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La actitud de Jesús ante esta higuera es bastante singular, mejor dicho, completamente única, porque es como la única maldición que aparece de labios de Cristo, lanzada y realizada contra algo o contra alguien, ahí en los Evangelios.
 
La actitud de Jesús ante esta higuera es bastante singular, mejor dicho, completamente única, porque es como la única maldición que aparece de labios de Cristo, lanzada y realizada contra algo o contra alguien, ahí en los Evangelios.
  
Una palabra semejante se encuentra sin embargo, cuando en ese día del juicio, el tratamiento que se dará a los que no practicaron ningún género de misericordia es: "Id, malditos, al fuego eterno" [[:Category:Mateo 025_041|San Mateo 25,41]]; pero la realización de una maldición de Cristo ya cumplida, sólo la tenemos en este pasaje y en el caso de esta higuera.
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Una palabra semejante se encuentra sin embargo, cuando en ese día del juicio, el tratamiento que se dará a los que no practicaron ningún género de misericordia es: "Id, malditos, al fuego eterno" [[:Categoría:Mateo 025_041|San Mateo 25,41]]; pero la realización de una maldición de Cristo ya cumplida, sólo la tenemos en este pasaje y en el caso de esta higuera.
  
 
Es una escena extraña porque no era tiempo de higos, es una escena extraña por la rapidez con la que se consuma el deseo de Cristo, y es una escena extraña porque Jesús relaciona este hecho de la higuera con el tener fe.  
 
Es una escena extraña porque no era tiempo de higos, es una escena extraña por la rapidez con la que se consuma el deseo de Cristo, y es una escena extraña porque Jesús relaciona este hecho de la higuera con el tener fe.  
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Y por eso dirá en otra ocasión a los jefes del pueblo judío: "Ustedes se van a quedar con su casa vacía" (véase  ); y por eso habló de cómo vendrían los enemigos del pueblo de Israel, lo arrasarían todo y no dejarían piedra sobre piedra.  
 
Y por eso dirá en otra ocasión a los jefes del pueblo judío: "Ustedes se van a quedar con su casa vacía" (véase  ); y por eso habló de cómo vendrían los enemigos del pueblo de Israel, lo arrasarían todo y no dejarían piedra sobre piedra.  
  
Así como la higuera quedó seca, inservible, así el Templo quedaría derruido, inservible; la higuera seca desde la raíz y el Templo arrasado hasta la raíz. "No quedaría, -dice Ël-, piedra sobre piedra" [`:Category:    ]].
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Así como la higuera quedó seca, inservible, así el Templo quedaría derruido, inservible; la higuera seca desde la raíz y el Templo arrasado hasta la raíz. "No quedaría, -dice Ël-, piedra sobre piedra" [`:Categoría:    ]].
  
 
Porque Jesús esculcó ese Templo, como esculcó esa higuera, buscó hasta el fondo de ese Templo, como buscó hasta el fondo de esa higuera, y no encontró fruto; así también Jesús en el último día, buscará en nuestras vidas a ver si somos sólo hojas, o si hubo verdaderamente fruto, para ver si sólo eran palabritas y palabritas y palabritas.  
 
Porque Jesús esculcó ese Templo, como esculcó esa higuera, buscó hasta el fondo de ese Templo, como buscó hasta el fondo de esa higuera, y no encontró fruto; así también Jesús en el último día, buscará en nuestras vidas a ver si somos sólo hojas, o si hubo verdaderamente fruto, para ver si sólo eran palabritas y palabritas y palabritas.  
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Y así encontramos cómo Cristo, la actitud que realizó, la actitud que tuvo con la higuera, y el hecho que realizó con el Templo, de alguna forma lo realiza también en nosotros.
 
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Pero nos falta todavía explicar qué pudo haber sucedico con eso de que "tenga fe" [[:Category:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]]. "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado"  [[:Category:Marcos 011_021|San Marcos 11,21]].  
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Pero nos falta todavía explicar qué pudo haber sucedico con eso de que "tenga fe" [[:Categoría:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]]. "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado"  [[:Categoría:Marcos 011_021|San Marcos 11,21]].  
  
