Diferencia entre revisiones de «P044002a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
Línea 37: Línea 37:
  
 
''Y sólo con estos dos milagros es posible que nosotros podamos recibir la Palabra que Dios nos envía, y podamos acoger la salvación que Dios quiere para nosotros. Este es un primer pensamiento que quería compartir con ustedes.''
 
''Y sólo con estos dos milagros es posible que nosotros podamos recibir la Palabra que Dios nos envía, y podamos acoger la salvación que Dios quiere para nosotros. Este es un primer pensamiento que quería compartir con ustedes.''
 +
 +
El segundo pensamiento es: ¿Cómo experimentamos, cómo vivimos nosotros esto? De muchas maneras, pero sobre todo en la predicación y en los sacramentos.
 +
 +
La manera de aprovechar una predicación, no es quedarse en la elocuencia, o en las capacidades intelectuales y oratorias de la persona que nos está hablando.
 +
 +
''Aprovecha la predicación, más bien, aquel que tiene hambre de Cristo y que en su prisa por Cristo busca qué hay de Cristo en éso que se le ofrece.''
 +
 +
No hay predicadores absolutamente perfectos. Lo que sí hay es ofertas que Dios nos hace. De modo que el buen oyente de la Palabra es aquel que tiene hambre intensa, hambre de Jesucristo.
 +
 +
Y el que tiene hambre de Jesucristo, busca en las palabras de la predicación. Entonces se cumple lo que dijo Nuestro Señor: "El que busca, encuentra" (''véase'' San Lucas 11,10).
 +
 +
El que no tiene hambre de Jesucristo, queda sólo con el ruido de las palabras, con el tono de la voz, con la armonía de las ideas; y esto es muy poco. Además, todas las ideas pueden cuestionarse. Además, las ideas pasan o se pueden expresar mejor.
 +
 +
San Pablo, que yo creo que no era pequeño sino gigante ante los predicadores, dando comparaciones y comparaciones, trata de explicar el misterio de la Resurrección.
 +
 +
Y dice por ahí en alguna parte: "Así como hay una materia que es propia de los cuerpos terrestres y hay una materia que es propia de los cuerpos celestes, así también nosotros ahora tenemos como un cuerpo propio de esta tierra, pero luego tendremos un cuerpo como el del Cielo" (''véase'' 1 Corintios 15,40 ; 15,47-49).
 +
 +
La enseñanza de Pablo es importante y verdadera, pero el ejemplo que utilizó, inapropiado. Porque, hoy sabemos que la materia de las estrellas lejanísimas está hecha de los mismos átomos, moléculas y por lo visto, está regida por las mismas leyes que lo que encontramos en esta tierra.
 +
 +
O sea que los conocimientos científicos de Pablo no le dieron en ese momento para más. El que se quede sólo con los argumentos científicos de Pablo, se enreda, se empantana ahí y se pierde la enseñanza.
 +
 +
Hay predicadores que son muy famosos, como por ejemplo, San Francisco de Sales, o por ejemplo, un dominico del siglo dieciséis, Fray Luis de Granada. Mas, uno lee a Fray Luis de Granada y es una dulzura.
 +
 +
¡Es una dulzura! Es como un río que va bajando plácidamente. Pero, en ese río hay una cantidad de disparates científicos propios de la época en la que el hombre habló.
 +
 +
''El verdadero oyente no se queda con éso. El verdadero oyente tiene hambre de Cristo. Tiene hambre, tiene sed, quiere encontrar a Jesucristo.''
 +
 +
''Y el que quiere encontrar así a Jesucristo, en la predicación lo encuentra. Porque, Cristo quiere salir también al encuentro de nosotros. Cristo quiere salir al encuentro tuyo. ¡Hambre de Cristo!''

Revisión del 04:37 29 abr 2010

Fecha: 20000518

Título: El doble milagro de la Encarnacion y del envio

Original en audio: 17 min. 5 seg.


La frase final del evangelio de hoy contiene una promesa muy hermosa: podemos recibir a Jesucristo. Porque, "el que recibe al enviado de Jesucristo, lo recibe a Él" (véase San Juan 13,20).

Todavía algo mejor: podemos recibir a Aquel que envió a Jesucristo, a Dios, Nuestro Padre. Porque, "el que recibe a Jesucristo, recibe al que envió a Jesucristo" (véase San Juan 13,20).

Esta es una buena noticia para nosotros, porque quiere decir que Dios se ha hecho verdaderamente cercano.

¿Y quiénes son esos enviados de Jesucristo? Pues, en primer lugar los Apóstoles. Porque, a ellos dijo Nuestro Señor: "Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros" (véase San Juan 20,21).

Ellos son los primeros enviados. De hecho, la palabra "apóstol" viene de un verbo griego, "apostollo", que quiere decir, "enviar": enviar, poner en el camino.

Los Apóstoles son los primeros enviados de Jesucristo, y nosotros en la fe de los Apóstoles, recibimos la Palabra de Cristo, la presencia de Cristo, el amor de Cristo, la gracia de Cristo.

