Diferencia entre revisiones de «Ck02001a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
Línea 9: Línea 9:
 
Jesús en oración; el tema de conversación con Moisés y Elías; la Pasión; los compañeros: Pedro, Santiago y Juan, y mucho sueño, todos estos elementos los volveremos a encontrar en le Huerto de Getsemaní.
 
Jesús en oración; el tema de conversación con Moisés y Elías; la Pasión; los compañeros: Pedro, Santiago y Juan, y mucho sueño, todos estos elementos los volveremos a encontrar en le Huerto de Getsemaní.
  
De nuevo Jesús orando, de nuevo un tema como pesada noche la Pasión, de nuevo los tres compañeros Pedro Santiago y Juan, y de nuevo mucho sueño; allá se trata de la noche vísperas de la Cruz; aquí se trata de la oración antes de la Transfiguración, allá se quedaron dormidos, aquí despabilándose; dice la tradición: "lograron ver la gloria de Cristo".
+
De nuevo Jesús orando, de nuevo un tema como pesada noche la Pasión, de nuevo los tres compañeros Pedro Santiago y Juan, y de nuevo mucho sueño; allá se trata de la noche vísperas de la Cruz; aquí se trata de la oración antes de la Transfiguración; allá se quedaron dormidos, aquí despabilándose; dice la tradición: "Lograron ver la gloria de Cristo".
  
 
Hay esa pequeña diferencia, aquí alcanzaron a despertarse, allá se quedaron dormidos; pero esta escena, sin duda alguna, es pariente cercana de la otra, y hay que saber mirar estas dos escenas juntas porque Dios habla no sólo con palabras, sino también con hechos.
 
Hay esa pequeña diferencia, aquí alcanzaron a despertarse, allá se quedaron dormidos; pero esta escena, sin duda alguna, es pariente cercana de la otra, y hay que saber mirar estas dos escenas juntas porque Dios habla no sólo con palabras, sino también con hechos.
  
Cuando les invitó un tiempo después de la Transfiguración, y ya en vísperas de su Pasión, cuando invitó otra vez a Pedro, Santiago y Juan: "Acompáñenme a orar" (véase  ), pues ellos hubieran podido recordar esta escena, pero aquí Cristo aparece vestido de gloria, de luz y de blanco, y Getsemaní aparece vestido de oprobio, de sudor y de sangre.
+
Cuando les invitó un tiempo después de la Transfiguración, y ya en vísperas de su Pasión, cuando invitó otra vez a Pedro, Santiago y Juan: "Acompáñenme a orar" [[:Category:Mateo 026_036|San Mateo 26,36]]; [[:Category:Marcos 014_033|San Marcos 14,33]], pues ellos hubieran podido recordar esta escena, pero aquí Cristo aparece vestido de gloria, de luz y de blanco, y Getsemaní aparece vestido de oprobio, de sudor y de sangre.
  
Podemos decir que Getsemaní es como la anti-Transfiguración, es como el otro aspecto de la Transfiguración; en Getsemaní Jesús aparece triste como no lo estuvo nunca, y Él mismo le dijo a los discípulos: "Siento en mí una tristeza de muerte" (''Véase'' San Mateo 26,38); y en Getsemaní aparece asustado como no había aparecido nunca.
+
Podemos decir que Getsemaní es como la anti-Transfiguración, es como el otro aspecto de la Transfiguración; en Getsemaní Jesús aparece triste como no lo estuvo nunca, y Él mismo le dijo a los discípulos: "Siento en mí una tristeza de muerte" [[:Category:Mateo 026_038|San Mateo 26,38]]; y en Getsemaní aparece asustado como no había aparecido nunca.
  
 
Aparece agobiado y dolido como no había aparecido nunca, y en esta escena de la Transfiguración, probablemente en el Monte Tabor, Jesús aparece glorioso y luminoso como no había aparecido nunca; aparece radiante vestido de sol y de luz como nunca lo habían visto.
 
Aparece agobiado y dolido como no había aparecido nunca, y en esta escena de la Transfiguración, probablemente en el Monte Tabor, Jesús aparece glorioso y luminoso como no había aparecido nunca; aparece radiante vestido de sol y de luz como nunca lo habían visto.
Línea 25: Línea 25:
 
Hay algunas personas que quieren que a Jesús nunca le pase nada, es decir, que nunca muestre la gloria de su divinidad, que nunca muestre la tortura de Getsemaní y de la Cruz y otros, en cambio, quieren quedarse o con esa gloria o con ese dolor.
 
