Diferencia entre revisiones de «N5en002a»
| Línea 108: | Línea 108: | ||
Yo he tenido días felices, creo que ese ha sido el día más feliz de mi vida. Luego empieza una recuperación vertiginosa. Hoy, mi papa´se encuentra, para la gloria de Jesucristo, lejos de todo dolor, en nuestra casa, hablando, empezando a recuperal el movimiento, como es normal, pero todo es recuperable con terapia, totalmente sano. A jesucristo toda lagloria. | Yo he tenido días felices, creo que ese ha sido el día más feliz de mi vida. Luego empieza una recuperación vertiginosa. Hoy, mi papa´se encuentra, para la gloria de Jesucristo, lejos de todo dolor, en nuestra casa, hablando, empezando a recuperal el movimiento, como es normal, pero todo es recuperable con terapia, totalmente sano. A jesucristo toda lagloria. | ||
| − | Mis queridos hermanos, esto, los médicos, la ciencia, tuvieron que doblar la cabeza y decirnos a noostros: "Lo que ha ocurrido aquí en medio de nosotros, es un auténtico milagro de Dios. "El Señor, -recordaba yo esa frase-, ha visitado a su pueblo" [[:Category: | + | Mis queridos hermanos, esto, los médicos, la ciencia, tuvieron que doblar la cabeza y decirnos a noostros: "Lo que ha ocurrido aquí en medio de nosotros, es un auténtico milagro de Dios. "El Señor, -recordaba yo esa frase-, ha visitado a su pueblo" [[:Category:Lucas 001_068|San Lucas 1,68]], el Señor ha escuchado las súplicas de su pueblo, el Señor ha vuelto a ver a su pueblo que clama. |
Porque aquella frase de que "un corazón contrito y humillado, el Señor no lo desprecia" [[:Category:Salmo 051_019|Salmo 51,19]], tuve la gracia particular de experimentarlo en mi vida. | Porque aquella frase de que "un corazón contrito y humillado, el Señor no lo desprecia" [[:Category:Salmo 051_019|Salmo 51,19]], tuve la gracia particular de experimentarlo en mi vida. | ||
Revisión del 18:31 20 dic 2009
Fecha: 20010105
Título:
Original en audio: 31 min. 8 seg.
En el evangelio según San Juan, dice Felipe a Natanael: "Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado, Jesús" Juan 1,45.
"Aquel de quien escribieron, lo hemos encontrado, Jesús" Juan 1,45. Yo creo que la experiencia de la visita de Dios es esa: "Lo que me habían dicho, lo pasó, es verdad".
Como le gustaba decir la Padre Emiliano Tardiff, que recibió una maravillosa sanación de Dios: "Jesús está vivo, ha obrado en mí, ¿cuándo? Hoy, en este momento; ha entrado en mi historia, se ha metido con mi vida".
Yo creo que esto es lo que produce esa sensación maravillosa que lleva a exclamar: "¡Este es el día que cambió mi vida!".
Hoy tenemos con nosotros un testimonio que ha sido motivo de júbilo para nuestra comunidad. Yo creo que fray Alfonso Celis, que está aquí con nosotros, puede repetir la frase de Felipe: "Aquel de quien escribieron, lo hemos encontrado, Jesús, hijo de José de Nazaret" Juan 1,45.
Y por eso yo alabo públicamente a Dios, por la obra realizada en la familia de fray Alfonso, alabo a Dios por la vocación de este hermano nuestro.
Y le pido al Señor que en este momento, con el don de su Espíritu, le regale a fray Alfonso las palabras para que él pueda contarnos qué es esto que sucedió, y que seguramente nos va ayudar para que nosotros digamos la frase de Felipe: "Aquel de quien escribieron, lo hemos encontrado" Juan 1,45.
Fray Alfonso, gracias por estar con nosotros en este momento. El Señor, como decimos siempre al bendecir al diácono antes del evangelio, esté en tu corazón y en tus labios para que anuncies esta noticia que ha significado tanto en tu vida.
Habla fray Alfonso:
"Padre Nelson, muchísimas gracias también por invitarme a compartir con todos ustedes esta experiencia de Dios, que no solamente, estoy seguro, enriquece a mi familia, sino enriquece a todos aquellos a quienes yo pueda contarles lo que ha sucedido.
