Diferencia entre revisiones de «I185001a»
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Por ejemplo, se obedecen la leyes del tránsito, o se pagan los impuestos, o se obedecen las leyes cívicas o electorales o democráticas, para tener unos ciertos derechos y para tener la capacidad de exigir a otros que cumplan con lo que tienen que hacer. | Por ejemplo, se obedecen la leyes del tránsito, o se pagan los impuestos, o se obedecen las leyes cívicas o electorales o democráticas, para tener unos ciertos derechos y para tener la capacidad de exigir a otros que cumplan con lo que tienen que hacer. | ||
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¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente. | ¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente. | ||
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Es decir, él descubrió que el modo de vida, que el camino por el que lo llevaba el papá era fruto del amor. A veces uno tiene que pasar por esas experiencias, parece que a veces toca pasar por ellas. | Es decir, él descubrió que el modo de vida, que el camino por el que lo llevaba el papá era fruto del amor. A veces uno tiene que pasar por esas experiencias, parece que a veces toca pasar por ellas. | ||
| − | ''Pero lo importante es descubrir, ya sea por uno o por otro camino, descubrir que hay un Dios de amor, y | + | ''Pero lo importante es descubrir, ya sea por uno o por otro camino, descubrir que hay un Dios de amor, y descubrir que cuando Él dice: "Mira, no mientas"; cuando este Dios me dice: "Mira, no mates"; cuando este Dios me dice: "Mira, no forniques"; cuando este Dios me dice: "No robes, no lo hagas, no te salgas del camino", me lo está diciendo por amor, y me lo está diciendo para mi felicidad.'' |
Cuando eso se descubre, la ley ya no es una carga; la ley pasa a ser ese "yugo suave" [[:Category:Mateo 011_030|Mateo 11,30]], pasa a ser ese yugo leve, ligero del que nos habló Jesucristo, ese yugo leve que finalmente, mis hermanos, finalmente tiene el nombre de libertad. Esa es la verdadera libertad. | Cuando eso se descubre, la ley ya no es una carga; la ley pasa a ser ese "yugo suave" [[:Category:Mateo 011_030|Mateo 11,30]], pasa a ser ese yugo leve, ligero del que nos habló Jesucristo, ese yugo leve que finalmente, mis hermanos, finalmente tiene el nombre de libertad. Esa es la verdadera libertad. | ||
Revisión del 02:38 21 jul 2011
Fecha: 200050805
Título: ¿En que consiste la verdadera libertad?
Original en audio: 9 min. 22 seg
Hermanos:
Los invito a que meditemos juntos en la primera lectura, especialmente, que la Iglesia nos ofrece para este día, está tomada del libro del Deuteronomio.
Y la razón por la que me llama tanto la atención, es porque muestra una relación entre la felicidad y la obediencia a los mandamientos. Y yo creo que estas son dos cosas que a menudo vemos como casi en conflicto: la felicidad y la obediencia.
Porque tenemos la idea de que ser feliz es hacer más o menos lo que a uno se le antoja, no estar sujeto a ninguna ley, seguir el propio gusto o capricho, en fin, hacer los que se le da la gana, como decimos vulgarmente
Está muy difundida esa idea de que ser feliz es no tener una ley; obviamente, obedecer la ley aparece como algo amargo, a lo sumo, un mal necesario; hay que soportar la ley. La ley se convierte en un peso, en un impuesto, en una especie de aduana que ha que pagar para gozar de otros beneficios.
Por ejemplo, se obedecen la leyes del tránsito, o se pagan los impuestos, o se obedecen las leyes cívicas o electorales o democráticas, para tener unos ciertos derechos y para tener la capacidad de exigir a otros que cumplan con lo que tienen que hacer.
En esa manera de ver las cosas, que está muy difundida en distintos países, ser feliz y obedecer son casi opuestos. Pero en la lectura que oímos hoy eso fue lo que nos dijeron: "Cumple las leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia" Deuteronomio 4,40.
¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente.