Hay algunas personas que quieren que a Jesús nunca le pase nada, es decir, que nunca muestre la gloria de su divinidad, que nunca muestre la tortura de Getsemaní y de la Cruz y otros, en cambio, quieren quedarse o con esa gloria o con ese dolor.
  
Yo quisiera que trajéramos a nuestra mente esas tres imágenes de Cristo, el Jesús de cada día, como diría la Carta a los Filipenses: “Un hombre como cualquiera” (''véase'' Carta a los Filipenses 2,8), como cualquiera de nosotros; traigamos al Jesús de cada día, imagen número uno.
+
Yo quisiera que trajéramos a nuestra mente esas tres imágenes de Cristo, el Jesús de cada día, como diría la Carta a los Filipenses: “Un hombre como cualquiera” [[:Category:Filipenses 002_008|Carta a los Filipenses 2,8]], como cualquiera de nosotros; traigamos al Jesús de cada día, imagen número uno.
  
 
Traigamos al Jesús de la Transfiguración, lleno de luz, de gozo, de gloria, y traigamos al Jesús de la Pasión, lleno de sudor, de soledad, de miedo y de sangre; tres imágenes, tres momentos, tres dimensiones de la Encarnación del Señor, tres dimensiones de su misión entre nosotros.
 
Traigamos al Jesús de la Transfiguración, lleno de luz, de gozo, de gloria, y traigamos al Jesús de la Pasión, lleno de sudor, de soledad, de miedo y de sangre; tres imágenes, tres momentos, tres dimensiones de la Encarnación del Señor, tres dimensiones de su misión entre nosotros.
Línea 31: Línea 31:
 
A mí me parece que uno tiene que aprender a caminar con esas tres imágenes de Cristo, uno tiene que aprender a ir con esas tres imágenes del Señor, a no escoger entre ellas, porque esas tres imágenes también las vivimos nosotros, también nosotros tenemos días de desesperante rutina en que nada sucede, en que todo es lo de cada día.
 
A mí me parece que uno tiene que aprender a caminar con esas tres imágenes de Cristo, uno tiene que aprender a ir con esas tres imágenes del Señor, a no escoger entre ellas, porque esas tres imágenes también las vivimos nosotros, también nosotros tenemos días de desesperante rutina en que nada sucede, en que todo es lo de cada día.
  
Y también tenemos unos valles, unos abismos y unas hondonadas en las que sentimos el Getsemaní y la soledad y la noche, el sudor, y la sangre y el "poderoso clamor", que dice la Carta a los Hebreos (''véase'' Carta a los Hebreos 5,8)
+
Y también tenemos unos valles, unos abismos y unas hondonadas en las que sentimos el Getsemaní y la soledad y la noche, el sudor, y la sangre y el "poderoso clamor", que dice la Carta a los Hebreos [[:Category:Hebreos 005_008|Carta a los Hebreos 5,8]]
  
 
Y otras veces tenemos el Tabor, cuando estamos llenos de entusiasmo, llenos de júbilo, cuando sentimos que el cielo se ha venido tan cerquita a nosotros o nosotros nos hemos levantado tan alto a él, que hasta lo puedo tocar.
 
Y otras veces tenemos el Tabor, cuando estamos llenos de entusiasmo, llenos de júbilo, cuando sentimos que el cielo se ha venido tan cerquita a nosotros o nosotros nos hemos levantado tan alto a él, que hasta lo puedo tocar.
Línea 95: Línea 95:
 
Hay que guardar ciertas cosas en el corazón; muchos sacerdotes les he oído predicar sobre este evangelio, y dicen: "Hay que bajar de la montaña para predicar a las personas, no, esa no es la enseñanza que se puede sacar del evangelio de hoy.
 
Hay que guardar ciertas cosas en el corazón; muchos sacerdotes les he oído predicar sobre este evangelio, y dicen: "Hay que bajar de la montaña para predicar a las personas, no, esa no es la enseñanza que se puede sacar del evangelio de hoy.
  
