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¿O será que precisamente en ese ambiente es donde más fácilmente se toma a Cristo como un implícito? ¿Se toma a Cristo como un tácito, el Evangelio tácito? ¿No será ese el ambiente, ese ambiente así grandioso, donde fácilmente Cristo se convierte en el cristo tácito? Se supone que estamos aquí porque creemos, pero queda ahí sobreentendido, es el Cristo sobreentendido, es el Cristo tácito.
 
¿O será que precisamente en ese ambiente es donde más fácilmente se toma a Cristo como un implícito? ¿Se toma a Cristo como un tácito, el Evangelio tácito? ¿No será ese el ambiente, ese ambiente así grandioso, donde fácilmente Cristo se convierte en el cristo tácito? Se supone que estamos aquí porque creemos, pero queda ahí sobreentendido, es el Cristo sobreentendido, es el Cristo tácito.
  
Muy probablemente eso ya no cabe en el esquema postmoderno.
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Muy probablemente eso ya no cabe en el esquema postmoderno. 64:33...
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Revisión del 14:38 16 ago 2009

Fecha: 20090204

Título:

Original en audio: 70 min. 22 seg.


Hace unos años, yo escuchaba con más frecuencia esta palabra, este adjetivo: "postmoderno". Se sigue oyendo, pero no sé si será solamente mi impresión, creo que tiene menos fuerza o menos difusión hoy.

Con esa palabra, "postmoderno", por supuesto, se quiere aludir a un hecho cultural e intelectual.

Y la razón por la que a nosotros nos interesa la postmodernidad es porque nos preguntamos sobre nuestro propio contexto de evangelización.

Estamos siguiendo una serie de reflexiones sobre la evangelización al estilo, o bajo la sombra, o a la manera de San Pablo, y entonces una pregunta que espontáneamente surge es: ¿la postmodernidad marca una diferencia real, decisiva, profunda entre lo que podía ofrecer Pablo y lo que debemos hacer nosotros?

Esa pregunta requiere que miremos un poco lo que se entiende por postmodernidad, por qué tuvo cierta popularidad esta palabra y por qué también está en declive.

Tal vez el pensador internacional más conocido que le hizo como un freno a este término, fue el filósofo alemán Habermas; él nunca creyó que hubiera una tal Postmodernidad, sino que él habla más bien de una "Modernidad Tardía".

Como también hubo una herejía, o hay, una herejía que se llama el "Modernismo", que fue condenada por San Pío X, entonces, necitamos un poco de contexto para saber de qué se trata con todo esto modernista, moderno y postmoderno.

Para hablar de la modernidad, pues hay que recordar, ante todo, que está vinculada a dos fenómenos en Occidente: uno, la Ilustración, por supuesto; y otro, la Revolución Industrial.

La Ilustración se presenta como el triunfo de la razón, y la Revolución Industrial se presenta como el triunfo de la aplicación de la razón.

Lo más importante, o tal vez lo más significativo de la Revolución industrial, es que los resultados se vuelven acumulativos, por decir algo, la difusión del ferrocarril, con la locomotora de vapor, no solamente es un progreso, sino es un progreso que produce otros progresos.

Sin el ferrocarril, pues no hubiera sido posible cambiar tan rápidamente los medios de producción agrícola e industrial en otras zonas. De manera que cada cosa va ayudándose, se van sumando o se van multiplicando los resultados.

y la filosofía general de la modernidad es precisamente esa: la modernidad es una manera de mirarse el hombre, sobre todo el hombre occidental; una manera de mirarse, según la cual, el avance, el progreso es la nueva ley de la sociedad.

La palabra fundamental en la modernidad es la palabra "progreso". Es una mirada fundamentalmente optimista hacia el futuro, según la cual contamos con una capacidad de razonamiento y contamos con una capcidad de lógica, que se van ayudando la una a la otra, para hacer la vida cada vez más segura, cada vez más placentera, cada vez más ilustrada, más llena de conocimiento.

Esta manera de mirar la sociedad contrasta drásticamente con el modo medieval. En la Edad Media, la vida se mira en una perspectiva diferente: es la religión, es Dios quien gobierna todo, y es la Iglesia la institución que le da cohesión, que le da inteligibilidad al mundo.

El hombre medieval, según especialistas como Le Goff, el hombre medieval mira su existencia como precaria, pobre, con pocas alegrías y a la espera del juicio, juicio particular, juicio universal.

Es una vida llena de incertidumbre, marcada por ciclos que se repiten, fundamentalmente los ciclos de la agricultura. El hombre medieval mira la vida como estable, dentro de su precariedad, pero a la vez, profundamente insegura.

No existen estos grandes recursos que para nosotros son obvios. Para nosotros llegar a un país y saber que hay una policía en ese país, que guarda por el orden, es lo natural. Pues eso no existía en los tiempos medievales. En aquella época, viajar era una en sí mismo una aventura y una aventura en la que podías perder la vida.

Entonces las personas permanecían más bien amarradas a su terruño, que no era terruño sino feudo, y por lo mismo, la cantidad de conocimiento a la que podían aspirar, y la cantidad de conocimiento que necesitaban, era mínima.

Arar, ya se sabe cómo arar; cosechar, ya se sabe cómo hacerlo; ¿cómo producir los alimentos? Ya sabemos cómo hacerlo; ¿cómo vivir, a quién servir, a quién defender? Ya lo sabemos.

Entonces es un mundo, hasta cierto punto, enclaustrado; es un mundo que ya tiene su lógica propia, pero es un mundo sumamente precario, porque está la amenaza de los bárbaros, está la amenaza de los ladrones, está la amenaza de la peste, está la amenaza de una naturaleza que es hostil de diversas maneras.

Por ejemplo, si hay dos o tres años de mala cosecha, pues a morirse generaciones enteras; si un rey vecino entró en pugna con este rey, y sus tropas entran a saco quemando y violando y robando, pues eso fue lo que sucedió.

Entonces es un contraste entre la estabilidad de unas prácticas, de una rutinas, y la inseguridad sobre un destino.

Cuando llega esta propuesta de la Ilustración, muchas cosas cambian. Por supuesto, entre ese modo feudal medieval y el modo de la Ilustración y la Modernidad, el principal cambio está en las ciudades.

Es la emergencia de las ciudades y, por supuesto, la emergencia también de los centros de estudio, lo que va a ir cambiando las cosas.

A medida que las ciudades, y no los castillos, se convierten en los centros de vida pública, las ideas empiezan a viajar un poco más rápido, empiezan a contrastarse, empiezan a discutirse.