¿Para qué nos dio Dios esa conciencia? Eso que se suele llamara la ley natural, y que de algún modo está relacionado pues con los diez mandamientos, ¿Para qué nos dio Dios una conciencia, que es como su voz en nosotros? ¿Y para qué nos dio Dios estos mandamientos? ¿Qué gana Dios con eso? Pues eso es lo sorprendente, parece que Dios no gana nada.
Parece que este el único motivo, y esto es maravilloso, parece que el único motivo por el que Dios nos ha dado los mandamientos, es por lo que dice la lectura del libro del Deuteronomio hoy: "Para que seas feliz" Deuteronomio 4,40.
Es que el Dios que me creó tampoco tenía necesidad de crearme, no solo no tiene necesidad de darme mandamientos, sino que no tenía necesidad de crearme. Dios me ha creado por amor, Dios me ha creado desde el amor, y porque me ha creado por amor, me mira con amor. Eso es lo que hemos encontrado al principio de esta misma lectura que oímos hoy.
Mira qué bello: "Pregunta a los tiempos pasados, investiga, ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído que Dios le hable como tú lo has oído?" Deuteronomio 4,32-33.
Lo que está diciendo Moisés aquí es: que sí, que sí, que te ama, que Dios te ama; que te ha creado por amor, que eres el pueblo creado desde el amor, y tu vida y la mía son fruto de ese amor; y el Dios que me ha creado con amor, cuando me da un mandamiento, cuando me muestra un camino, pues ese camino es el camino de su amor, y por eso mi felicidad está vinculada a seguir ese camino, porque Él me conoce y me ama.
Ahora bien, para creer uno estas palabras, a veces tiene que pasar, parece que tiene que pasar, por la desagradable experiencia de salirse del camino. Un ejemplo muy fácil de mencionar y recordar es el del famoso hijo pródigo.
A él le parecía que la casa del papá era como incómoda, estrecha, fastidiosa, tan es así que él ya no quería tanto al papá, cuanto quería la herencia del papá; él quería la casa del papá pero sin el papá; poco le importaba ya el papá, quería las cosas únicamente, ¿para qué? Pues para manejarlas a su antojo, sin ley, y a eso se fue, a seguir su capricho, y siguió su capricho.
Y siguiendo su capricho se dio cuenta de que se estaba destruyendo a sí mismo, se dio cuenta que estaba obrando como enemigo de sí mismo, y entonces tuvo una ataque de sensatez y empezó a obrar no como enemigo, sino como amigo de sí mismo, y empezó a ser amigo de sí mismo el día que se acordó de cómo se vivía en la casa del papá.
Y volvió a la casa del papá, y volvió con unos grandes deseos de obediencia, porque fíjate que en su pensamiento lo que él llevaba, cuando iba de vuelta, en su pensamiento lo que había era: "Le voy a decir a mi papá que me trate como a un jornalero" San Lucas 15,19, es decir, con muchas más restricciones y con muchísimas más órdenes que las que podía tener como hijo,lo que era antes.
Es decir, él descubrió que el modo de vida, que el camino por el que lo llevaba el papá era fruto del amor. A veces uno tiene que pasar por esas experiencias, parece que a veces toca pasar por ellas.
Pero lo importante es descubrir, ya sea por uno o por otro camino, descubrir que hay un Dios de amor, y descubrir que cuando Él dice: "Mira, no mientas"; cuando este Dios me dice: "Mira, no mates"; cuando este Dios me dice: "Mira, no forniques"; cuando este Dios me dice: "No robes, no lo hagas, no te salgas del camino", me lo está diciendo por amor, y me lo está diciendo para mi felicidad.
Cuando eso se descubre, la ley ya no es una carga; la ley pasa a ser ese "yugo suave" Mateo 11,30, pasa a ser ese yugo leve, ligero del que nos habló Jesucristo, ese yugo leve que finalmente, mis hermanos, finalmente tiene el nombre de libertad. Esa es la verdadera libertad.
La libertad del hijo pródigo, esclavo de sus pecados, vicios y pasiones, esa no es libertad, ese tipo de caprichos es esclavitud y esclavitud que destruye.
La libertad verdadera se encuentra, en cambio, cuando se encuentra cómo el amor, la obediencia y la felicidad caminan de la mano.