Diferencia entre revisiones de «Pasc008a»
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| − | Él empezó a ver cómo funcionaban esos frailes, empezo a a ver que, por ejemplo, había uno que tenía una gran capacidad de predicación, pero cuando ya estaba allá metido en el convento, entonces empezaba a perder fervor, oraba menos, no hacía tanta penitencia, ya no quería predicar, ya se iba como enfriando, y el menor descenso en la tempreratura del amor Santo | + | Él empezó a ver cómo funcionaban esos frailes, empezo a a ver que, por ejemplo, había uno que tenía una gran capacidad de predicación, pero cuando ya estaba allá metido en el convento, entonces empezaba a perder fervor, oraba menos, no hacía tanta penitencia, ya no quería predicar, ya se iba como enfriando, y el menor descenso en la tempreratura del amor Santo Domingo lo percibía, por eso lo llamaban "el Termómetro" |
Revisión del 21:18 18 mar 2010
Fecha: 20030420
Título:
Original en audio: 19 min. 27 seg.
La frase fundamental del evangelio del día de la Pascua parece que es aquella que acabamos de escuchar: "Vio y creyó" San Juan 20,8, pero esa frase toca completarla y toca decir: "Vio y creyó y entendió".
Porque lo último que dice el pasaje de hoy es: "Hasta entonces no habían entendido la Escritura, que Él había de resucitar de entre los muertos" San Juan 20,9, donde queda sugerido que la fe le hizo entender.
Esto es muy importante porque en este día estamos celebrando el corazón de nuestra fe. La Resurrección es centro y corazón de nuestra fe, y según Juan la fe esta acompañada de otros dos verbos: ver, porque dice "vio y creyó"; y entender, porque dice "creyó y entendió".
El verbo creer está acompañado de dos verbos que tal vez nosotros no asociamos con la fe: el verbo ver y el verbo entender.
Pensamos a menudo que la fe consiste en aceptar algo que uno no ve y la fe consiste en caminar sin entender. Pero en el evangelio de Juan la fe está acompañada de ver y de entender. ¿Pero cómo puede haber fe si uno esta viendo? ¿Qué clase de fe es esa? No necesito fe para saber que tengo un libro delante, porque lo estoy viendo.
¿Cómo es que el ver se relaciona con la fe? En el evangelio de Juan ver tiene que ver con los signos, ver señales. Desde luego que lo que uno cree es más que lo que ve, pero hay que ver para creer, ¿ver qué? Ver las señales, ver los signos que da Dios.
Por ejemplo, el signo que vio Juan fue la manera cómo estaban las vendas y el sudario. Sabemos que Juan fue el único de los discípulos que estuvo junto a la Cruz y que acompañó la sepultura de Jesús.
Juan sabía cómo estaban las cosas y entonces llega y encuentra todo menos a Jesús. Por eso Juan vio y creyó. Vio, lo que vio fue las vendas, el sudario que estaban ahí como las habían dejado. Lo que creyó fue más que lo que vio. Lo que creyó fue: "Aquí no estamos ante el robo de un cadáver, aquí estamos ante la Resurrección del Señor".
Pero tuvo que ver el signo. Dios no juega con nuestra inteligencia, Dios no juega con nuestro corazón. Si Dios nos pidiera simplemente creer sin ninguna clase de signo, esa fe sería muy parecida a adivinar, a apostar, esa fe se llama técnicamente la "fe baloto", porque es como éso: uno toma unos determinados números y no hay ninguna razón para creer que esos números signifiquen nada.
Pero dice: "Bueno, voy a perder la plata del almuerzo y de la comida en este baloto", y apuesta sobre el abismo, apuesta en la nada, sin ninguna razón, sin ningún signo. Ese tipo de apuesta no es la fe.
La fe comienza con los signos, y por eso para Juan ver conduce a creer, ver que consiste en recibirle los signos a Dios y en escucharle la Palabra al Señor. Así podemos relacionar ver y creer.
Ahora, ¿cómo se relaciona creer y entender? Porque ya dijimos, al final el texto trae esta frase: "No habían entendido la Escritura, que Él había de resucitar de entre los muertos" San Juan 20,9.
La fe se relaciona también con entender. Entender ¿qué es? ¿Qué es el entendimiento? ¿Qué es la inteligencia? Dice el filósofo español Javier Subiri que la inteligencia viene de "intus legere", "leer adentro", entender es penetrar una realidad, meterse dentro de algo. Hasta cierto punto, el sólo ver es quedarse afuera, entender es arriesgarse a entrar.
Y lo que entendieron los discípulos, o por lo menos el discípulo amado fue como una entrada en el sentido de la Escritura. Entender significa entrar, no entender significa quedarse en la puerta. Entender es entrar, meterse.
A uno se le puede pasar la vida sin entender las cosas más elementales. Por ejemplo, le pueden decir muchas veces a uno que Dios es amor y eso se queda como un enunciado afuera.
Pero, ¿qué tal que haya una experiencia de esas que nos da el Espíritu Santo, una experiencia que me convence, que me mete, que me introduce en la realidad del Amor Divino? Entonces entiendo lo que apenas creía. Creía que entendía. Entender es meterse, entender es entrar. Entrar fundamentalmente en el sentido de la Escritura.
