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| + | '''Título: La misericordia del cuidado de la luz en el entendimiento del otro''' | ||
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| + | Queridos Hermanos: | ||
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| + | Las lecturas de hoy nos permiten asomarnos al corazón de la misión de Jesucristo: el centro mismo de su vida, el porqué de sus trabajos, el motivo y el móvil de sus esfuerzos. Todo esto se encuentra en la Palabra maravillosa que nos ha ofrecido el evangelio. | ||
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| + | Jesús tiene compasión, Jesús tiene misericordia. Jesús vio la multitud y olvidándose de su cansancio, olvidándose de su propio agobio y fatiga, tiene ojos, y sobre todo, tiene Corazón para conocer la necesidad de la gente. | ||
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| + | Les había dicho a los Apóstoles: "Venid a un lugar solitario, despoblado, y descansad un poco" [[:Categoría:Marcos 006_031|San Marcos 6,31]]. Pero, el descanso de estos misioneros se ve interrumpido por la presencia de la necesidad del pueblo. | ||
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| + | Y así, la compasión de Cristo suscita un nuevo esfuerzo, una nueva serie de enseñanzas, como dice el evangelio: "Sintió compasión porque no tenían pastor, y empezó a darles muchas enseñanzas" [[:Categoría:Marcos 006_034|San Marcos 6,34]]. | ||
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| + | Esta compasión de Jesucristo, esta misericordia es la que mueve sus pasos. Esa misericordia es la que produce los milagros; esa misericordia es la que le da sabiduría a sus enseñanzas. Esta misericordia es la luz de sus ojos, es la elocuencia de sus discursos. | ||
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| + | Me atrevo a decir que es este mismo pueblo de misericordia el que ahuyenta el imperio de Satanás, porque dispone los corazones para que reciban con abundancia la gracia de Dios, desde esa gracia reconozcan su propia dignidad, se sepan libres y no tengan otro señor que su Creador, Dios. | ||
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| + | Acerquémonos, entonces, en cuanto fieles, en cuanto discípulos suyos, a esta fuente de misericordia. Para nosotros ha comenzado a brotar ese manantial del que podemos saciarnos. ¡Y grave cosa sería desperdiciar esta Agua preciosa, esta Agua valiosísima, que puede calmar nuestra sed! | ||
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| + | Dios ofrece su bondad, Dios ofrece su piedad, Dios ofrece su misericordia. Pudimos ver ese torrente, literalmente, en el Corazón abierto de Cristo por la lanza del soldado, cuando con esa Agua y con esa Sangre se abren para nosotros la fuente de la piedad divina. | ||
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| + | Acerquémonos, entonces, a esas fuentes, y reconozcamos en esa misericordia, en esa compasión, la raíz y la fuente del amor divino, aquello que puede transformar lo que somos y lo que hacemos. | ||
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| + | Pero, ésa es una compasión y es una misericordia muy singular. "Jesús se compadece y empieza a darles muchas enseñanzas" [[:Categoría:Marcos 006_034|San Marcos 6,34]], nos dice la Escritura. | ||
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| + | ''Seguramente, entre quienes venían a escucharle, había enfermos y pobres, desempleados, gente como usted y como yo, sujeta a todo género de desventuras o de tristezas, de males, de enfermedades. La compasión de Cristo, sin embargo, empieza por darles enseñanzas.'' | ||
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| + | Cuando se habla de obras de misericordia, uno casi siempre piensa primero en las obras de misericordia, llamadas corporales: dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar techo al que no lo tiene, etc. | ||
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| + | ''¡Son importantes! Pero, este evangelio nos enseña que hay una misericordia más descuidada, si se quiere, que las demás. Es ese cuidado de la luz en el entendimiento del otro.'' | ||
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| + | Porque, así como hay un hambre del cuerpo, hay también un hambre de la inteligencia. Y así como hay una lepra del cuerpo, hay una lepra del alma. Y así como hay una soledad corporal, hay una soledad del ánimo. | ||
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| + | ''Y Cristo, que conoce bien cómo está hecho y qué padece el ser humano, en sus enseñanzas, en su Palabra, ofrece misericordia, no sólo para aquello que es más visible y a veces más gustoso, el hacerle bien a los cuerpos, sino también esa Palabra que puede iluminar, que puede corregir, que puede sanar, que puede alimentar el corazón y la inteligencia de todos nosotros.'' | ||
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| + | Algunos hemos practicado obras de misericordia corporales con otras personas. Pero, tal vez hemos descuidado estas obras de misericordia, llamadas espirituales. Por ejemplo, escuchar. ¡Escuchar! ¿Quién tiene hoy tiempo para escuchar al otro? | ||
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| + | Hay una cosa curiosa: Cuando la gente dice que uno es un buen conversador, no es porque uno hable, sino porque uno sabe escuchar. Estamos en un mundo donde hay pocos que sepan escuchar, especialmente al que se siente agobiado, entristecido. | ||
