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Las vidas de muchos santos han cambiado así, por una vez de esplendor; un rayo esplendoroso de Dios que nos muestre que ese hombre, ese profeta no es una maestro de elocuencia, no es un mago o un brujo que hace cosas extrañas en sus manos, no es un filósofo de ideas brillantes ni un poeta de buena literatura, hace falta que la voz del Padre y el esplendor de la nube nos permitan reconocer a Jesús una vez, y aunque después ese esplendor desaparezca, aunque después no veamos nada, sabremos que eso está ahí, ahí.
 
Las vidas de muchos santos han cambiado así, por una vez de esplendor; un rayo esplendoroso de Dios que nos muestre que ese hombre, ese profeta no es una maestro de elocuencia, no es un mago o un brujo que hace cosas extrañas en sus manos, no es un filósofo de ideas brillantes ni un poeta de buena literatura, hace falta que la voz del Padre y el esplendor de la nube nos permitan reconocer a Jesús una vez, y aunque después ese esplendor desaparezca, aunque después no veamos nada, sabremos que eso está ahí, ahí.
  
Pasa lo mismo que cuando alguna vez en mi casa estábamos haciendo aseo todos, también papá y mamá, y apareció una caja viejísima que tenía unas fotos y recuerdos muy antiguos del noviazgo y del matrimonio de mis papás. Ellos no escondían esa caja, tampoco es que les diera vergüenza esas fotos, pero estaban ahí, ni siquiera las habían arreglado en algún album
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Pasa lo mismo que cuando alguna vez en mi casa estábamos haciendo aseo todos, también papá y mamá, y apareció una caja viejísima que tenía unas fotos y recuerdos muy antiguos del noviazgo y del matrimonio de mis papás. Ellos no escondían esa caja, tampoco es que les diera vergüenza esas fotos, pero estaban ahí, ni siquiera las habían arreglado en algún álbum.
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Una vez, recuerdo yo haber estado allí en la habitación de mis papás, y gastamos una tarde hablando del tiempo del noviazgo y del matrimonio de ellos; luego las fotos volvieron a su caja, la caja volvió al armario, la puerta volvió a su sitio. Pero haber descubierto eso, el amor de novios y de esposos de mis papás fue maravilloso para mí como hijo.
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Una vez, una vez que Dios te revele su amor, una vez. No le pidas a dios muchas veces, no le pongas a Dios condiciones, con una vez que Dios te revele su gloria, aunque después la esconda, aunque nada aparezca luego, tu vida será distinta. Una vez.
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Una santa dominica, Catalina de Siena, tuvo durante algún tiempo una grave crisis de fe

Revisión del 15:23 25 jul 2011

Fecha: 19990806

Título:

Original en audio: 12 min. 35 seg.


Un día inolvidable tuvieron estos Apóstoles, un día que quedó grabado par siempre en su corazón, en su memoria, en su recuerdo: vieron la gloria de Dios en el rostro de Jesús, escucharon la voz del Padre que declaraba a Jesús su Hijo, el muy amado, objeto de su complacencia.

En ese día inolvidable los Apóstoles descubrieron un poquito del misterio de Jesús, quedaron como abrumados por esa visión maravillosa y cayeron al suelo. Jesús les ayuda a levantarse en estas palabras consoladoras que acabamos de escuchar: "No tengáis miedo" Mateo 17,7, y cuando se levantan ven solamente a Jesús.

¿A dónde ha quedado la nube? ¿Adónde ha quedado la voz? ¿A dónde ha quedado la luz? ¿A dónde se han ido Moisés y Elías? ¿En dónde está ese sol que era su cara? ¿A dónde se fue esa blancura que era su vestido? Todo ha quedado adentro de Jesús.

¡Qué maravilloso despliegue de amor y de gloria, y qué ternura de Cristo que luego guarda de algún modo, reúne de algún modo toda esa belleza en su corazón! Todo se ve desplegado y después todo se ve guardado. El rostro de Jesús ya no brillaba, el vestido de Jesús ya no alumbraba, no hay una nube luminosa no se seguía escuchando una voz, pero los Apóstoles habían entendido un poco quién era ese señor, habían descubierto un poco de quién era Él, y sabían que es hombre humilde que hacía tanta oración, ese Profeta maravilloso al que le habían apostado la vida llevaba por dentro la gloria de Dios.

No siempre se veía su esplendor, pero haberlo visto una sola vez fue suficiente para cambiar la vida. Basta una vez, una vez de tener ese esplendor, una vez.

Las vidas de muchos santos han cambiado así, por una vez de esplendor; un rayo esplendoroso de Dios que nos muestre que ese hombre, ese profeta no es una maestro de elocuencia, no es un mago o un brujo que hace cosas extrañas en sus manos, no es un filósofo de ideas brillantes ni un poeta de buena literatura, hace falta que la voz del Padre y el esplendor de la nube nos permitan reconocer a Jesús una vez, y aunque después ese esplendor desaparezca, aunque después no veamos nada, sabremos que eso está ahí, ahí.

Pasa lo mismo que cuando alguna vez en mi casa estábamos haciendo aseo todos, también papá y mamá, y apareció una caja viejísima que tenía unas fotos y recuerdos muy antiguos del noviazgo y del matrimonio de mis papás. Ellos no escondían esa caja, tampoco es que les diera vergüenza esas fotos, pero estaban ahí, ni siquiera las habían arreglado en algún álbum.

Una vez, recuerdo yo haber estado allí en la habitación de mis papás, y gastamos una tarde hablando del tiempo del noviazgo y del matrimonio de ellos; luego las fotos volvieron a su caja, la caja volvió al armario, la puerta volvió a su sitio. Pero haber descubierto eso, el amor de novios y de esposos de mis papás fue maravilloso para mí como hijo.

Una vez, una vez que Dios te revele su amor, una vez. No le pidas a dios muchas veces, no le pongas a Dios condiciones, con una vez que Dios te revele su gloria, aunque después la esconda, aunque nada aparezca luego, tu vida será distinta. Una vez.

Una santa dominica, Catalina de Siena, tuvo durante algún tiempo una grave crisis de fe