Mi papá, un hombre de sesenta y cinco años de edad, podríamos decir que para nuestro tiempo es un hombre relativamente joven, tenía algunos problemas de tensión alta, algo que era rutinario y controlable para la medicina de hoy.
¿Quién, quizás, de los que me escuchan hoy, no han tenido la posibilidad de compartir con alguien que tenga problemas de tensión alta? Eso hasta cierto punto, en términos médicos, no es mayor problema, ofrece algunos riesgos que son relativamente controlables.
El día dieciocho de diciembre, mi papá, por cosas de la vida, olvidó tomarse su medicina para controlar la tensión alta.
Y ese día, en horas de la noche, subió su tensión de una manera impresionante, que en el lugar donde se encontraba, que es San Luis de Gaceno, al sur de Boyacá, frontera con Casanare, de donde noostros somos, no pudieron hacer nada los médicos por hacer que esta tensión bajara, mo tivo por el cual él empezó a agravar.
Estamos hablando de seis horas en carro de San Luis de Gaceno a Bogotá. Allí él recibió algunas atenciones, como es normal de un hospital de pueblo. En vista de que agravaba, mi madre tomó la decisón de traerlo para Bogotá.
Habían transcurrido tres horas en ambulancia de aquel hospital, cuando mi padre entró en coma, había sufrido un infarto cerebral.
Pues bien, esto quizás para los que no tenemos la experiencia de la medicina, no nos diga nada. Pero quisiera, así como hizo el neurólogo, el doctor Palomino de la Clínica Nueva, ubicada en el barrio Palermo de nuestras Hermananas Dominicas de Santa Catalina de Siena, quien quiso ilustrarnos a nosotros al respecto, hoy también yo quiero contarles en qué consiste el infarto cerebral, de una manera breve.
La trombosis es una enfermedad espantosa, es un coágulo que impide que la sangre irrigue el cerebro. Un infarto cerebral es, quizás, cien veces más grave que una trombosis.
Mi papá tenía un coágulo que le había afectado, lo que los médicos denominan, el árbol de la vida. Tenía solamente dos opciones: una, morir; la otra, quedar en estado vegetativo.
Yo me encontraba en una misión que mi comunidad me había encomendado en Casanare, allí me avisaron, vine a Bogotá de inmediato, porque me decían los mismos médicos que mi papá tenía los días contados.
Yo tenía que regresar a Bogotá de urgencia, mi superior Provincial para Colombia me envió de inmediato, hicimos todas las vueltas, arrivé a la ciudad de Bogotá.
Fue muy duro para mí encontrar a mi papá en cuidados intensivos, lleno de tubos por todo lado, y unas máquinas que, sin entender absolutamnete nada, el corazón del hombre no se equivoca, y sabía que la situación era deplorable.
Mi papá todos los días empeoraba. Desde ese momento empezamos nosotros a vivir nuestro propio calvario.
Siempre mantuve la idea en la cabeza de que había acompañado yo como religioso a muchísimas personas en situaciones similares, a muchas personas en funerarias, y había podido decirle y darle consejos a la gente, pero en ese instante el momento me había llegado a mí, y tenía que empezar a jalonar un proceso, que era el proceso de concientización de mi familia de que mi papá iba a morir.
En esos días, que para muchos de nosotros los consideramos importantes por las fiestas, se aproxima el veinticuatro de diciembre, y mucha gente, y yo mismo me incluía en ese grupo, no podía pensar en otra cosa que en los regalos, las felicitaciones, las visitas, las natillas, los buñuelos, las novenas, la algarabía, la pólvora, etcétera.
Había llegado en un momento en que muchos podrían decir: "Qué tiempo tan desafortunado para que este señor se enfermara, qué tiempo tan poco conveniente para que alguien se enferme de qué manera".
Todo el mundo viajaba, la familia nuestra intentaba como estar con nosotros, pero al mismo tiempo también, responder a sus compromisos sociales.
Y es ahí cuando el Señor empieza a hacer una obra grandiosa en el corazón de mi familia. Y nos empiezaa regalar ese don maravilloso de la fe.