¿Qué significa la Palabra de Dios? es una cosa que sólo entendemos cuando Dios, que inspiró esa Palabra, nos ayuda. El Espíritu que dio esa Palabra para que quedara escrita es el Espíritu que nos da esa Palabra al corazón para que quede entendida.
El Espíritu da dos veces la Palabra: una vez, para que quede en el libro y en la predicación de la Iglesia; otra vez, para que quede en mi corazón, para que quede en mi alma, para que quede adentro de mí.
Y esto es lo bonito del verbo entender en el evangelio de Juan; entender es que yo me entro en el texto y entender es que el texto se entra en mí; entender es que yo me meto en la Palabra y la Palabra se mete a mi corazón, se mete en mí. Entender es el mutuo abrazo entre el mensaje de Dios que quiere hablarme y el ansia de mi corazón que quiere escucharle.
Entender es un abrazo de amor. Ese entender de pronto se parece más a lo que usualmente decimos en español con el verbo comprender, por ejemplo, cuando comprendemos a una persona. Entender la Escritura no es tener una amplia bibliografía sobre la Escritura, haber escrito mucho sobre la Escritura, o haber hablado mucho sobre la Palabra.
Entender no es eso, entender es más parecido a lo que nosotros reflejamos con el verbo comprender, como una mamá comprende a su hijo, como la esposa comprende al esposo. Una esposa amorosa, que haya compartido, que haya donado su vida con ese amor a su cónyuge, llega a comprenderlo de una manera impresionante.
Comprender significa recibir hasta el más mínimo signo del otro: medio milímetro que se mueva el párpado del esposo, la esposa sabe: "Se puso triste, no le gustó esto, está contento", y de esa manera lo mantiene súper vigilado, pero también lo mantiene súper amado, se supone.
Lo comprende, es como si estuviera adentro de él. Una lágrima, una expresión de dolor, un gesto de alegría que él haga tienen un sentido total, son transparentes para ella.
Hacia allá nos quiere conducir la fe, que el menor susurro del Espíritu tenga un sentido para nosotros. Si esto nos llegara a suceder, seríamos más que bienaventurados. Así era el alma de Cristo, y así quiere Cristo que sean nuestras almas:sensibles, súper sensibles, absolutamente transparentes al menor signo de Dios.
Jesús era experto lector del querer divino, tenía una sensibilidad infinita a la menor señal de la voluntad divina, en cualquier cosa que sucediera; a través de cualquier palabra, a través de cualquier visita, a través de cualquier sentimiento, a través de cualquier certeza que le diera directamente en su corazón.
Jesús es el Hombre infinitamente sensible, como si tuviera una antena perfectísima para todo lo que el Padre quiera decirle, como si pudiera escuchar radical y completamente cualquier cosa que Dios quisiera indicarle.
La fe nos ayuda a tener algo semejante; es obvio, en menor grado, pero en un grado que puede crecer muchísimo. Por eso las vidas de los Santos son vidas pascuales, son vidas en la Pascua, tienen una sensibilidad tan grande para el querer divino, que a veces desconciertan.
Como le sucedió a nuestro Padre y Fundador, Santo Domingo de Guzmán, cuando aquella dispersión de los Frailes, una cosa que parecía una locura.
Apenas ha reunido a unos Hermanos en Convento, les ha permitido degustar esa convivencia, porque ahí nadie peleaba, nadies estaba traumatizado, nadie le hacía mala cara a nadie, ninguno peleaba con nadie; tenían unos postulantes que eran perfectos, unos novicios santos. Bueno, tal vez no era así, tal vez no era tan perfecto.
Pero el hecho es que, reunirse, se reunieron.La versión que da Jordán de Sajonia es que estaban muy contentos, estaban felices, pero, sorprendiendo a todos, Santo Domingo de Guzmán dice: "Bueno, ahora hay que irse a fundar conventos a Europa". Y empieza a mandar gente, empezando por Francia y por España.
"Ahora hay que mandar gente a que que funden en París y a que funden España". ¿De dónde sacó Santo Domingo esa locura? Pues él tenía una super sensibilidad, era un hombre transparente al querer divino, él vivía penetrado de la Palabra de Dios y penetraba en la Palabra de Dios; él visitaba el corazón de Dios y era visitado por Dios.
Con esa absoluta transparencia, miraba, y miraba, y miraba, y se daba cuenta de todo. Veía qué se estaba cocinando ahí en ese Convento; veía cómo estaban funcionando las cosas.
¿Ustedes creen que Santo Domingo recibió una visión? Pues es posible que la haya tenido, es posible que sea una visión, pero también es posible que haya sido un asunto de ver, no algo sobrenatural, sino ver lo natural, la naturaleza humana.
Él empezó a ver cómo funcionaban esos frailes, empezo a a ver que, por ejemplo, había uno que tenía una gran capacidad de predicación, pero cuando ya estaba allá metido en el convento, entonces empezaba a perder fervor, oraba menos, no hacía tanta penitencia, ya no quería predicar, ya se iba como enfriando, y el menor descenso en la tempreratura del amor Santo Domingo lo percibía, por eso lo llamaban "el Termómetro"