Diferencia entre revisiones de «Stom007a»

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Pero hay otro pasaje del Evangelio de Juan, que se refiere también a Tomás, y lo hemos recordado en las Antífonas de las Vísperas de hoy ( ''véase'' San Juan 14,4-7). Jesús dice a sus discípulos como su testamento, podríamos decir, ahí, en esa conversación después de la Última Cena.
 
Pero hay otro pasaje del Evangelio de Juan, que se refiere también a Tomás, y lo hemos recordado en las Antífonas de las Vísperas de hoy ( ''véase'' San Juan 14,4-7). Jesús dice a sus discípulos como su testamento, podríamos decir, ahí, en esa conversación después de la Última Cena.
  
Y entonces Tomás hace este comentario: "Bueno, y si no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?" (''véase'' San Juan 14,5). Y es cuando Jesús dice esa frase: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (''véase'' San Juan 14,6 ).
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Y entonces Tomás hace este comentario: "Bueno, y si no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?" (''véase'' San Juan 14,5). Y es cuando Jesús dice esa frase: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (''véase'' San Juan 14,6).
  
Como hoy estamos recordando a Tomás, el Apóstol, miremos, qué actitud hay ahí. "Si no sé a dónde vas, ¿cómo podré conocer el camino? ( ''véase'' San Juan 14,5). Tomás no es simplemente un incrédulo; Tomás no es simplemente, un escéptico; Tomás es un hombre que quiere estar seguro, y que quiere tener el control de la situación.
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Como hoy estamos recordando a Tomás, el Apóstol, miremos, qué actitud hay ahí. "Si no sé a dónde vas, ¿cómo podré conocer el camino? ( ''véase'' San Juan 14,5). Tomás no es simplemente un incrédulo; Tomás no es simplemente un escéptico; Tomás es un hombre que quiere estar seguro, y que quiere tener el control de la situación.
  
 
Él busca seguridad y busca control, dos cosas que, seguramente, nosotros seguimos buscando. Porque si reducimos a Santo Tomás a la expresión "incrédulo", es muy fácil decir: "Incrédulo era él, pero yo no soy incrédulo". Si reducimos a Tomás a la palabra "escéptico", podemos decir: "Mira, escéptico era él, yo no soy escéptico".
 
Él busca seguridad y busca control, dos cosas que, seguramente, nosotros seguimos buscando. Porque si reducimos a Santo Tomás a la expresión "incrédulo", es muy fácil decir: "Incrédulo era él, pero yo no soy incrédulo". Si reducimos a Tomás a la palabra "escéptico", podemos decir: "Mira, escéptico era él, yo no soy escéptico".
  
Pero si miramos en Tomás un hombre, que andaba buscando seguridad, y que quería tener el control de las cosas, entonces podemos reconocernos más fácilmente en él, y esto es salud para nosotros.
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Pero si miramos en Tomás un hombre, que andaba buscando seguridad y que quería tener el control de las cosas, entonces podemos reconocernos más fácilmente en él, y esto es salud para nosotros.
  
 
Fíjate lo que él dice: "Si no veo la señal, si no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado..." ( ''véase'' San Juan 20,25). Es el hombre que busca seguridad. Él no dice que sea imposible creer; lo que dice es: "Quiero asegurarme". Tomás, repito, no es, simplemente, un incrédulo, es alguien que quiere estar seguro.
 
Fíjate lo que él dice: "Si no veo la señal, si no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado..." ( ''véase'' San Juan 20,25). Es el hombre que busca seguridad. Él no dice que sea imposible creer; lo que dice es: "Quiero asegurarme". Tomás, repito, no es, simplemente, un incrédulo, es alguien que quiere estar seguro.
  
Y vemos también, en el pasaje de hoy (''véase'' San Juan 20, 24-29), releído a la luz del otro texto del "Camino, la Verdad y la Vida" ( ''véase'' San Juan 14, 4-7); vemos ahí también, que Tomás sigue siendo aquel que quiere tener el control de las cosas: ver por sí mismo, tocar con sus propias manos.
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Y vemos también, en el pasaje de hoy (''véase'' San Juan 20, 24-29), releído a la luz del otro texto del "Camino, la Verdad y la Vida" (''véase'' San Juan 14, 4-7); vemos ahí también, que Tomás sigue siendo aquel que quiere tener el control de las cosas: ver por sí mismo, tocar con sus propias manos.
  
 
Tomás quiere estar seguro, Tomás quiere controlar; asegurarse y controlar, esos dos verbos son sumamente propios de Tomás, y seguramente están también en nosotros.
 
Tomás quiere estar seguro, Tomás quiere controlar; asegurarse y controlar, esos dos verbos son sumamente propios de Tomás, y seguramente están también en nosotros.

Revisión del 14:31 25 jun 2007

Fecha: 20030703

Título: " Señor mio y Dios mio " expresa la entrega del control de la vida a Dios

Original en audio: 9 min. 59 seg.


La actitud del Apóstol Tomás se relaciona como con la palabra escéptico o incrédulo; sobre todo, porque el mismo Jesús le dice: "No seas incrédulo, sino creyente" (véase San Juan 20,27). De manera que Tomás, podemos estar tentados a resumirlo, a condensarlo, a describirlo con una sola palabra, el escéptico, el incrédulo.

Pero hay otro pasaje del Evangelio de Juan, que se refiere también a Tomás, y lo hemos recordado en las Antífonas de las Vísperas de hoy ( véase San Juan 14,4-7). Jesús dice a sus discípulos como su testamento, podríamos decir, ahí, en esa conversación después de la Última Cena.