Mira la enseñanza de hoy es aquí: “Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto” (''véase'' San Lucas 9,36); entonces nosotros vamos a hacer de cuenta que aquí hemos estado como en un Tabor, alimentándonos de la Palabra del Señor y muy pronto de su Cuerpo Sacramental.
+
Mira la enseñanza de hoy es aquí: “Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto” [[:Category:Lucas 009_036|San Lucas 9,36]]; entonces nosotros vamos a hacer de cuenta que aquí hemos estado como en un Tabor, alimentándonos de la Palabra del Señor y muy pronto de su Cuerpo Sacramental.
  
 
Pero no saquemos la conclusión de que hay que salir de aquí a predicar, es no es una conclusión para este evangelio, ¿usted no se ha puesto a pensar por qué estos apóstoles no salieron a predicar?
 
Pero no saquemos la conclusión de que hay que salir de aquí a predicar, es no es una conclusión para este evangelio, ¿usted no se ha puesto a pensar por qué estos apóstoles no salieron a predicar?
Línea 102: Línea 102:
  
 
Entonces, yo no les digo aquí que salgamos de este encuentro, de esta Eucaristía a predicar, no. Salgamos de aquí a Getsemaní, salgamos de aquí al encuentro profundo con la Cruz del Señor, salgamos de aquí a recibir el don del Espíritu, y con ese Espíritu y con la imagen de Cristo Crucificado en la mente, entonces sí que nuestra voz anuncie la gloria del Hijo de Dios hecho hombre.''
 
Entonces, yo no les digo aquí que salgamos de este encuentro, de esta Eucaristía a predicar, no. Salgamos de aquí a Getsemaní, salgamos de aquí al encuentro profundo con la Cruz del Señor, salgamos de aquí a recibir el don del Espíritu, y con ese Espíritu y con la imagen de Cristo Crucificado en la mente, entonces sí que nuestra voz anuncie la gloria del Hijo de Dios hecho hombre.''
 +
 +
 +
 +
 +
[[Category:Mateo 026_036|San Mateo 26,36]]
 +
 +
[[Category:Marcos 014_033|San Marcos 14,33]]
 +
 +
[[Category:Mateo 026_038|San Mateo 26,38]]
 +
 +
[[Category:Filipenses 002_008|Carta a los Filipenses 2,8]]
 +
 +
[[Category:Hebreos 005_008|Carta a los Hebreos 5,8]]
 +
 +
[[Category:Lucas 009_036|San Lucas 9,36]]
  
 
[[Category: Homilías Ciclo C Cuaresma]]
 
[[Category: Homilías Ciclo C Cuaresma]]

Revisión del 12:26 26 feb 2010

Fecha: 19980308

Título: Tres dimensiones de Jesus

Original en audio: 21 min. 51 seg.


Jesús en oración; el tema de conversación con Moisés y Elías; la Pasión; los compañeros: Pedro, Santiago y Juan, y mucho sueño, todos estos elementos los volveremos a encontrar en le Huerto de Getsemaní.

De nuevo Jesús orando, de nuevo un tema como pesada noche la Pasión, de nuevo los tres compañeros Pedro Santiago y Juan, y de nuevo mucho sueño; allá se trata de la noche vísperas de la Cruz; aquí se trata de la oración antes de la Transfiguración; allá se quedaron dormidos, aquí despabilándose; dice la tradición: "Lograron ver la gloria de Cristo".

Hay esa pequeña diferencia, aquí alcanzaron a despertarse, allá se quedaron dormidos; pero esta escena, sin duda alguna, es pariente cercana de la otra, y hay que saber mirar estas dos escenas juntas porque Dios habla no sólo con palabras, sino también con hechos.

Cuando les invitó un tiempo después de la Transfiguración, y ya en vísperas de su Pasión, cuando invitó otra vez a Pedro, Santiago y Juan: "Acompáñenme a orar" San Mateo 26,36; San Marcos 14,33, pues ellos hubieran podido recordar esta escena, pero aquí Cristo aparece vestido de gloria, de luz y de blanco, y Getsemaní aparece vestido de oprobio, de sudor y de sangre.

Podemos decir que Getsemaní es como la anti-Transfiguración, es como el otro aspecto de la Transfiguración; en Getsemaní Jesús aparece triste como no lo estuvo nunca, y Él mismo le dijo a los discípulos: "Siento en mí una tristeza de muerte" San Mateo 26,38; y en Getsemaní aparece asustado como no había aparecido nunca.

