, Gamaliel, dijo: "¡Un momento! Si esto es de Dios, esto permanece, esto sale adelante, esto pervive" [[:Category:Hechos 005_038-039|Hechos de los Apóstoles 5,38-39]].
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Entre ellos, sin embargo, ya un hombre, Gamaliel, dijo: "¡Un momento! Si esto es de Dios, esto permanece, esto sale adelante, esto pervive" [[:Categoría:Hechos 005_038-039|Hechos de los Apóstoles 5,38-39]].
  
 
Ahí hay una sentencia de muerte. Hace unos pocos años, leía yo que uno de los profetas, o de los magos, o como se les quiera llamar, de la Nueva Era, decía: "El cristianismo como religión, está llamado a desaparecer. El cristianismo tiene que acabarse". Uno que se descaró, porque la Nueva Era trata de ser ambigua, trata de ser resbaladiza.
 
Ahí hay una sentencia de muerte. Hace unos pocos años, leía yo que uno de los profetas, o de los magos, o como se les quiera llamar, de la Nueva Era, decía: "El cristianismo como religión, está llamado a desaparecer. El cristianismo tiene que acabarse". Uno que se descaró, porque la Nueva Era trata de ser ambigua, trata de ser resbaladiza.
  
"¡El cristianismo tiene que desaparecer!" Si recordamos las persecuciones del Imperio Romano hasta las persecuciones de este imperio sin cabeza que es la Nueva Era, descubriremos que se ha dado sentencia de muerte muchas veces, y a pesar de ello, la Palabra de Cristo se cumple: "Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia" [[:Category:Mateo 016_018|San Mateo 16,18]]
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"¡El cristianismo tiene que desaparecer!" Si recordamos las persecuciones del Imperio Romano hasta las persecuciones de este imperio sin cabeza que es la Nueva Era, descubriremos que se ha dado sentencia de muerte muchas veces, y a pesar de ello, la Palabra de Cristo se cumple: "Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia" [[:Categoría:Mateo 016_018|San Mateo 16,18]]
  
 
Muchas veces, contra la vida religiosa y muchas veces, contra nuestras propias vocaciones también, se da sentencia de muerte: "Esa comunidad no va a ninguna parte. La chifladura les durará dos, tres años, pero eso no va a ninguna parte". ¡Sentencia de muerte!  
 
Muchas veces, contra la vida religiosa y muchas veces, contra nuestras propias vocaciones también, se da sentencia de muerte: "Esa comunidad no va a ninguna parte. La chifladura les durará dos, tres años, pero eso no va a ninguna parte". ¡Sentencia de muerte!  
  
Son casos, en los que tenemos que hacer lo que hizo Ezequías: "Bueno, esa fue la opinión del mundo, pero yo me vuelvo hacia la pared. Ya oí lo que me dijeron; ahora yo me vuelvo hacia Dios y a Dios le clamo, le ruego: Señor, tú sabes lo que hay en mí." "Con largo llanto" [[:Category: Isaías 038_003|Isaías 38,3]], como Ezequías, se pide misericordia y Dios da su respuesta.
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Son casos, en los que tenemos que hacer lo que hizo Ezequías: "Bueno, esa fue la opinión del mundo, pero yo me vuelvo hacia la pared. Ya oí lo que me dijeron; ahora yo me vuelvo hacia Dios y a Dios le clamo, le ruego: Señor, tú sabes lo que hay en mí." "Con largo llanto" [[:Categoría: Isaías 038_003|Isaías 38,3]], como Ezequías, se pide misericordia y Dios da su respuesta.
  
 
El pecado entra siempre con altanería en nuestras vidas, pisando fuerte, ostentoso, orgulloso, prepotente. Siempre llega así, hasta decir: "Aquí llegué y aquí me quedo, porque este terreno es mío". A veces en los exorcismos, Satanás habla desde luego, insultando también a la persona que tiene poseída: "Este puerco, esta cerda es mía y aquí me quedo", así lo dice expresamente el demonio.
 