Y hoy, más que decir quizá el milagro de la sanación de mi papá, antes de llegar a esa parte de desenlace feliz, quiero decirles que pude experimentar quizás por primera vez, yo, siendo religioso, y habiendo estudiado y habiendo predicado tantas veces, pude experimentar por primera vez que la fe era un don que Dios nos regalaba.
Y lo pude experimentar en carne propia. De lo contrario, nuestra humanidad flaquearía delante de semejante siniestro, por decirlo de alguna manera.
Mi papá entró en coma, duró ocho días en coma. Le dieron setenta y dos horas en un primer momento, para ver cómo reaccionaba, para ver si se declaraba muerte cerebral. Terminadas las setenta y dos hora, mi papá no reaccionó. Los médicos consideraron oportuno darle cuarenta y ocho hora más, para ver qué sucedía.
Ya se pueden imaginar ustedes que eneste caminar aparece la desesperanza, pero al mismo tiempo también, el Señor se manifieta de una manera grandiosa. Y empezó a regalar en mi familia fortaleza.
Recuerdo mucho el pasaje del Antiguo Testamento que me acompañó siempre, y era aquel anuncio que iba a hacer Jonás a Nínive. Recuerdo mucho, siempre lo tuve en mi cabeza, y se lo decía a los que de pronto estaban alrededor mío: "Hubo conversión en Nínive, y el Señor perdonó la culpa de ese pueblo" Jonás 3,1.
Entramos en lo que comúnmente escucahmos en la emisora Minuto de Dios, en una cadena de oración, y era hermoso escuchar a mis frailes dominicos de este convento de Santo Domingo diciéndome: "Estamos orando por su papá"; las hermanas Clarisas de Chiquinquirá diciendo: "Oramos por su papá; nuestros amigos diciendo: "Estamos orando por su papá".
El teléfono, siempre que sonó en mi casa, fue para escuchar esa frase: "Estamos con ustedes orando por su papá, por su recuperación". Pero más que la recuperación, mi familia era consciente que teníamos que aceptar la voluntad de Dios.
Se trataba de clamar al Señor y de pedir al Señor que hiciera su santa voluntad. Y en ese caminar descubro yo que el Señor a veces, hasta cierto punto cuando nosotros andamos dentro de una fe que es un tanto tibia, -mi familia siendo una familia católica, quizás habíamos entrdo en una etapa de frialdad en la fe-.
El Señor necesitaba que realmente Él fuera el centro de nuestras vidas; y ahí fue cuando tuvimos la experiencia de voltear verdaderamente los ojos a Dios.
Veinticuatro de diciembre, mi papá no responde, sigue en el mismo nivel, en el mismo estado, las máquinas como ya lo he dicho anteriormente, su ventilador que pueda respirar con la ayuda de esa máquina.
Veinticuatro de diciembre, nos regresamos un tanto como pensando que la muerte de mi papá estaba cerca, y yo casi como preparando mis cosas para poder manejar la situación.
Esa noche, rostro en tierrami familia, literalmente, rostro en tierra, suplicándole al Señor, al Señor de la vida que hiciera su voluntad; cada uno de los de mi familia que estábamos reunidos ahí, ofreció algo de sacrificio de su vida, no sé, ni tengo idea, cada quien qué le ofrecería al Señor.
Pero lo único que puedo decirles hoy es que el Señor de la vida y el Dios de la vida escuchó nuestra súplica, y no se hizo esperar en su respuesta.
Otro de los pasajes que me acompañaba: el anuncio de parte del Ángel Gabriel a María Santisima, donde le comunica también a María que su prima Isabel ha concebido un hijo. Y allí esa última frase con la que el Evangelista cierra: "Para Dios nada es imposible" San Lucas 1,37.
Luego tenemos la experiencia de regresar el veinticinco de diciembre a ver qué sucedía, mipapá seguía en las mismas condiciones y los médicos decían que empeoraba. Neurólogo y cardiólogo nos reunieron para decirnos: "Nosotros hemos hecho lo que humanamente se puede hacer; a este señor sólo lo salva un milagro de la Divina Providencia".
Regresamos a nuestra casa, y volvimos a orar y a suplicarle al Señor, y a recordarle al Señor que quizás si en algún momento le habíamos dejado de lado, era el momentopara regresar por su senda y por su camino.
