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Creo que después de Jesucristo, el santo más conocido de la Iglesia Católica es San Francisco de Asís. Conocido y apreciado no solamente dentro del Cristianismo: también otras personas de otra fe, o sin ninguna fe, encuentran un valor en este hombre.
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Muchos siglos atrás, en el siglo trece cuando él vivió, la palabra y la figura carismática de San Francisco tuvieron gran impacto en mucha gente. Y entre esas personas, en una jovencita, -tendría como unos dieciocho años en esa época-, llamada Clara.
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Ella pertenecía como Francisco a una familia de comerciantes, gente acostumbrada a llevar cuentas: "¿Qué gano y qué pierdo? ¿Cuánto invierto y qué es lo que me va a tocar?"
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Esa pregunta que hace San Pedro en el evangelio que hemos oído: "¿Qué es lo que me va a tocar a mí?" (''véase'' San Mateo 19,27), es la que siempre se hace el comerciante: "Yo voy a gastar tanto, pero, ¿qué es lo que me va a tocar? ¿Qué voy a sacar yo con esto?"
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Por eso entendemos que la familia de Francisco y especialmente el papá, que era el jefe de ese emporio económico en Asís, sentía que la ira le recorría las venas cuando Francisco empezó con todas estas ideas de tanta religiosidad, tanta alabanza al Señor y tanta poesía.

Revisión del 02:55 9 ago 2010

Fecha: 20090811

Título: La locura de salir al encuentro del mundo con la pobreza y con la alegria

Original en audio: 9 min. 34 seg.


Creo que después de Jesucristo, el santo más conocido de la Iglesia Católica es San Francisco de Asís. Conocido y apreciado no solamente dentro del Cristianismo: también otras personas de otra fe, o sin ninguna fe, encuentran un valor en este hombre.

Muchos siglos atrás, en el siglo trece cuando él vivió, la palabra y la figura carismática de San Francisco tuvieron gran impacto en mucha gente. Y entre esas personas, en una jovencita, -tendría como unos dieciocho años en esa época-, llamada Clara.

Ella pertenecía como Francisco a una familia de comerciantes, gente acostumbrada a llevar cuentas: "¿Qué gano y qué pierdo? ¿Cuánto invierto y qué es lo que me va a tocar?"

Esa pregunta que hace San Pedro en el evangelio que hemos oído: "¿Qué es lo que me va a tocar a mí?" (véase San Mateo 19,27), es la que siempre se hace el comerciante: "Yo voy a gastar tanto, pero, ¿qué es lo que me va a tocar? ¿Qué voy a sacar yo con esto?"

Por eso entendemos que la familia de Francisco y especialmente el papá, que era el jefe de ese emporio económico en Asís, sentía que la ira le recorría las venas cuando Francisco empezó con todas estas ideas de tanta religiosidad, tanta alabanza al Señor y tanta poesía.