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Para Santo Tomás también la búsqueda de Dios es una búsqueda dialéctica, como lo dice explícitamente al afirmar que "de Dios es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos".
 
Para Santo Tomás también la búsqueda de Dios es una búsqueda dialéctica, como lo dice explícitamente al afirmar que "de Dios es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos".
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Y el lenguaje por via de eminencia o por via de negación, cuando nos acercamos hacia Dios, según Santo Tomás, es siempre una marcha, es siempre una búsqueda. Tenemos una cierta concepción sobre la verdad, sobre el amor, sobre la bondad, y emprendemos una marcha hacia Dios, sabiedo que nunca podremos abarcarlo completamente.

Revisión del 18:18 1 ago 2010

Fecha: 20090828

Título:

Original en audio: 10 min. 13 seg.


Como hoy tengo la alegría de compartir la Eucaristía con mis hermanos frailes estudiantes en esta comunidad, pues esto me hace recordar mis años de estudiante, y en especial la actitud que había hacia San Agustín en aquella época.

Nosotros, siendo estudiantes, recibimos un velo, diría yo, de temor hacia San Agustín. Siempre una frase que tenía que ver con Agustíndebía contener la palabra "platónico", "maniqueo", lo cual significa "peligroso".

Y es una pena, es una gran pérdida, porque leer a San Agustín desde el prejuicio maniqueo, significa no leerlo, y signica desconocer la inmensa obra que la gracia de Dios realizó en él.

Y por eso, con la ayuda de Dios, yo quiero referirme aese aspecto específico de la vidade él; es decir, su relación con el platonismo y su relación con el maniqueísmo.

Porque yo deseo para ustedes, hermanos estudiantes, una vida sin prejuicios, y yo quisiera que ustedes se acercaran mucho más pronto y mucho más abundantemente a este tesoro inmenso que se llama San Agustín de Hipona.

La cosa empieza en el modo de mirar a Platón, porque también ahí hay un modo, yo diría, infantil y completamente injusto de referirse a este pensador.

Lo que yo recibí en algunos casos, no en todos, porque siempre hay profesores que son muy buenos, lo que yo recibí es más o menos esto: que Platón creía que la realidad estaba hecha como en dos pisos: que había un mundo, el mundo de los sentidos, otro mundo, el mundo de las ides, con la diferencia de que el mundo de las ideas pues no era directamente accesible.

Entonces casi uno tenía que hacer una especie de acto de fe, para suponer que había un ámbito de realidad, en el cual se encontraba el caballo perfecto, el perro perfecto, la mesa perfecta, la canción perfecta, el ser humano perfecto, y todo lo perfecto.

Que eso existía en alguna parte, que las ideas tenían un ámbito en el cual existían, un ámbito que estaba lejos de nosotros, en el sentido de que no era directamente accesible.

Si uno pone las cosas así, Platón parece como un hombre que hace un ejercicio demasiado fuerte de imaginación. Pero la realidad es mucho más compleja, y este pensador es mucho más interesante.

Lo que plantea Patón es, que cuando nostros percibimos la imperfección en este mundo, tenemos que preguntarnos cómo sabemos que las cosas son imperfectas. El ejemplo sencillo es el de un círculo. Se supone que esta especie de techo es circular, pero si nosotros examinamos los detalles, resulta que no es perfectamente circular, porque tiene rugosidades, no es perfecto.

Y sin embargo nosotros sabemos lo que es un círculo, y sabemos que este circulo de este techo que nos cobija, no es un círculo perfecto. Y si nosotros utilizáramos un instrumento de altísima ingeniería, para dibujar un círculo lo más perfecto posible sobre un papel, al mirarlo al microscopio electrónico, sabríamos: "Este no es un círculo perfecto".

Entonces la pregunta que se hace Paltón es: si uno nunca puede tener en la mano, si uno nunca puede tener ante los ojos un círculo que sea perfecto, químicamente perfecto, ¿cómo sabe uno lo que es un círculo?

Y lo más interesante del caso es que uno juzga los círculos que tiene ante la vista, uno los juzga a partir de algo que nunca ha visto: el círculo, el concepto de círculo, la idea de círculo. Lo mismo hay que decir de las demás cosas.

Entonces para Platón, estas ideas, son una realidad en el sentido de que podemos percibirlas con nuestro entendimiento, pero son una realidad dialéctica, son realidades en búsqueda; y aquí es donde Platón, Agustín y nuestra vida me parece que pueden conectar.

Para Platón, las realidades centrales, importantes, sobre todo la realidad de la verdad, de la bondad y del ser, son tan reales, como nuestra mente puede percibirlas, y desde ellas, entender que algo no es cierto, o no es bueno, o no es, pero son realidades dialécticas.

Es decir, el mundo de Paltón no es: por acá, un terreno de sentidos, por acá, un terreno de ideas, y nosotros en la mitad descubriendo que existen esos dos mundos. esa caricatura hay que tirarla a la basura.

Más bien lo de Platón, y esta es la parte que hereda Agustín, -siendo como era un genio-, más bien lo de Platón es: dentro del mundo de los sentidos, emprender una marcha, emprender una búsqueda, entrar en un camino dialéctico que nos lleva a aspirar siempre a más, guiados por una especie de luz que sabemos que existe, que sabemos que se ha adueñado de nosotros, pero que nunca poseemos completamente.

Y aquí Platón no está tan lejos de Santo Tomás, ni está tan lejos de Aristóteles, ni está tan lejos de Agustín.

Porque cuando vamos a Santo Tomás, vemos que una de las primeras y fundamentales afirmaciones de Santo Tomás es que Dios nunca puede ser completamente abrazado, es demasiado amplio, no puede ser, según la palabra técnica que él utiliza, no puede ser "comprendido", es decir, no puede ser completamente abarado.

Para Santo Tomás también la búsqueda de Dios es una búsqueda dialéctica, como lo dice explícitamente al afirmar que "de Dios es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos".

Y el lenguaje por via de eminencia o por via de negación, cuando nos acercamos hacia Dios, según Santo Tomás, es siempre una marcha, es siempre una búsqueda. Tenemos una cierta concepción sobre la verdad, sobre el amor, sobre la bondad, y emprendemos una marcha hacia Dios, sabiedo que nunca podremos abarcarlo completamente.