El pecado entra siempre con altanería en nuestras vidas, pisando fuerte, ostentoso, orgulloso, prepotente. Siempre llega así, hasta decir: "Aquí llegué y aquí me quedo, porque este terreno es mío". A veces en los exorcismos, Satanás habla desde luego, insultando también a la persona que tiene poseída: "Este puerco, esta cerda es mía y aquí me quedo", así lo dice expresamente el demonio.
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Pero aunque nosotros no estemos en ese caso, -y Dios nos libre-, sí tenemos la experiencia de que el pecado llega como esa enfermedad de Ezequías. Es que la enfermedad llegó donde Ezequías pisando fuerte: "Aquí llegué y hasta que te mate".  
 
Pero aunque nosotros no estemos en ese caso, -y Dios nos libre-, sí tenemos la experiencia de que el pecado llega como esa enfermedad de Ezequías. Es que la enfermedad llegó donde Ezequías pisando fuerte: "Aquí llegué y hasta que te mate".  
  
Pero Ezequías oyó la sentencia, dio la espalda a esa sentencia, se volvió hacia la pared, -"como entrando en su aposento" [[:Category:Mateo 006_006|San Mateo 6,6]], según diría después Jesucristo-, e "hizo oración y largo llanto" [[:Category: Isaías 038_002-003|Isaías 38,2-3]].
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Pero Ezequías oyó la sentencia, dio la espalda a esa sentencia, se volvió hacia la pared, -"como entrando en su aposento" [[:Categoría:Mateo 006_006|San Mateo 6,6]], según diría después Jesucristo-, e "hizo oración y largo llanto" [[:Categoría: Isaías 038_002-003|Isaías 38,2-3]].
  
Se humilló en la presencia de Dios. Le dijo: "Tú lo sabes todo, tú sabes cuál es mi corazón y aquí estoy" [[:Category: Isaías 038_003|Isaías 38,3]], y Dios lo libró de esta enfermedad, la enfermedad prepotente que pretendía recortarle la vida a Ezequías.
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Se humilló en la presencia de Dios. Le dijo: "Tú lo sabes todo, tú sabes cuál es mi corazón y aquí estoy" [[:Categoría: Isaías 038_003|Isaías 38,3]], y Dios lo libró de esta enfermedad, la enfermedad prepotente que pretendía recortarle la vida a Ezequías.
  
 
Pensemos cuáles son las enfermedades del alma, cuáles son los pecados que han llegado a nosotros así. Llega el pecado y llega pisando fuerte como verdadero emisario de Satanás. El pecado llega pisando fuerte en el alma y dice: "Bueno, estaré contigo hasta que te acabe y hasta la muerte".
 
Pensemos cuáles son las enfermedades del alma, cuáles son los pecados que han llegado a nosotros así. Llega el pecado y llega pisando fuerte como verdadero emisario de Satanás. El pecado llega pisando fuerte en el alma y dice: "Bueno, estaré contigo hasta que te acabe y hasta la muerte".
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Revisión actual del 16:00 6 dic 2011

Fecha; 20000721

Título: Frente al pecado, rebelarse orando humildemente

Original en audio: 16 min. 8 seg.


La primera lectura nos cuenta la oración de Ezequías y la respuesta a esa oración por boca del Profeta Isaías.

Ezequías fue un rey piadoso, cosa que es excepcional en la historia de los reyes de Israel y de Judá.

Porque si uno lee los libros de Samuel, los libros de los Reyes, los libros de las Crónicas, que son los que nos cuentan las historias de estos reyes, casi siempre la sentencia es fuerte: "Hizo lo que le desagrada al Señor. Cayó en idolatría. No fue fiel a la Alianza".

El diagnóstico que se presenta, el veredicto que se da de estos reyes y de todo ese tiempo, es bastante negativo. Por eso, nos maravilla que se hable de un rey que ha cumplido lo que agrada al Señor y que ha obedecido los preceptos de la Alianza de Dios.

Son unos pocos los que fueron como obedientes a Dios. Y hay que recordar esos nombres para familiarizarnos con la historia de los reyes en la Biblia. Fundamentalmente, Ezequías, Josías, son los dos reyes que se recuerdan como de buena memoria y desde luego, antes de ellos, el rey David.