Jesús contestó: "Tened fe en Dios, os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate y tírate al mar", así sucederá" [[:Category:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]]. ¿Qué está sucediendo ahí? Bien, los biblistas nos dirán que aso es un asunto redaccional.
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Jesús contestó: "Tened fe en Dios, os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate y tírate al mar", así sucederá" [[:Categoría:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]]. ¿Qué está sucediendo ahí? Bien, los biblistas nos dirán que aso es un asunto redaccional.
  
 
Marcos, más que otros Evangelios, a menudo pega las palabras y los dichos de Jesús de acuerdo con lo que se llama una palabra "clave"; va asociando temas y gestos o palabras de Jesús de acuerdo con una palabra clave.
 
Marcos, más que otros Evangelios, a menudo pega las palabras y los dichos de Jesús de acuerdo con lo que se llama una palabra "clave"; va asociando temas y gestos o palabras de Jesús de acuerdo con una palabra clave.
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Pero aunque haya una explicación redaccional que nos diga por que están la palabras del Señor en ese orden, es posible que haya también una enseñanza del texto así como nos ha llegado.
 
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Porque así como nos ha llegado este Evangelio, lo que nos dice es que Jesús nos invita a maldecir, y a maldecir con fe, con harta fe, para quedar bien maldito. "Maestro, la higuera que maldijiste se ha secado" [[:Category:Marcos 011_021|San Marcos 11,21]]. "Tened fe en Dios" [[:Category:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]].  
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Porque así como nos ha llegado este Evangelio, lo que nos dice es que Jesús nos invita a maldecir, y a maldecir con fe, con harta fe, para quedar bien maldito. "Maestro, la higuera que maldijiste se ha secado" [[:Categoría:Marcos 011_021|San Marcos 11,21]]. "Tened fe en Dios" [[:Categoría:Marcos 011_022|San Marcos 11,22]].  
  
 
Entonces yo tengo que tener fe en Dios para maldecir, eso  es muy raro, pues no es tan raro; hay cosas dentro de nosotros que tienen que secarse como esa higuera, hay cosas dentro de nosotros que tienen que ser destruidas como aquel antiguo Templo de Jerusalén.  
 
Entonces yo tengo que tener fe en Dios para maldecir, eso  es muy raro, pues no es tan raro; hay cosas dentro de nosotros que tienen que secarse como esa higuera, hay cosas dentro de nosotros que tienen que ser destruidas como aquel antiguo Templo de Jerusalén.  
  
Hay cosas dentro de nosotros que en ese sentido tienen que recibir la palabra poderosa de Cristo, esa palabra que en un día puede secar un árbol: "Nunca jamás coma nadie de ti, nunca jamás" [[:Category:Marcos 011_014|San Marcos 11,14]].  
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Hay cosas dentro de nosotros que en ese sentido tienen que recibir la palabra poderosa de Cristo, esa palabra que en un día puede secar un árbol: "Nunca jamás coma nadie de ti, nunca jamás" [[:Categoría:Marcos 011_014|San Marcos 11,14]].  
  
 
¿Qué tal que nosotros, por ejemplo, esculcáramos nuestra higuera, antes de que llegue Cristo a esculcarla, qué tal que nosotros esculcáramos nuestra higuera? O comparémonos ahora con un jardín porque tenemos distintos árboles, ¿qué tal que nosotros seamos como una especie de jardín, o bosque, o cosa parecida, en el que crecen distintos árboles? no todos los árboles son buenos, no todos los árboles son fructuosos, hay algunos que están ocupando tierra de balde.  
 
¿Qué tal que nosotros, por ejemplo, esculcáramos nuestra higuera, antes de que llegue Cristo a esculcarla, qué tal que nosotros esculcáramos nuestra higuera? O comparémonos ahora con un jardín porque tenemos distintos árboles, ¿qué tal que nosotros seamos como una especie de jardín, o bosque, o cosa parecida, en el que crecen distintos árboles? no todos los árboles son buenos, no todos los árboles son fructuosos, hay algunos que están ocupando tierra de balde.  
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Revisión actual del 15:14 6 dic 2011

Fecha: 19970530

Titulo: Con la fuerza de la palabra de Cristo es posible hacerle una limpieza a nuestro corazon

Original en audio: [22 min. 04 seg.]


