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Como ese muchacho profesional, bien presentado, bien organizado, bien vestido, bien perfumado, si se quiere, el tipo con un éxito espectacular diríamos, imagen del éxito, saca dos o tres horas para dar. Esas dos o tres horas no se las paga nadie, él las da. | Como ese muchacho profesional, bien presentado, bien organizado, bien vestido, bien perfumado, si se quiere, el tipo con un éxito espectacular diríamos, imagen del éxito, saca dos o tres horas para dar. Esas dos o tres horas no se las paga nadie, él las da. | ||
| − | + | xxxxxXXXXXXXXXXDa de ti, yo te pido que des de ti, te invito a que des de ti. Si aquí hay alguna persona deprimida, malacarosa, hay gente que tiene cara como de boleta de captura, si tú te sientes deprimido, malacaroso y no tienes acidez, porque claro si alguien está malacaroso por acidez yo lo entiendo perfectamente, pero si estás malacaroso sin acidez yo te invito a que abras tu bolsa y experimentes la alegría de dar. | |
Uno es tan torpe para dar, tan torpe, que hay veces que uno oye una predicación de estas y uno dice “oiga, sí, sí voy a dar, verdad, voy a dar”, y sale uno a la calle y dice “¿pero a quién, pero a quién, a quién le doy?” Si le doy a fulano de tal eso lo utiliza para droga, si le doy a fulano de tal eso no, si le doy a fulanito. | Uno es tan torpe para dar, tan torpe, que hay veces que uno oye una predicación de estas y uno dice “oiga, sí, sí voy a dar, verdad, voy a dar”, y sale uno a la calle y dice “¿pero a quién, pero a quién, a quién le doy?” Si le doy a fulano de tal eso lo utiliza para droga, si le doy a fulano de tal eso no, si le doy a fulanito. | ||
Revisión del 17:57 24 jul 2009
Fecha: 20030727
Título: ¡Mira a Jesus y descubre que eres rico!
Original en audio: 27 min. 59 seg.
CONTINUARÁ LA REVISIÓN...
Amados Hermanos:
Este pasaje de la multiplicación de los panes es uno de los milagros más conocidos de Jesús. Es un milagro que lo cuentan los cuatro Evangelios, y casi me parece que es el único milagro que cuentan los cuatro Evangelios.
Jesús hizo cosas maravillosas, pero tuvo que haber causado un impacto muy grande esto de multiplicar los panes, porque quedó registrado profundamente en la memoria y en el corazón de todo este pueblo.
Jesús que prepara un banquete para su gente, un banquete para sus discípulos; Jesús que hace abundante nuestro pan; Jesús que transforma un día de hambre en un día de fiesta; Jesús que con la fuerza de su bendición toma lo poco que tenemos, tal vez apenas unos panecillos y unos pececillos; toma lo poco que tenemos y lo hace abundante.
Son tantas las reflexiones que podemos hacer con la multiplicación de los panes, por ejemplo, eso. Cómo el egoísmo todo lo hace escaso, y el egoísmo produce muchos desperdicios. El amor todo lo hace abundante, nada se desperdicia. El egoísmo hace escasos los bienes de la tierra. ¡Cuántas cosas se están desperdiciando en nuestras casas!
Un santo obispo de la antigüedad decía esto: “La ropa que tú ya no necesitas ya no es tuya, la tienes en tu casa, pero ya no es tuya”. Bonito ese mensaje. “El pan que tú no necesitas ya no es tuyo, a alguien le pertenece, tú lo tienes guardado en tu casa, pero ya no es tuyo, le pertenece a otro”.
Jesús hace abundar el amor, Jesús abre los corazones. Había alguien que tenía cinco panes. Cada pan, de los panes de esa época, no de los de nuestra época, cada pan de esa época era suficiente casi para darle como un almuerzo a una persona. Eran unos panes inmensos, unos panes integrales de grano entero. Eso no cualquiera se alcanzaba a comer un pan de esos, eran unos panes grandes.
Y había alguien que tenía su bolsita, había alguien que tenía sus cinco panes allá guardados. La palabra de Jesús le abrió la bolsa, la palabra de Jesús le abrió el corazón. ¿Acaso esa persona se podía comer esos cinco panes? No, seguramente no. Se iban a desperdiciar.
Primera enseñanza del día de hoy: deja que la palabra de Jesucristo abra tu bolsa, abra tu corazón. San Pablo nos dice que aprendió un dicho de Jesús, y es cosa curiosa porque ese dicho no aparece en los evangelios: “Hay más alegría en dar que en recibir” [[ ]]. Esto nos enseña San pablo. Tú conoces la alegría de recibir, seguramente conoces también la alegría de dar.
