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Revisión del 05:34 18 mar 2011
Fecha: 20100319
Título:
Original en audio: 25 min. 40 seg.
Queridos hermanos:
Esta es la solemnidad de San José, el esposo de la Virgen, un hombre grande y humilde a la vez, tan importante en la historia de nuestra salvación y sin embargo en la Biblia no aparece una sola palabra pronunciada por él, desde su silencio, desde su fe, desde su obediencia a Dios, José es sin embargo todo un mensaje para nosotros, y con la ayuda del Espíritu Santo, les invito a que me acompañen a reflexionar en todo lo que podemos aprender de este hombre.
José es el varón santo, es el custodio de los tesoros más grandes de Dios en esta tierra, por eso solo debería ya despertar nuestra admiración, a este hombre, a José, Dios Padre le encomendó el cuidado, la compañía, el afecto para la Santísima Virgen, verdadera esposa de él, y para nuestro Señor Jesucristo. Démonos cuenta hermanos, que cuanto mayor es la confianza más alta es la misión y en ese sentido la misión que recibió san José fue altísima, así como el cuidó de la infancia de nuestro Señor Jesucristo, así como el respondió a su propia misión, así también estamos seguros, él es clarísimo protector de la Iglesia entera.
Porque si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, entonces ahí donde se está formando Cristo, es decir, en cada uno de nosotros, ahí también san José, como solicito amigo, como padre bondadoso, tiene algo que hacer y tiene algo que decir, con razón se ha nombrado a san José como patrón y protector de la Iglesia entera, porque en él está al mismo tiempo ese valor, esa fortaleza y esa sencillez y esa humildad que caracterizan al verdadero servidor de Dios.
José estaba desposado con María, para entender rectamente lo que nos enseñan los evangelios sobre el comienzo de la vida de Cristo y el papel que tuvo la Virgen y el papel que tuvo José, creo que necesitamos un poco de contexto. ¿Cómo celebraban su matrimonio los judíos en aquella época? lo que era común es que el matrimonio tenía, por decirlo asi, dos fases, en una primera fase que se llamaban “los desposorios”, hombre y mujer adquirían delante de la comunidad el solemne compromiso de unir sus vidas.
Era muy frecuente, era lo más frecuente de hecho en aquella época, que cuando se unían las vidas de estos jóvenes eran las familias las que habían hecho los necesarios arreglos y acuerdos, cosa que puede parecernos un poco extraña para nosotros, en nuestra época se celebra quizá demasiado, la libertad del individuo y nos resulta impensable eso de que las familias se pongan de acuerdo y sean ellas las que determinen los matrimonios de los jóvenes; pero así funcionaban las cosas en esa época.
Entonces, lo primero que había eran los desposorios, en una ceremonia pública muy sencilla pero llena de fe, esta pareja quedaba ya declarada como marido y mujer; pero no convivían inmediatamente, esa era la segunda fase.
Primero estaban los desposorios donde ya eran marido y esposa; pero no convivían, un tiempo después, que podía ser de algunos días, de algunas semanas, incluso de algunos meses, entonces hechas las necesarias preparaciones el esposo iba a la casa de la novia y la llevaba, por decirlo así, en una procesión la llevaba a su hogar y entonces empezaban a convivir.
Nos queda claro entonces, que José y María pasaron por ese proceso, ellos habían celebrado su desposorios y todavía no vivían juntos, porque esa era la costumbre en aquella época, primero los desposorios y después de un tiempo, según estuvieran las circunstancias de dinero, de trabajo o que se yo que otras circunstancias, entonces ya empezaban a convivir.
Pero hubo algo novedoso, hubo algo insólito en este caso, sucede que después que habían celebrado los desposorios, un ángel, el ángel Gabriel anuncia a la Santísima Virgen que ella iba a ser la madre del Mesías, la madre del ungido de Dios y en esa escena, que nos cuenta el evangelista Lucas, María hace una pregunta que tiene mucho que ver con la teología de San José, el ángel le dice: “tu vas a ser la madre del mesías, la madre del Dios altísimo” (San Lucas 1, 31-32)
Eso por supuesto era lo que cualquier muchacha hebrea deseaba, pero lo insólito está ya no solo en la aparición del ángel sino en la pregunta que hace María, sabemos de memoria que fue lo que ella preguntó “¿Cómo será esto puesto que no conozco varón? (San Lucas 1, 34) La expresión “conocer varón” es una expresión delicada para decir no he tenido relación con nadie, soy virgen, lo que está preguntando María es cómo voy a ser la mamá del mesías si soy virgen.
Examinemos mis hermanos esa pregunta, porque ahí hay una clave del misterio de amor que es el corazón de María y también una clave para conocer y valorar a San José, repito la pregunta de ella, ¿Cómo voy a ser mamá si soy virgen? pues esa pregunta realmente no tendría ningún sentido a menos que ella tuviera el propósito de permanecer virgen.
Porque por supuesto que si se casan hombre y mujer y si la mujer es virgen, eso no impide que ella sea madre, en el orden natural de las cosas lo que se supone sucederá en cualquier matrimonio es que después de unirse pues ella ya no va a ser virgen pero va a ser mamá y sin embargo ella pregunta “y cómo voy a ser mamá si soy virgen”.
La respuesta que tenía que haberle dado el ángel seria algo como esto: “pues ahora eres virgen pero ahora que vivas con José ya no vas a ser virgen y así vas a ser la mamá del mesías” pero el ángel no le dice eso, el ángel habla de una presencia poderosa, santísima, delicada, habla del poder del Altísimo, habla de la sombra del omnipotente y de esa manera velada, discreta pero muy clara, indica que el niño que va a ser concebido en las entrañas de María, no va a ser un niño que interrumpa el propósito virginal que tenia María y repito, sí que sabemos que ella tenía propósito virginal, porque si no lo hubiera tenido, lo que ella hubiera esperado como cualquier mujer que se casa siendo virgen es, voy a unirme a mi esposo, dejaré de ser virgen y voy a ser mamá; pero ella al formular esa pregunta está indicando no solamente su condición presente sino su propósito de permanecer virgen para Dios.