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| + | Como además esta Eucaristía se celebra pidiendo perdón de los pecados de los sacerdotes y almas consagradas, hoy veo que se me está tratando de pecador, loco y necio; sin embargo, sobre esa base, y el calor del día y el peso de la jornada, hay que predicar. | ||
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| + | Y con la ayuda de Dios vamos a hacerlo. Porque hay que predicar aunque sea una locura; hay que predicar aunque uno sienta que las doncellas se duermen; hay que predicar aunque esté avanzada ya la noche; hay que predicar aunque no venga el Esposo; hay que predicar así no aparezcan los sabios, ni lleguen tampoco los signos. | ||
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| + | Lo dijo el Apóstol San Pablo, lo repitió su santidad Pablo VI,y hoy tengo que decirlo yo: "Ay de mi si no evangelizare". Por encima de nuestros pecados, por encima de nuestras necedades, hay que predicar. | ||
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| + | hay que predicar porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo y a este crucificado | ||
Revisión del 16:29 29 jul 2010
Fecha:19960830
Título:
Original en audio: 20 min. 24 seg.
Dice el Apóstol San Pablo en la Pimera Carta a los Corintios, que hemos empezado a escuchar en esta semana, que la predicación es una locura, es una necedad. No es entonces gran elogio el que hace hoy a los predicadores.
Como además esta Eucaristía se celebra pidiendo perdón de los pecados de los sacerdotes y almas consagradas, hoy veo que se me está tratando de pecador, loco y necio; sin embargo, sobre esa base, y el calor del día y el peso de la jornada, hay que predicar.
Y con la ayuda de Dios vamos a hacerlo. Porque hay que predicar aunque sea una locura; hay que predicar aunque uno sienta que las doncellas se duermen; hay que predicar aunque esté avanzada ya la noche; hay que predicar aunque no venga el Esposo; hay que predicar así no aparezcan los sabios, ni lleguen tampoco los signos.
Lo dijo el Apóstol San Pablo, lo repitió su santidad Pablo VI,y hoy tengo que decirlo yo: "Ay de mi si no evangelizare". Por encima de nuestros pecados, por encima de nuestras necedades, hay que predicar.
hay que predicar porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo y a este crucificado