Diferencia entre revisiones de «Sjbm002a»
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''Hay que acogerse a la intercesión de Juan el Bautista, porque cuando está Juan, ya se sienten los pasos de Cristo. Yo pienso que la amistad con este Santo es supremamente saludable para el corazón humano, porque allí, donde está Juan, ya está cerca Cristo.'' | ''Hay que acogerse a la intercesión de Juan el Bautista, porque cuando está Juan, ya se sienten los pasos de Cristo. Yo pienso que la amistad con este Santo es supremamente saludable para el corazón humano, porque allí, donde está Juan, ya está cerca Cristo.'' | ||
| − | Es verdad que la palabra de Juan resulta antipática algunas veces, resulta dura algunas veces, pero su corazón es limpio, es cristalino | + | Es verdad que la palabra de Juan resulta antipática algunas veces, resulta dura algunas veces, pero su corazón es limpio, es cristalino y está enamorado de Dios. Y ese corazón limpio, ese corazón purificado por el fuego del Espíritu, cuando se pega al corazón de uno, pues también le da esa pureza, esa limpieza, ese deseo de Dios. |
''Quienes necesitamos apegarnos a Jesucristo, tenemos en Juan el Bautista, esa voz, esa vida que nos encamina, precisamente, hacia el Salvador. Juan es un regalo que Dios le hizo al pueblo de Israel, y que también nos hace a nosotros; un regalo, que hay que recibir con seriedad, y que hay que aprovechar con amor.'' | ''Quienes necesitamos apegarnos a Jesucristo, tenemos en Juan el Bautista, esa voz, esa vida que nos encamina, precisamente, hacia el Salvador. Juan es un regalo que Dios le hizo al pueblo de Israel, y que también nos hace a nosotros; un regalo, que hay que recibir con seriedad, y que hay que aprovechar con amor.'' | ||
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Herodes no aprovechó el regalo, Herodes sabía de la santidad de Juan el Bautista, pero no hacía caso. Y resulta que no basta con escuchar, hay que tener pruebas. Herodes sabía que esa era la verdad, pero no lo decía. | Herodes no aprovechó el regalo, Herodes sabía de la santidad de Juan el Bautista, pero no hacía caso. Y resulta que no basta con escuchar, hay que tener pruebas. Herodes sabía que esa era la verdad, pero no lo decía. | ||
| − | Y por eso, por no perder a Juan, y para que Juan no lo regañara más, lo encarceló. Mientras Juan Bautista estuvo en la cárcel, Herodes sentía, por una parte, que lo tenía ahí seguro, seguro para no perder esa voz que le decía la verdad | + | Y por eso, por no perder a Juan, y para que Juan no lo regañara más, lo encarceló. Mientras Juan Bautista estuvo en la cárcel, Herodes sentía, por una parte, que lo tenía ahí seguro, seguro para no perder esa voz que le decía la verdad; pero seguro para que esa voz no lo regañara: una situación inestable, una situación insegura. |
| − | Es lo mismo que algunas veces hacemos con Dios: queremos que esté lo suficientemente cerca, para que nos asegure a nosotros | + | Es lo mismo que algunas veces hacemos con Dios: queremos que esté lo suficientemente cerca, para que nos asegure a nosotros; pero lo suficientemente lejos, para que no nos cambie la vida. Dios no se aguanta esto. |
Y se presentó la ocasión en que Cristo anuncia, nos cuenta el evangelio, y Herodes, finalmente, inclinó la balanza, no hacia Dios, sino hacia el mal; aunque con ese mal, Juan el Bautista le estaba dando la gloria a Dios. | Y se presentó la ocasión en que Cristo anuncia, nos cuenta el evangelio, y Herodes, finalmente, inclinó la balanza, no hacia Dios, sino hacia el mal; aunque con ese mal, Juan el Bautista le estaba dando la gloria a Dios. | ||
Revisión actual del 13:24 27 ago 2009
Fecha: 19970829
Título: Juan el Bautista, la voz que nos encamina hacia Jesus
Original en audio: 3 min. 59 seg.
De Juan el Bautista hemos celebrado su nacimiento, que fue una anticipación y un anuncio del nacimiento de Jesucristo. Y hoy estamos celebrando la muerte, que fue también una anticipación y un anuncio de la muerte de Jesucristo.
Juan, con su nacimiento, con su bautismo, con su muerte, fue el precursor de Cristo, y esta fue la gracia singular que Dios le concedió.
Hay que acogerse a la intercesión de Juan el Bautista, porque cuando está Juan, ya se sienten los pasos de Cristo. Yo pienso que la amistad con este Santo es supremamente saludable para el corazón humano, porque allí, donde está Juan, ya está cerca Cristo.
Es verdad que la palabra de Juan resulta antipática algunas veces, resulta dura algunas veces, pero su corazón es limpio, es cristalino y está enamorado de Dios. Y ese corazón limpio, ese corazón purificado por el fuego del Espíritu, cuando se pega al corazón de uno, pues también le da esa pureza, esa limpieza, ese deseo de Dios.
Quienes necesitamos apegarnos a Jesucristo, tenemos en Juan el Bautista, esa voz, esa vida que nos encamina, precisamente, hacia el Salvador. Juan es un regalo que Dios le hizo al pueblo de Israel, y que también nos hace a nosotros; un regalo, que hay que recibir con seriedad, y que hay que aprovechar con amor.
Herodes no aprovechó el regalo, Herodes sabía de la santidad de Juan el Bautista, pero no hacía caso. Y resulta que no basta con escuchar, hay que tener pruebas. Herodes sabía que esa era la verdad, pero no lo decía.
Y por eso, por no perder a Juan, y para que Juan no lo regañara más, lo encarceló. Mientras Juan Bautista estuvo en la cárcel, Herodes sentía, por una parte, que lo tenía ahí seguro, seguro para no perder esa voz que le decía la verdad; pero seguro para que esa voz no lo regañara: una situación inestable, una situación insegura.
Es lo mismo que algunas veces hacemos con Dios: queremos que esté lo suficientemente cerca, para que nos asegure a nosotros; pero lo suficientemente lejos, para que no nos cambie la vida. Dios no se aguanta esto.
Y se presentó la ocasión en que Cristo anuncia, nos cuenta el evangelio, y Herodes, finalmente, inclinó la balanza, no hacia Dios, sino hacia el mal; aunque con ese mal, Juan el Bautista le estaba dando la gloria a Dios.
Saquemos entonces nosotros la enseñanza. Dios nos ofrece gracias de conversión. Esas gracias, esos dones, son como Juan el Bautista, regalos maravillosos que hay que recibir con seriedad.
Si los aprovechamos a tiempo, nuestra vida se llena de belleza y recibimos a Cristo. Si no los aprovechamos a tiempo, un día vamos a traicionar a Dios, y entonces resultaremos discípulos, no de Cristo, sino de Herodes.
Continuamente Dios nos ofrece su Palabra, nos ofrece su gracia.
"A ti te pedimos, Señor, que esos regalos no se pierdan en nosotros, sino que tengamos el corazón dispuesto, agradecido y obediente, a tantas cosas bellas que has hecho por nosotros."