El Abad, en su monasterio, era el vocero de Dios, era el oráculo de Dios; en cambio el profesor, en la Universidad, ya no es una voz única, ya tiene que entrar en contraste con otros; ya están los estudiantes, ya están las discusiones; el comercio también va creciendo cada vez más,

Y sin embargo, nada de esto marcaría una diferencia demasiado profunda, de no ser porque se empiezan a dar algunos avances tecnológicos; por supuesto, el primero y mayor de ellos, que viene a determinar a todos los otros, es la imprenta.

La imprenta saca a la gente de su mundo local; la imprenta se convierte en una voz que conecta con otras geografías y con otras etapas de la Historia. Entonces la imprenta es el gran despertador de la imaginación.

Luego, junto con la imprenta, entonces tenemos que avanza la Filosofía, y los profesores universitarios ya empiezan a mirar el conocimiento filosófico, lo que a veces se llamaba "artes liberales", ya no lo miran como una "Ancilla Teologie".

Ya se hace la Teología, ya se hace la Filosofía o el estudio de la naturaleza, ya se hace no únicamente en vistas a la proclamación de la gloria de Dios, sino porque en sí mismo también es interesanta, es importante.

Entonces encontarmos un personaje como Newton, que tiene como principal pasión la comprensión de la Palabra de Dios, este es un aspecto que no mucha gente sabe sobre Isaac Newton.

Newton, por supuesto fue un genio, es el que describe las tres leyes del movimiento, tiene una teoría sobre la luz, tiene una teoría sobre la transmisión del calor, tiene la Ley de la Gravitación Universal.

Es decir, Newton es un hombre, podríamos decir, colosal, desde el punto de vista intelectual; pero su gran pasión sigue siendo medieval, curiosamente.

Newton hizo toda su obra científica, o por lo menos lo mejor y mayor de su obra científica, hasta antes de los cuarenta años, o una cosa así, y la mayor parte fue antes de los treinta; y de los cuarenta años hasta los más de ochenta que vivió, se dedicó a la Biblia, se dedicó a buscar coincidencias en la Biblia, se dedicó a hacer numerología y a hacer exégesis, a su manera.

Pero no hacía exégesis científica, no hacía exégesis talmúdica, como hablábamos la otra vez de los rabinos, sino él estaba buscando las coincidencias numerológicas, las coincidencias como de tipo cabalístico, él se dedicó a hacer esoterismo con la Biblia.

Y la suma de todas las obras esotéricas de Newton es muchísimo mayor que las obras científicas de él; es decir, lo que Newton escribió en ciencia, pueden ser unos tres o cuatro volúmenes, en tamaño normal de imprenta actual, y lo que escribió en interpretación bíblica son tomos y tomos y tomos, que según la mayor parte de los estudiosos, son basura; ahí no hay nada que valga la pena.

Pero es interesante eso en Newton: un hombre que tiene la capacidad intelectual y la capacidad científica para enunciar algo como la Ley de Gravitación Universal, pero que al mismo tiempo sigue viviendo en el mundo de la interpretación de la Biblia, tratando finalmente de predecir cuándo iba a hacer colapso el Universo.

Es decir, la segunda venida de Cristo, es una de las varias obsesiones que tiene Isaac Newton. es un hombre que está un poco como puente.

Y algo parecido sucede con Galileo. Galileo tiene el talento inmenso de reconocer la primera expresión de la Ley de la Relatividad: el movimiento se mide con respecto al sistema de referencia en el que te encuentres, no importa si estás en reposo o en movimiento contínuo, en movimiento uniforme.

Galileo es un genio y Galileo es el primero que, en siglos y siglos, se atreve a contradecir a Aristóteles. Aristóteles decía que si tú tienes dos esferas, exactamente de la misma forma, una de madera y la otra de hierro, y las sueltas desde una altura, la de hierro tiene que caer más rápidamente porque es más atraída hacia la tierra.

En cambio, Galileo, hace un experimento mental y llega a la conclusión de que las dos esferas tiene que caer al tiempo; y es famoso que él realiza el experimento ése desde la torre inclinada de Pisa, tirando esas dos esferas. Y eso fue impresionante, porque es es la primera vez que un experimento contradice una teoría, es la primera vez que se utiliza el experimento.

Lo que viene a traer hombres como Galileo o como Newton, es el papel del experimento; aquí no basta con razonar y contemplar y ser un portento de inteligencia; aquí hay que ver si la cosa funciona.

Y entonces Galileo se pone a hacer la tarea de ver si la cosa funciona, y contradice a Aristóteles. Y lo mismo para estudiar el movimiento, para estudiar las leyes del movimiento, entonces utiliza planos inclinados, inventa relojes, inventa telescopios; ahí se empieza a cocinar algo nuevo, algo distinto.

y, sin embargo, Galileo también tiene mucho de medieval: Toda la discusión que llevó a que Galileo fuera apresado por orden del Papa, no fue únicamente porque Galileo dijera que la tierra era la que giraba y no el sol, ése no fue el problema principal.

Resulta que es que Galileo, así como decía eso, tenía una cantidad de interpretaciones bíblicas, y entonces como él sentía que tenía acceso a una verdad más firme y más inmediata, entonces él creía que él era el que tenía el criterio para interpretar la Biblia. Y Galileo escribió también una cantidad de comentarios bíblicos.

Entonces el Papa, cuyo nombre no recuerdo ahora, el Papa le dijo, es que eran amigos ellos dos. Toda esta leyenda negra que hay sobre que torturaron a Galileo, eso es basura. Esos dos eran amigos, Galileo y el Papa.

Y Galileo tenía una cantidad de amigos ahí en la Curia, y más de uno le dijo a Galileo: "Mira, tú dedícate a tu matemática, dedícate a tus cosas, y déjate de estar diciendo bobadas sobre la Biblia".

Porque Galileo creía que tenía la capacidad de interpretar. Es decir, estaba tan fascinado, lo mismo que Newton, estaba tan fascinado con el nuevo conocimiento que había logrado, que creía que podía aplicar ese nuevo conocimiento a todo, incluyendo la Palabra de Dios.

Gente como Galileo, Kepler, Newton, Leibniz y todos estos, pues echan a andar un nuevo sistema, entonces ahí es donde Bacon, el inglés, dice: "Necesitamos un nuevo instrumento de conocimiento". Instrumento en griego se dice órganon.

y Órganon es el nombre que dió Arsitóteles a sus libros llamados "Analíticos Anteriores y Posteriores", que son los de la "Lógica". Entonces, Francis Bacon dice: "No, un momento, ya necesitamos otro modo de conocimiento".