¡Es un milagro muy grande la Encarnación! Pero, yo creo que es un milagro comparable al de la Encarnación, ése que nos dice el evangelio de hoy.

Que Dios pueda ser visible en nuestra carne humana, es una cosa fantástica. Pero, esa Carne humana de Jesucristo, ese Cuerpo de Jesucristo, era perfecto, santo, inmaculado, Templo purísimo de la divinidad.

Por eso digo que es como una segunda Encarnación que ahora no sólo la Carne purísima de Jesucristo y no sólo esa vida inmaculada, sino también las vidas imperfectas, rústicas, golpeadas, heridas de los Apóstoles, puedan convertirse en instrumentos de Dios.

Aquí se ve como una verdadera proeza del amor: La Encarnación hace que Dios sea visible en nuestra naturaleza humana, pero el envío hace que Dios sea visible en nuestra miseria humana.

Ya no es sólo nuestra naturaleza, allá, perfecta, inmaculada en el Cuerpo de Cristo, sino incluso nuestra miseria, sanada, santificada por el Espíritu, levantada por la gracia, la que puede hablar de Dios.

Y en realidad, el primer milagro, -porque estoy hablando de dos milagros-, el primer milagro de la Encarnación, hubiera quedado como incompleto sin el segundo milagro.

¿Qué haríamos nosotros con admirar una Carne santísima y una vida del todo distinta de la nuestra? En cierto modo Dios hubiera quedado tan lejano como antes.

En cambio ahora que entendemos que Cristo acompaña a aquellos que ha enviado, Jesús que no se desprende de sus Apóstoles: "Yo estaré con vosotros" (véase San Mateo 28,20), les dice, ahora que entendemos que Cristo está ahí, presente, entendemos que el primer milagro se complementa con el segundo.

El envío de Cristo por el Padre, se complementa con el envío de los Apóstoles por Cristo.

Y sólo con estos dos milagros es posible que nosotros podamos recibir la Palabra que Dios nos envía, y podamos acoger la salvación que Dios quiere para nosotros. Este es un primer pensamiento que quería compartir con ustedes.

El segundo pensamiento es: ¿Cómo experimentamos, cómo vivimos nosotros esto? De muchas maneras, pero sobre todo en la predicación y en los sacramentos.

La manera de aprovechar una predicación, no es quedarse en la elocuencia, o en las capacidades intelectuales y oratorias de la persona que nos está hablando.

Aprovecha la predicación, más bien, aquel que tiene hambre de Cristo y que en su prisa por Cristo busca qué hay de Cristo en éso que se le ofrece.

No hay predicadores absolutamente perfectos. Lo que sí hay es ofertas que Dios nos hace. De modo que el buen oyente de la Palabra es aquel que tiene hambre intensa, hambre de Jesucristo.

Y el que tiene hambre de Jesucristo, busca en las palabras de la predicación. Entonces se cumple lo que dijo Nuestro Señor: "El que busca, encuentra" (véase San Lucas 11,10).

El que no tiene hambre de Jesucristo, queda sólo con el ruido de las palabras, con el tono de la voz, con la armonía de las ideas; y esto es muy poco. Además, todas las ideas pueden cuestionarse. Además, las ideas pasan o se pueden expresar mejor.

San Pablo, que yo creo que no era pequeño sino gigante ante los predicadores, dando comparaciones y comparaciones, trata de explicar el misterio de la Resurrección.

Y dice por ahí en alguna parte: "Así como hay una materia que es propia de los cuerpos terrestres y hay una materia que es propia de los cuerpos celestes, así también nosotros ahora tenemos como un cuerpo propio de esta tierra, pero luego tendremos un cuerpo como el del Cielo" (véase 1 Corintios 15,40 ; 15,47-49).

La enseñanza de Pablo es importante y verdadera, pero el ejemplo que utilizó, inapropiado. Porque, hoy sabemos que la materia de las estrellas lejanísimas está hecha de los mismos átomos, moléculas y por lo visto, está regida por las mismas leyes que lo que encontramos en esta tierra.

O sea que los conocimientos científicos de Pablo no le dieron en ese momento para más. El que se quede sólo con los argumentos científicos de Pablo, se enreda, se empantana ahí y se pierde la enseñanza.

Hay predicadores que son muy famosos, como por ejemplo, San Francisco de Sales, o por ejemplo, un dominico del siglo dieciséis, Fray Luis de Granada. Mas, uno lee a Fray Luis de Granada y es una dulzura.

¡Es una dulzura! Es como un río que va bajando plácidamente. Pero, en ese río hay una cantidad de disparates científicos propios de la época en la que el hombre habló.

El verdadero oyente no se queda con éso. El verdadero oyente tiene hambre de Cristo. Tiene hambre, tiene sed, quiere encontrar a Jesucristo.

Y el que quiere encontrar así a Jesucristo, en la predicación lo encuentra. Porque, Cristo quiere salir también al encuentro de nosotros. Cristo quiere salir al encuentro tuyo. ¡Hambre de Cristo!