Aparece agobiado y dolido como no había aparecido nunca, y en esta escena de la Transfiguración, probablemente en el Monte Tabor, Jesús aparece glorioso y luminoso como no había aparecido nunca; aparece radiante vestido de sol y de luz como nunca lo habían visto.

Entonces podemos decir que hay como tres imágenes de Jesús, tres imágenes que pudieron ver Pedro, Santiago y Juan: uno es el Jesús de cada día, y en alguna oportunidad vieron un super Jesús, lleno de luz y de gloria, y en otra oportunidad vieron al pobre Jesús.

Pero es el mismo Jesús, que en esta escena de la Transfiguración muestra la gloria que hay en Él, y en Getsemaní muestra el dolor que hay en Él, pero es el mismo Jesús. A veces uno intenta escoger y prefiere el Jesús de la Transfiguración, o de pronto uno prefiere el Jesús de Getsemaní, o de pronto uno prefiere el Jesús cotidiano, el de cada día.

Hay algunas personas que quieren que a Jesús nunca le pase nada, es decir, que nunca muestre la gloria de su divinidad, que nunca muestre la tortura de Getsemaní y de la Cruz y otros, en cambio, quieren quedarse o con esa gloria o con ese dolor.

Yo quisiera que trajéramos a nuestra mente esas tres imágenes de Cristo, el Jesús de cada día, como diría la Carta a los Filipenses: “Un hombre como cualquiera” Carta a los Filipenses 2,8, como cualquiera de nosotros; traigamos al Jesús de cada día, imagen número uno.

Traigamos al Jesús de la Transfiguración, lleno de luz, de gozo, de gloria, y traigamos al Jesús de la Pasión, lleno de sudor, de soledad, de miedo y de sangre; tres imágenes, tres momentos, tres dimensiones de la Encarnación del Señor, tres dimensiones de su misión entre nosotros.

A mí me parece que uno tiene que aprender a caminar con esas tres imágenes de Cristo, uno tiene que aprender a ir con esas tres imágenes del Señor, a no escoger entre ellas, porque esas tres imágenes también las vivimos nosotros, también nosotros tenemos días de desesperante rutina en que nada sucede, en que todo es lo de cada día.

Y también tenemos unos valles, unos abismos y unas hondonadas en las que sentimos el Getsemaní y la soledad y la noche, el sudor, y la sangre y el "poderoso clamor", que dice la Carta a los Hebreos Carta a los Hebreos 5,8

Y otras veces tenemos el Tabor, cuando estamos llenos de entusiasmo, llenos de júbilo, cuando sentimos que el cielo se ha venido tan cerquita a nosotros o nosotros nos hemos levantado tan alto a él, que hasta lo puedo tocar.

Pues no escojamos entre estas tres imágenes de Jesús, son tres dimensiones de su ministerio y de su Encarnación, y Él quiso que estos hombres, más de uno, para que valiera por el testimonio de dos o tres testigos, Él quiso que estos hombres conocieran estos tres aspectos de Él.

Que le conocieran en lo de cada día, que le conocieran transfigurado y que el conocieran humillado, porque cuando aceptamos a Jesús en esa triple dimensión, ahí realmente le hemos acogido a Él; cuando escogemos a una o dos de esas imágenes no le hemos acogido a Él, seguimos dando vueltas entorno a nuestros intereses.

Pero cuando ya aceptamos todo el dolor de la Pasión, toda la gloria de la Pascua, y encima de eso, aceptamos que puede ser que no suceda nada y que puede que sea tan semejante a nosotros, el que sabe ser normal y glorioso, paciente; el que sabe padecer y alabar y es normal, ése se llama un santo.

¿Qué es un santo? Un santo es aquel que sabe paceder, porque acompaña a Jesús en Getsemaní; que sabe bendecir y glorificar, porque acompaña a Jesús en el Tabor; pero que sabe ser normal y quedar a un lado y quedar relegado.

Algunas personas con intensas llamadas místicas en su alma quieren pasar de Getsemaní al Tabor y del Tabor a Getsemaní; pero nunca quieren ser normales: "No, yo estoy en la gloria, y véanme, que estoy en la cruz, y véanme".

