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Revisión del 23:46 18 oct 2011
Fecha: 20010109
Título Cristo nos ha liberado del miedo a morir y del miedo a la muerte
Original en audio: [21 min. 30 seg.]
Acabamos de empezar el tiempo Ordinario, mejor llamado el tiempo Durante el Año. Mientras que el Adviento, la Navidad, por una parte; y la Cuaresma y la Pascua, por otra parte, se concentran en ciertos momentos, los más importantes de la vida de Cristo, el tiempo Ordinario es como un recorrido, es como un camino que hacemos alrededor del misterio de Cristo.
Puede decirse que durante el año, palabra que significa originalmente vuelta, círculo, nosotros le vamos adar una vuelta, vamos a hacer un recorrido entorno a Cristo; queremos dar la vuelta entorno a Jesús como mirando todos los aspectos posibles sobre su palabra, sus milagros, sus exorcismos y desde luego también sus padecimientos, su silencio, su oración, su muerte, su resurrección.
El objetivo, entonces, del tiempo Ordinario es dar la vuelta entorno a Cristo, recorrer el misterio de Cristo, de esa manera la Iglesia es como una amorosa y atenta discípula, que está alrededor de Cristo, cerca de Cristo, escuchándole, recibiendo su palabra, su instrucción, aprendiendo incesantemente de Él.
Cada año hacemos este recorrido en un curso que no termina nunca, porque nunca terminaremos de agotar esos tesoros de sabiduría de los que nos habló San Pablo, los tesoros que están escondidos en el misterio de Cristo.
¿Y por dónde se puede empezra este recorrido? Como seguramente sabemos, las lecturas entre semana, como solemos decir, es decir, las lecturas de las ferias del tiempo Ordinario, llevan dos órdenes, de acuerdo con el año, los años impares como éste, se empieza por una parte; y los años pares, como el que acaba de terminar, por otra parte.
Si uno mira, ¿el año par en dónde comienza? Se encuentra con el Libro de Samuel. Si este año fuera par, estaríamos leyendo el Libro de Samuel, comienzo del Primer Libro de Samuel. Y resulta que hemos empezado por la Carta a los Hebreos; en el año impar se empieza por la Carta a los Hebreos, ¿por qué? De tantos libros que tiene la Biblia, ¿por qué?
Yo quiero invitar a todos, ya que creo que todos asistimos, participamos de la Santa Misa diariamente, quiero invitarles a que no seamos como las paredes, los pisos, o las sillas, que simplemente reciben lo que salga; las sillas oyen atentamente todas las predicaciones y escuchan todas las lecturas, pero no les aprovecha mucho.
Nosotros como oyentes, dotados de inteligencia y sobre todo dotados de amor, que significa interés por Dios, tratemos en la medida de nuestras fuerzas de preguntarnos y de instruirnos. ¿Por qué se empieza por la Carta a los Hebreos? Se hubiera podido empezar también por la Carta de Santiago, o se hubiera podido empezar por el Apocalipsis, ¿da lo mismo? Desde luego que no.
Creo que estas preguntas litúrgicas son muy útiles porque hacen que nosotros participemos de la celebración de una manera más consciente, activa y fructuosa. Y esto precisamente fue lo que quiso el Concilio Vaticano II desde su primera constitución, que como sabemos fue la constitución de la liturgia, Sacrosanctum Concilium.
Esta constitución expresaba el deseo de que nosotros pudiéramos participar de la liturgia de una manera más consciente, más activa y más fructuosa.
Para ser más conscientes tenemos que preguntarnos: "¿Y ahora esta gente por qué salió con la Carta a los Hebreos? ¿Qué son todas esas historias que nos van a contar ahí de la Carta a los Hebreos? ¿Y por qué en el año par se empieza por el Libro de Samuel? ¿Por qué no empieza por el Segundo Libro de las Crónicas? ¿O Por qué no empieza por el Eclesiastés?
Es bueno hacernos estas preguntas, y utilizar los mismos libros litúrgicos, o los manuales de liturgia, o las personas instruidas que conozacamos, para aumentar esa conciencia; porque, repito, el Concilio Vaticano quería que nosotros participáramos de manera consciente, activa y fructuosa.
Vamos a hablar un poco de qué es lo que tiene que ver con ese comienzo en el año par, no el año en el que estamos entonces. En el año para se empieza por el Libro de Samuel, ¿sabe por qué? Se empieza por el Libro de Samuel porque Samuel es ese hombre que sirve como de bisagra, como de quicio, como de articulación entre dos momentos muy definidos de la historia de Israel.
Desde luego que no es una casualidad que el año par empiece por el Libro de Samuel. Lo que sucede es que Samuel es ese hombre de Dios que sirve como de articulación, de frontera, de quicio entre dos etapas: esa etapa que viene del Éxodo, una etapa de un llamado de Dios, de una liberación de Dios y de una acción de gobierno de Dios, de un modo podríamos llamar carismático, que tiene su expresión en los Jueces, unos señores a los que Dios iba llamando, pero no se sabía a quién iba a llamar.
