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Es una fiesta muy hermosa que nos muestra cómo en la humildad del misterio de Cristo está la grandeza de la gloria de Dios. Cristo se reúne con sus Apóstoles, con algunos de ellos en una montaña, y mientras estaba en oración, Dios Padre deja ver un poco del resplandor de la gloria de su Hijo, y eso crea un ambiente de amor, de dulzura, que hace que Pedro diga: "¡Qué bueno que nosotros estemos aquí!" Mateo 17,4.
 
Es una fiesta muy hermosa que nos muestra cómo en la humildad del misterio de Cristo está la grandeza de la gloria de Dios. Cristo se reúne con sus Apóstoles, con algunos de ellos en una montaña, y mientras estaba en oración, Dios Padre deja ver un poco del resplandor de la gloria de su Hijo, y eso crea un ambiente de amor, de dulzura, que hace que Pedro diga: "¡Qué bueno que nosotros estemos aquí!" Mateo 17,4.
  
Esta experiencia fue muy importante para los Apóstoles porque Cristo, humillado luego en la Cruz,
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Esta experiencia fue muy importante para los Apóstoles porque Cristo, humillado luego en la Cruz, recibiría de Dios Padre la gloria resplandeciente que había estado anticipada por este día de la Transfiguración. Si queremos decirlo de otra manera, la Transfiguración de Cristo fue como una Pascua pequeñita, una Pascua que muestra algo del misterio de Jesús.
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Quiso Dios, en su providencia, que nuestro Fundador, hermano y amigo, ése que nos ha animado en en nuestro camino de vida cristiana, que es la Orden de Predicadores, partiera a los Cielos precisamente el día de la Transfiguración del Señor.
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Y es emocionante para nosotros recordar cómo fue la muerte de Santo Domingo. ¿De qué murió Santo Domingo? Dicen los testigos de la época que le aquejaban unas fiebres, además, el clima en Europa en esta parte del año, como sucede también en nuestro tiempo, es sumamente cálido, ardiente; pero más que la fiebre de una enfermedad, es el agotamiento de su cuerpo, -era un hombre de unos cincuenta años de edad-, es el agotamiento de su cuerpo lo que hace su situación crítica.
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Ël se encontraba en Bolonia, y entonces los discípulos de Domingo, como pareciéndose a los discípulos de Cristo, quisieron irse con su maestro a una pequeña colina; también ellos en este día de la Transfiguración se fueron a una montaña, porque querían que hubiera un clima un poco más fresco, menos cálido, menos caluroso para Domingo que ya estaba muy enfermo.
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Domingo estaba agotado porque se había desgastado trabajando, porque se había entregado a su labor. Atravesó Europa a pie, predicó en todas partes, ayunó con frecuencia, incansable en la oración, con una palabra de ánimo para todos. Santo Domingo se agotó, se consumió, se gastó por la causa de Jesús.
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Santo Domingo era como uno de estos cirios cuando llega a su final: ya poco le queda porque todo lo ha entregado, todo lo ha entregado en luz, eso fue lo que hizo Domingo: luz por su vida, luz por su oración, luz por su ejemplo y luz por su palabra.
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Domingo, poco antes de morir, llamó a los frailes más jóvenes de la comunida, los novicios, se reunió con ellos un momento y les habló. Santo Domingo murió predicando, les habló sobre la vocación a la que habían sido llamados y les invitó a la obediencia, a la pobreza y a la pureza, a tener el corazón puro, amplio, libre, luminoso para que la Palabra pudiera tomarlos como instrumentos y ayudar a muchos y a muchas. Los frailes se daban  cuenta de que Domingo estaba a punto de morir.

Revisión del 18:42 22 jul 2011

Fecha: 19990806

Título:

Original en audio: 9 min. 29 seg.


Santo Domingo de Guzmán murió un seis de agosto del año 1221; ya en esa época la Iglesia Católica celebraba y sigue celebrando esta fiesta de la Transfiguración del Señor.

Es una fiesta muy hermosa que nos muestra cómo en la humildad del misterio de Cristo está la grandeza de la gloria de Dios. Cristo se reúne con sus Apóstoles, con algunos de ellos en una montaña, y mientras estaba en oración, Dios Padre deja ver un poco del resplandor de la gloria de su Hijo, y eso crea un ambiente de amor, de dulzura, que hace que Pedro diga: "¡Qué bueno que nosotros estemos aquí!" Mateo 17,4.

Esta experiencia fue muy importante para los Apóstoles porque Cristo, humillado luego en la Cruz, recibiría de Dios Padre la gloria resplandeciente que había estado anticipada por este día de la Transfiguración. Si queremos decirlo de otra manera, la Transfiguración de Cristo fue como una Pascua pequeñita, una Pascua que muestra algo del misterio de Jesús.

Quiso Dios, en su providencia, que nuestro Fundador, hermano y amigo, ése que nos ha animado en en nuestro camino de vida cristiana, que es la Orden de Predicadores, partiera a los Cielos precisamente el día de la Transfiguración del Señor.

Y es emocionante para nosotros recordar cómo fue la muerte de Santo Domingo. ¿De qué murió Santo Domingo? Dicen los testigos de la época que le aquejaban unas fiebres, además, el clima en Europa en esta parte del año, como sucede también en nuestro tiempo, es sumamente cálido, ardiente; pero más que la fiebre de una enfermedad, es el agotamiento de su cuerpo, -era un hombre de unos cincuenta años de edad-, es el agotamiento de su cuerpo lo que hace su situación crítica.

Ël se encontraba en Bolonia, y entonces los discípulos de Domingo, como pareciéndose a los discípulos de Cristo, quisieron irse con su maestro a una pequeña colina; también ellos en este día de la Transfiguración se fueron a una montaña, porque querían que hubiera un clima un poco más fresco, menos cálido, menos caluroso para Domingo que ya estaba muy enfermo.

Domingo estaba agotado porque se había desgastado trabajando, porque se había entregado a su labor. Atravesó Europa a pie, predicó en todas partes, ayunó con frecuencia, incansable en la oración, con una palabra de ánimo para todos. Santo Domingo se agotó, se consumió, se gastó por la causa de Jesús.

Santo Domingo era como uno de estos cirios cuando llega a su final: ya poco le queda porque todo lo ha entregado, todo lo ha entregado en luz, eso fue lo que hizo Domingo: luz por su vida, luz por su oración, luz por su ejemplo y luz por su palabra.

Domingo, poco antes de morir, llamó a los frailes más jóvenes de la comunida, los novicios, se reunió con ellos un momento y les habló. Santo Domingo murió predicando, les habló sobre la vocación a la que habían sido llamados y les invitó a la obediencia, a la pobreza y a la pureza, a tener el corazón puro, amplio, libre, luminoso para que la Palabra pudiera tomarlos como instrumentos y ayudar a muchos y a muchas. Los frailes se daban cuenta de que Domingo estaba a punto de morir.