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Fecha: 20110219
Título: En medio de la confusión, de la noche y del pecado, Dios siempre nos abre un camino de esperanza
Original en audio: [4 min. 39 seg.]
En estos días pasados, o para ser más exactos, durante las dos últimas semanas, hemos venido escuchando en la primera lectura de la Santa Misa pasajes del libro del Génesis, pero no de cualquier parte de este libro, que es el primero de la Biblia, sino que hemos venido oyendo con cierto orden, desde el capítulo primero hasta el capítulo once.
Es que sucede que en el libro del Génesis, estos once primeros capítulos tienen una gran unidad porque se refieren especialmente a lo que llamamos los orígenes, es decir, realmente nos están hablando del acto creador de Dios, de Dios como origen de todo cuanto existe, y también nos han contado algo sobre el origen del mal: hay una criatura, el demonio, que interviene.
Esta creatura engaña, seduce a la raza humana a través de Eva y de Adán, y entonces se entra ese desorden, ese contagio espantoso que llamamos el pecado.
Y el pecado pronto trae consecuencias, eso también lo hemos oído en estos días, por eso Caín termina matando a Abel; por eso también la arrogancia humana en la Torre de Babel; por eso también la necesidad de esa arca en la cual Noé reúne especies, según el relato bíblico, especies de animales como preservando la esperanza para un futuro diferente.
Eso es lo que han tratado estos once primeros capítulos, se trata de las preguntas fundamentales: de dónde viene todo, quién es el bueno, de dónde vien el mal, por qué el mal se extiende como vemos que se extiende.
A partir del capítulo doce del Génesis, el tono cambia, y ahí es donde aparece este gran personaje, Abraham, y luego Isaac y Jacob y vendrá todo este relato que conocemos por la Historia Sagrada.
Pero resulta que en nuestro año litúrgico no vamos a entrar en este momento en esas historias, sino que estos capítulos que hemos oído, esta porción sobre los orígenes del universo y el bien y el mal forma como una unidad y por ahora nos vamos a quedar ahí.
En otro momento, el libro del Génesis tendrá que entrar también con Abraham y con estos personajes y eso lo tendremos que oír en otra ocasión.
Recordemos que la Liturgia tiene eso, la Liturgia muchas veces la he comparado con el arte de preparar los alimentos, lo que se llama la culinaria. En la labor que hace un buen chef, un buen cocinero, no les da a los que van a comer toda la vaca, no les da todo el cerdo, les da una porción escogida, la propia de ese tiempo.
Y por eso la lectura que encontramos hoy de la Carta a los Hebreos nos habla también en ese tono sobre los orígenes, mencionando, recordando brevemente algunos otros personajes: ahí aparece Noé, ahí aparece Enoc, personajes prácticamente legendarios, que nos recuerdan sobre todo que en medio de la expansión, en medio de la propagación del mal, Dios tiene siempre su gente buena.
Quedémonos con esta enseñanza, quedémonos con esa luz que también brilla en el rostro transfigurado de Cristo, que es la lectura del evangelio de hoy, para que sepamos que siempre, siempre, aun en medio de la confusión, en medio de la noche, en medio del diluvio, en medio de la propagación del pecado, hay esas estrellas, hay esas luces, hay ese camino de esperanza.