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No son muchos los santos a los que les celebramos el comienzo y el final de su vida en esta tierra. Por supuesto, al Santo de los santos, Nuestro Señor Jesucristo, sí que lo celebramos así. Tenemos la Navidad que no es otra cosa sino la festividad propia de la entrada de Cristo en nuestra historia y a nuestra tierra; y luego tenemos la Semana Santa, la Pascua, que es el éxodo de jesucristo de este valle de lágrimas a esa tierra de promisión, a esa casa del Padre a donde todos estamos invitados.
 
No son muchos los santos a los que les celebramos el comienzo y el final de su vida en esta tierra. Por supuesto, al Santo de los santos, Nuestro Señor Jesucristo, sí que lo celebramos así. Tenemos la Navidad que no es otra cosa sino la festividad propia de la entrada de Cristo en nuestra historia y a nuestra tierra; y luego tenemos la Semana Santa, la Pascua, que es el éxodo de jesucristo de este valle de lágrimas a esa tierra de promisión, a esa casa del Padre a donde todos estamos invitados.
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Luego en la Santísima Virgen tenemos la celebración de la concepción, la celebración del nacimiento y la celebración de su dichosísimo tránsito a la gloria del cielo, es decir, la fiesta de la Asunción.
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Si miramos también a Juan el Bautista, se le celebra el nacimiento, festividad que queda el veinticuatro de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo, y se le celebra también el final de la vida. Y eso es lo que tenemos hoy, el veintinueve de agosto se recuerda el martirio de San Juan Bautista.
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Cuando sedan estos casos uno debe presentir que hay añgo grande en ese nacimiento y hay algo grande en esa muerte. Efectivam,ente, Juan fue santificado desde el vientre de su madre, y fue santificado por nadie menos que por la presencia de Jesús, esta es la escena de la visitación, y por eso es tan importante el nacimiento de Juan, el Precursor.
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Pero luego, la muerte de Juan también es una hermosa catequesis que puede leerse desde distintos ángulos, hoy por ejemplo, démosle una mirada a las personas

Revisión del 20:36 27 ago 2011

Fecha: 20110829

Título:

Original en audio: 4 min. 34 seg.


No son muchos los santos a los que les celebramos el comienzo y el final de su vida en esta tierra. Por supuesto, al Santo de los santos, Nuestro Señor Jesucristo, sí que lo celebramos así. Tenemos la Navidad que no es otra cosa sino la festividad propia de la entrada de Cristo en nuestra historia y a nuestra tierra; y luego tenemos la Semana Santa, la Pascua, que es el éxodo de jesucristo de este valle de lágrimas a esa tierra de promisión, a esa casa del Padre a donde todos estamos invitados.

Luego en la Santísima Virgen tenemos la celebración de la concepción, la celebración del nacimiento y la celebración de su dichosísimo tránsito a la gloria del cielo, es decir, la fiesta de la Asunción.

Si miramos también a Juan el Bautista, se le celebra el nacimiento, festividad que queda el veinticuatro de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo, y se le celebra también el final de la vida. Y eso es lo que tenemos hoy, el veintinueve de agosto se recuerda el martirio de San Juan Bautista.

Cuando sedan estos casos uno debe presentir que hay añgo grande en ese nacimiento y hay algo grande en esa muerte. Efectivam,ente, Juan fue santificado desde el vientre de su madre, y fue santificado por nadie menos que por la presencia de Jesús, esta es la escena de la visitación, y por eso es tan importante el nacimiento de Juan, el Precursor.

Pero luego, la muerte de Juan también es una hermosa catequesis que puede leerse desde distintos ángulos, hoy por ejemplo, démosle una mirada a las personas