Diferencia entre revisiones de «O172002a»
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Sembrar con optimismo, sembrar con humildad, sembrar con paciencia. Porque mientras va pasando el tiempo, siguen creciendo trigo y cizaña, sólo al final se verá qué es lo que se ha sembrado y qué es lo que ha quedado. | Sembrar con optimismo, sembrar con humildad, sembrar con paciencia. Porque mientras va pasando el tiempo, siguen creciendo trigo y cizaña, sólo al final se verá qué es lo que se ha sembrado y qué es lo que ha quedado. | ||
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| + | Son tres características que debe tener un evangelizador: generosidad, es decir, optimismo, humildad y paciencia. Tres caracerísticas que brillan especialmente en Jesucristo, pero que también tienen muchos ejemplos en las vidas de los santos, especialmente de los misioneros. Uno se queda asombrado cuando uno piensa en lo que es realmente la vida de un misionero. | ||
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| + | El otro día me estaba acordando de una historia de Luis Bertrán, con la que quiero terminar estas palabras. | ||
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| + | Luis Bertrán caminaba por la Costa Atlántica y por la región que hoy llamamos Catatumbo. Y llevaba, en esos calores, semejante clima, ausencia de vias, todo tipo de plagas, peligros, fieras, tribus que no entendían su lenguaje, soledad aplastante, incertidumbre del alimento. | ||
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| + | Es impresionante, cuando uno hace la suma de todo lo que tuvieron que vivir aquellos heroicos misioneros en los comienzos. | ||
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| + | Se pone uno a pensar cuánta paciencia, cuánto amor, cuánta generosidad hay que tener para regar la semilla. | ||
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Revisión del 15:42 11 jun 2010
Fecha: 20020730
Título:
Original en audio: 5 min. 38 seg.
EN TRANSCRIPCIÓN
"El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre" San Mateo 13,37, ha dicho Jesucristo.
Un sembrador optimista, según recordamos también por esa otra parábola, que se llama así, "la parábola del sembrador". Un sembrador que no se deja desalentar, aunque haya otro o haya otros que siembran cizaña.
Esa es la labor del evangelizador, sembrar con optimismo la buena semilla, aunque sepa que hay otros que están sembrando cizaña, que están sembrando destrucción, que están sembrando muerte.
Sembrar con optimismo es también sembrar con humildad, porque ¿cuándo va a aparecer esa semilla? No lo sabemos, ¿cuándo va a dar fruto esa buena semilla? No lo sabemos.
Tengo buenos resuerdos de profesores de mi primaria, de algunos, no de todos. Pero no he tenido ocasión de encontrarme con ellos, o no los he buscado lo suficiente para decirles: "Gracias por lo que hizo por mí hace veinte o hace treinta años".
Sembrar con optimismo es sembrar con humildad, es saber que la semilla es buena y que dará fruto a su debido tiempo, pero sin obsesionarnos por ver el fruto, el fruto aparecerá.A noostros nos corresponde sembrar. Se verá la cosecha en su debido momento.
Sembrar con optimismo, sembrar con humildad, sembrar con paciencia. Porque mientras va pasando el tiempo, siguen creciendo trigo y cizaña, sólo al final se verá qué es lo que se ha sembrado y qué es lo que ha quedado.
Corresponderá a los Ángeles, enviados por el Hijo del hombre, arrancar a los corruptores y malvados, y corresponderá entonces a nosotros ver el fruto de esa cosecha ya limpia.
Son tres características que debe tener un evangelizador: generosidad, es decir, optimismo, humildad y paciencia. Tres caracerísticas que brillan especialmente en Jesucristo, pero que también tienen muchos ejemplos en las vidas de los santos, especialmente de los misioneros. Uno se queda asombrado cuando uno piensa en lo que es realmente la vida de un misionero.
El otro día me estaba acordando de una historia de Luis Bertrán, con la que quiero terminar estas palabras.
Luis Bertrán caminaba por la Costa Atlántica y por la región que hoy llamamos Catatumbo. Y llevaba, en esos calores, semejante clima, ausencia de vias, todo tipo de plagas, peligros, fieras, tribus que no entendían su lenguaje, soledad aplastante, incertidumbre del alimento.
Es impresionante, cuando uno hace la suma de todo lo que tuvieron que vivir aquellos heroicos misioneros en los comienzos.
Y bueno, junto a con toda esa carga el hombre llevaba también su Breviario. Y se pone a rezar él en su tiendita, en su cambuche, por allá en alguna tribu en donde estaba evangelizando.
Los indios lo espiaban a ver qué era lo que hacía él allá encerrado. Y entonces uno de ellos, asombrado, les dice a sus compañeros, a otros indígenas: "¡El misionero le está hablando a un libro!", le está hablando a un libro.
Se pone uno a pensar cuánta paciencia, cuánto amor, cuánta generosidad hay que tener para regar la semilla.
En esas mismas tierras donde este indígena dijo que Luis Bertán le estaba hablando a un libro, en esas mismas tierras se sigue predicando el Evangelio, y hay bautismos, y hay matrimonios, y hay muchachos que dicen: "Yo quiero servir a Cristo y yo quiero ser sacerdote".
Siglos enteros de siembra, falta mucho todavía, ahí y en todas partes. Pero qué hermosa la labor del que siembra. No tendríamos lo que tenemos hoy, si Luis Bertrán no se hubiera puesto a conversar con su libro.