Es decir, Bacon lo que quiere es formalizar lo que gente, como Galileo o Newton, ya estaban haciendo: el recurso al experimento, el contacto mismo con la naturaleza.

En el mundo medieval no era necesario ese contacto inmediato, porque la palabra del Papa, la palabra de la tradicióne, la palbra de la Bblia, la palabra de la tradición ya lohabían resuelto todo.

Ya todas las respuestas las tenía la Iglesia, y las pocas que no tenía la Iglesia, pues estaban en los libros de Plinio el Viejo, en las obras naturalísticas de Plinio el Viejo, o estaban en Aristóteleses, y si necesitas un poco más de guía moral, aparte de lo que te diga San Pablo o San Gregorio Magno, pues ya tienes a Séneca, por ejemplo, los estoicos, entonces...

El mundo medieval, -en esto yo quiero ser un poco incisivo-, el mundo medieval era un mundo lleno de respuestas, y a eso es a lo que conduce la Iglesia cuando se considera una caja de respuestas. Entonces la gente sentía que ya no tenía que investigar nada.

Estos hombres, como Newton, como Galileo, el mismo Leibniz, Kepler, por supuesto, Tycho Brahe, que recopiló todas las cifras que le sirvieron a Copérnico y a Kepler para establecer sus leyes.

Kepler no hubiera podido poner sus leyes de movimiento de los planetas sin las cifras de Tycho Brahe, y Tycho Brahe duró años y años con un horario de búho; porque todas las noches, sin falta, no se acostaba para mirar en dónde esta Saturno, en dónde está júpiter, en dónde está no sé quién, en donde está no sí sé cuándo, y llevar unas tablas minuciosas, pliegos y pliegos y pliegos.

Y eso lo llevaba por devoción personal, porque él nunca pudo explicar eso completamente.

Pero luego Kepler tomó toda esa información y le sirvió para formular sus leyes del movimiento de los planetas, y Newton le dió una forumulación matemática a eso.

Toda esa serie de personajes, Tycho Brahe, Kepler, Newton, Copérnico, lo que estaban diciendo es dos cosas. Primero: "No tenemos todas las repuestas", y segundo: "Uno sí puede meterse con la Naturaleza; uno sí puede agarrar el mundo; uno sí puede estudiar el mundo. El mundo se puede llamar a juicio y se puede estudiar; la Naturaleza, las cosas".

Entonces Bacon propone su "Nuovo Órganum", que es el nuevo sistema de pensamiento y que básicamente enuncia esta ley de la hipótesis, la experimentación y la elaboración de teorías cintíficas; luego ya otros seguirán elaborando más y más eso, hasta lo que hoy conocemos como ciencia moderna.

Dentro de ese conjunto de cosas, algunos de los nobles en Francia, fastidiados por el poder de la Iglesia, fastidiados por la omnipresencia de la Iglesia, quieren deshacerse de la Iglesia. Esto tenemos que tenerlo claro: la Ilustración nace, no tanto como una afirmación de la razón, que lo es, como una guerra contra el clero, eso es lo básico ahí.

La mayor parte de ellos, unos cuantos no, pero la mayor parte de ellos creían de alguna forma en Dios, eran teístas o deístas, pero ellos, en principio, no tenían una guerra contra la fe ni una guerra contra Dios; su guerra, su fastidio, su asco era la Iglesia; estaban fastidiados de una Iglesia que estaba presente en todo, que tenía poder en todo.

Y en todo es desde los latifundios inmensos, la exención de impuestos, la presencia en la parte legislativa, las limitaciones en el conocimiento, es decir, en todo de todo.

Entonces este movimiento de la Ilustración, pues lo que quiere es sacudirse todo eso y afirmar la diosa razón. Claro que en nombre de la diosa razón se cometieron los actos más irracionales, los actos bárbaros que siguieron inmediatamente a la revolución.

Porque la decapitación del rey y de la reina fue únicamente el comienzo, pero sabemos que inmediatamente entra en función lo que se llama el directorio, este directorio de la revolución Francesa, y es a matar a destajo, de manera que los que hoy eran verdugos, en dos años eran ejecutados, y luego otros; es decir, fue una carnicería lo más irracional del mundo a nombre de la razón.

Esos serían como las grandes pinceladas, aquí por recordar datos básicos, las grandes pinceladas que conducen a esa razón arrogante, esa razón que está convencidade sí misma, esa razón que dice: "Yo no voy a admitir más palabras únicamente en gracia de autoridad; yo tengo el derecho de experimentar por mí mismo; yo quiero llegar a la mayoría de edad".

Será Immanuel Kant el que dé, por decirlo así, el grito de emancipación. A penas pasado el año de 1801 o algo así, Kant sacó su obra "¿Qué es la Ilustración?", y las tres primeras frases lo dicen claramente: "La Ilustración es la llegada a la mayoría de edad", y ser mayor de edad significa que yo no necesito nadie que me guíe; gracias, pero yo sé pensar por mí mismo; gracias, pero dejadme que yo averigüe lo que es bueno para mí, y dejadme que yo decida lo que yo quiero".

Entonces, es el despuntar, con Kant en Alemania y con d´Alambert y Diderot, los enciclopedistas estos en Francia, es el despuntar de la razón, que se considera autosuficiente. La filosofía clave en esto es la autonomía de la razón.

Y con ese tema, podríamos decir, con ese entusiasmo se aborda la obra monumental llamada la "Enciclopedia".

Nosotros habíamos dicho que el modo de pensar aristotélico es como una cuadrícula que quiere cubrir el mundo; pero Aristóteles no tenía un diccionario para hacer eso; los enciclopedistas dicen: "Bueno, pero es que se puede poner esto en un diccionario", y eso es exactamente lo que hacen.

La enciclopedia es un diccionario donde se van poniendo los principales artículos que dan cuenta de los avances de la razón.

Podemos decir que la enciclopedia, como la concibieron Diderot y d´Alambert, la enciclopedia es el registro de las victorias de la razón. y en ese sentido se parece a lo que los antiguos generales, en todas las culturas, un Alejandro Magno o un Julio César, lo que los antiguos generales llamaban sus "Anales"; es decir: "Aquí va el registro de lo que año por año voy conquistando, lo que yo voy logrando".

Entonces la enciclopedia no pretende ser un libro acabado, sino pretende ser un registro de las victorias de la razón. Y desde el momento en el que se publica la enciclopedia, podemos decir que ya desde ese momento, la filosofía que prima o el espíritu que prima es: progreso, avance imparable.