Jueces como Sansón, como Jefté, como Gedeón eran hombres que de pronto Dios llamaba para que liberaran a su pueblo, pero el pueblo no tenía una estructura como tal, sino que cuando los peligros arreciaban, entonces ellos clamaban a Dios, y entonces Dios les enviaba unos líderes más o menos espontáneos, llamémoslos así, que hacían ese papel de liberadores para circunstancias precisas.
Con Samuel la cosa va a cambiar completamente, porque Samuel es aquel juez, él hace de juez también, como Sansón o como estos, pero es un juez muy particular porque inaugura el tiempo de los Profetas y de los Reyes.
Es decir, Samuel sirve de frontera entre el tiempo de los liberadores, de los Jueces, de esos líderes carismáticos, por un parte; y por otra parte, con él empieza el tiempo de los Profetas y de los Reyes. Y sobre todo con Samuel se abre el tiempo del gran rey, del rey por excelencia en el Antiguo Testamento, que fue David.
Entonces, realmente lo que se hace en los años pares, no en el año en el que estamos, pero es que yo no sé si el año entrante yo esté aquí, lo que se hace con el Libro de Samuel es introducir el reinado de David.
Todo el propósito es que nosotros tengamos los ojos abiertos a David, ¿por qué? Porque a través del reinado de David tenemos una ventana magnífica para contemplar al verdadero Hijo de David, al descendiente de de David, que es Jesucristo.
De manera que a través de la realeza y a través de David nosotros miramos al Rey de reyes que es Jesucristo. Es decir, que en el año par la perspectiva es: vamos a asomarnos a quién es Cristo, desde una figura que viene del Antiguo Testamento que es el rey, particularmente, David.
Y en este año en el que estamos, ¿cuál es el tema? ¿Cómo vamos a mirar a Cristo en este año? Vamos a empezar mirándolo, porque es un recorrido, como Sacerdote, una palabra que viene también del Antiguo Testamento.
Durante unos días iniciales de este año litúrgico vamos a estar con la Carta a los Hebreos. Mire usted que son varias semanas; aquí estoy viendo que todavía en la cuarta semana sigue la Carta a los Hebreos, esto llega hasta la cuarta semana, vamos a tener cuatro semanas, cuatro semanas de la Carta a los Hebreos.
No pueden ser cuatro semanas de simplemente sentarnos a que digan allá una cosa sobre que los sacerdotes, que las ofrendas, no, no no, nosotros necesitamos situarnos, tomar las Biblias, buscar las impredicciones de las Biblias, familiarizarnos con ese lenguaje.
Porque en este año en el que nos encontramos, año impar, en este año nuestro, la primera lectura empieza siendo tomada la Primera Carta a los Hebreos durante cuatro semanas, estamos en la primera de esas cuatro semanas, o sea que nos falta casi un mes de de oír: "Carta a los Hebreos", "Carta a los Hebreos", "Carta a los Hebreos".
Hay que familiarizarse con la Carta a los Hebreos, hay que sentir cercano ese mensaje, hay que amar ese mensaje, para que eso que está aquí (en el papel), me entre aquí (al corazón), y sirva, sea útil, sea salud para nosotros.
La Carta a los hebreos nos va a hablar sobre Cristo con la mirada de, o con la perspectiva de Sacerdote. O sea que podemos decir que en el año impar, que es este, empezamos mirando a Cristo desde el ángulo de Sacerdote, y en el año par empezamos mirando a Cristo desde el ángulo de Rey.
En ambos casos de lo que se trata es de mirar a Cristo, descubrir qué fue lo que hizo Cristo, descubrir cuáles son los bienes que nos trae Cristo.
Pero no hay una palabra que agote todo lo que es Cristo, por eso hay distintas miradas. En este año impar, empezamos hablando de Cristo como Sacerdote; en el año par, se empieza hablando de Cristo Rey, desde el ángulo de ese rey impresionante del Antiguo Testamento, el rey David. Y eso es lo que nos explica por qué aparecen estas lecturas de la Carta a los Hebreos.
Bueno, hagamos una última anotación, una referencia al texto que hemos oído hoy. Estamos en el capítulo segundo de la Carta a los Hebreos. La Carta a los Hebreos tiene trece capítulos.
Si alguien quiere verdaderamente sacarle provecho a las Misas de estos días, yo le digo: No se contente con lo que se va a leer en la Misa, ese lenguaje es muy alejado de la mayor parte de nosotros.
Ahí nos van a hablar que las ofrendas, los machos cabríos, la sangre derramada, y uno se queda ahí como viendo un chispero, como sin entender, como sin saborear; y el que no entiende, el que no ve, el que no saborea, ¿cómo va a amar esta Palabra? No, necesitamos sacarle ratico, abrir la Biblia, leer notas, introducciones, amar el texto que se nos propone.
La idea central, por ejemplo, en el día de hoy es que Cristo, venciendo a la muerte, aniquilando al que tenía el poder de la muerte, liberó a todos los que, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos" Carta a los Hebreos 2,15.
Nos están hablando de lo que Cristo ha hecho por nosotros: "Libera a los que, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos".
¿Eso es verdad? Oiga lo que estamos diciendo: "Liberó a todos los que, por miedo a la muerte, pasan la vida entera como esclavos" Carta a los Hebreos 2,15.
