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| − | Como dice: "El ayuno que yo quiero es abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, partir su pan con el hambriento" [[: | + | Como dice: "El ayuno que yo quiero es abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, partir su pan con el hambriento" [[:Categoría:Isaías 058_006|Isaías 58,6]], uno podría a pensar que ya no es necesario ayunar, sino que basta la práctica de la justicia y de las obras de misericordia. |
Pero el sentido profundo parece que no fuera ese; Isaías lo que desea es que comprendamos que el ayuno supone no sólo la renuncia a sí mismo, la pequeña renuncia, la pequeña mortificación a unos alimentos, sino supone un renunciar a sí mismo para aceptar el Reino de Dios. | Pero el sentido profundo parece que no fuera ese; Isaías lo que desea es que comprendamos que el ayuno supone no sólo la renuncia a sí mismo, la pequeña renuncia, la pequeña mortificación a unos alimentos, sino supone un renunciar a sí mismo para aceptar el Reino de Dios. | ||
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Revisión actual del 15:46 6 dic 2011
Fecha: 19970214
Título: ¿En que consiste el ayuno?
Original en audio: 3 min. 54 seg.
De acuerdo con lo que expresa el evangelio, el ayuno es como una especie de señal, casi digo, como un sacramental de que Cristo está vigente, es como un recordatorio que la comunidad cristiana, que la comunidad creyente tiene.
Un recordatorio de que esa plenitud de Cristo, esa plenitud de su presencia no ha llegado todavía.
Nuestras penitencias, y particularmente el ayuno que nos hace sentir con fuerza en nuestra propia carne que algo nos hace falta, sirve más bien para recordarnos que alguien nos hace falta.
El texto de Isaías que acompaña este evangelio no contradice esta enseñanza fundamental. Algunas veces se interpreta este capítulo 58 de Isaías, como proscribiendo o superando el ayuno de alimentos y contraponiéndolo completamente a la práctica de la justicia.
Como dice: "El ayuno que yo quiero es abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, partir su pan con el hambriento" Isaías 58,6, uno podría a pensar que ya no es necesario ayunar, sino que basta la práctica de la justicia y de las obras de misericordia.
Pero el sentido profundo parece que no fuera ese; Isaías lo que desea es que comprendamos que el ayuno supone no sólo la renuncia a sí mismo, la pequeña renuncia, la pequeña mortificación a unos alimentos, sino supone un renunciar a sí mismo para aceptar el Reino de Dios.
El ayuno es ese ponerle un límite a mis intereses, y por consiguiente, en ello entran los placeres, los gustos, tantas cosas; poner un límite a todo ello para que los intereses de Dios ganen terreno en mí.
El ayuno como práctica cuaresmal, no es un amor a la muerte, ni una aversión a la vida; mucho menos es una práctica simplemente médica o nutricional, dietética, o que sé yo; no tiene que ver con eso, sino con la renuncia a mí mismo. Se trata de que mi yo pierda terreno para que la voluntad de Dios, que es liberadora, gane terreno.
Lo que Isaías critica, entonces, es que esa pérdida de terreno no se logre, porque se privaban de algunos alimentos, pero fustigaban a sus siervos; se privaban de algunos alimentos, pero crecía la crueldad, la imposición, la suficiencia, el orgullo y la violencia.
Entonces lo que Isaías está criticando es: en realidad tú no estás perdiendo terreno, pero si pierdes por un lado, lo quieres recuperar por el otro lado.
El verdadero ayuno supone que tú realmente pierdas terreno, que algo en ti se pierda, que descubras que te hace falta Dios, para que ese Dios venga a colmar tu hambre, para que ese Dios ocupe el espacio que tú le dejas libre.
En doble enseñanza de estas lecturas está esa realidad de que el Reinado de Dios viene, pero para que Dios reine se necesita que yo deje de reinar, se necesita que yo deje el cetro, se necesita que me baje del trono de mi propio corazón y le dé amplio espacio a su voluntad, a su sabiduría y a su amor.