O sea que cuando uno quiera pensar en reyes que hayan respondido a la Alianza de Dios, hay que mirar sobre todo a ésos: David, Josías, Ezequías. Junto a ellos, de pronto, se puede tener en cuenta a Salomón; pero ya Salomón trajo el caos, porque al final de su vida, con ese desorden de mujeres y de esposas que tuvo, pues también abrió las puertas a la idolatría.

En fin, este es un dato que es interesante como para que oigamos la Palabra de Dios con cierta inteligencia. Cuando escuchemos hablar de Josías, o de Ezequiel, ya sabemos que se trata de los reyes que desearon realmente vivir esta Alianza. Y Dios quiso mostrar su bendición sobre ellos.

En tiempos del rey Josías, se rescató un documento importantísimo, que corresponde en su mayor parte, a lo que es el Deuteronomio actualmente. Esto sucedió en tiempos de este rey y en tiempos de Ezequías, se produce el milagro que se nos cuenta en la primera lectura del día de hoy.

Me llama la atención, que cuando Ezequías se sabe enfermo, "se vuelve hacia la pared" Isaías 38,2, dice el texto Sagrado. En eso veo yo un simbolismo muy bello.

Ezequías oye la palabra, oye el diagnóstico de su enfermedad mortal, pero él da la espalda a las voces de los hombres. Ese volverse hacia la pared, es un acto muy sencillo, pero que sirve para ilustrar una actitud muy profunda.

A ver si logro explicarme con la bondad de Dios. Ezequías oye el diagnóstico del mundo, pero le da la espalda a eso. Por tanto, se vuelve hacia la pared y hace oración. Tratemos de aplicar este hecho a nuestras vidas, como una primera enseñanza del texto de hoy.

Muchas veces se ha dado sentencia de muerte a la Iglesia. Los sumos sacerdotes, ya en tiempo de los Apóstoles, decretaron sentencia de muerte: "Hay que acabar con esas sectas perniciosas" Hechos de los Apóstoles 5,33, y declararon que se tenían que morir.

Entre ellos, sin embargo, ya un hombre, Gamaliel, dijo: "¡Un momento! Si esto es de Dios, esto permanece, esto sale adelante, esto pervive" Hechos de los Apóstoles 5,38-39.

Ahí hay una sentencia de muerte. Hace unos pocos años, leía yo que uno de los profetas, o de los magos, o como se les quiera llamar, de la Nueva Era, decía: "El cristianismo como religión, está llamado a desaparecer. El cristianismo tiene que acabarse". Uno que se descaró, porque la Nueva Era trata de ser ambigua, trata de ser resbaladiza.

"¡El cristianismo tiene que desaparecer!" Si recordamos las persecuciones del Imperio Romano hasta las persecuciones de este imperio sin cabeza que es la Nueva Era, descubriremos que se ha dado sentencia de muerte muchas veces, y a pesar de ello, la Palabra de Cristo se cumple: "Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia" San Mateo 16,18

Muchas veces, contra la vida religiosa y muchas veces, contra nuestras propias vocaciones también, se da sentencia de muerte: "Esa comunidad no va a ninguna parte. La chifladura les durará dos, tres años, pero eso no va a ninguna parte". ¡Sentencia de muerte!

Son casos, en los que tenemos que hacer lo que hizo Ezequías: "Bueno, esa fue la opinión del mundo, pero yo me vuelvo hacia la pared. Ya oí lo que me dijeron; ahora yo me vuelvo hacia Dios y a Dios le clamo, le ruego: Señor, tú sabes lo que hay en mí." "Con largo llanto" Isaías 38,3, como Ezequías, se pide misericordia y Dios da su respuesta.

El pecado entra siempre con altanería en nuestras vidas, pisando fuerte, ostentoso, orgulloso, prepotente. Siempre llega así, hasta decir: "Aquí llegué y aquí me quedo, porque este terreno es mío". A veces en los exorcismos, Satanás habla desde luego, insultando también a la persona que tiene poseída: "Este puerco, esta cerda es mía y aquí me quedo", así lo dice expresamente el demonio.

