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| + | El Profeta Isaías es nuestro compañero, uno de nuestros compañeros y guías durante el Adviento. Y yo me siento feliz cada vez que llega este tiempo litúrgico, entre otras razones, por escuchar con mayor atención y con mayor espacio, estas lecturas que tienen tanto para darnos. | ||
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| + | ¿Cómo escoger algo entre todo lo que nos dice Isaías? Pues, yo me atrevería a enfatizar un par de puntos. Primero, aquello de cómo se siente una persona delante de Dios. Por lo pequeños que somos y por lo pecadores que somos, a veces nos sentimos como un gusano. | ||
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| + | Y Dios toma esa experiencia nuestra, Dios toma esa manera como a veces tú te has sentido, como un gusano, y entonces, da su cariño a ese gusano y lo llama "gusanito" (''véase'' Isaías 41,14). | ||
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| + | Es muy distinto decir: "Yo soy un gusano", a decir: "Yo soy el gusanito de Dios". Y en esa ternura está al mismo tiempo el hecho de que Dios nos conoce como somos, pero Dios nos ama como somos. | ||
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| + | Ahora que estábamos celebrando el sacramento de la reconciliación, tanto en mí mismo como en las personas que pude servir, yo sentía ese aire nuevo, esa realidad nueva, bendita, maravillosa, ese día de mañana que ya está empezando en tu existencia. | ||
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| + | Dios, no solamente te llama "su gusanito" (''véase'' Isaías 41,14), sino te llama "oruga" (''véase'' Isaías 41,14), porque te invita a esa plenitud de belleza, tal vez a esa mariposa hermosísima que tú puedes llegar a ser. | ||
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| + | Y si por un momento pareciste despreciable y como si fueras sólo un gusano, Dios hoy te dice: "Te espera esta realidad nueva, llena de color, llena de perfume, y tú llegarás a ser una señal para otras personas". | ||
Revisión del 03:59 22 nov 2009
Fecha: 20081211
Título: Acudir al Dios que no abandona, transforma y hace imposibles
Original en audio: 8 min. 27 seg.
Quiero compartir una reflexión sobre la primera lectura tomada del Profeta Isaías. Isaías era profeta y era poeta. Isaías era un hombre de profunda espiritualidad, que con palabras muy densas tomadas sin embargo de la vida ordinaria, dice realidades de incalculable profundidad.
Créanme que necesitaríamos mucho tiempo para siquiera examinar los principales tesoros que están en esa primera lectura de hoy. Ahí aparece Dios como Creador, Dios como Redentor. Ahí aparece la alegría del que es perdonado y la alegría del que evangeliza.
Ahí aparece también el Dios que supera los imposibles, y cómo a través de esa victoria divina llegamos a conocer lo que Él mismo es. O dicho de otra forma, el hacer maravilloso de Dios nos lleva a intuir su ser inescrutable. ¡Es muy denso! ¡Es muy bello!
El Profeta Isaías es nuestro compañero, uno de nuestros compañeros y guías durante el Adviento. Y yo me siento feliz cada vez que llega este tiempo litúrgico, entre otras razones, por escuchar con mayor atención y con mayor espacio, estas lecturas que tienen tanto para darnos.
¿Cómo escoger algo entre todo lo que nos dice Isaías? Pues, yo me atrevería a enfatizar un par de puntos. Primero, aquello de cómo se siente una persona delante de Dios. Por lo pequeños que somos y por lo pecadores que somos, a veces nos sentimos como un gusano.
Y Dios toma esa experiencia nuestra, Dios toma esa manera como a veces tú te has sentido, como un gusano, y entonces, da su cariño a ese gusano y lo llama "gusanito" (véase Isaías 41,14).
Es muy distinto decir: "Yo soy un gusano", a decir: "Yo soy el gusanito de Dios". Y en esa ternura está al mismo tiempo el hecho de que Dios nos conoce como somos, pero Dios nos ama como somos.
La próxima vez que pienses: "Mi vida es como la vida de un gusano", tal vez insignificante, quieres decir, tal vez sucia, tal vez pegada a la tierra, recuerda que Dios te llama, "su gusanito" (véase Isaías 41,14).
Pero, también te llama "oruga" (véase Isaías 41,14). Y hay una diferencia entre gusano y oruga. Porque, el gusano nace gusano y muere gusano, mientras que la oruga tiene la posibilidad de evolucionar. Hay una realidad nueva, y Dios ya está saludando esa realidad nueva.
Ahora que estábamos celebrando el sacramento de la reconciliación, tanto en mí mismo como en las personas que pude servir, yo sentía ese aire nuevo, esa realidad nueva, bendita, maravillosa, ese día de mañana que ya está empezando en tu existencia.
Dios, no solamente te llama "su gusanito" (véase Isaías 41,14), sino te llama "oruga" (véase Isaías 41,14), porque te invita a esa plenitud de belleza, tal vez a esa mariposa hermosísima que tú puedes llegar a ser.
Y si por un momento pareciste despreciable y como si fueras sólo un gusano, Dios hoy te dice: "Te espera esta realidad nueva, llena de color, llena de perfume, y tú llegarás a ser una señal para otras personas".