Y entonces Tomás hace este comentario: "Bueno, y si no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?" (véase San Juan 14,5). Y es cuando Jesús dice esa frase: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (véase San Juan 14,6).

Como hoy estamos recordando a Tomás, el Apóstol, miremos, qué actitud hay ahí. "Si no sé a dónde vas, ¿cómo podré conocer el camino? ( véase San Juan 14,5). Tomás no es simplemente un incrédulo; Tomás no es simplemente un escéptico; Tomás es un hombre que quiere estar seguro, y que quiere tener el control de la situación.

Él busca seguridad y busca control, dos cosas que, seguramente, nosotros seguimos buscando. Porque si reducimos a Santo Tomás a la expresión "incrédulo", es muy fácil decir: "Incrédulo era él, pero yo no soy incrédulo". Si reducimos a Tomás a la palabra "escéptico", podemos decir: "Mira, escéptico era él, yo no soy escéptico".

Pero si miramos en Tomás un hombre, que andaba buscando seguridad y que quería tener el control de las cosas, entonces podemos reconocernos más fácilmente en él, y esto es salud para nosotros.

Fíjate lo que él dice: "Si no veo la señal, si no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado..." ( véase San Juan 20,25). Es el hombre que busca seguridad. Él no dice que sea imposible creer; lo que dice es: "Quiero asegurarme". Tomás, repito, no es, simplemente, un incrédulo, es alguien que quiere estar seguro.

Y vemos también, en el pasaje de hoy (véase San Juan 20, 24-29), releído a la luz del otro texto del "Camino, la Verdad y la Vida" (véase San Juan 14, 4-7); vemos ahí también, que Tomás sigue siendo aquel que quiere tener el control de las cosas: ver por sí mismo, tocar con sus propias manos.

Tomás quiere estar seguro, Tomás quiere controlar; asegurarse y controlar, esos dos verbos son sumamente propios de Tomás, y seguramente están también en nosotros.

Y lo que decíamos de mirar a Santo Tomás como un incrédulo, porque la idea que se tiene es esa, que él era un incrédulo; y entonces, tuvo Jesús que abrumarlo de pruebas, para que el otro quedara como desarmado, asustado, y dijera: "Bueno, bueno, sí creo, está bien, entonces creo".

La cosa no es así, tan sencilla. Es un hombre que quiere estar seguro, y es un hombre que quiere tener el control. La conversión de Santo Tomás no es entonces, únicamente, la conversión de "no creer" a "sí creer", como el que enciende un bombillo: estaba apagado, cambio el switch, encendido; "no creía, ahora creo".

Si Tomás era un hombre, como creemos, como pensamos, un hombre que quería tener el control, controlar su vida, organizar su vida desde su mundo de percepciones hasta su mundo de decisiones, si quería organizarlo por sí mismo, si ese era Tomás, pues mira lo que podemos aprender.

Cuando él dice: "Señor mío" (véase San Juan 20,28), ¿qué está diciendo? Está entregando el control de su vida: "El Señor es el que dispone de mí". "Señor mío", no es únicamente una expresión o una profesión de fe; "Señor mío", es el momento bendito en el que Tomás, por fin, deja de tener el control, porque él quería controlar todo. "A mí díganme a dónde tengo que ir, y yo llego; a mí díganme la meta; conociendo la meta, busco el camino".

¿No somos nosotros también eso, gente que cree que si nos dicen, cuáles son los resultados, nosotros resolveremos, cuáles son los recursos, los planes o las herramientas?

La expresión de Santo Tomás "Señor mío" (véase San Juan 20,28), no es solamente una expresión de fe. Podríamos decir, es, junto con una expresión de fe, una expresión de confianza. Él está entregando el control de su vida, él le está dando permiso a Jesucristo para que sea su Señor, para que tenga poder en él.

Tomás también buscaba asegurarse. Tomás buscaba la seguridad, y buscaba el control, dijimos. Cuando reconoce en Jesús Resucitado a Dios mismo presente, está reconociendo en Él la fuente de toda seguridad, está encontrando su piso, su cimiento, su certeza y su firmeza en Jesús.

Es decir, que Tomás no solamente admitió que Cristo había resucitado; eso sería simplemente creer. Tomás no se limitó a admitir que Jesús había resucitado, sino que le entregó a Jesucristo Resucitado el control de su vida, y descubrió en Cristo Resucitado la seguridad, la certeza, el piso que andaba buscando.

No es simplemente un incrédulo, que cuando se le ha acorralado, dice: "Está bien, está bien, entonces creo". ¡No! La conversión de Tomás, este momento que hemos visto en el evangelio (véase San Juan 20,24-29), es el instante en que él reconoce el poder de Dios en su vida, y reconoce en Dios, cimiento, fuerza, piso para apoyarse.

Tomás descubrió su seguridad en Dios, y entregó el control de su vida a Dios. Esto mismo nos hace falta a nosotros. ¿Quién controla nuestra vida? ¿Cómo controlamos nosotros lo que somos?

No es fácil entregarle el control de la vida a Dios. Seguramente necesitamos un encuentro con la vida que trae Jesús Resucitado; necesitamos un encuentro con el Resucitado, para poder entregar el control de nuestra vida a Dios. Todos nuestros sufrimientos, parece que tienen su fuente en eso: nos hace falta entregar el control de nuestra vida a Dios.

"Yo confío en lo que tú resuelvas de mí, Señor; Yo creo que tú no me vas a defraudar; yo me apoyo en tí; yo te doy autorización para que tú obres en mí según tu voluntad".

No es solamente admitir que existe Dios, no es solamente admitir que existe Cristo, o admitir que Cristo es Dios. Es admitir que Él es mi Señor, que tiene poder en mí, y que puede disponer de mí.