Pero aunque nosotros no estemos en ese caso, -y Dios nos libre-, sí tenemos la experiencia de que el pecado llega como esa enfermedad de Ezequías. Es que la enfermedad llegó donde Ezequías pisando fuerte: "Aquí llegué y hasta que te mate".

Pero Ezequías oyó la sentencia, dio la espalda a esa sentencia, se volvió hacia la pared, -"como entrando en su aposento" San Mateo 6,6, según diría después Jesucristo-, e "hizo oración y largo llanto" Isaías 38,2-3.

Se humilló en la presencia de Dios. Le dijo: "Tú lo sabes todo, tú sabes cuál es mi corazón y aquí estoy" Isaías 38,3, y Dios lo libró de esta enfermedad, la enfermedad prepotente que pretendía recortarle la vida a Ezequías.

Pensemos cuáles son las enfermedades del alma, cuáles son los pecados que han llegado a nosotros así. Llega el pecado y llega pisando fuerte como verdadero emisario de Satanás. El pecado llega pisando fuerte en el alma y dice: "Bueno, estaré contigo hasta que te acabe y hasta la muerte".

Lamentablemente, algunos le dan crédito a ese oráculo satánico: "Yo ya de este pecado no voy a salir. Ya yo con esto, hasta que me muera". Entregamos las armas: es la peor tontería que podemos hacer, es la estupidez peor que podemos realizar.

¡Entregar las armas! ¿Qué tal que Ezequías hubiera entregado las armas? Pues se hubiera acabado ése, que fue uno de los pocos reinados donde se cumplió la Alianza. Uno de los pocos reinados de mostrar, se hubiera acabado ahí.

Mas Ezequías no se resignó, se rebeló frente a la enfermedad que había llegado con prepotencia a su cuerpo, diciendo: "Bueno, eso será lo que dice la enfermedad, pero ahora voy a hablar con Dios". Ante Dios se humilló, porque su fuerza no estuvo en él, su fuerza estuvo en el llanto, en la oración, en postrarse, en rogar hasta el fondo. Así pidió y así obtuvo respuesta: "Tú lo sabes todo, Señor, voy a pedirte".

Por tanto, ¿qué actitud podemos sacar nosotros de este hecho casi tan elemental, tan accidental? Mis hermanos, nosotros, que tenemos una fuerza para rebelarnos ante tantas cosas, rebelarnos ante los superiores, rebelarnos ante el Obispo ..., y nos rebelamos, protestamos, pues vamos a rebelarnos frente al pecado.

Vamos a encarar al pecado. Vamos a decirle: "¿Usted, por qué cree que se puede quedar conmigo toda la vida? ¿Usted, por qué cree que la última palabra es suya? Desautorizo al oráculo satánico. En el Nombre de Jesucristo, reprendo y desautorizo ese oráculo". Y le digo al pecado: "Usted no se va a quedar conmigo".

Porque el pecado ha llegado con prepotencia, es un pecado particular y usted lo conoce. Usted sabe cuáles son los pecados que han llegado a su vida y que han llegado así, como una enfermedad terminal: "Aquí llegué, aquí me quedo, contigo hasta la muerte y te voy a matar".

¡Pues, rebélese! ¡Rebélese! Saque la rebeldía, tenga coraje y diga: "¡No! ¡En el Nombre de Jesucristo, reprendo y no!" Se necesita luchar. La vida cristiana es lucha también. La vida cristiana también es batalla. ¡Hay que luchar!

Catalina de Siena, una seglar dominica, Doctora de la Iglesia, -la Iglesia sólo tiene tres Doctoras-, una seglar que es Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena, dice que en el camino de la vida espiritual se necesitan en determinados momentos, las cualidades viriles y en otros momentos, las cualidades femeninas. Esto no es porque seamos hombres o seamos mujeres.

Todos, hombres o mujeres, necesitamos a veces las cualidades viriles y otras veces, se necesitan las cualidades femeninas. ¿Cómo así? Cualidades viriles, como ésta de la que estamos hablando hoy, encararse con el pecado y decirle: "¡No! La victoria no es tuya.

Eso es lo que tú dices, pero ahora te doy la espalda a ti y me vuelvo a mi Señor. A Dios le ruego, a ver si Él me dice lo mismo".

