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| − | Entonces Pablo, que tenía estas cosas claras, decía: “Si no ha resucitado Cristo, ¿qué hacemos nosotros privándonos de tantas cosas, y tratando de perdonar al que nos ofende, y de orar por el enemigo, y de ser humildes, y de ser puros, y ser sinceros, ser generosos, ser caritativos, privarnos de tantos beneficios para luego terminar como todos? | + | Entonces Pablo, que tenía estas cosas claras, decía: “Si no ha resucitado Cristo, ¿qué hacemos nosotros privándonos de tantas cosas, y tratando de perdonar al que nos ofende, y de orar por el enemigo, y de ser humildes, y de ser puros, y ser sinceros, ser generosos, ser caritativos, privarnos de tantos beneficios para luego terminar como todos?" |
Y Pablo, por eso, en ese mismo capítulo dice: “Si Cristo no ha resucitado, la única ley que vale en la vida humana es: "Comamos y bebamos que mañana moriremos" [[:Category:1 Corintios 015_032|1 Corintios 15,32]], es decir, disfrutemos el momento presente, hagamos todas las trampas, ganemos las amistades por conveniencia, gocemos al máximo, aprovechémonos del débil”. | Y Pablo, por eso, en ese mismo capítulo dice: “Si Cristo no ha resucitado, la única ley que vale en la vida humana es: "Comamos y bebamos que mañana moriremos" [[:Category:1 Corintios 015_032|1 Corintios 15,32]], es decir, disfrutemos el momento presente, hagamos todas las trampas, ganemos las amistades por conveniencia, gocemos al máximo, aprovechémonos del débil”. | ||
Revisión del 18:51 4 may 2011
Fecha: 20010421
Título: Creer en la resurreccion no es facil
Tiempo en audio: 20 min. 5 seg.
Como vemos, el episodio del milagro en el templo termina de la única manera que podía terminar, es decir, con dos terquedades, dos obstinaciones. Los sumos sacerdotes y las autoridades son muy claros en su prohibición: "Les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús" Hechos 4,18.
Y Pedro fue muy claro en que no iba a hacer caso: "Puede aprobar Dios que obedezcamos a vosotros en vez de Él?" Hechos 4,19. Y los otros repitieron la prohibición, y Pedro salió y predico.
Lo primero que podemos comprobar en esa lectura que cierra este episodio de la sanación del lisiado, es que verdaderamente no hay negociación posible ahí; esa obstinación de los opositores y esa obstinación de los Apóstoles, no es una simple terquedad, no es un simple capricho, proviene de sendos modos irreconciliables de estar en el mundo.
Se trata de dos actitudes ante las cuales no hay negociación posible. Vienen a nuestra memoria las palabras de nuestro Maestro. Jesús ya había hablado de ese rompimiento, incluso en lugares tan amorosos usualmente, tan apacibles, como puede ser el mismo hogar: "En una familia de cinco, habrá tres contra dos y dos contra tres" San Lucas 12,52.
Es decir que realmente la resurrección de Cristo es como una línea divisoria, es como un cuchillo, que parte todo afecto, toda realidad, toda sociedad, todo corazón. No es, repito, solamente asunto de gente tozuda, gente obstinada; es el efecto de la resurrección. La resurrección ocasiona un disección porque produce la división entre dos posturas frente a las cuales no es posible negociar.
O predicamos a Jesús, o negamos lo sucedido en Jesús; o predicamos que en verdad la resurrección ha sucedido, o negamos la resurrección del Señor. Esta línea divisoria, atraviesa todas las realidades humanas, eso quiere decir que también llega a nuestro propio corazón, también llega a nuestra propia vida y también nos enfrenta a nuestra, podríamos decir, capacidad de creer.
Y aquí surge una pregunta: ¿qué es entonces creer en la resurrección? No es simplemente afirmar que el que estaba muerto, está vivo, el problema no es que de un muerto ahora esta vivo, el problema es ¿quién es ese, que estuvo muerto, y ahora vive?