Hoy el evangelio te invita a experimentar la alegría de abrir tu bolsa, la alegría de abrir tu billetera, la alegría de abrir tu armario, la alegría de abrir tu biblioteca, y la alegría de mirar todo lo que puedes dar. San Pablo también nos enseña: “No se trata de que ustedes pasen necesidad, se trata de que haya equidad, que haya equilibrio”[[ ]].
Hoy tenemos una asamblea numerosa. Imagínate que estuviéramos aquí quinientas o seiscientas personas. Imagínate que en la casa de cada uno de nosotros, aunque yo sé que hay varios miembros de una misma familia.
Imagínate que en cada una de las casas aquí presentes hubiera diez libros, y supongamos que hubiera cuatrocientas familias aquí presentes. Diez libros útiles, diez libros en buen estado, diez libros que pueden servir a otras personas, sólo diez. ¿Sabes qué biblioteca haríamos hoy? Una biblioteca de cuatro mil tomos, hoy la hacíamos, hoy.
Tú eres rico y yo soy rico, somos ricos y Dios es generoso, Dios es abundante. Dejemos de mirarnos con cara de pobres. El que llevaba su bolsa con los panes seguramente sentía: “Que nadie me vea esta bolsa, que nadie me vaya a ver, con esta hambre tan terrible que nadie me vaya a ver mi bolsa, que nadie mire lo que yo tengo, que nadie quiera lo que yo he logrado”.
Pero la palabra del Señor Jesucristo llegó, y la palabra de Jesús abrió la bolsa y se multiplicaron los bienes. Hay algunos incluso que dicen que el milagro no fue tanto que Cristo hubiera multiplicado los panes como tal, sacar de un pan veinte panes, sino que el milagro de Cristo fue abrir las bolsas. La gente que tenía las bolsas escondidas fue viendo que podía abrirlas, y el gran milagro fue multiplicar la generosidad, multiplicar el compartir.
Yo personalmente no tengo ningún obstáculo en admitir que Jesús puede multiplicar un pan en veinte panes o en mil panes; no tengo ningún problema en admitir eso, y creo que fue lo que sucedió, pero de todas maneras es un mensaje muy lindo.
Abre tu bolsa, ¿qué hay en ti? Empezarás a descubrir que eres rico de muchas cosas. ¿Cuántas medicinas hay? Cuando han sucedido catástrofes como la de Armero o catástrofes como el terremoto en el eje cafetero, o cuando han sucedido inundaciones, a veces hacen brigadas, hacen recogidas, por ejemplo de medicinas: "Bueno, vamos a recoger medicinas para los damnificados de las zonas de inundación", y se recoge una cantidad de medicinas.
Y yo digo, ¿no será que hay muchos que son damnificados por el terremoto de la pobreza? ¿No habrá muchos damnificados por la catástrofe del desempleo? Si tú sacas tres, cuatro, cinco frascos de medicinas en buen estado; si tú abres tu bolsa, y aquí somos cuatrocientas familias, cuatrocientas familias por dos o tres frascos te produce ochocientos o mil frascos de buena medicina en buen estado.
Somos ricos, hermanos, ¡somos ricos! Y lo que tú tienes alguien lo necesita y si tú abres tu bolsa y pones tu generosidad en las manos de Cristo, Cristo bendice lo que tú das, y Cristo multiplica lo que tú das.
Pero no nos quedemos solamente con las cosas materiales, con el pan, los libros o las medicinas. Vamos a mirar a estos niños y jóvenes aquí. Vamos a mirar a estos amigos.
Esa guitarra, la de esta niña que no me está poniendo cuidado, ¿esa guitarra es de aquí de la parroquia? Dígame, ¿sí o no? Esa guitarra es del ministerio de música. ¿Cómo se hace un ministerio de música? Pues es muy sencillo.
Esa guitarra podría estar guardada en una casa y podría servir para animar una fiesta cada seis meses. ¿Cada cuánto traen esa guitarra aquí? Todos los domingos, traen la guitarra todos los domingos.
¿No será que se gasta mucho esa guitarra trayéndola todos los domingos? La guitarrista dice que no. ¡Traen la guitarra todos los domingos, sacan la guitarra de la casa, la traen a la parroquia, la ponen a sonar, y la música de la guitarra nos alegra a todos; así se hace la comunidad!
