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Revisión del 15:23 6 dic 2011

Fecha: 19970702

Título: Saber esperar a Cristo

Original en audio: 4 min. 59 seg.


Efectos de la llegada de Jesucristo, nos presentan las lecturas del día de hoy.

Para aquél pobre endemoniado de la sinagoga de Cafarnaum, la llegada de Jesucristo es su liberación; pero para aquellos que sentían paz y seguridad sin Cristo, Cristo sólo puede ser un ladrón en medio de la noche.

Para aquél que gime bajo el peso de sus antiguas culpas, para aquél que aguarda al Redentor, Cristo es eso, la redención, la salvación; pero para aquél que siente su vida ya organizada y que siente que hay paz y seguridad, para éste, Cristo, es un peligro, es un ladrón en la noche.

Como quien dice, que la manera de esperar a Cristo es no estar satisfechos, porque el que se siente satisfecho y en paz y seguridad, ese sólo puede mirar en la venida de Cristo, un peligro.

Pienso que estas palabras no caen en el vacío, si miramos la actitud que muchas personas tienen, por ejemplo, con respecto al milenio que va terminando.

Los miedos de las personas, y entre esas personas hay muchos cristianos y católicos; los miedos de las personas por las cosas que podían sucederle al mundo, y la gente que se aventura incluso a dar como ciertas fechas y a describir minuciosamente acontecimientos del final, suscitando terror entre las personas.

Esos que predican terrores y esos que los tienen, pues necesitarían leer este capítulo quinto de la Primera Carta a los Tesalonicenses; para quienes el miedo, para quien el terror, para aquél que se siente asegurado en el estado presente.

No en vano suele pasar que muchas veces las personas que tiene más terror, que tiene más miedo y que se esfuerzan más a ahondar en esos temas apocalípticos, son las personas que precisamente tiene una posición económica desahogada y un nivel social que les permite precisamente temer, temer que pase algo.

Pero el cristiano espera a Jesucristo y lo espera en cierto modo como quien está vigilante en la noche, como el que está de guardia en la noche; el que siente paz y seguridad, descuida protegerse de los enemigos, siente que no se necesita protección. El cristiano sabe que no está en completa paz, sabe que no hay verdadera seguridad, hasta que no venga el Señor, hasta que venga el Señor.

Vivir así no es fácil, pero es el género de vida que ya desde los primeros tiempos quedaron en la Iglesia, especialmente las vírgenes consagradas.

La virginidad es un testimonio de que este mundo y sus ofertas, no es suficiente; este mundo y sus posibilidades, no bastan; vivir en virginidad consagrada es vivir como anunciando continuamente que ninguna paz es total y ninguna seguridad es suficiente si no está el Señor.

Y por eso, la persona que se consagra virginalmente tiene, por decirlo así, la mirada más allá del horizonte de esta historia, está aguardando el desenlace, está predicando la relatividad de las cosas que puede ofrecer esta tierra.

Para quien vive así vigilante, la llegada del Señor no es ningún miedo ni hay terror que aceche, todo lo contrario, se trata del anuncio, de la verdadera alegría y de la verdadera paz.

Que Dios nos conceda corazón de peregrinos, y que nuestra paz y nuestro gozo estén puestos sólo en Él, que un día vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.