Porque de pronto, Dios tiene una palabra distinta, y Dios le hace fórmula de lanzamiento a ese inquilino que no pagaba arriendo, que se llama el pecado. Le hace fórmula de lanzamiento, lo arroja, lo saca de nuestras vidas y nos libera. Pero se necesita esa cualidad, se necesita esa actitud viril de soldado que entra a la batalla. Eso lo necesitamos todos, hombres y mujeres.

Esto no se puede quedar así: "¡Ah! Es que yo he sido un mentiroso toda mi vida y ya moriré con mis mentiras". "¡No! Yo siempre he tenido problemas con la pureza y ya yo moriré así". "Yo he sido un infiel y un borracho toda la vida. Así será hasta el final".

¡Cobarde! ¡Cobarde traidor de Jesucristo! ¡Cobarde! Usted está entregando las armas y la batalla no ha terminado. ¡Cobarde! No sea cobarde. Haga lo de Ezequías: dele la espalda a esa palabra prepotente del pecado. ¡Dele la espalda!

Vuélvase hacia la pared, donde nadie lo mire. Vuélvase hacia Cristo y dígale allá a Él: "Señor, dicen los psicólogos, dicen las expectativas, dicen los seres humanos ésto. ¿Pero tú qué dices? ¡Tú conoces mi vida!".

¿Cómo tiene que ser esa oración? Como la de Ezequías, postrados y con llanto. ¡Postrados y con llanto! "Señor, dame tu Palabra. Ya Satanás dijo su oráculo. El oráculo satánico es que este pecado nunca me va a abandonar. Eso dice Satanás. Ahora, ¿cuál es tu Palabra, Señor?"

Ezequías tomó sus medidas, para ver que la palabra que le iba a llegar, era la Palabra de Dios. Porque sólo Dios puede hacer retroceder la sombra en un reloj de sol. "A mí no me engaña cualquiera. Que venga la palabra de parte de Dios, y ahí sabré que Dios me ha respondido".

Esa otra parte también es importante: que nosotros no nos dejemos llevar por ilusiones. La persona que está desesperada por alcanzar la salud, fácilmente se deja llevar por ilusiones, y las ilusiones no son buenas maestras. Los cristianos somos hombres de esperanza, no hombres ilusionados, no hombres ilusos.

Nosotros somos esperanzados, no somos ilusos, que son dos cosas distintas. Luego, uno también tiene que pedirle al Señor señales claras. Hay veces que le dicen a uno: "-Su camino no es éste".

"-¡No! ¡Pues que sí es! Porque Dios lo dijo, porque me salió en la Biblia, porque hubo un mensaje, porque ..." "-Bueno, pero busque esa señal que sólo venga de Dios, de Dios mismo". Es que uno también se puede ilusionar, y uno puede volverse un iluso.

Entonces, veamos la enseñanza que nos trae la primera lectura de hoy. Lo primero, la actitud viril, la actitud fuerte, la actitud vigorosa frente al pecado, hacerle fórmula de lanzamiento y "no nos vamos a resignar". Pero, segunda parte, tenemos que buscar la señal de Dios, la de Dios, el Creador y Redentor.

¡La señal de Dios! Porque uno también puede tercamente aferrarse al camino que no es el de uno, a la amistad que no le conviene, a la espiritualidad que no es la que le sirve, o a personas concretas, profetas o profetisas, concretos. Por eso, buscar sólo a Dios. Sólo a Dios, que eso purifica la intención. ¡Rebelarnos frente al pecado!

Ahí quedó resumida, creo yo, esta predicación: ¡Busca sólo a Dios y lo que Dios sólo puede hacer! ¡Frente al pecado, rebélate! ¿Y cómo encontrar a ese sólo Dios? La oración humilde, la oración arrepentida, la perfecta abnegación y renuncia de nosotros, la búsqueda de la voluntad de Dios como Él quiera, cuando Él quiera y porque Él lo quiere.

Que Dios en su misericordia traiga su Espíritu a nuestros corazones, ilumine nuestras mentes y nos permita reconocer su paso, su bendito paso en nuestras vidas.

Amén.