La actitud de Jesús ante esta higuera es bastante singular, mejor dicho, completamente única, porque es como la única maldición que aparece de labios de Cristo, lanzada y realizada contra algo o contra alguien, ahí en los Evangelios.

Una palabra semejante se encuentra sin embargo, cuando en ese día del juicio, el tratamiento que se dará a los que no practicaron ningún género de misericordia es: "Id, malditos, al fuego eterno" San Mateo 25,41; pero la realización de una maldición de Cristo ya cumplida, sólo la tenemos en este pasaje y en el caso de esta higuera.

Es una escena extraña porque no era tiempo de higos, es una escena extraña por la rapidez con la que se consuma el deseo de Cristo, y es una escena extraña porque Jesús relaciona este hecho de la higuera con el tener fe.

¿Por qué no habló así de la fe, por ejemplo, al multiplicar los panes? Sino aquí es como si dijera: "Tengan fe en que las maldiciones caen", y caen; es una escena extraña, casi diríamos, es un extraño Jesús el que nos aparece en el Evangelio de hoy.

Pero nótese cómo, tanto el Evangelista como la presentación que nos hace la Iglesia, vinculan este hecho de la higuera con el hecho de la purificación del Templo, hay como una relación entre los dos hechos.

Y por otra parte, parece que a Jesús no le duele mucho que se pierda una higuera, como tampoco le dolió que se perdiera aquella inmensa tiara que fue a suicidarse al acantilado después de recibir los demonios que enteritos habían caído en el corazón humano.

Jesús no obra como una especie de gerente general de la naturaleza, al que le duele que se pierda una u otra cosa. Si los alimentos que nosotros tomamos tienen que morir y desaparecer para convertirse en vida nuestra, pues parece que esa higuera o esa tiara o tantas otras cosas que se pierden, pero que dan vida, que dan luz, que dan enseñanza, en realidad no se pierden.

A Jesús no le preocupa demasiado que se pierda esta higuera, si la enseñanza queda clara, queda viva en el corazón de los discípulos; y sin duda tuvo que haberles quedado muy clara, porque ver a un árbol que se seca de un día para otro, por la sola palabra de Cristo, es algo que no se olvida fácilmente.

Y los Evangelios que nos cuentan a veces tan resumidamente que sanó a muchos, y sanó a muchos, aquí nos dan hasta detalles de los acontecimientos con la higuera, como reflejando de alguna manera el impacto que el hecho causó en la fe de los discípulos.

Indudablemente, los impresionó, indudablemente, Jesús aquí obra como uno de esos maestros que utilizan métodos audiovisuales, y nada más audiovisual que ver al Maestro hablándole a un árbol y luego ver a ese árbol seco y perdido.

Si se perdió un árbol o si se perdió una tiara, no importa, es poco, importa la vida, la luz que reciben los discípulos, porque al fin y al cabo, Jesús obra aquí en consonancia con lo que aparece en el libro del Génesis: "La naturaleza entera está para el dominio, para el servicio del hombre, así como el hombre está para el servicio y para la gloria de Dios".

¿Y cuál es la enseñanza que puede salir de un acontecimiento tan extraño? Tratemos de mirar más de cerca lo que nos cuenta el evangelio, porque quizá esta higuera no está muy lejos de nosotros y quizá ese género de maldición nos puede servir a nosotros, así como se oye.

Jesús tiene hambre, ve de lejos la higuera con hojas pero sin frutos, con apariencia y sin realidad; al llegar no encontró más que hojas, no era tiempo de higos, pero enuncia entonces la maldición y la higuera se seca.

Con apariencia de árbol, sin fruto de árbol, desde luego que no podía haber fruto, o no era normal que hubiera fruto porque no era tiempo de higos, seguramente esto lo sabía el mismo Cristo; pero tampoco era tiempo de marranos cuando aquella Piara se ve poseída por los demosnios. El problema no es si es tiempo o no es tiempo, repito, lo que interesa es la enseñanza.

Y los discípulos, que sabían que el Maestro tenía hambre, lo ven esculcándo las hojas del árbol, y todo esto pertenece a la parábola, todo eso pertenece a la enseñanza. Recordamos,por ejemplo, al profeta Ezequiel con esas extrañas profecías en acción, es que no todas las profecías se dicen con palabras, hay profecías que se dicen con las actitudes, con las acciones, con los gestos.