"Ahora que hemos desatado, ahora que hemos liberado a la razón de las garras de la superstición y de las garras del clero, ahora sí se puede avanzar, ahora sí se puede conocer el mundo, ahora sí se puede encontrar la verdad de las cosas, ahora sí se puede llegar a una verdadera tecnología".

Ese entusiasmo, pues, encontró su principal aliado luego, en la máquina de vapor. Cuando ya se logra producir esa máquina que se mueve, ese es el triunfo de la tecnología, la matemática, el conocimiento, la termodinámica.

Es decir, no es sólo que el conocimiento me emancipa de la tiranía de las sotanas o de las casullas; es que el conocimiento me permite gobernar el mundo, y los inventos van sucediendo uno tras otro. De manera que en el siglo XIX se presenta todo eso que llammos la "Revolución Industrial".

Lo que la gente no veía en ese momento, cuando empieza la Revolución Industrial, es de qué modo se está despedazando al ser humano y de qué modo se está despedazando a la naturaleza; esas dos cosas no se ven ahí.

En esto suele suceder como en otras cosas: cuando hay un logro, nos entusiasmamos tanto con los bienes que trae ese logro, que se nos olvida que eso puede tener daños colaterales, a veces daños que van unidos al mismo progreso.

Por ejemplo, cuando yo era niño, era supremamente popular la energía nuclear, después cayó un poco en desgracia, y ahora parece que como que levanta otra vez. Pero cuando yo era niño, la energía nuclear se miraba como la salvación de todo, porque en Estados Unidos se decía: "Va a ser tan barata la electricidad, que ya no habrá que hacer medidores".

O sea, "no importará lo que tú gastes; es tan barato tener electricidad en tu casa, que nadie se ocupará de medirlo. Simplemente se pagará un impuesto general para sostener los reactores nucleares y ya estuvo".

Pero claro, en ese momento no había sucedido Chernobyl, en ese momento no teníamos la conciencia ecológica que tenemos hoy.

Entonces la revolución industrial desconoce dos cosas: desconoce qué le está sucediendo al se humano, a medida que se llena de ese poder tecnológico, y a medida que es también explotado por esa tecnología; qué le pasa al ser humano, esa pregunta nadie se la hizo.

Los primeros que se la hicieron fueron los que protestaban en Inglaterra, cuando familias enteras tenían que trabajar diez horas, luego doce horas, luego catorce horas.

Ese mudo de penumbras, ese mundo de amargura, ese mundo de dolor interminable que describe Charles Dickens en sus obras, ése es el mundo de ése siglo XIX, que es la gran paradoja: por una parte, la alegria de: "Estamos dominando la naturaleza"; pero por otra parte, una tragedia humana que implicaba la muerte de gente ahí en el trabajo.

No existía seguridad social, no existían vacaciones; el día que no vas a trabajar, con suerte, no te botan del trabajo; pero es posible que eso te suceda. Y en todo caso, si llegas a un acuero para no trabajar quince días, son quince días en que dejas de ganar dinero.

No existían vacaciones remuneradas, no existe un sistemade pensión, no existe un sistema de seguridad social, no existe otra voz que la voz del capitalista, el cual, desde su trono, el trono que le quitó al clero, desde su trono, le puede decir a todos sus trabajadores que también ellos son máquinas.

Entonces suceden todo tipo de cosas absurdas. En Inglaterra se registran una serie de lugares, he oído por lo menos de dos o tres, donde iban a llevar, por ejemplo, uno de estos telares mecánicos, uno de estos aparatos que hacen telas mecánicamente, y cuando llegaban los cargamentos, o sea, las piezas de las máquinas, la gente incendiaba eso.

Es decir, el pueblo veía como una amenaza la Revolución Industrial, porque significaba, o desempleo o jornadas brutales de trabajo. Pero esto nadie lo registraba, bueno,nadie aparte de Marx y Engels, que estaban muy interesados en decir: "Esto tiene que explotar, esto tiene que llevar a una revolución".

Entonces ahí es donde Marx, metido en la Biblioteca Nacional de Londres, se pone a escribir su obra "El Capital", y ahí hace su más famosa y terriblemente fallida predicción: "El primer país comunista será Inglaterra", dice Marx. No acertó ni poquito.

Marx, entre otras cosas, tenía un desprecio infinito por Rusia: miraba a Rusia como una cultura atrapada entre la borrachera y el primitivismo; no veía en Rusia nada bueno que pudiera salir y fue allí donde, en cambio, sí triunfaron sus ideas. O sea, la historia tiene sus maneras de burlarse de todo el mundo.

En todo caso, Marx en Inglaterra y Engels en Alemania y en Francia, porque ahí vivía entre París y la otra ciudad, Götinga, creo que era, pues ahí estaban ellos carteándose, y ahí estaban contando, y entonces hacen su Manifiesto Comunista, precisamente para salvar al hombre del hombre mismo, para salvar al hombre de la codicia del hombre.

Y para ellos la solución es el mundo comunista, el paraíso comunista que habría de llegar a través de la lucha de clases y, bueno, toda la propuesta que hacen.

¿Qué rostro tiene la MOdernidad cuando empezamos el siglo veinte? Cuando empezamos el siglo veinte ya se han logrado varias cosas: ya han aparecido los primeros sindicatos, las famosas "Unions" de trabajadores allá en Inglaterra, eso no lo había previsto Marx, esa pieza se le escapó.

Él no sabía que podía darse el caso de sindicatos y que los sindicatos podrían adquirir tanto poder, y que a través de ese poder, pues se lograría que las horas de trabajo se limitaran y que hubiera vacaciones y las demás cosas. Eso no lo había previsto Marx.

A finales del siglo diecinueve, esa parte de triturar al ser humano como un engranaje más de la economía, esa parte digamos que empezaba a controlarse en el mundo occidental capitalista, enpezaba a controlarse por vía de los sindicatos, particularmente, como digo, en Inglaterra, con las primeras "Unions".

Y precisamente ahí es donde surge el Partido Laborista, que debía ser la Izquierda, hoy no se sabe qué es eso; hoy ellos no tienen ni idea qué es, este Gordon Brown que está ahí, no tiene ni idea de qué es lo que está haciendo; y Tony Blair, dicen los que saben, yo de eso no sé, que mucho más de la mitad de sus decisiones son más conservadoras que lo que hubiera hecho cualquier conservador.

O sea, hoy, los partidos políticos no significan prácticamente nada; pero para conservar sana esta charla no vamos a mencionar a Zapatero.

En todo caso, estaban estos sindicatos, y habían logrado, hasta cierto punto, contener el daño humano de la Revolución Industrial. El daño en la naturaleza no se había detectado todavía.