Abre tu bolsa, abre tu casa. Sí, tú puedes comprar, de pronto eres muy afortunado, y puedes comprar una guitarra mejor que esta guitarra, y la puedes tener en el mejor cuarto de tu casa y puedes recostarla sobre el tapete y la seda y únicamente tú solo, como el que come el pan a escondidas, oír allá tu guitarra cómo suena. Tú puedes hacer eso.
Pero la Palabra de Cristo te llama hoy a abrir tu bolsa, abrir tu casa. ¡Abre! Tú puedes traer tu voz, tú puedes traer tu guitarra. Son cosas interesantes, ¿no? Mire, ahí tienen unos tambores, tienen muchas cositas.
¿Cómo se hace una parroquia, cómo se hace una comunidad así? La parroquia se hace así. No se necesita ser ricos para hacer una parroquia. Se necesita que tú abras tu bolsa, se necesita que tú abras tu corazón, que tú abras tu casa. Con lo que tú das, unido a lo que otros dan, se hacen maravillas.
El párroco de nuestra parroquia aquí estaba feliz, me saluda en la sacristía y me dice: “Hemos recogido, -vamos a dar la cifra en dólares-, hemos recogido más de mil dólares”. Será una cifra como así. “Hemos recogido más de mil dólares, más de tres millones de pesos, hemos recogido para la capilla del Santísimo”.
Y les puedo apostar que muchos de ustedes tienen dificultades económicas, muchos están sin empleo, muchos sienten que la plata no alcanza para nada, que este país se acabó. Y mira, en una parroquia, donde puede haber tanta gente con necesidad, donde puede haber tanta gente pobre, hemos recogido sin dificultad más de mil dólares para la capilla de la adoración.
La palabra de Cristo abre tu corazón, la palabra de Cristo hace que tú abras tu bolsa. Descubre que eres rico. Ese es el mensaje de hoy. Descubre que eres rico. Mira a Jesús y descubrirás que eres rico.
Pero no hablemos sólo de cosas ni sólo de cantar, ni sólo de dar panes o libros. Muchos de ustedes tienen estudios universitarios, estudios profesionales, estudios técnicos cualificados.
Una de las sorpresas más lindas que yo me llevé una vez fue hablando con un amigo de nuestra asociación católica “Kejaritomene” se llama esa asociación. Una palabra griega que quiere decir “llena de gracia”. Así le dijo el Ángel a María, "kejaritomene", "llena de gracia".
Bueno, este amigo me iba transportando en su carro y me contaba que él, que es un ingeniero que tiene por allá un postgrado, él dedicaba una mañana, -es un hombre que tiene un trabajo muy bueno, que gana muy buen sueldo-, él dedicaba una mañana, no era una mañana, como dos o tres horas a ayudar a una ONG.
Para los que de pronto no sabíamos, una ONG es una organización no gubernamental. Una ONG que trabaja en asuntos de vivienda básica para familias de muy escasos recursos.
Este hombre está abriendo su bolsa, él es consciente: "Yo tengo inteligencia, tengo juventud, tengo fuerza, tengo un sueldo, tengo una esposa que me ama, tengo unos niños que me adoran, tengo muchas cosas que me ha dado la vida".
Pero por qué vamos a decir: “Me ha dado la vida”, démosle el nombre: “Me las ha dado Dios, Dios me ha dado la salud, la inteligencia, la posibilidad de estudiar; yo quiero abrir de ese tesoro que Dios me ha dado, quiero dar de eso que Dios me ha dado".
Y me decía él: “Yo aporto dos o tres horas de mi trabajo a la semana, el resto del tiempo estoy, digamos, en mi trabajo normal”, ganando el sueldito normal; y dice él: “Pero nada me da tanta alegría a la semana como esas dos o tres horas”.
Experimenta tú también la alegría de dar. Tienes unos estudios, ¿por qué no abres tu bolsa? ¿Por qué tus estudios tienen que ser solamente para ganar más plata tú?
"-¿Y cuando gane más plata qué quiere hacer?" "-Cuando gane más plata quiero ponerle blindaje a mi carro porque en este puerco país le pueden pegar un tiro".
"-¿Y cuando tenga blindado el carro qué quiere hacer?" "-Quiero ganar más plata para levantar unas rejas con unos chuzos electrificados para que cualquier pobre que se me quiera entrar quede ahí ensartado como un perro. Y así quiero proteger toda la plata que voy a hacer".
Y después preguntan por qué hay guerrilla, y después preguntan por qué hay violencia, y después, cuando hay un carro bomba: “¡Ay, qué salvajes!”. El salvajismo lo producimos todos, hermanos, todos producimos el salvajismo con nuestro egoísmo. Por favor, no llames salvaje al terrorista, el terrorista lo hemos criado todos.