Por ejemplo, cuando Ezequiel se rasura y toma los pelos fruto de esa afeitada y los divide en tres porciones y na parte la quema y otra parte la tira al viento y otra parte... Estos pequeños dramas, realizados ante el pueblo, pertenecían como al modo de obrar de los profetas.

Jesús, esculcando las hojas de un árbol que se sabe que no tiene fruto, no es muy distinto de Ezequiel dividiendo entres partes los pelos de su afeitada.

Lo importante, entonces, no es el hecho de si era o no estación de higos, esta es una circunstancia accidental, lo importante es qué está pretendiendo el Señor con toda esa escena que crea: busca el fruto, lo busca hasta adentro del árbol, y no hay ni un solo fruto.

Entonces aquí es donde uno empieza a pensar qué sucedería si Jesús esculcara así otras cosas que también tienen apariencia de árbol: tienen muchas hojas y tienen pocos frutos. Es Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, quien utiliza una imagen semejante cuando dice que: "Dios no agota las hojas de las palabras, sino en los frutos de las buenas obras".

¿Qué pasaría si nuestra vida fuera así esculcada por Cristo, qué pasaría si Cristo se acercara a nuestra vida, y Él personalmente, ante la vista de los discípulos, pero es Él quien lo realiza, empezar, empezara a averiguar hasta el fondo de nuestra propia vida si ahí hay o no hay fruto? Aquí encontramos una primera aplicación muy directa muy sencilla a nuestra vida.

Efectivamente, esta escena la realiza Cristo en Jerusalén, es el momento de las acciones definitivas, es el momento de las acciones que preludian en el juicio último de Dios sobre todas las cosas.

Y así como Jesús hace toda esa escena en el Templo, así hace toda esa escena en la higuera; Él hurga en el Templo buscando cuáles son los frutos de salvación, de todo este culto, de esas paredes, de esas columnas de las que se sentían tan orgullosos los judíos.

El mismo Jesús, que esculcó la higuera, esculca el Templo para ver qué hay verdaderamente ahí, y descubre en el Templo, como descubrió en la higuera, que realmente no había fruto, que ahí no había nada.

Y por eso dirá en otra ocasión a los jefes del pueblo judío: "Ustedes se van a quedar con su casa vacía" (véase ); y por eso habló de cómo vendrían los enemigos del pueblo de Israel, lo arrasarían todo y no dejarían piedra sobre piedra.

Así como la higuera quedó seca, inservible, así el Templo quedaría derruido, inservible; la higuera seca desde la raíz y el Templo arrasado hasta la raíz. "No quedaría, -dice Ël-, piedra sobre piedra" [`:Categoría: ]].

Porque Jesús esculcó ese Templo, como esculcó esa higuera, buscó hasta el fondo de ese Templo, como buscó hasta el fondo de esa higuera, y no encontró fruto; así también Jesús en el último día, buscará en nuestras vidas a ver si somos sólo hojas, o si hubo verdaderamente fruto, para ver si sólo eran palabritas y palabritas y palabritas.

Porque nuestro compromiso, nuestra vida cristiana, nuestra alianza con Dios no puede ser una alianza de palabra, es preciso que haya fruto y fruto que a Él le guste, fruto que calme su hambre.

Jesús tenía hambre y con esa hambre se acerca a la higuera. Hay algo que Jesús espera de nosotros, un alimento del que Él espera nutrirse. ¿Y cómo puede haber algo en nosotros que alimente a Cristo? Pues el mismo Cristo, que aquí tiene hambre, en la Cruz tiene sed, dicen tantos predicadores: "Sed de almas, sed de amor, sed, de tu fe tenía Cristo en la Cruz.

Pues no debe ser muy distinta del hambre que aquí aparece en el Evangelio: hambre de tu amor, hambre de fe viva, hambre de una esperanza firme, aquella esperanza de la que nos ha hablado el libro Eclesiástico cuando dice que los hombres ilustres de Israel no fueron ciertamente los que más acumularon dinero, sino aquellos que tenían una esperanza mayor que la muerte.

