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Revisión del 03:43 3 dic 2010
Fecha: 20091211
Título:
Original en audio: 19 min. 33 seg.
En transcripcion
Hermanos queridos:
Hay un sabor de tristeza, podríamos decir, en el evangelio de hoy, esto no nos debe extrañar, el evangelio nos cuenta lo que encontró Jesús cuando llegó a esta tierra, y lo que hizo Jesús después de haber visto la condición de nuestra raza.
Y tenemos que ser muy claros y muy sinceros en esto, lo que encontró Jesús al llegar a esta tierra es triste, encontró lo que dice el prólogo del evangelio según San Juan: "vino a los suyos y los suyos no lo recibieron", encontró que su propia ciudad, la ciudad de Dios, por excelencia, Jerusalén, no había entendido el tiempo de la visita de Dios.
Encontró Jesús que el corazón humano es duro y resistente, encontró Jesús que el orgullo, la indiferencia, el egoísmo, la mentira, la impureza, la envidia han hundido profundamente sus garras en los corazones de todos, eso es triste.
De una manera un poco poética lo describe el evangelio de hoy, esa falta de sintonía con Dios que se describe en esos grupos de niños, unos quieren que los otros bailen y no, no lo hacen, otros quieren que se canten lamentaciones y tampoco lo hacen, hay un descuadre, hay un desnivel, hay una falta de sintonía.
Como que Dios va por un lado y el ser humano va por otro, Dios quiere algo pero el corazón humano tiene sus propias apetencias y por eso es rebelde y esa rebeldía engendra dureza y finalmente tristeza, eso es lo que nos cuenta el evangelio.
Y la primera lectura también nos habla de esa clase de resistencia, esa clase de rebeldía, se queja Dios por boca del profeta Isaías, “si hubieras atendido a mis mandatos sería tu paz como un rio” y al final dice: “tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí”.
El camino que Dios nos muestra es el camino que conduce a la vida, en el libro del Deuteronomio Dios le habla a su pueblo y le dice: “hoy pongo ante ti dos caminos la vida y la bendición o la muerte y la maldición” y añade: “escoge la vida” y sin embargo el ser humano parece obstinado en escoger la muerte.
Escogemos la muerte cuando le abrimos mas y mas la puerta al horrendo crimen del aborto, escogemos la muerte cuando cada uno de nosotros se encierra en su egoísmo, porque así metidos como en nuestra propia cárcel nos acechan la depresión, la amargura, los prejuicios, incluso la tentación del suicidio.
El Dios en el que nosotros creemos nos invita ardientemente, amorosamente, “escoge la vida” y sin embargo el corazón humano se resiste