Recuerdo mucho que me estaba preparando, y el Señor me regaló una fortaleza muy grande, para poderle hablar a mi familia. Y estaba preparado para que en el momento de que mi papáestuviera siendo enterrado, porque hubo momentos en que experimentamos que él se iba, pudiéramos toods decir: "Creo en Dios Padre Todopoderoso, creo en la resurrección de los muertos".
Mis queridos amigos, yo quisiera que ustedes me dijeran si esto no es un don, un regalo de Dios, a pesar de las contrariedades de la vida, poder seguir amándole y creyendo en Él.Si fuera por fuerzas humanas, lo más seguro es que damos la espalda y dejamos las cosas de lado.
Veintiséis de diciembre, cuando ya era el último plazo, teníamos que reunirnos en familia para tomar la determinación de desconectar todos sus aparatos.
Con todo lo que implica el dolor del alma, antes de salir, orándole al Señor, le dije: "Mi amado Jesús, si verdaderamente todavía hay afectos que no puedo superar, afectos humanos que me impiden hasta cierto punto amarte hasta el extremo, rómpelos, Jesús, y entra en el corazón de esta familia, y entra en mi corazón, para que este vacío que va a dejar mi papá, no sea únicamente un vacío sino que sea un espacio, para que tú, mi amado Jesús, entres y te quedes definitivamente con nosotros".
Hasta ese momento, lloré, y empecé a sentir la paz más grande del mundo, la única paz que puede dar el Dueño de la vida, Cristo. Y salí para la clínica lleno de valor y de vigor porque Cristo estaba conmigo.
Y tengo que decirles que cuando salió la junta de médicos, la respuesta fue: "Su papá empieza a reaccionar y no sabemos cómo ni por qué" . El Señor está haciendo la obra. Vamos, lo encontramos en su mismo lecho, estaba abriendo los ojos.
Yo he tenido días felices, creo que ese ha sido el día más feliz de mi vida. Luego empieza una recuperación vertiginosa. Hoy, mi papa´se encuentra, para la gloria de Jesucristo, lejos de todo dolor, en nuestra casa, hablando, empezando a recuperal el movimiento, como es normal, pero todo es recuperable con terapia, totalmente sano. A jesucristo toda lagloria.
Mis queridos hermanos, esto, los médicos, la ciencia, tuvieron que doblar la cabeza y decirnos a noostros: "Lo que ha ocurrido aquí en medio de nosotros, es un auténtico milagro de Dios. "El Señor, -recordaba yo esa frase-, ha visitado a su pueblo" San Lucas 1,68, el Señor ha escuchado las súplicas de su pueblo, el Señor ha vuelto a ver a su pueblo que clama.
Porque aquella frase de que "un corazón contrito y humillado, el Señor no lo desprecia" Salmo 51,19, tuve la gracia particular de experimentarlo en mi vida.
Y qué decir cuando mi papá llegó a la casa, todos llenos de alegría, poder leer en la Santa Biblia ese pasaje en el que se nos sanaba el siervo del centurión: "Señor, di sólo una palabra y mi siervo quedará sano" San Mateo 8,8.
Era ver hecha realidad las promesas del Señor, era ver que el Señor no solamente le devolvía la vida a mi papá, sino que el Señor transformaba vidas, el Señor hacía que mi familia de aquí en adelante no podía seguir siendo la misma, había transformado, había realmente nacido ese veinticuatro de diciembre en el corazón de cada uno de los que estábamos compartiendo ese día.
El Señor viene para quedarse, y el Señor quiere quedarse en medio de nosotros; tenemos que estar dispuestos. Lástima que a veces tengamos que abrir nuestro corazón en los momentos más dolorosos. Pero el Señor tiene su pedagogía, y el Señor sabe llegar al corazón y hablarle a cada quien por su nombre y decirle: "Definitivamente, eres para mí".
Pude ratificar mi vocación como religioso; pude experimentar a un Dios que me ama entrañablemente, y que, cada instante de mi vida, está conmigo, y que me sigue regalando ese don maravilloso de la fe.
Mis queridos hermanos, la invitación es para que verderamente pongamos en manos de Dios absolutamente todas nuestras angustias.
20:00