Es decir, la Modernidad mira la naturaleza como una cantera, una cantera inagotable: "Vamos a sacar petróleo, y siempre habrá petróleo; vamos a sacar cobre, y siempre habrá cobre; y vamos a ensuciar, y siempre habrá otro lugar para hacer un basurero".

La Modernidad peca de ingenuidad al mirar hacia la naturaleza; mira a la naturaleza como una fuente inagotable de bienes, y como una fuente infinita en su resistencia a los males que le hagamos. "Podemos envenenar los ríos, podemos envenenar los mares, podemos envenenar la atmósfera, que la naturaleza se sana, se limpia ella sola, y simpre tendrá para nosotros nuevas riquezas".

Hoy sabemos que eso no es así; hoy nos hemos dado cuenta que sí podemos, lamentablemente, arruinar el planeta.

Esa precisamente es una de las vertientes que llevará al final de ese pensamiento llamado modernista. El modernismo en tecnología, el modernismo en ciencia o, mejor, la Modernidad en ciencia, pues lo que quiere decir es ese optimismo de la razón: "Todo lo podemos resolver con la razón".

Obviamente, la Iglesia participa de la suerte de la sociedad en la que se encuentra. Entonces, pues en la Iglesia también se entra esa mentalidad. El cura ese francés, Loisy, el famoso modernista, que entonces dice: "La Iglesia no se puede quedar atrás; la iglesia tiene que aprender a investigar su mensaje y a investigar la Biblia de un modo acorde con los tiempos".

Y entonces viene una interpretación científica de la Biblia, una interpretación modernista, una interpretación que sea apropiada.

Que Jesús multiplicó panes, ¡qué multiplicaciones!¡Eso no pudo haber sucedido! ¿Por qué no pudo haber sucedido? Porque nosotros no podemos comprenderlo. Es decir, en la mentalidad modernista se cumple lo de Protágoras: "El hombre es la medida de todas las cosas".

Entonces, para el ser metido en la mentalidad modernista, sólo exite lo que yo pueda comprender; sólo tiene derecho a suceder, lo que yo tenga capacidad de explicar. Si yo no puedo explicar un milagro, no existen los milagros, porque yo no lo puedo explicar; o si alguien lo puede explicar, que lo explique; pero si nadie lo puede explicar, entonces no hay nada por encima de la razón humana.

Ya mucho antes de Loisy, un protestante, el famoso Renan, había escrito una vida de Jesús, que es de las más famosas. Renan es tal vez el primero en Occidente que escribe, y así se llama: "Vida de Jesús", que escribe una vida de Jesús digerible. Pero digerible quiere decir "donde no tengas que creer nada", "una vida de Jesús que sea razonable".

O sea, una vida de Jesús para gente educada en la Ilustración y educada en el ejercicio de la razón.

Entonces es una vida de Jesús que no tiene milagros, que no tiene nacimiento virginal: "Hombre, nacimiento virginal, esos son mitos; que multiplicó panes, que curó ciegos, que caminó sobre las aguas, todos esos son mitos, esos son modos de hablar precientíficos, anteriores a esa gran exploción de luz, de la cual nosotros nos beneficiamos".

En el fondo, Renan y Loisy, ambos dependían de una mentalidad que es la del famoso Augusto Comte, que es el gran predicador del positivismo y del cientificismo.

Comte decía que el mundo ha tenido tres etapas: una etapa mítica, mitológica, religiosa; luego viene una etapa filosófica, que todavía tiene metafísica y cosas de esas invisibles; pero ya después, ahora sí vamos a terreno sólido, ahora sí llegamos a la ciencia.

Entonces, para Comte, especialmente Comte, en la ciencia; y Renan, en la teología, son los adalides de ese modo de ver la fe como algo que tiene que ser comprensible y que debe mutilarse o debe purificarse de todo aquello que no sea comprensible.

Entonces Loisy estaba en ese estilo, Loisy quería que todo el Antiguo Testamento fuera explicado de esta manera y que toda la vida de Jesús fuera explicada de esa manera, y entonces ahí es donde interviene Pío X y le dice: "No, señor, eso no puede ser así; usted lo que quiere es que la Biblia sea del tamaño suyo, y resulta que la cosa es al revés".

Mientras que San Agustín, cuando se convirtió, dice que escuchó una voz que le decía: "Tolle, lege", "toma y lee", y lo que le dió para leer era un libro, que era la Biblia, pero San Agustín no podía alcanzarlo, y esa vocesita le dijo: "Soy alimento para mayores; crece y me comerás".

Entonces aquí está San Agustín Chiquito, a pesar de ser un adulto, allá está la Palabra de Dios grande, y Dios le dice: "Crece y me comerás"; Loisy es lo contrario de Agustín, si la Palabra está allá y nosotros acá, no es que nosotros tengamos que subir a la comprensión de la Palabra, sino que la Palabra tiene que bajar al nivel de nosotros. Esa es la propuesta de la herejía modernista.

Pero no nos detengamos en el modernismo, y sigamos nuestro recorrido para llegar al postmodernismo, que es lo que nos interesa ahora.

Entonces, ¿qué pasa? Pues pasa que está todo ese optimismo, ese optimismo que queda plasmado en lo que se llamó "la Época Bella", "La Belle Époque". La Belle Époque es precisamente los primeros años del siglo XX.

Y realmente era una época bella. Era una época bella porque, prácticamente en esa breve década, más o menos un poco más de diez años, tal vez hasta veinte años se podría decir, por dar cifras: entre 1895 y 1914, más o menos en esas cifras, en esos años, la humanidad europea, particularmnete e Francia pero también en Inglaterra y en otros lugares, pues estaban disfrutando de los bienes de la revolución tecnológica, de la revolución industrial, pero ya sin los males de las injusticias conta la gente.

Es decir, tenían como lo mejor de los dos mundos. era como una especie de fantasía colectiva l, la gente sentía que había alcanzado el desarrollo: Es muy gracioso que en 1902, 1903, el decir que había en las universidades alemanas con respecto a la física, y eso lo cuenta con mucha gracia Max Planck, el de la teoría cuántica.

Él decía que sus profesores, más o menos enseñaban a los alumnos, pues, "apresurados a aprender esto, porque ya después de esto, ya no va a haber nada más que aprender".

Es decir, ya ellos sentían que la humanidad estaba llegando a completa la cuadrícula de Aristóteles: "Hemos avanzado tanto, ya tenemos las ecuaciones de Max, que unen electricidad y magnetismo; ya tenemos las ecuaciones de Newton y de Laplace, que explican el movimiento de los cuerpos celestes; ya tenemos al mismo Newton para explicar el movimiento sobre esta tierra; ya tenemos las leyes de Carnot sobre termodinámica y todas estas cosas, ya, se acabó; lo que se podía aprender se acabó, ya aprendimos; ya acabamos de leer el libro de la naturaleza".