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| + | Vaya haciendo una lista de las personas a las que usted podría escuchar. Tal vez las tiene muy cerca: tal vez son sus propios hijos, tal vez son sus compañeros de estudio o de trabajo. | ||
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| + | ¡Escuchar! ¡Consolar! ¡Consolar al que está triste! ¿Quién de nosotros se preocupa de éso? ¿Quién tiene una mirada para reconocer en dónde hay tristeza? | ||
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| + | Hay incluso una calcomanía, la he encontrado en español y a veces la venden también en inglés, que dice algo como: "No me cuente sus problemas; ya tengo bastante con los míos". Eso es exactamente lo contrario del Evangelio. | ||
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| + | ¿Qué tal devolverle a nuestros ojos la capacidad de reconocer la tristeza, la depresión? Hay muchas personas que están así, y esta es una misericordia. | ||
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| + | Otra obra de misericordia espiritual, directamente relacionada con el evangelio que hemos escuchado, es dar buen consejo al que lo necesita. Quizá, algunos o muchos de nosotros no podemos hacer demasiado en las obras de misericordia corporales. Pero, ¿quién no tiene cerca amigos a los cuales darles oportunamente un buen consejo? | ||
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| + | Y yo tengo que decir, que así como es una gran misericordia dar un buen consejo, así también es una terrible crueldad dar un mal consejo. Algunas veces escucha uno en el sacramento de la confesión sobre ese terrible crimen del aborto. Y en las veces que he tenido que escuchar sobre ese crimen abominable, casi sin excepción la persona que ha abortado le ha pedido consejo a alguien, le ha dicho a alguien: "¿Qué hago?" | ||
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| + | ¿Por qué no hubo un cristiano, por qué no hubo una cristiana que le diera un buen consejo a esa persona? ¿Por qué hubo tantos desgraciados? ¿Por qué hubo tantos degenerados que habiendo alcanzado esta tierra porque no fueron abortados, tienen no obstante el alcance de abrir la boca para aconsejarle el aborto a otra persona? | ||
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| + | Lo grave del caso es que uno escucha que le dicen, desde luego la mujer que ha abortado: "Yo estuve hablando con una amiga, y una amiga..." ¡Qué amiga! ¿Cómo se puede llamar amiga a una persona así? | ||
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| + | "Una amiga me recomendó un lugar donde se aborta" ¡Una amiga! "Por qué la llamas amiga? ¡Una enemiga! Porque te ha destruido tu corazón de mujer, porque te ha lastimado, porque te ha vulnerado, porque te ha derrumbado en tu ser mismo de persona y de mujer. ¿Cómo la vas a llamar amiga?" | ||
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| + | Y esa "amiga", que dio ese supuesto "consejo", esa supuesta "amiga" y ese supuesto "consejo", eran en cambio una oportunidad para dar un buen consejo. Y esa es una obra de misericordia. | ||
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| + | Normalmente, las personas antes de cometer los crímenes más terribles, como éste del aborto y otros, siempre intentan consultar a alguien: "Mira, ¿qué hago? Tengo este problema de fidelidad con mi esposo, con mi esposa. ¿Qué hago?" | ||
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| + | Ahí llega el consejo venido del infierno, venido de las tinieblas: "¡No! ¡Pues, usted hágale lo mismo! ¡Desquítese! ¡No sea bobo! ¡No sea boba! ¡No se deje!" ¡Y esa era la oportunidad para evangelizar, esa era la oportunidad para tener misericordia! | ||
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| + | ''Hermanos, hay muchas ocasiones en nuestra vida diaria de practicar este evangelio, de dar un buen consejo. Usted puede ayudar a sacar a muchas personas de sus vicios. Usted le puede indicar a una persona el camino para que se oriente hacia Dios.'' | ||
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| + | Usted le puede decir a alguien: "Mira, en esa necesidad tuya, aunque no puedo hacer nada, por lo menos te voy a ofrecer mi oración, mi amistad, mi solidaridad". | ||
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| + | Yo he visto de cerca, gracias a Dios, así como he presenciado pésimos consejos, así también he presenciado el bien que hace un buen consejo, una palabra a tiempo, el bien que hace decirle a una persona: "¿Tú no sabes rezar el rosario?, por ejemplo. | ||
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| + | "Mira, yo te enseño; hay estos misterios. Oremos juntos, hagamos esta novena, vayamos a tal parte. Conozco a un sacerdote que puede confesarte. Sé de un grupo de oración donde intercederán por ti. Lee este libro, escucha estas palabras, sintoniza esta emisora". | ||
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| + | ¡Diga algo, por favor! ¡Hágale bien a la humanidad! | ||
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| + | [[Categoría:Homilías Ciclo B Tiempo Ordinario]] | ||
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| + | [[Categoría:Marcos 006_031|San Marcos 6,31]] | ||
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| + | [[Categoría:Marcos 006_034|San Marcos 6,34]] | ||
Revisión actual del 14:57 6 dic 2011
Fecha: 19970720
Título: La misericordia del cuidado de la luz en el entendimiento del otro
Original en audio: 11 min. 57 seg.