¿Usted conoce mucha gente que le tenga miedo a la muerte? ¿Será que el miedo a la muerte nos hace pasar la vida como esclavos? ¿Por qué el miedo a la muerte nos esclaviza? ¿Dónde está la esclavitud que eso trae?
"Cristo, aniquilando al que tenía poder sobre la muerte, liberó a todos los que, por miedo a la muerte, pasaban la vida como esclavos" Carta a los Hebreos 2,15 , ¿eso qué quiere decir? El miedo a la muerte. Mire, para resumir, porque es necesario, el miedo a la muerte aquí no se refiere solamente a cuando llegue el momento final.
Es que, mis hermanos, la muerte no es un peligro para nosotros solamente cuando se acaben las horas de la vida; la muerte no es solamente el corte final de la trama de la vida; el miedo a la muerte no es solamente el miedo a cómo voy a terminar yo, no es solamente el miedo a morir; el miedo a la muerte no es solamente el miedo a morir.
La muerte va acompañando el río de la vida, como las orillas acompañan a los ríos.
La muerte va acompañando a la vida, y el miedo a la muerte no es solamente el miedo a morir; la obra que hizo Cristo, liberándonos del miedo a la muerte, no fue solamente para que pudiéramos morirnos tranquilos; el miedo a la muerte es algo mucho más profundo, y es algo mucho más común de lo que creemos.
Pensemos, por ejemplo, en esto: cuando nosotros detenemos nuestra generosidad, que es serenar el amor; cuando nosotros tomamos la justicia por nuestra propia mano; cuando nosotros nos dedicamos a deleitarnos con lo que está al alcance de nuestra vista o de nuestros sentidos, ¿qué estamos haciendo ahí? Todo eso nace del miedo a la muerte, quién lo creyera, pero así es.
Cuando uno frena la generosidad, cuando uno frena el amor, "porque se van a aprovechar de mí", ¿quién no ha vivido esa experiencia? "-No puedo ser tan bueno porque se aprovechan de mí" "-¿Y por qué tienes miedo de que se aprovechen de ti?"-Pues porque me van a azotar, porque me van a cansar, porque me van a exterminar, porque me van a desocupar. ¡Eso es miedo a la muerte!
Nosotros frenamos el amor porque tenemos miedo a la muerte, miedo a que nos desocupen, a que nos gasten todo nuestro tiempo, todas nuestras fuerzas, todos nuestros afectos, todas nuestras energías, por eso no amamos con toda la fuerza del corazón, por eso nos medimos, eso es miedo a la muerte. ¡Tenemos miedo de que nos desocupen!
Como sabemos que los días son contados, que las alegrías son contadas, ¿y por qué son contadas? Porque está la muerte, por eso nos medimos, por eso llevamos cuentas de las ofensas que nos hacen, por eso no terminamos de entregarnos completamente a los demás, porque entonces "¿qué va a quedar para mí?".
Eso es miedo a la muerte, es miedo a la nada, es miedo a desocuparse, es miedo a entregarse completamente.
Nuestro miedo a entregarnos no es otra cosa sino miedo a la muerte, ¿y de ahí qué viene? El egoísmo, ¿y de ahí qué viene? Y de ahí viene la cobardía, y de ahí viene la mediocridad. Y luego nuestra manera de avalanzarnos sobre los bienes de esta tierra como exprimiéndolos, como queriendo sacar todo el placer posible.
Mire usted todos los vicios, todos y cada uno de los vicios, y descubrirá que todo es un deseo de gozar del presente, de agotar el presente, de disfrutar el presente porque no se sabe el mañana.
"Comamos y bebamos que mañana moriremos"; "disfrutemos ya, ya lo que haya". El miedo a la muerte está ahí también. Esa persona tal vez no teme morir pero tiene miedo a la muerte, es decir, está incierto sobre su futuro, y por eso se vuelca nerviosamente, frenéticamente sobre el presente; quiere exprimir el presente, quiere gozarlo todo ya, ya, ¿por qué? Porque no sabe nada del mañana.
Cristo nos ha liberado de eso, no sólo nos ha liberado del miedo a morir, Cristo nos ha liberado del miedo a la muerte; es decir, de los miedos que tenemos a desocuparnos, a entregarnos generosamente, y del miedo que tenemos a aplazarla recompensa y el pago y a creer en un mañana.
Cristo nos ha liberado de eso. El triunfo de Cristo sobre la muerte, su Resurrección gloriosa, devuelve a nuestro corazón la certeza de una vida más allá de la muerte, y devuelve por consiguiente a nosotros la capacidad de ser generosos y de ser fuertes en soportar el mal.
Bueno, vamos a seguir nuestra celebración pidiéndole a Cristo que Él, que es el Pan de Vida, dentro de nosotros venza todo temor a la muerte, es decir, que nos dé la generosidad de entregarnos con todo, pase lo que pase, porque nos sabemos soportados por Él.
Y que nos dé la capacidad de soportar lo que pase, porque sentimos que hay un mañana, que hay justicia, que hay recompensa, que hay vida, que hay gracia y que hay perdón..