A uno le parece demencial eso, uno no puede concebir que la gente en esa época estuviera pensando así, pero es como si todos estuvieran narcotizados; ellos sentían que ya tenían el progreso, que ya lo habían logrado, que el mundo sólo podía mejorar, que cada vez podía estar mejor y mejor y mejor, y que el tereno del conocimiento ya prácticamente se había agotado.

Como quien dice: "Hemos peleado contra la naturaleza, y la hemos vencido, la hemos sometido. Lo que decía el Génesis, y que nunca pudieron los curas esos desgraciados, eso lo hemos podido nosotros". Allá decía: "Someted la creación" Category:Génesis ; nunca la religión sirvió para eso, he aquí que nosotros sí hemos podido; ahora la naturaleza está bajo nuestro dominio".

De ese sueño, de esa modorra, o de esa borrachera de suficiencia, tuvo que despertar violentísimamente Europa con los primeros cañonazos de la Primera Guerra Mundial. Pero el efecto más grande no fue el de esa guerra sino, obviamente, elde la siguiente, el de la Segunda Guerra Mundial.

A ver, ¿qué fue lo que se desarmó en la Primera Guerra Mundial? Lo que se desarmó fueron las casas reales. Porque en la Belle Époque, subsistían, coexistían pacíficamente dos enemigos jurados: el estilo monárquico y el estilo republicano, o el estilo de las naciones.

Sabemos que el surgimento de las naciones llevaba dos siglos largos, pero las casas reales seguían gobernando en Austria, y en España, y en Italia, por supuesto; y en Ingalterra y en Prusia y en todas partes gobernaban las casas reales.

Entonces, en esa organización, esa red les cerraba el paso a los que querían obtener el poder completo. Porque el grave problema que tiene la monarquía es que es impermeable: "Si ya yo no soy pariente del rey, pues yo ya no tengo ninguna esperanza de entrar allá".

Entonces, los que querían acceder al poder ejecutivo pleno, estaban privados de ello; esto se acabó con la Primera Guerra Mundial, ahí terminó eso. Pero la gente de la Belle Époque no era consciente del piso en el que estaban parados.

Eso nos pasa siempre, creo yo. ¿Quién de nosotros tiene conciencie todos los supuestos sobre los que se apoya? Eso es muy difícil. Uno subsiste en el terreno de lo que es obvio y natural y no se hace problema de eso, no se hace pregunta de eso.

Como lo que hemos dicho de la policía: si yo tuviera el mal momento, que ojalá Dios me lo ahorre, pero si yo tuviera el mal momento de algo que me sucediera aquí, en cualquier lugar en en Taiwan, ¿yo a dónde voy, si yo soy un extranjero y yo ni siquiera hablo nada? ¿A dónde voy? A la policía; para mí eso es lo natural, eso es lo espontáneo.

Pero durante siglos y siglos y siglos y siglos y siglos, eso no existió; el único lugar medio parecido que tenía la gente para buscar un refugio era, o una posada o un monasterio, y por eso los monasterios tenían amplias hospederías, porque llegaba toda clase de gente pidiendo cobijo, pidiendo protección.

Entonces, en la Primera Guerra Mundial se caba esa red, esa serie de alianzas entre casas reales, hace colapso, y cae. Y luego en la segunda guerra mundial queda clara otra cosa: que no sólo han caído las casas reales, sino que no hay nada que sostenga unidas a las nacientes naciones.

Porque es que las monarquías estaban unidas ¿por qué? Estaban unidas por matrimonios, estaban unidas por pactos mutuos. Entonces así, por ejemplo, que la reina de Castilla se casó con el rey de Aragón, y ya resuelta una lucha, cosa que es muy bíblica, en la Biblia todo se resuelve con matrimonios.

Por eso Salomón tenía trescientas esposas y setecientas concubinas, o lo que sea; no es porque el hombre tuviera demasiado interés sexual; no, es interés político. Muchos de esos matrimonios jamás se consumaban, y muchas de esas esposas quizá ni las habría visto el mismo Salomón.

Lo que pasa es que en la Biblia, para sellar un pacto, se hacía un matrimonio, ¿por qué? "Porque una vez que estamos casados nosotros, hay por lo menos la posibilidad de que nuestra sangre se una, entonces tú no vas a matar a mis hijos, porque serían también hijos tuyos".

Pues ese método, que puede parecer primitivo, era el que seguía imperando en la práctica en la Europa del siglo XVII, XVIII, XIX; las casas reales seguían funcionando así: que la duquesa de no sé qué se casó con el conde de sí sé cuándo, y a pesar de todo eso, lucha va y lucha viene.

Y siguen peleando, y que el Imperio Austrohúngaro con el no sé cúanto, y que el otro peleando en la Guerra de las Rosas y la Guerra de los Treinta Años, y cualquier cosa era buena para pelear.

Entonces, las dos guerras mundiales desarmaron muchas cosas, muchas, y de las muchas cosas, yo creo que vale la pena enumerar por lo menos tres.

Lo primero que quedó claro cuando termino la Segunda Guerra Mundial es: "No tenemos un mecanismo para conservar la paz entre las naciones. Eso no lo tenemos, no tenemos eso". Ya el presidente Monroe, el norteaméricano, había propuesto, después de la Primera Guerra Mundial, algo que él llamaba una "Liga de Naciones", pero eso no tenía pies ni cabeza.

Y, sobre todo, era una imposición, -quién sabe si en esta época ya se lo aguantarían los europeos, pero yo creo que ni en esta época se lo aguantarían-, eso de que otro país te venga a decir cómo tenemos que unirnos nosotros, eso es muy difícil que prospere.

Entonces, lo primero que quedó claro es: "No está garantizada la unión entre las naciones"; "no unión naciones", eso es lo primero que quedó claro. La respuesta a esto fue lo de la ONU y, bueno, el nacimiento del estado de Israel, pero eso fue más como reparación por todo lo del holocausto. "No tenemos manera de unir a las naciones".

Lo segundo que quedó claro con la Segunda Guerra Mundial, y esto es lo más serio tal vez. Esa idea acariciada por siglos, la idea de un progreso incesante, esa idea modernista: "Estamos bien y vamos para mejor; pero aguárdate, que todavía después será todavía mejor", la idea del progreso indefinido cayó por tierra: "No progreso indefinido, eso no existe".

