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En algunos países del mundo la situación social es tan crítica, que el robo es muy frecuente. Hay lugares donde la inseguridad es bastante fuerte: pasa siempre donde hay pobreza, donde hay poco empleo y donde hay mucha gente con mucha necesidad.
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Alguien me contaba, por ejemplo, que existen sectores enteros en Río de Janeiro, o en Caracas y también en mi país, en Bogotá, donde simplemente es un riesgo caminar de día o de noche, porque el robo sucede constantemente.
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Cuando una persona ha crecido en ese ambiente, donde robar es casi una forma de vivir, pues, lo que se imagina es lo que dice el refrán: "El ladrón juzga por su condición".
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Si una persona de éstas, que lamentablemente ha vivido en esa situación, llega donde vosotros y ve que compartís unos mismos espacios, -por ejemplo, ahí veo que dejáis vuestros útiles y ninguno de vosotros parece estar muy preocupado de que lo vayan a robar; no lo esperamos-, si una persona que ha vivido con esa lógica en la cabeza, llega aquí, seguramente lo que va a pensar es: "Entre éstos que están sentados debe haber algunos ladrones".
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O sea: "¿Cuáles son los ladrones aquí?" Hay gente que trae esa mentalidad. Como ése ha sido su mundo, entonces cuando llega acá, lo que piensa es: "Alguno de éstos tiene que ser un ladrón". Porque, éso es lo que ha visto, éso es lo que ha vivido todo el tiempo.
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No se puede imaginar, le parecería extraño que un grupo de personas compartan un mes en unos mismos espacios y nadie robe a nadie: "¿Cómo así? ¡Eso no puede suceder!"
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Es lo mismo que ocurre en muchas cárceles. La ley en algunas cárceles es: "¡A robar a cualquiera que llega!" Entonces, si la familia le trajo, -qué sé yo-, una cobija especialmente buena o calientita, pues, hay que robársela, porque ésa es la ley que impera ahí.
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¿A qué viene esta historia? Viene a que cuando uno tiene los ojos sucios, uno todo lo ve sucio. La persona que está acostumbrada a robar, sólo piensa en éso y cree que ése es el único modo de vivir.
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Con esos ojos sucios el mundo ha visto a María Magdalena, y con esos ojos sucios el mundo ha visto a Jesús. Entonces, con esos ojos sucios la gente dice: "Pues, Jesús, un hombre, María Magdalena, una mujer, algo, algo tenían que tener"; por éso, porque no imaginan otra cosa, porque no imaginan que un hombre pueda hacerle un bien a una mujer si no está pretendiendo en algún momento sacar algo de ella, acostarse con ella o lo que sea. ¡No pueden imaginarlo!

Revisión del 23:39 2 jul 2010

Fecha: 20090722

Título: En la vida de Santa Maria Magdalena brilla y se conoce el poder del amor de Dios

Original en audio: 7 min. 21 seg.


En algunos países del mundo la situación social es tan crítica, que el robo es muy frecuente. Hay lugares donde la inseguridad es bastante fuerte: pasa siempre donde hay pobreza, donde hay poco empleo y donde hay mucha gente con mucha necesidad.

Alguien me contaba, por ejemplo, que existen sectores enteros en Río de Janeiro, o en Caracas y también en mi país, en Bogotá, donde simplemente es un riesgo caminar de día o de noche, porque el robo sucede constantemente.

Cuando una persona ha crecido en ese ambiente, donde robar es casi una forma de vivir, pues, lo que se imagina es lo que dice el refrán: "El ladrón juzga por su condición".

Si una persona de éstas, que lamentablemente ha vivido en esa situación, llega donde vosotros y ve que compartís unos mismos espacios, -por ejemplo, ahí veo que dejáis vuestros útiles y ninguno de vosotros parece estar muy preocupado de que lo vayan a robar; no lo esperamos-, si una persona que ha vivido con esa lógica en la cabeza, llega aquí, seguramente lo que va a pensar es: "Entre éstos que están sentados debe haber algunos ladrones".

O sea: "¿Cuáles son los ladrones aquí?" Hay gente que trae esa mentalidad. Como ése ha sido su mundo, entonces cuando llega acá, lo que piensa es: "Alguno de éstos tiene que ser un ladrón". Porque, éso es lo que ha visto, éso es lo que ha vivido todo el tiempo.

No se puede imaginar, le parecería extraño que un grupo de personas compartan un mes en unos mismos espacios y nadie robe a nadie: "¿Cómo así? ¡Eso no puede suceder!"

Es lo mismo que ocurre en muchas cárceles. La ley en algunas cárceles es: "¡A robar a cualquiera que llega!" Entonces, si la familia le trajo, -qué sé yo-, una cobija especialmente buena o calientita, pues, hay que robársela, porque ésa es la ley que impera ahí.

¿A qué viene esta historia? Viene a que cuando uno tiene los ojos sucios, uno todo lo ve sucio. La persona que está acostumbrada a robar, sólo piensa en éso y cree que ése es el único modo de vivir.

Con esos ojos sucios el mundo ha visto a María Magdalena, y con esos ojos sucios el mundo ha visto a Jesús. Entonces, con esos ojos sucios la gente dice: "Pues, Jesús, un hombre, María Magdalena, una mujer, algo, algo tenían que tener"; por éso, porque no imaginan otra cosa, porque no imaginan que un hombre pueda hacerle un bien a una mujer si no está pretendiendo en algún momento sacar algo de ella, acostarse con ella o lo que sea. ¡No pueden imaginarlo!