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Pero existe una autoridad distinta, que es la que viene de la etimología latina, y que es la que tiene el Señor Jesucristo. Jesucristo no dice: "Soy capaz de dañarte", sino: "Soy capaz de sanarte"; no dice: "Soy capaz de destruirte", sino: "Soy capaz de reconstruirte"; no dice: "Debes tenerme miedo", sino: "Te ofrezco el amor que hay en mí".
 
Pero existe una autoridad distinta, que es la que viene de la etimología latina, y que es la que tiene el Señor Jesucristo. Jesucristo no dice: "Soy capaz de dañarte", sino: "Soy capaz de sanarte"; no dice: "Soy capaz de destruirte", sino: "Soy capaz de reconstruirte"; no dice: "Debes tenerme miedo", sino: "Te ofrezco el amor que hay en mí".
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La capacidad infinita de Jesucristo para generar vida, para producir vida, para transformar la vida, es lo que cautiva, es lo que fascina del Señor. La capacidad de influir en una vida bendicieéndola, reconstruyéndola, iluminándola, sanándola, levantándola, esa es la autoridad.
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La falsa autoridad, la que hemos llamado aquí "autoridad de la muerte", "la autoridad del terror", es algo que siempre se quiere olvidar. Si algo, por ejemplo, quisiéramos los colombianos, es querer olvidar pronto tantas muertes absurdas, crueles de inocentes.
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La autoridad de la muerte es algo que uno quiere dejar sepultado en el pasado.La auoridad de la vida es algo que uno quiere tener en el presente y en el futuro. La autoridad de la vida es como ese encanto, es esa fascinación, es esa atmósfera de acogida, de serenidad, de perspectiva que hace que uno se sienta feliz, que uno se sienta acogido, recibido por Jesucristo.

Revisión del 16:54 27 may 2010

Fecha: 20060601

Título:

Original en audio: 11 min. 57 seg.


Se habla de la autoridad de Cristo en pocos pero decisivos lugares. Recordemos que la gente sentíala autoridad del Señor ya en la predicación de de la sinagoga de Cafarnaúm; la gente decía: "Este hablar con autoridad es nuevo" [` ]].

Y tuvieron una prueba de esa autoridad, en que con la sola palabra, Jesús arrojó el demonio de algún poseso que estaba por ahí.

Aquí vuelve el tema de la autoridad de Jesucristo, una autoridad que se ven obligados a reconocer los principales del pueblo; los sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos, tiene que reconocer la autoridad del Señor.

Y esta palabra, si la pensamos bien, es una palabra muy actual y muy necesaria. ¿Tenemos autoridad? ¿Qué es tener autoridad? ¿Dónde está la frontera entre la autoridad y el autoritarismo?

La autoridad viene del verbo "augere", en latín, que significa crecer o hacer crecer. La autoridad es la capacidad de dar, sostener, alimentar, hacer crecer la vida. La autoridad no es una exhibición de poder; la raíz profunda de la autoridad está en la vida.

El que a través de su palabra, el que a través de su oración, el que a través de su comportamiento genera, trae al ser, induce, produce vida, en eso tiene autoridad.

Podemos decir que hay como dos sentidos contrarios de autoridad, o dos maneras contrarias de entender la autoridad: una es la autoridad de la muerte y otra es la auoridad de la vida, por simplificar las cosas.

La autoridad de la muerte es la del terrorista: "Usted responde a mis exigencias porque si no le hago daño". La persona se hace respetar porque se hace temer, y se hace temer porque trae muerte: "Soy capaz de llevarle muerte a su pueblo, soy capaz de llevarle muerte a su familia, por eso téngame miedo".

Esa es la caricatura de la autoridad, o es la autoridad de la muerte. Es la autoridad del que es capaz de traer daño, la autoridad del que es capaz de traer miedo, la autoridad, desde luego falsa, del que es es capaz de traer muerte. Esa es la autoridad falsa, basada en el miedo, basada en el terror, basada en la capacidad de dañar al otro.

Pero existe una autoridad distinta, que es la que viene de la etimología latina, y que es la que tiene el Señor Jesucristo. Jesucristo no dice: "Soy capaz de dañarte", sino: "Soy capaz de sanarte"; no dice: "Soy capaz de destruirte", sino: "Soy capaz de reconstruirte"; no dice: "Debes tenerme miedo", sino: "Te ofrezco el amor que hay en mí".

La capacidad infinita de Jesucristo para generar vida, para producir vida, para transformar la vida, es lo que cautiva, es lo que fascina del Señor. La capacidad de influir en una vida bendicieéndola, reconstruyéndola, iluminándola, sanándola, levantándola, esa es la autoridad.

La falsa autoridad, la que hemos llamado aquí "autoridad de la muerte", "la autoridad del terror", es algo que siempre se quiere olvidar. Si algo, por ejemplo, quisiéramos los colombianos, es querer olvidar pronto tantas muertes absurdas, crueles de inocentes.

La autoridad de la muerte es algo que uno quiere dejar sepultado en el pasado.La auoridad de la vida es algo que uno quiere tener en el presente y en el futuro. La autoridad de la vida es como ese encanto, es esa fascinación, es esa atmósfera de acogida, de serenidad, de perspectiva que hace que uno se sienta feliz, que uno se sienta acogido, recibido por Jesucristo.