Diferencia entre revisiones de «O172001a»
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Humildad, en el caso de la oración de Jeremías, surge por la conciencia del propio pecado. La oración se vuelve humilde particularmente cuando reconoce que ha fallado ante Dios, y eso es lo que noostros encontramos cuando él dice: "Reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti" [[:Category:Jeremías 014_020|Jeremías 14,20]]. | Humildad, en el caso de la oración de Jeremías, surge por la conciencia del propio pecado. La oración se vuelve humilde particularmente cuando reconoce que ha fallado ante Dios, y eso es lo que noostros encontramos cuando él dice: "Reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti" [[:Category:Jeremías 014_020|Jeremías 14,20]]. | ||
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| + | No hay camino más firme, más seguro para buscar la humildad que el reconocimiento de los propios errores; pero del propio error se pueden sacar muchas cosas, se puede sacar el cinismo: "Soy malo ¿y qué? me va bien, ¿qué importa?" Del error se puede sacar la desesperación: "Todo está perdido, dañé la única oportunidad que tenía, ¡que se muera todo y yo me muera también!" esta es desesperación. | ||
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| + | Del error se puede sacar el escepticismo, la desconfianza, como esa sensación de que no hay nadie en quien crer, no hay nadie en quien confiar, no hay nada que se pueda hacer, una especie de letargo, una especie de ausencia que es como una muerte en vida. | ||
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| + | Nosotros, los cristianos, lo mismo que los demás seres humanos, descubrimos tarde o temprano el mal, la fuerza del mal, el daño que provoca el mal. Esto lo descubrimos, esto lo conocemos, pero la gran diferencia está en qué hacemos nosotros con la noticia del mal. | ||
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| + | ¿El mal nos vuelve cínicos? ¿El mal nos lleva a la desesperación? ¿El mal nos vuelve escépticos y cómodamente egoístas? La respuesta cristiana no es esa. Para nosotros el mal nos vuelve humildes. | ||
Revisión del 18:54 10 jun 2010
Fecha: 20020730
Título:
Original en audio: 6 min. 27 seg.
Hermanos:
Podemos aprender de esta súplica de Jeremías qué significa acudir a Dios, qué significa pedir perdón. Porque en este texto, que es relativamente breve, encontramos bien representados dos sentimientos que son muy, muy propios de la oración cristiana, son ellos la humildad y la confianza.
Humildad, en el caso de la oración de Jeremías, surge por la conciencia del propio pecado. La oración se vuelve humilde particularmente cuando reconoce que ha fallado ante Dios, y eso es lo que noostros encontramos cuando él dice: "Reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti" Jeremías 14,20.
No hay camino más firme, más seguro para buscar la humildad que el reconocimiento de los propios errores; pero del propio error se pueden sacar muchas cosas, se puede sacar el cinismo: "Soy malo ¿y qué? me va bien, ¿qué importa?" Del error se puede sacar la desesperación: "Todo está perdido, dañé la única oportunidad que tenía, ¡que se muera todo y yo me muera también!" esta es desesperación.
Del error se puede sacar el escepticismo, la desconfianza, como esa sensación de que no hay nadie en quien crer, no hay nadie en quien confiar, no hay nada que se pueda hacer, una especie de letargo, una especie de ausencia que es como una muerte en vida.
Nosotros, los cristianos, lo mismo que los demás seres humanos, descubrimos tarde o temprano el mal, la fuerza del mal, el daño que provoca el mal. Esto lo descubrimos, esto lo conocemos, pero la gran diferencia está en qué hacemos nosotros con la noticia del mal.
¿El mal nos vuelve cínicos? ¿El mal nos lleva a la desesperación? ¿El mal nos vuelve escépticos y cómodamente egoístas? La respuesta cristiana no es esa. Para nosotros el mal nos vuelve humildes.