"Y, ¿por qué no te vuelves normal para que no te miremos?" "Ah, porque pierde la gracia, la gracia es que me miren, ¿ves?", en cambio, el que sabe padecer y padecer y padecer, yo soy bueno para padecer y ser normal, ¿y la gloria, la alabanza?

En estos días una señora se confesaba con este servidor, ella estaba muy arrepentida de su vida pasada, mucho, y tenía una capacidad de padecimiento tan grande, pero no me gustó que no tenía capacidad de gloria, de glorificación, de alabanza.

Yo pensé, yo no sé, pero uno puede equivocarse, yo pensé que en el fondo ella estaba castigándose, o sea, que para ella todo dolor, toda humillación tenía sentido porque ella qué iba a merecer, porque ella no valía la pena, porque había hecho todo tan mal; aparentemente, una gran virtud: "¡Uy, hay que ver cómo padece y con qué paciencia y con qué silencio y con qué humildad!"

La ve usted, y parece una persona normal; tiene dos "pero", es que hay que tener los tres; otras personas, en cambio, de estilo más carismático, tal vez entienden la gloria y la normalidad: "Yo soy una persona normal, tengo mi hogar, tengo mi negocio y además bendigo, alabo al Señor, lo glorifico, veo su poder, conozco sus carismas".

"Bueno, pero es que se trata de que te mueras, ¿no te habían dicho? Mira, dentro de este paseo, en una partecita, tú te mueres", "¿y me muero, y qué? Pues en esta tierra ya nada más, sino ya resucitas, pero resucitas para la gloria; pero en esta tierra ya nada más; tú, finalmente, te mueres y sales de circulación de aquí, y ya desapareciste".

Entonces la persona de tipo carismático puede tener la tentación de quedarse sólo entre lo normal y la gloria: "Yo soy una persona normal, soy una persona que alaba y glorifica", no es suficiente.

Entonces, fíjate, cuando uno escoge dos pero no escoge las tres, no logra, porque el que escoge: "Me voy a quedar con el Tabor y Getsemaní, el que hace esa escogencia, en el fondo, tiene una gran vanidad espiritual, es la persona a la que siempre le está pasando algo, siempre, algo le esta sucediendo, por consiguiente, hay que ponerle cuidado.

Otros escogen Tabor y cotidianidad, es la tentación de los carismáticos; el problema es que no anuncian la Cruz de Cristo, sino que anuncian a veces el evangelio de la prosperidad, es una tendencia protestante.

Otros, en cambio, se quedan con Getsemaní y normal; pero el que se queda con Getsemaní y normal, usualmente tiene graves heridas en la autoestima, no se ama, gente que no tiene derechos, y esa no es la espiritualidad del Evangelio.

El mensaje del Evangelio no es: "Puesto que usted al fin se dio cuenta que había obrado todo tan mal, de ahora en adelante se pudrirá en fuego lento, con lo cual usted comprobará lo que sí es el pecado". No, eso no puede ser, entonces fíjate el que escoge dos tampoco acierta, y ya explicamos por qué el que escoge uno menos.

Queridos amigos, un santo es alguien normal que padece y alaba, ese es un santo; tiene los tres rostros de Cristo, como es normal, se le puede hacer a un lado; como padece, participa de la redención de Jesucristo y difunde amor; como glorifica y alaba, anuncia las realidades definitivas, no gira en torno de sí mismo. La santidad es bellísima, la santidad es hermosísima, pero para ver bien la santidad, también hay que ser santo; aquí pasa lo mismo que con las joyas; a mí me presentan un fondo de botella Canadá Dry y una esmeralda, me confunden, yo no sé de eso.

Un joyero, en cambio, le presentan dos tallas y dice: "Esta talla es mucho más preciosa que esta; yo ahí no veo nada, pero el tipo sí ve y saca sus razones de por qué si o por qué no; un santo es una talla preciosísima, hecha por el Espíritu Santo, hecha sobre una materia prima y esa materia prima es Dios Creador.

Para detectar la talla del Espíritu Santo, de alguna manera también se necesita ser santo; yo creo firmemente que Dios tiene una cantidad de santos por ahí escondidos, y yo creo que algunos de ellos no les habla de cómo están, ni por dónde van, ni en qué nivel puede utilizar esa nomenclatura, ni en qué nivel se encuentran.