En esto se diferencian los hombres de bien, de los hombres ilustres de los que nos habla el Eclesiástico, de los hombres grandes o de los hombres sabios o importantes en otras culturas y en otros pueblos.

En otros pueblos o culturas se llama grande o ilustre al que tiene mucho poder, o al que tiene muchísmo dinero, o al que se dio una vida regalada y placentera; el verdadero hombre de bien, según el Eclesiástico, es el que tenía en su corazón fruto para la higuera, fruto de una higuera, fruto del que Cristo pudiera alimentarse.

En esos hombres ilustres del los que nos habla el Eclesiástico había por dentro no sólo hojas y hojas y hojas, sino había alimento, había una esperanza capaz de vencer a la muerte.

Y así encontramos cómo Cristo, la actitud que realizó, la actitud que tuvo con la higuera, y el hecho que realizó con el Templo, de alguna forma lo realiza también en nosotros.

Pero nos falta todavía explicar qué pudo haber sucedico con eso de que "tenga fe" San Marcos 11,22. "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado" San Marcos 11,21.

Jesús contestó: "Tened fe en Dios, os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate y tírate al mar", así sucederá" San Marcos 11,22. ¿Qué está sucediendo ahí? Bien, los biblistas nos dirán que aso es un asunto redaccional.

Marcos, más que otros Evangelios, a menudo pega las palabras y los dichos de Jesús de acuerdo con lo que se llama una palabra "clave"; va asociando temas y gestos o palabras de Jesús de acuerdo con una palabra clave.

Pero aunque haya una explicación redaccional que nos diga por que están la palabras del Señor en ese orden, es posible que haya también una enseñanza del texto así como nos ha llegado.

Porque así como nos ha llegado este Evangelio, lo que nos dice es que Jesús nos invita a maldecir, y a maldecir con fe, con harta fe, para quedar bien maldito. "Maestro, la higuera que maldijiste se ha secado" San Marcos 11,21. "Tened fe en Dios" San Marcos 11,22.

Entonces yo tengo que tener fe en Dios para maldecir, eso es muy raro, pues no es tan raro; hay cosas dentro de nosotros que tienen que secarse como esa higuera, hay cosas dentro de nosotros que tienen que ser destruidas como aquel antiguo Templo de Jerusalén.

Hay cosas dentro de nosotros que en ese sentido tienen que recibir la palabra poderosa de Cristo, esa palabra que en un día puede secar un árbol: "Nunca jamás coma nadie de ti, nunca jamás" San Marcos 11,14.

¿Qué tal que nosotros, por ejemplo, esculcáramos nuestra higuera, antes de que llegue Cristo a esculcarla, qué tal que nosotros esculcáramos nuestra higuera? O comparémonos ahora con un jardín porque tenemos distintos árboles, ¿qué tal que nosotros seamos como una especie de jardín, o bosque, o cosa parecida, en el que crecen distintos árboles? no todos los árboles son buenos, no todos los árboles son fructuosos, hay algunos que están ocupando tierra de balde.

Y no todo lo que está creciendo en nuestros corazones merece esperar la visita de Cristo, de todos los árboles que había en Jerusalén, había algunos, como esta higuera, que no merecían la visita de Cristo.

Pues bien, ¿por qué no nos adelantamos nosotros? -Ese parece ser el sentido del texto tal como nos ha llegado-, ¿por qué no nos adelantamos nosotros? Nosotros somos como esta Jerusalén o somos como un bosque, en una cuidad hay muchos árboles, en un bosque hay muchísimos.

Adelantémonos y revisamos cuáles son los árboles que tenemos. De pronto hay algunos que están gastando el suelo inútilmente, de pronto hay incluso algunos que están dando fruto de muerte, esas cosas en nosotros que son pura apariencia, que son pura hoja y nada de fruto, estas cosas hay que maldecirlas, esas cosas hay que secarlas, es difícil eso.