Todos hemos criado el terrorismo, todos hemos criado la ira y la injusticia, que un día revientan en actos de locura.
Yo no justifico esos actos de locura, no estoy diciendo que eso esté bien, pero estoy diciendo que si nosotros no abrimos el corazón, si tú no regalas de tu tiempo, si tú eres un profesional y no estás regalando nada, estás criando terroristas. Si tú no regalas nada, si tú no abres tu bolsa, Jesús no puede multiplicar tu pan.
Acabamos de escuchar el evangelio, y el evangelio está perfectamente escrito y ahí no dice que Jesús le ordenó al de la bolsa: “Preste pa´ acá”, no. Jesús no le quitó el pan. Jesús hizo que abriera la bolsa.
Tú tienes para dar. Tú tienes para dar. Tú tienes para dar de tu oración, de tu consejo; tú tienes para dar de tu dinero y de tus conocimientos; tú tienes para dar de tus libros y de tu ropa; tú tienes para dar de tus zapatos y tus sonrisas. Vive la alegría de dar, la alegría de dar.
Les voy a contar una cosa: como sacerdote uno está continuamente atendiendo gente, ¿no? Por ejemplo, ahorita, el Padre Enrique está atendiendo a alguna persona, y así sucesivamente.
El sacerdote siempre está atendiendo a alguien, atendiendo parejas, atendiendo jóvenes, escuchando niños. El sacerdote oye todo tipo de problemas y cada vez yo oigo más esta palabra: depresión: "Padre, estoy en una depresión, estoy muy deprimido, estoy tan deprimido, Padre". "Depresión", es uno de los problemas de nuestro tiempo.
Pues bien, desde hace años estoy llevando una estadística y les cuento esto: no he encontrado a una sola persona deprimida que sea generosa; y no he encontrado a un solo generoso que ande deprimido. No he encontrado.
El que regala vive feliz, y el que no regala vive amargado. Y el que encuentro deprimido vive encerrado en sus bienes, así sean poquitos bienes. Y el que encuentro deprimido no quiere dar, y el que está triste siempre dice que no tiene nada para dar. Y el que da, aunque no tenga siempre siente que tiene más para repartir, ¿qué será?
Hermanos, es el evangelio de hoy. Abre tu bolsa y deja que Jesús con su mirada, con sus manos y con su palabra multiplique lo que tú tienes.
Y dicen los psicólogos y psiquiatras, aunque yo sé que hay casos en que es necesario acudir a la medicina, a las pastillas. Dice el psiquiatra: "Mire, para curar la depresión usted necesita este medicamento". Y la persona toma ese medicamento. Y el medicamento no le evita la depresión, le evita el suicidio, pero la depresión no se la evita.
Yo te reto, ¿te sientes deprimido? ¿Te sientes aburrido de la vida? ¿Lo has probado todo? A veces en la Misa uno se encuentra con algunas personas que lo miran a uno así como con cara de que: “Usted qué me va a decir a mí? ¿Usted qué? ¿qué?”.
Pues yo le digo a usted que me mira así como “¿usted que me va a decir?” Pues yo le digo a usted: ¡haga la prueba de dar, haga la prueba de dar! Entre otras cosas usted descubrirá que es el mejor tratamiento de belleza. Dar, le quitará manchas en la cara. Hay gente que se le ha curado la caspa. Bueno, no sé si así se animen a dar.
¡Dar, dar, dar, anímate a dar! Cuando digo dar es abrir tu bolsa, no es hacer otro negocio, es dar, es la alegría de regalar, es la alegría de entregar algo que no te pueden pagar.
Como ese muchacho profesional, bien presentado, bien organizado, bien vestido, bien perfumado, si se quiere, el tipo con un éxito espectacular diríamos, imagen del éxito, saca dos o tres horas para dar. Esas dos o tres horas no se las paga nadie, él las da.
xxxxxXXXXXXXXXXDa de ti, yo te pido que des de ti, te invito a que des de ti. Si aquí hay alguna persona deprimida, malacarosa, hay gente que tiene cara como de boleta de captura, si tú te sientes deprimido, malacaroso y no tienes acidez, porque claro si alguien está malacaroso por acidez yo lo entiendo perfectamente, pero si estás malacaroso sin acidez yo te invito a que abras tu bolsa y experimentes la alegría de dar.