"El hombre es lobo para el hombre", había dicho el otro, lo había dicho mucho antes, pero aquí como que se vio más claramente.

Cuando empiezan a destaparse todos los horrores del Nazismo, y cuando la bomba atómica, y el exterminio, el uso recursivo de la tortura. Ya en la Primera Guerra Mundial se utilizaron armas químicas; el gas mostaza, que después ha sido prohibido, se utilizó por primera vez en la Primera Guerra Mundia´.

Entonces podemos imaginarnos, de los salones elegantes de la Belle Époque, a los rostros desfigurados y agonizantes de los del gas mostaza, el salto es demasiado fuerte, es un despertar demasiado abrupto. Entonces cayó la idea del progreso indefinido.

Y lo tercero que también sucedió con la Segunda Guerra Mundial, -es que acuérdate que que en los tiempos de Planck o de Thomson, el que descubrió el electrón, se pensaba que ya la ciencia estaba casi, casi, faltan dos o tres detalles por arreglar, y ya acabamos la cuadrícula-; eso quedó claro que no era así. Es decir, falta mucho por conocer. "Es decir, la naturaleza misma no es un libro tan abierto como nosotros creíamos."

Después de la segunda Guerra Mundial las cosas no mejoraron. Mao, aquí en China, pues ya tiene sus victorias; luego tenemos a Stalin, con sus métodos de tortura; luego la guerra Fría, y la Guerra de Corea, y la guerra de Vietnam, y todo ha sido guerras, una detrás de otra, mostrando, sobre todo, que no existe unión, que no existe progreso indefinido y que necesitamos cada vez mejor tecnología.

Entonces, el ideal de la Modernidad cae por tierra. Eso de que "estamos llenos de luz, y basta con mostrar la luz, y basta con que la gente salga de la superstición religiosa, y ya va a ser mejor", ese cuento ya no se lo cree nadie. Eso de que "basta la luz de la razón, y eso mejorará automáticamente a la humanidad", eso cae por tierra.

La descripción que algunos hacen, cuando hablan de esto, es: "La caída de los grandes relatos". Entonces ahí viene una primera característica de la postmodernidad: la postmodernidad es la exaltación del relato pequeño, el pequeño relato.

¿Qué es un gran relato? Un gran relato, según expresión de Vattimo y de otros, un gran relato es un discurso que pretende abarcar amplios aspectos de la realidad, o probablemente toda la realidad. Lo que podríamos llamar una "weltanschauung", una cosmovisión, es una comprensión del mundo.

Lo que murió aquí: "si no tenemos manera de unificar a las naciones, si no hay un progreso indefinido y si el mundo está lleno de sombras, que no sabemos si podremos alcanzar, entonces, déjate de pretensiones: "Que la razón", no, tu razón no alcanza todo esto; tu razón no alcanza a hacernos razonables".

La caída de los grandes relatos significa que también las grandes instituciones que viven de esos grandes relatos, han perdido credibilidad. Eso es más o menos lo que encontramos en la juventud actual.

Es decir, hay una desconfianza instintiva frente al que quiere utilizar palabras grandes, las palabras grandes son: la realidad, el mundo, la verdad: "-Mira, os voy a contar la verdad". "-¡Ehh...! Tú da tu versión; dala corta breve y buena, y miraremos si nos convence". Más o menos ése es el ambiente que tenemos hoy, y ese ambiente se llama postmodernidad.

La Postmodernidad es una reacción desengañada, es una reacción desencantada frente a todo ese proyecto grandioso de la Modernidad; es una reacción desencantada que tuvo su primera expresión en toda la amargura del existencialismo.

Cuando yo era niño y adolescente, todavía estaba muy vivo el proyecto existencialista, y eso tenía hasta cierto predicamento, presentarse como existencialista. Yo me acuerdo, nosotros tuvimos allá en Latinoamérica nuestra versión criolla del existencialismo, que era lo que se llamaba el nadaísmo.

Y entonces el nadaísmo era una versión folclórica, -y lo digo así con cierto tono despectivo-, una versión folclórica de lo que Camus, o Sartre, o toda esta gente podría ser; es decir, mientras que Sartre sabía escribir cosas que impactaban millones de personas, entonces allá los poeticas colombianos creían, que escribiendo ocho vulgaridades, cinco blasfemias, burlándose de todo, ya estaban también a tono con los tiempos.

Es muy gracioso porque, yo no sé si las cosas cambian, me imagino que cambiarán en algún momento para Latinoamérica, pero en buena parte nosotros hemos sido un espejo de lo que va sucediendo en Europa; vamos ahí detrás, repitiendo, pero repitiendo en versión "made in Taiwan", en versión "made in Hong Kong", entonces, ¿ah? ¿Qué digo? Vamos repitiendo en versión barata.

Entonces, si Europa podía darse el lujo de tener a Simone de Beauvoir, y tener un Sartre, y tener un no sé quién, pues nosotros teníamos un Gonzalo Arango, cuya poesía consistía más o menos en utilizar cuanto tipo de excremento pudiera caber en una hoja de papel, unido a cuanto tipo de blasfemias se pudiera pronunciar, y entonces: "Ya yo soy vanguardia. He aquí que yo soy la vanguardia porque yo sí blasfemo a destajo; entonces yo soy vanguardia".

Esa mentalidad empezó con el existencialismo. El existencialismo es un grito de amargura, después de la Segunda Guerra Mundial. Ese el existencialismo ateo fundamentalmente. Es un grito de amargura, es un grito de rabia, de desencanto; es la fatiga después de una lucha donde da vergüenza llamarse vencedor.

Porque fue tanta la destrucción, pero tanta, tanta la destrucción, que llega un momento en el que uno no puede sentirse feliz de lo que se le hizo a Berlín; yo no creo que ningún europeo, que se precie de serlo, se sienta feliz de ver las fotos de lo que que le sucedió a Berlín en la Segunda Guerra Mundial, eso fue espantoso.

Claro, uno sabe que ahí estaba Hitler, y uno sabe que de alguna manera había que hacer eso; pero tener que despedazar nuestro suelo, nuesta cultura, nuestro arte y llegar a ese extremo es humillante, pónle el color que quieras, eso es humillante.

Entonces viene el existencialismo y viene este profundo desengaño, pero es un grito, es un grito que todavía tiene afirmaciones rotundas: Sartre es rabiosamente ateo, es vigorosamente ateo.

En la postmodernidad nada es vigoroso, todo es negociable, o todo es más o menos la opinión, todo está más o menos en la opinión: "-Hombre, ¿tú crees en Dios?" "-Yo no lo sé, yo es que no lo sé, no me aclaro, no, no lo sé".

