Diferencia entre revisiones de «I256003a»

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'''Título: Ageo y Zacarias: profetas de la esperanza'''
  
 
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A finales del siglo sexto antes de Cristo terminó la peor de las humillaciones que sufrieron los judíos e que cueta el Antiguo Testamento. Esa humillación, con verdadero sabor de muerte, fue el destierro, cuando tivieron que ir a Babilonia diezmados, vejados, humillados, empobrecidos.
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A finales del siglo sexto antes de Cristo terminó la peor de las humillaciones que sufrieron los judíos e que cuenta el Antiguo Testamento. Esa humillación, con verdadero sabor de muerte, fue el destierro, cuando tuvieron que ir a Babilonia diezmados, vejados, humillados, empobrecidos.
  
 
Terminó el destierro, un buen número de judíos regresaron a Jerusalén, pero no terminaron los problemas. El proceso de reconstrucción no solamente física, sino sobre todo emocional, familiar, espiritual, es un asunto que iba a requerir mucho tiempo; en realidad, las heridas del destierro permanecieron en la estirpe judía y marcaron, yo diría, para siempre a esa raza.
 
Terminó el destierro, un buen número de judíos regresaron a Jerusalén, pero no terminaron los problemas. El proceso de reconstrucción no solamente física, sino sobre todo emocional, familiar, espiritual, es un asunto que iba a requerir mucho tiempo; en realidad, las heridas del destierro permanecieron en la estirpe judía y marcaron, yo diría, para siempre a esa raza.
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O sea, fíjate todo ese fenómeno que se va dando, cómo desde las persecuciones y destierros del siglo octavo y del siglo sexto antes de Cristo, se da paso a este fenómeno de las comunidades dispersas, y luego cómo esa red de comunidades de judíos va a servir como de entramado para que el Apóstol Pablo, sobre todo él y también otros cristianos, se muevan en medio del Imperio Romano, regando la buena noticia del Cristianismo. Hay una providencia de Dios en todo esto.
 
O sea, fíjate todo ese fenómeno que se va dando, cómo desde las persecuciones y destierros del siglo octavo y del siglo sexto antes de Cristo, se da paso a este fenómeno de las comunidades dispersas, y luego cómo esa red de comunidades de judíos va a servir como de entramado para que el Apóstol Pablo, sobre todo él y también otros cristianos, se muevan en medio del Imperio Romano, regando la buena noticia del Cristianismo. Hay una providencia de Dios en todo esto.
  
Pero, cuando volvieron del destierro, ellos o podían imaginar todo lo que nosotros ahora vemos en espejo retrovisor; hubo uno, sin embargo, el profeta Zacarías, lo mismo que el profeta Ageo, estos hombres sí que alcanzaron a vislumbrar que había algo grande que Dios estaba planeando. Y por eso hay que querer al profeta Zacarías, hay que querer a Ageo, porque fueron mensajeros de esperanza, porque fueron hombre que en tiempos tan supremamente duros supieron decir: "Dios sabe lo que está haciendo".
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''Pero, cuando volvieron del destierro, ellos o podían imaginar todo lo que nosotros ahora vemos en espejo retrovisor; hubo uno, sin embargo, el profeta Zacarías, lo mismo que el profeta Ageo, estos hombres sí que alcanzaron a vislumbrar que había algo grande que Dios estaba planeando. Y por eso hay que querer al profeta Zacarías, hay que querer a Ageo, porque fueron mensajeros de esperanza, porque fueron hombre que en tiempos tan supremamente duros supieron decir: "Dios sabe lo que está haciendo".''

Revisión del 20:27 22 sep 2011

Fecha: 20110924

Título: Ageo y Zacarias: profetas de la esperanza

Original en audio: 4 min. 40 seg.


A finales del siglo sexto antes de Cristo terminó la peor de las humillaciones que sufrieron los judíos e que cuenta el Antiguo Testamento. Esa humillación, con verdadero sabor de muerte, fue el destierro, cuando tuvieron que ir a Babilonia diezmados, vejados, humillados, empobrecidos.

Terminó el destierro, un buen número de judíos regresaron a Jerusalén, pero no terminaron los problemas. El proceso de reconstrucción no solamente física, sino sobre todo emocional, familiar, espiritual, es un asunto que iba a requerir mucho tiempo; en realidad, las heridas del destierro permanecieron en la estirpe judía y marcaron, yo diría, para siempre a esa raza.

De hecho, con esta persecución, con esta desolación creada por Nabucodonosor, lo mismo que con la devastación en el reino del norte, el reino de Israel, donde estaban diez de las doce tribus, con esas devastaciones, con esos destierros, lo que quedó en el corazón del pueblo de Dios fue una profunda sensación de desposeimiento.

Muchos no regresaron, algunos volvieron a Jerusalén, pero muchos no regresaron, y así se inició lo que se llama la "diáspora", palabra que qiere decir la "dispersión". Estos judíos, y también otros miembros del peublo de Dios, otros de las tribus, o se mezclaron con otros pueblos, o formaron pequeñas comunidades en distintos lugares del mundo habitado en aquella época.

Por decir algo, al norte de Egipto, en la ciudad de Alejandría, se formó un asentamiento judío; también en lo que hoy es Turquía, y que en esa época se llamaba Asia Menor", se formaron pequeñas comunidades de judíos. Esas ciudades y lugares donde vivieron los judíos de los son las que luego van a aparecer en el libro de los Hechos de los Apóstoles, por ejemplo, Antioquía de Pisidia, Éfeso, Listra, Derbe, Tarso.

Estas poblaciones donde vivieron comunidades de judíos fueron de algún modo un llamado de Dios, porque cuando se fue a expandir el mensaje del Evangelio, los primeros lugares a donde se fue a predicar la Buena Noticia fue a los lugares de la diáspora.

O sea, fíjate todo ese fenómeno que se va dando, cómo desde las persecuciones y destierros del siglo octavo y del siglo sexto antes de Cristo, se da paso a este fenómeno de las comunidades dispersas, y luego cómo esa red de comunidades de judíos va a servir como de entramado para que el Apóstol Pablo, sobre todo él y también otros cristianos, se muevan en medio del Imperio Romano, regando la buena noticia del Cristianismo. Hay una providencia de Dios en todo esto.

Pero, cuando volvieron del destierro, ellos o podían imaginar todo lo que nosotros ahora vemos en espejo retrovisor; hubo uno, sin embargo, el profeta Zacarías, lo mismo que el profeta Ageo, estos hombres sí que alcanzaron a vislumbrar que había algo grande que Dios estaba planeando. Y por eso hay que querer al profeta Zacarías, hay que querer a Ageo, porque fueron mensajeros de esperanza, porque fueron hombre que en tiempos tan supremamente duros supieron decir: "Dios sabe lo que está haciendo".