Queridos Hermanos:
Las lecturas de hoy nos permiten asomarnos al corazón de la misión de Jesucristo: el centro mismo de su vida, el porqué de sus trabajos, el motivo y el móvil de sus esfuerzos. Todo esto se encuentra en la Palabra maravillosa que nos ha ofrecido el evangelio.
Jesús tiene compasión, Jesús tiene misericordia. Jesús vio la multitud y olvidándose de su cansancio, olvidándose de su propio agobio y fatiga, tiene ojos, y sobre todo, tiene Corazón para conocer la necesidad de la gente.
Les había dicho a los Apóstoles: "Venid a un lugar solitario, despoblado, y descansad un poco" San Marcos 6,31. Pero, el descanso de estos misioneros se ve interrumpido por la presencia de la necesidad del pueblo.
Y así, la compasión de Cristo suscita un nuevo esfuerzo, una nueva serie de enseñanzas, como dice el evangelio: "Sintió compasión porque no tenían pastor, y empezó a darles muchas enseñanzas" San Marcos 6,34.
Esta compasión de Jesucristo, esta misericordia es la que mueve sus pasos. Esa misericordia es la que produce los milagros; esa misericordia es la que le da sabiduría a sus enseñanzas. Esta misericordia es la luz de sus ojos, es la elocuencia de sus discursos.
Me atrevo a decir que es este mismo pueblo de misericordia el que ahuyenta el imperio de Satanás, porque dispone los corazones para que reciban con abundancia la gracia de Dios, desde esa gracia reconozcan su propia dignidad, se sepan libres y no tengan otro señor que su Creador, Dios.
Acerquémonos, entonces, en cuanto fieles, en cuanto discípulos suyos, a esta fuente de misericordia. Para nosotros ha comenzado a brotar ese manantial del que podemos saciarnos. ¡Y grave cosa sería desperdiciar esta Agua preciosa, esta Agua valiosísima, que puede calmar nuestra sed!
Dios ofrece su bondad, Dios ofrece su piedad, Dios ofrece su misericordia. Pudimos ver ese torrente, literalmente, en el Corazón abierto de Cristo por la lanza del soldado, cuando con esa Agua y con esa Sangre se abren para nosotros la fuente de la piedad divina.
Acerquémonos, entonces, a esas fuentes, y reconozcamos en esa misericordia, en esa compasión, la raíz y la fuente del amor divino, aquello que puede transformar lo que somos y lo que hacemos.
Pero, ésa es una compasión y es una misericordia muy singular. "Jesús se compadece y empieza a darles muchas enseñanzas" San Marcos 6,34, nos dice la Escritura.
Seguramente, entre quienes venían a escucharle, había enfermos y pobres, desempleados, gente como usted y como yo, sujeta a todo género de desventuras o de tristezas, de males, de enfermedades. La compasión de Cristo, sin embargo, empieza por darles enseñanzas.
Cuando se habla de obras de misericordia, uno casi siempre piensa primero en las obras de misericordia, llamadas corporales: dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar techo al que no lo tiene, etc.
¡Son importantes! Pero, este evangelio nos enseña que hay una misericordia más descuidada, si se quiere, que las demás. Es ese cuidado de la luz en el entendimiento del otro.
Porque, así como hay un hambre del cuerpo, hay también un hambre de la inteligencia. Y así como hay una lepra del cuerpo, hay una lepra del alma. Y así como hay una soledad corporal, hay una soledad del ánimo.
Y Cristo, que conoce bien cómo está hecho y qué padece el ser humano, en sus enseñanzas, en su Palabra, ofrece misericordia, no sólo para aquello que es más visible y a veces más gustoso, el hacerle bien a los cuerpos, sino también esa Palabra que puede iluminar, que puede corregir, que puede sanar, que puede alimentar el corazón y la inteligencia de todos nosotros.
Algunos hemos practicado obras de misericordia corporales con otras personas. Pero, tal vez hemos descuidado estas obras de misericordia, llamadas espirituales. Por ejemplo, escuchar. ¡Escuchar! ¿Quién tiene hoy tiempo para escuchar al otro?