El problema es que si esa vida es una vida invencible, esa es la vida a la que hay que llegar, por encima de toda pretensión de poder, de dominio, por encima de todo imperio, por encima de todo gobierno, incluso por encima del Sanedrín.
Lo bueno de la resurrección es que declara a una persona, a Cristo, por encima del alcance de todas las presiones, de todas la políticas, de todas las seducciones, de todo lo que puede ofrecer esta tierra, o de todo con lo que pueda amenazar esta tierra.
Lo grave de la resurrección no es que está vivo simplemente, lo grave de la resurrección es que se quiso matarlo, lo grave es que todas las fuerzas de este mundo se dan cita para hundir, para destruir a Cristo, y Él resucita ya libre de esas fuerzas, de esas presiones porque, como hemos dicho en otra ocasión, los argumentos de los imperios de este mundo son: “Tu me haces caso o yo te hago daño”.
Pero el Resucitado ya no recibe daño, ya no puede ser dañado. La última amenaza en este mundo es: "Pues si no eres de los míos, te mato". La muerte es la última pretensión de dominación sobre el ser humano. Y resulta que la muerte no pudo contra este Hombre, no pudo contra este Cristo.
Por eso, en Cristo brilla una libertad soberana, y si Cristo está por encima de esos imperios y de esas pretensiones, de esos intereses y de esos miedos, de esas seducciones y de esas intrigas, de esas políticas y de esas violencias; si con Cristo nada de eso vale, si nada de eso puede contra Él, entonces Él es libre, Él es el Señor.
Lo que quiero destacar entonces en segundo lugar es eso, la resurrección es una actitud radical, como dijimos en el primer punto, es una actitud que divide y que causa un rompimiento irreconciliable, que sólo puede ser salvado por la conversión o por la apostasía, lamentablemente.
La resurrección produce todo eso, porque el Resucitado es el vencedor y porque el Resucitado está diciendo: “También se puede vivir sin adorar los dioses de esta tierra, y si ellos pretenden destruiros, pues, tened sabido que hay vida, esa misma vida que yo tengo”. El Recitado es el Señor, ese es el resumen.
El que ha vencido a la muerte, ha vencido todo, porque los poderes de esta tierra, lo peor que pueden hacer, lo más miedoso que pueden hacer y lo más fuerte que pueden hacer es matar, y si eso no tiene poder, entonces nada tiene poder con Él.
El que ha resucitado es el Señor. Y de aquí podemos entender esa expresión que dice San Pablo en el capitulo 15 de Primera Corintios: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe" 1 Corintios 15,14.
Y toda vía dice: "Si Cristo no ha resucitado, somos los más desgraciados de todos los hombres” 1 Corintios 15,19.
Claro, es así, porque si Cristo no ha resucitado, ¿qué hacemos nosotros siguiendo una vida que se priva de tantas cosas de esta tierra, que se priva de lo que dan las alianzas, las intrigas, la violencia, la prepotencia, la altivez, la codicia, la trampa la hipocresía.
Seguir a Cristo, es evita todas esas cosas; pero todas esas cosas producen mucho, traen muchas ventajas.
El que está por fuera de la rosca, el que no tiene todas esas amistades, el que no aprovecha todas esas influencias, el que se abstiene de tantas cosas porque no le gustan a Dios, pues lleva una vida que, si se mira a los ojos de este mundo, es una vida mustia, es una vida sin gracia, es una vida reprimida.
Nietzsche decía: "Es una vida de esclavo", y llevar una vida de esclavo para morirse como todos los demás, es llevar la peor de las vidas.
Privarse de las ventajas de ser altivo, negociador, sagaz, cínico, descarado, aprovechado, soberbio; privarse de todo lo que trae la sensualidad y la codicia y el negocio, y estar con el uno y con el otro, mentirle al uno y al otro, privarse de todas esas cosas, es privarse de mucho.