Los discípulos ven una higuera que es sólo hojas y no da fruto y no pueden hacer nada, es más, no les interesa, porque ver una higuera sin fruto, ¿quién se preocupa de ella?

xA Jesús, en cambio, sí le preocupa la higuera sin fruto, y por eso Jesús tiene la palabra que no tienen ellos, ellos lo único que pueden decir es: "Pues sí, es un árbol sin frutos, sigamos"; Jesús, en cambio, dice: "Un árbol sin frutos, se seca" San Juan 5,6. "Tú no vas a ocupar más tierra en ese monte, tú no vas a gastar más agua inútilmente, tú te secas porque estorbas".

Los discípulos, que somos nosotros, no tenemos una palabra así de poderosa, pero con la palabra de Cristo, con esa palabra de Cristo que es como una anticipación del juicio de Cristo, fíjate bien, con esa palabra de Cristo es posible hacerle una purga al corazón, hacerle una limpieza a nuestro bosque, hacerle una sanación a nuestra Jerusalén, de manera que aquello que no está dando fruto en nosotros, aquello que es estéril y que nos hace gastar fuerzas inútilmente, finalmente se seque por la Palabra del Señor.

Con estos pensamientos, entonces uno dice: "Oiga, sí es bueno escuchar la Palabra de Dios, para que esa Palabra, incluso con esos gestos tan fuertes de Jesús, realmente limpien mi alma, de modo que cuando llegue el día del juicio y el día de la cuenta, Él pueda encontrar en mí sólo árboles cargados de frutos, sólo una vida llena de buenas obras, y llena entonces del amor, de la fe y de la esperanza, que tienen su fuente en Él mismo. Esta es la aplicación más hermosa.

Necesitamos montañas enteras, ¿qué será? Tal vez la montaña del orgullo, tal vez la montaña de lo que a nosotros nos parece imposible: "Imposible que yo pueda subir esa montaña, imposible que yo pueda desplazar ese obstáculo, ¿usted se imagina lo que significa mover una montaña?"

Pues esa montaña, con la Palabra de Cristo, que es la Palabra que habita en nosotros cuando tenemos verdadera fe, esa montaña con la Palabra de Cristo se puede quitar del corazón y se puede arrojar al mar; esa montaña, lo mismo que esta higuera, se puede secar.

La higuera era un estorbo porque no daba fruto, la montaña era un estorbo porque no dejaba pasar, pues la Palabra de Cristo, que es la misma palabra nuestra cuando nosotros tenemos verdadera fe en Dios, puede quitar esos obstáculos, limpiar el jardín, despejar el camino, de manera que pueda transitar la gracia por nuestras vidas y de modo que podamos ser colmados de buenas obras.

Entonces sí se necesita fe y sí se necesitan unas cuantas maldiciones, no maldiciones para dañar la vida de las personas, no; pero sí se necesitan ciertas maldiciones, ciertas palabras fuertes dichas en el Nombre de Cristo, que sean como esas tijeras, como ese machete con que el viñador poda su viña.

Jesús le dice a sus discípulos: "A todo árbol que da fruto, lo poda, para que dé más fruto" San Juan 15,2.

Pues necesitamos colaborar en esa poda, necesitamos darle a la Palabra de Cristo autoridad en nuestro jardín, en nuestro Jerusalén, para que sean cortadas aquellas cosas que no tienen sentido, que nos están estorbando, que nos están gastando inútilmente las fuerzas.

Que sé yo, por ejemplo, la autocompasión, ¡cuántas fuerzas pierde uno autocompadeciéndose! Por ejemplo la envidia, ¡qué ejercicio más estéril! ¡Qué higuera maldita la de la envidia! ¡Cómo consume las fuerzas del alma! Envidiando, envidiando, se va el corazón, se va el alma sin dar el más pequeño fruto.

¿No será que lo que le hace falta a esa higuera maldita de la envidia es que por fin se pronuncie la maldición de Cristo, y desaparezca y se seque esa envidia y ya no haya más estorbos?

Y lo mismo podríamos decir, seguramente, si recorremos los pecados que a veces habitan en nuestros corazones o en nuestras comunidades.

De modo que demos gracias a Dios por su Palabra, demos gracias a Dios, aunque hoy suene extraño por esta maldición.

Bendito sea Dios que maldijo, bendito sea Dios que purifica, bendito sea Dios que deja limpia a esta Jerusalén, para que pueda ser morada suya, para que pueda ser gloria suya.San Juan 15,2

San Juan 5,6.