El contraste es este: si el existencialismo era ateo, la postmodernidad es agnóstica: "No lo sé, no lo sé. Tampoco me interesa demasiado porque tampoco quiero un gran relato en mi cabeza; tampoco quiero ser yo el que tiene la gran verdad en mi cabeza. Hombre, yo vivo bien, o más o menos bien; tengo mis amigos..."

Mientras que el nazismo, o el comunismo aquí en China o en Rusía es el espectáculo de miles y miles de soldados marchando, todo un país en formación, en tropa; Hitler quería, hasta cierto punto, que Alemania entera formara así, que todos así: en fila, en fila, en fila.

Mientras que la modernidad termina haciendo eso,-los norteaméricanos, por ejemplo, en una época se sentían felices, cuando inventaron esto de la producción en serie para los automóviles-, eso de que tú puedas tener aquí una secuencia de cosas y cosas, y se va haciendo el carro ante tus ojos, y va saliendo un automóvil cada siete minutos: "Otro, teminado; otro, terminado..." La cinta de prodicción, es una cosa fantástica.

Hoy la gente no se siente orgullosa de eso, hoy eso no produce orgullo, porque los seres humanos que trabajan ahí son vistos comi si tuviera un trabajo de robot, y no, eso no se ve como humano; pero en su momento, la gran estructura: "Aquí trabajan doce mil obreros que producen un automóvil cada tres miutos"; grande, la fábrica inmensa, líneasy líneas y líneas de personas, todos trabajando, uno, y el otro, y el otro, y el otro, esa es la modernidad.

En cambio, la postmodernidad ¿qué es? la postmodernidad es: cinco amigos tomándose una cañas, y conversando un poco sin que nadie dogmatice mucho, ¿no? O sea: "Ninguno de nosotros es tan bueno, y ninguno es tan malo; ninguno de nosotros tiene toda la razón, y no hay nadie del que no se pueda aprender algo".

Es decir, la postmodernidad es una desconfianza, ya no tan amarga como es el existencialismo, pero es una desconfianza del relato grande, es: "Hombre, tú di lo tuyo, yo digo lo mío, aquí convivimos, aquí seguimos..."

Y después de todo este recuento, que me parece que se ha hecho demasiado largo, preguntamos: "y ahí qué evangelización cabe? ¿Cómo se puede evangelizar en esas circunstancias? ¿Qué nos podría decir Pablo ahí?

Y yo formulo esta pregunta de la siguiente manerara: a ver, ¿el mundo que conoció Pablo se parece más a la modernidad o se parece más a la postmodernidad? Y las opiniones están divididas, pero yo casi que creo que se parece más a la postmodernidad, casi que se parece más.

Porque si nosotros miramos estos lugares típicos de evangelización donde estuvo: Tesalónica, o Filipos, o Corinto, si nos vamos a esos lugares, ahí no es que hubiera un gran relato o que fuera aceptado por todo el mundo; ahí no había una gran filosofía, una única manera de mirar las cosas.

Mi hipótesis es que tal vez resulta más cercano a nosotros lo de Pablo, en un contexto de postmodernidad que en un contexto de modernidad. Porque en el contexto de modernidad todo es grande, y esto se reflejó en todo.

Hubo una época en que en Madrid se estaba ampliando o reformando el convento de Cobendas; en Dublín se estaba haciendo o reformando el gran convento de Tallaght; en Bogotá se estaba haciendo el gran convento de Santo Domingo, que es nuestra casa de formación; en Nimega estaban a punto de comprar el gran convento, que ya vendieron, el convento ese gigante, donde estuvo Schillebeecks en mucho tiempo, que era pentagonal.

O sea, había esa mentalidad. Y para mí el caso más graciosos es el nuestro, el de Bogotá, porque noostros tuvimos un padre, que fue provincial varias veces, se las arreglo para ser provincia, y cuando no era provincial, estaba en el consejo, y si no, estaba, y luego volvía y subía, y, bueno, ahí estuvo.

Y eso sirvió para que él sacara adelante su proyecto, y su proyecto era este convento, un convento magnífico, donde se celebró el Capítulo de Bogotá, ése fue el Padre Ariza.

Entonces, en el convento de Santo Domingo, en el plan original, la cosa funcionaba así: mirándolo de frente, a la derecha, quedaba la escuela apostólica; luego, atrás, a la izquierda, quedaba el noviciado;luego, aquí de fente, estaba el estudiantado;luego, aquí quedaba la capilla, que servía al público, donde podían celebrar los sacerdotes; y aquí, a la pura izquierda, el cementerio.

Es decir, estaba el ciclo completo: desde la escuela apostólica, hasta el cementerio; desde la derecha, desde la escuela apostólica, hasta la pura izquierda, el cementerio. Luego ya el Gobierno no les dejó hacer cementerio ahí, entonces, bueno, tocó salir de ahí por lo menos para morirse.

En el ambiente de la modernidad, que es el ambiente así Tallaght, y el gran proyecto, que tiene su valor, no vamos a decir que eso no tiene un valor; pero también reconocemos inmediatamente que tiene sus límites.

El encuentro personal, el tomar el Evangelio en primera persona, el poder decir: "Dios me amó y se entregó por mí" Carta a los Gálatas 2,20, esa parte de la convición, a veces queda fácilmente disimulada cuando tú vas dentro del gran grupo.

Más de una vez yo he oído este comentario: "que en los grandes conventos es muy fácil disimular las tensiones de comunidad"; porque entonces, si tu grupo, si tu lote, si tu grupo de noviciado son veinte, son treinta, y tú estás de pelea con uno, pues así pueden durar años, y prácticamnete nadie se entera.

Entonces, ese aspecto personalísimo, ese aspecto de la convicción personal, eso fácilmente se disuelve ahí.

La pregunta entonces es: ¿es ese modelo, el modelo inmenso, el modelo donde todo está programado: "Aquí entran, aquí hacen noviciado; en esta parte lloran y profesan; en esta parte estudian; en esta parte lloran y se ordenan; en esta parte mueren"; el tenerlo todo así, corresponde a esta dinámica de la gracia?

¿O será que precisamente en ese ambiente es donde más fácilmente se toma a Cristo como un implícito? ¿Se toma a Cristo como un tácito, el Evangelio tácito? ¿No será ese el ambiente, ese ambiente así grandioso, donde fácilmente Cristo se convierte en el cristo tácito? Se supone que estamos aquí porque creemos, pero queda ahí sobreentendido, es el Cristo sobreentendido, es el Cristo tácito.

Muy probablemente eso ya no cabe en el esquema postmoderno. 64:33...

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