Pero nosotros tenemos una buena razón, y es que nosotros creemos, en virtud de la resurrección de Cristo, creemos que es bueno privarse de eso.
Y que si uno, por debilidad o por lo que sea, comete una falla, dice una mentira, inconveniencia, o lo que sea, uno tiene que saber, uno sabe en su conciencia que ha obrado mal, y por eso debe resarcir por el mal causado, y sobre todo arrepentirse, confesarse, etcétera.
Entonces entendamos, ya terminándose esta Octava de Pascua que duró tan poquito, terminando esta Octava de Pascua entendamos que la resurrección es el señorío y que el Resucitado es el Señor; entendamos que la resurrección no es simplemente un hecho inexplicable, bonito, raro.
La resurrección es la declaración de quién es el que tiene la aprobación de Dios y quién es, el que sin someterse a las influencias y poderes de esta tierra, por decirlo de una manera popular, “se sale con la suya”.
Entonces Pablo, que tenía estas cosas claras, decía: “Si no ha resucitado Cristo, ¿qué hacemos nosotros privándonos de tantas cosas, y tratando de perdonar al que nos ofende, y de orar por el enemigo, y de ser humildes, y de ser puros, y ser sinceros, ser generosos, ser caritativos, privarnos de tantos beneficios para luego terminar como todos?"
Y Pablo, por eso, en ese mismo capítulo dice: “Si Cristo no ha resucitado, la única ley que vale en la vida humana es: "Comamos y bebamos que mañana moriremos" 1 Corintios 15,32, es decir, disfrutemos el momento presente, hagamos todas las trampas, ganemos las amistades por conveniencia, gocemos al máximo, aprovechémonos del débil”.
Y todo ese discurso que se encuentra en el capítulo segundo y siguientes del libro de la Sabiduría, el famoso discurso de los impíos.
La bondad, la sinceridad, la santidad, dice por allá el libro de la Sabiduría; la bondad, la justicia, como se ve, de nada sirve, ese es el parecer del que se siente fuerte en este mundo: "La bondad, y la sabiduría, y la sinceridad, y la oración, y la piedad, eso de nada sirve".
A aprovechar el momento presente, hacerse uno con los amigos: cuando usted llegue a un lugar, mire a ver quién es el de las galletas, quién tiene la sartén por el mango, busque cuál es el poderoso de turno, haga sus amistades, cuadre las cosas a su antojo, ríase de todos, sea cínico, disfrute": Nietzsche, ese es el evangelio de Nietzsche, el del capítulo segundo del libro de la sabiduría.
Y resulta que el cristiano dice: “¡No, yo no le voy a apostar a eso! Pero entonces me van a calumniar, y entonces voy a perderme de muchas cosas, y voy a tener que arrepentirme de muchas cosas, y voy a estar solo muchas veces, y no me van a entender, y no me van a aplaudir y no me van a agradecer, y me van a traicionar, en últimas me va a pasar lo que le pasó a mi Señor”.
Hay una buena razón para eso, creemos en el desenlace de esta historia, creemos que el Resucitado fue el primero que vivió así, hasta el extremo, y vemos, en su resurrección, que eso vale la pena, que eso es lo mejor, que eso es lo más grande, que eso es lo verdaderamente bello y que eso es lo que le gusta a Dios.
Ahí vine el tercer punto: ¿y ahora quién puede convencer al corazón humano de eso? ¿Quién le puede traer al corazón humano la certeza de que eso es así? El evangelio que resume las apariciones, en el epilogo de San Marcos, muestra que eso no es fácil.
De modo que yo digo: si usted siente que creer en la resurrección es fácil, tal vez es de los que no cree, o tal vez, con el debido respeto, nunca ha entendido de qué se trata este asunto.
Porque creer en la resurrección es un poco lo que hemos dicho, lo que dice la Primera Carta de Juan: “El que dice que está en Él, tiene que vivir como Él anduvo” 1 Juan 2,6. Entonces, si uno piensa que creer es fácil, yo creo que es que no está creyendo, o tal vez está diciendo que cree, está soñando que cree.