Uno es tan torpe para dar, tan torpe, que hay veces que uno oye una predicación de estas y uno dice “oiga, sí, sí voy a dar, verdad, voy a dar”, y sale uno a la calle y dice “¿pero a quién, pero a quién, a quién le doy?” Si le doy a fulano de tal eso lo utiliza para droga, si le doy a fulano de tal eso no, si le doy a fulanito.
Pues empieza apoyando obras de tu parroquia, obras de tu grupo de oración, empieza apoyando obras de misericordia y las comunidades religiosas que tú veas que tienes cerca. Empieza apoyando.
Pero te hago una sugerencia: te pido que no des a distancia, por ejemplo, supongamos que tú te conmueves tanto con esto, que tú dices “oiga sí, yo puedo llevar un mercado, voy a llevar un mercado”. Por ejemplo, hay unas hermanitas que tienen un ancianato, no digo que las hermanitas estén de ancianato, sino que las hermanitas tienen un ancianato, que es distinto. “Voy a darles a las hermanitas un mercado”.
Pero hay gente que deja el mercado en la puerta, dejan ahí, el mercado en la puerta y se van. Yo les invito a que demos un paso más. Claro que esto es muy lindo, por ejemplo toda esta solidaridad de ustedes, estas donaciones, ¡bendito sea Dios! Pero les invito a que den un paso más.
Por ejemplo ¿saben qué cosa es muy bonita? ¿Por qué no se gozan ustedes preparando un chocolate para esos viejitos? Viva usted la alegría, llévele usted un chocolate a un viejito de esos, mírele la cara, óigale su historia diez o quince minutos. Los primeros catorce minutos usted estará aterrado de lo feo que huele el viejito, pero al minuto quince usted ya no se preocupa por el olor del ancianito, sino que ya usted más bien siente la alegría, la alegría que usted le está llevando a esa persona.
¡Experimenta la alegría de abrir tu bolsa para que Dios te la bendiga, para que Dios bendiga lo que tú tienes, lo que tú eres! Verás que nos sanamos de la depresión, nos sanamos de la violencia, nos sanamos de la injusticia, nos sanamos de tantas cosas.
A mí me aterra cuando en los problemas de Colombia la gente todo lo quiere solucionara a puños ¿no? ¡Claro, son unos desgraciados, toca darles en la mula, o darles bien duro, que no se paren! Yo sé que se necesitan algunas medidas fuertes, algunas veces. Yo no estoy en contra de algunas medidas fuertes que toca tomar algunas veces. Yo sé que hay que hacer cosas fuertes, a veces en los países.
Pero jamás pensemos que la paz se va a conseguir así, a base de trompadas, a base de violencia jamás encontraremos paz. La paz requiere conversión de corazones, la paz requiere que los niños vayan con el papacito. Aquí hay papacitos que tienen niñitos.
Señor papacito, vaya con su niñito y llévelo donde el ancianito, llévelo donde el huérfano, llévelo al lugar donde está el pobre, llévelo allá que su hijo huela también a ese ancianito, que su hijo también vea lo que es la sonrisa del viejito, lo que es la sonrisa del pobre, que su niño sienta ese amor, que su niño sienta esa alegría, que su niño sienta que la vida le está dando muchísimo y que no se merece todo lo que tiene. ¡Que el niño sienta eso, de por Dios!
Porque si el niño llega a la universidad pensando que se merece todo lo que tiene, después se va para el congreso de la república pensando que se merece todo lo que tiene, y después hace leyes pensando que se merece todo lo que tiene, y entonces…nos fregamos todos.
Esa es la cadena, esa es la cadena. Necesitamos que la gente que llegue al congreso, que la gente que llegue a los tribunales, que la gente que llegue a las presidencias, gobernaciones, alcaldías, sea gente que haya sentido el olor del pobrecillo, que haya sentido ese aroma y que haya sentido el abrazo y la sonrisa, que haya sentido lo que es el paralítico, que haya abierto la bolsa.
Si tú llegas un día al poder y has experimentado lo que es el abrazo de tu hermano, lo que es abrir la bolsa para que Cristo te la bendiga, tú no vas a repetir lo que está sucediendo en nuestra patria, tú vas a llegar al congreso de la república y tú no vas a tomar como prioridad número uno que se puedan casar homosexuales, ni vas a tomar como prioridad número uno que se pueda abortar impunemente.
Si tú tienes tu bolsa abierta para que te la bendiga Jesús, tú llegas al congreso de la república con una consigna: en este país tiene que haber justicia, en este país tiene que haber derechos para todos, en este país hay que multiplicar el pan, la educación, la justicia y la paz. Amén.