Son amiguitos que tiene Dios escondidos, gente que tiene sólo lo extraordinario del amor; están escondidos, y así escondidos, Dios los va llevando un día y otro día, hasta que se los lleve al día eterno de su gloria.

Yo pienso, por ejemplo, que la mayor parte del misterio de la Santísima Virgen María fue así, yo creo que la mayor parte fue así, una santidad ahí como escondida, pero eso no significa que todo el que se esconda sea la virgen María, porque hay veces que uno se esconde para mejor alabarse.

De manera que hay veces que uno se esconde y uno se oculta, porque en el fondo cree, mira: "Ninguna de esta gente va a reconocer todo lo que yo valgo, esta gente no tiene ojos para reconocer el santo que Dios le dio, pero bueno, en fin, cuando yo empiece a hacer milagros, ahí sí".

Y entonces uno se dice tantas mentiras y uno se engaña de tantas maneras; un santo es alguien normal, que padece y alaba; que padece y glorifica, que bendice. Una última palabra sobre esto de padecer y glorificar, no es fácil decirlo, no es fácil expresar la idea.

Mira, ¿Cuál es el padecimiento que puede estar unido a la alabanza? No es que primero padece y luego glorifica, no es que primero glorifica y luego padece, es una alabanza desde la Cruz y es un padecimiento con cánticos.

No son etapas, no es que la persona a veces en su período eufórico, luego esté en su período deprimido, no. Es una alabanza desde la Cruz, es un dolor con cánticos, bueno, yo no tengo los conocimientos para describir bien cómo es eso, pero si les puedo decir, como sacerdote, cómo puedo yo identificar cuando un corazón va por esas sendas.

Cuando uno se encuentra a una persona que realmente está viviendo esto, no que se está imaginando, qué va, sino que realmente lo está viviendo, para mi una de las señales más claras, es que la persona no envidia a nada ni a nadie, no cambia su suerte, no reclama, no exige.

Es como una profunda paz consigo mismo en un ansia continua de que Dios sea más glorificado; pero hay una profunda paz en la persona consigo misma; si la persona siente que en otras vidas, que en otros estados de vida, que a otras personas sí se les dan las oportunidades o la manera, apenas aparece el más leve reclamo, uno se da cuenta: aquí hay una persona que está que puja por la santidad.

Pero bueno, que Dios le ayude, pero no ha llegado. De vez en cuando uno sí se encuentra personas que son normales, que padecen y alaban, que no envidian nada, que están en paz y ansían continuamente la gloria de Dios, cuando eso sucede uno dice: ¡Jesús!

Así le habló Dios a Catalina de Siena, le dijo: “Y si me preguntaras quiénes son, te diría, son otros yo”. Amigos, también nosotros hemos estado aquí compartiendo la Palabra del Señor y parece que se siente bien alimentarse de esta Palabra, pero también nosotros tenemos que salir de aquí a encontrarnos con un Getsemaní, tenemos que bajar de esta montaña.

Hay que guardar ciertas cosas en el corazón; muchos sacerdotes les he oído predicar sobre este evangelio, y dicen: "Hay que bajar de la montaña para predicar a las personas, no, esa no es la enseñanza que se puede sacar del evangelio de hoy.

Mira la enseñanza de hoy es aquí: “Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto” San Lucas 9,36; entonces nosotros vamos a hacer de cuenta que aquí hemos estado como en un Tabor, alimentándonos de la Palabra del Señor y muy pronto de su Cuerpo Sacramental.

Pero no saquemos la conclusión de que hay que salir de aquí a predicar, es no es una conclusión para este evangelio, ¿usted no se ha puesto a pensar por qué estos apóstoles no salieron a predicar?

Porque era necesario que sucediera primero lo que estaba anunciado aquí; esta era una manera, nos dice San León Magno, de quitar el escándalo de la Cruz del corazón de los discípulos, era necesario que pasara por la Cruz.

Entonces, yo no les digo aquí que salgamos de este encuentro, de esta Eucaristía a predicar, no. Salgamos de aquí a Getsemaní, salgamos de aquí al encuentro profundo con la Cruz del Señor, salgamos de aquí a recibir el don del Espíritu, y con ese Espíritu y con la imagen de Cristo Crucificado en la mente, entonces sí que nuestra voz anuncie la gloria del Hijo de Dios hecho hombre.