El evangelio nos dice que no fue fácil; claro, para nosotros acá, como no andan Anás y Caifás por ahí buscando con lupa a ver dónde están los seguidores de Cristo; para nosotros acá es más o menos indiferente decir: "Sí, sí resucitó, está vivo", y declarar lo que el dogma de la Iglesia está muy bien.
Pero estos otros, no los juzguemos tan duro, a esos Apóstoles no los juzguemos tan duro; es que todavía tenían aquí en la nariz el olor de la sangre, y todavía tenían aquí en el oído el estallido del látigo contra la carne de Jesús; y ya sabían que si sucede, que la gente traiciona, mata es cruel y que "ya le mataron a Él, y los que seguimos somos nosotros".
Cuando llega María Magdalena y los otros testigos y dicen: "Mire, que es verdad, que resucitó", les costaba trabajo, porque se trataba de la verdadera fe; la verdadera fe en el Resucitado es la que nos pone en el camino de la vida que llevo Cristo para la la muerte, que llevó Cristo para alcanzar la gloria que tiene Cristo.
Tener fe en el Resucitado, en realidad son los mártires, esos son los que creen en el Resucitado. Y detrás de ellos, pues todos aquellos que han querido en su corazón entregar hasta el último aliento de su vida por Jesucristo. Esos son los que creen en el Resucitado.
De aquí concluimos que llegar a esa verdadera fe en el Resucitado no es cosa de que uno repita una palabras.
Ahora entendemos que la fe verdaderamente es un don, y es un don del Espíritu Santo; así como la predicación es un don del Espíritu Santo, la acogida de la predicación es otro don del Espíritu Santo.
Porque en últimas, la eficacia del predicador, como lo mostraron en primer lugar los Apóstoles, no está en cuántos libros se ha leído, ni en qué títulos tiene, ni cuánta plata ganaba el papá; la eficacia del predicador está en el don del Espíritu Santo, el predicador, el que es verdadero predicador, lo recibe del Espíritu Santo.
Y el que es verdadero cristiano, oye con un oído como el de los iniciados, decía el Cántico del Siervo; y oír así, oír entendiendo qué es lo que se está diciendo, que es lo se cuece acá, esto qué me implica, qué trae esto, oír así, es una gracia del Espíritu Santo.
Por eso, al terminar esta Octava de Pascua que duró tan poquito, -algún Papa debería inventar algo que fuera un poquito más largo, como una doble Octava, alguna cosa así-.
Al terminar esta Octava tenemos que decirle a Dios: “Señor, gracias por la santa resurrección de tu Hijo Jesucristo, concédenos el don de una fe íntegra, sincera, robusta, completa, en ese misterio que es el corazón de nuestra fe Cristiana. Danos, Señor, regálanos, Señor, verdadera y plena fe, danos fe, danos verdadera fe”. Y aquí, terminado ya la Octava de Pascua, volvemos al tema que predicábamos el otro día: el día de la resurrección de Cristo, es el día para suplicar y para recibir el don del Espíritu Santo.
Estamos hablando de la Pascua y la Pascua de Cristo, y ya ves cómo, espontáneamente, nos conduce el mismo tema a pedir el auxilio del Espíritu Santo.
Es decir, no puede haber tiempo pascual sin Pentecostés; Pentecostés no puede empezar dentro de cuarenta días o los que falten; Pentecostés no puede empezar en tanto tiempo, ¡Pentecostés tiene que ser ya! ¡Ya tiene que empezar Pentecostés! Ya estamos en Pascua, ¡ya tiene que empezar Pentecostés!
Porque sólo viviremos la Pascua de Cristo, sólo nos gozaremos del esplendor de Cristo, desde la obra del Espíritu de Dios, desde la obra del Espíritu Santo en nosotros.
A Él sea el honor y el amor por los siglos.
Amén.