Hay una cosa curiosa: Cuando la gente dice que uno es un buen conversador, no es porque uno hable, sino porque uno sabe escuchar. Estamos en un mundo donde hay pocos que sepan escuchar, especialmente al que se siente agobiado, entristecido.
Vaya haciendo una lista de las personas a las que usted podría escuchar. Tal vez las tiene muy cerca: tal vez son sus propios hijos, tal vez son sus compañeros de estudio o de trabajo.
¡Escuchar! ¡Consolar! ¡Consolar al que está triste! ¿Quién de nosotros se preocupa de éso? ¿Quién tiene una mirada para reconocer en dónde hay tristeza?
Hay incluso una calcomanía, la he encontrado en español y a veces la venden también en inglés, que dice algo como: "No me cuente sus problemas; ya tengo bastante con los míos". Eso es exactamente lo contrario del Evangelio.
¿Qué tal devolverle a nuestros ojos la capacidad de reconocer la tristeza, la depresión? Hay muchas personas que están así, y esta es una misericordia.
Otra obra de misericordia espiritual, directamente relacionada con el evangelio que hemos escuchado, es dar buen consejo al que lo necesita. Quizá, algunos o muchos de nosotros no podemos hacer demasiado en las obras de misericordia corporales. Pero, ¿quién no tiene cerca amigos a los cuales darles oportunamente un buen consejo?
Y yo tengo que decir, que así como es una gran misericordia dar un buen consejo, así también es una terrible crueldad dar un mal consejo. Algunas veces escucha uno en el sacramento de la confesión sobre ese terrible crimen del aborto. Y en las veces que he tenido que escuchar sobre ese crimen abominable, casi sin excepción la persona que ha abortado le ha pedido consejo a alguien, le ha dicho a alguien: "¿Qué hago?"
¿Por qué no hubo un cristiano, por qué no hubo una cristiana que le diera un buen consejo a esa persona? ¿Por qué hubo tantos desgraciados? ¿Por qué hubo tantos degenerados que habiendo alcanzado esta tierra porque no fueron abortados, tienen no obstante el alcance de abrir la boca para aconsejarle el aborto a otra persona?
Lo grave del caso es que uno escucha que le dicen, desde luego la mujer que ha abortado: "Yo estuve hablando con una amiga, y una amiga..." ¡Qué amiga! ¿Cómo se puede llamar amiga a una persona así?
"Una amiga me recomendó un lugar donde se aborta" ¡Una amiga! "Por qué la llamas amiga? ¡Una enemiga! Porque te ha destruido tu corazón de mujer, porque te ha lastimado, porque te ha vulnerado, porque te ha derrumbado en tu ser mismo de persona y de mujer. ¿Cómo la vas a llamar amiga?"
Y esa "amiga", que dio ese supuesto "consejo", esa supuesta "amiga" y ese supuesto "consejo", eran en cambio una oportunidad para dar un buen consejo. Y esa es una obra de misericordia.
Normalmente, las personas antes de cometer los crímenes más terribles, como éste del aborto y otros, siempre intentan consultar a alguien: "Mira, ¿qué hago? Tengo este problema de fidelidad con mi esposo, con mi esposa. ¿Qué hago?"
Ahí llega el consejo venido del infierno, venido de las tinieblas: "¡No! ¡Pues, usted hágale lo mismo! ¡Desquítese! ¡No sea bobo! ¡No sea boba! ¡No se deje!" ¡Y esa era la oportunidad para evangelizar, esa era la oportunidad para tener misericordia!
Hermanos, hay muchas ocasiones en nuestra vida diaria de practicar este evangelio, de dar un buen consejo. Usted puede ayudar a sacar a muchas personas de sus vicios. Usted le puede indicar a una persona el camino para que se oriente hacia Dios.
Usted le puede decir a alguien: "Mira, en esa necesidad tuya, aunque no puedo hacer nada, por lo menos te voy a ofrecer mi oración, mi amistad, mi solidaridad".
Yo he visto de cerca, gracias a Dios, así como he presenciado pésimos consejos, así también he presenciado el bien que hace un buen consejo, una palabra a tiempo, el bien que hace decirle a una persona: "¿Tú no sabes rezar el rosario?, por ejemplo.
"Mira, yo te enseño; hay estos misterios. Oremos juntos, hagamos esta novena, vayamos a tal parte. Conozco a un sacerdote que puede confesarte. Sé de un grupo de oración donde intercederán por ti. Lee este libro, escucha estas palabras, sintoniza esta emisora".
¡Diga algo, por favor! ¡Hágale bien a la humanidad!