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| + | Judas sabía que Cristo estaba sin defensa, y por eso sabía que su pregunta tenía sentido para sus propósitos. "Ellos se ajustaron con Él en treinta monedas" (''véase'' San Mateo 26,15), y desde entonces, Judas estaba con Cristo mirando la manera de entregarlo. | ||
Revisión del 23:20 28 mar 2010
Fecha: 19990331
Título: No pongamos nuestra esperanza en la inteligencia
Original en audio: 38 min. 59 seg.
La traición de Judas que aparece con todo su misterio en el pasaje que acabamos de escuchar, presta también su servicio dentro de la revelación, dentro del conjunto de la revelación.
Le pregunta Judas a los sumos sacerdotes, que eran los enemigos acérrimos de Jesucristo. Alguna vez hemos comentado por qué. Ellos, amigos del poder romano, veían en Cristo a un potencial revolucionario. Temían que los romanos intervinieran drásticamente y que por lo tanto, ellos mismos perdieran el difícil equilibrio que con tanta diplomacia habían logrado.
Jesús se había convertido en un personaje insoportable para los sumos sacerdotes, y por esta razón querían quitarlo de en medio. Pero, no podían utilizar la violencia, porque el pueblo se dispararía en rebelión, en revuelta, y entonces, no hubieran logrado lo que querían.
Era necesario que Cristo apareciera como un enemigo del pueblo y como un enemigo de los romanos. Sólo de esa manera se lograría que el poder romano eliminara a Jesucristo y que el pueblo creyera que se había quitado un problema de encima.
Por eso, utilizan lo mejor de su inteligencia, de sus amistades, de su política y de su estrategia, para ver cómo van a envolver a Jesús, y cómo van a presentar este paquete ante los romanos, de modo que sean los romanos los que destruyan a Cristo o que acaben con Él.
Nosotros sabemos el desenlace de la historia. Sabemos que ese plan les funcionó. Sólo faltaba una pieza y ésa es la pieza que ha aparecido hoy. Sólo faltaba que alguien del grupo de Jesús traicionara al mismo Jesús. Era lo único que faltaba, sólo eso.
Y esta es la frase que nos encontramos al comienzo del texto que hemos escuchado: "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?" (véase San Mateo 26,15), pregunta Judas. Una pregunta que tiene todo el cinismo, que tiene toda la dureza de aquel que ha renunciado a sus sueños y que se refugia en su propia conveniencia.
¡Qué pregunta tan espantosa! "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?" (véase San Mateo 26,15).
"Judas, ¿qué te pueden dar que valga lo que vale Jesucristo? Si supieras lo que estás perdiendo, descubrirías que nada tiene el precio de lo que tú vas a entregar. Que treinta monedas o mil monedas no pueden ser nunca el precio de una vida humana, mucho menos el precio de esa Vida humana y divina a la vez".
"¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?" (véase San Mateo 26,15), dice Judas, que era consciente de su propio lugar y de su propia capacidad. Él sabía que podía obrar, él sabía que Cristo era inerme, que Cristo era traicionable.
Él sabía que había fisuras, que había fragilidad, que Cristo no tenía un aparato de defensa, no contaba con un sistema de inteligencia, no tenía una CIA ni un FBI, no tenía departamentos de investigación ni tenía escoltas.
Judas sabía que Cristo estaba sin defensa, y por eso sabía que su pregunta tenía sentido para sus propósitos. "Ellos se ajustaron con Él en treinta monedas" (véase San Mateo 26,15), y desde entonces, Judas estaba con Cristo mirando la manera de entregarlo.