Diferencia entre revisiones de «I185001a»
| Línea 23: | Línea 23: | ||
¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente. | ¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente. | ||
| − | ¿Para qué nos dio Dios esa conciencia? Eso que se suele | + | ¿Para qué nos dio Dios esa conciencia? Eso que se suele llamara la ley natural, y que de algún modo está relacionado pues con los diez mandamientos, ¿Para qué nos dio Dios una conciencia, que es como su voz en nosotros? ¿Y para qué nos dio Dios estos mandamientos? ¿Qué gana Dios con eso? Pues eso es lo sorprendente, parece que Dios no gana nada. |
| − | Parece que este el único motivo, y esto es maravilloso, parece que el único motivo por el que Dios nos ha dado los mandamientos, es por lo que dice la lectura del libro del | + | Parece que este el único motivo, y esto es maravilloso, parece que el único motivo por el que Dios nos ha dado los mandamientos, es por lo que dice la lectura del libro del Deuteronomio hoy: "Para que seas feliz" [[:Category:Números 004_040|Deuteronomio 4,40]]. |
| − | Es que el Dios que me creó tampoco tenía necesidad de crearme, no solo no tine necesidad de darme mandamientos, sino que no tenía necesidad de crearme. Dios me ha creado por amor, Dios me ha creado desde el amor; y porque me ha creado por amor, me mira con amor. Eso es lo que hemos encontrado al principio de | + | Es que el Dios que me creó tampoco tenía necesidad de crearme, no solo no tine necesidad de darme mandamientos, sino que no tenía necesidad de crearme. Dios me ha creado por amor, Dios me ha creado desde el amor; y porque me ha creado por amor, me mira con amor. Eso es lo que hemos encontrado al principio de esta misma lectura que oímos hoy. |
| − | Mira qué bello:"Pregunta a los tiempos pasados, investiga, ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído que Dios le hable como tú lo has oído?" [[:Category:Números 004_032-033|Deuteronomio 4,32-33]]. | + | Mira qué bello: "Pregunta a los tiempos pasados, investiga, ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído que Dios le hable como tú lo has oído?" [[:Category:Números 004_032-033|Deuteronomio 4,32-33]]. |
Revisión del 16:07 20 jul 2009
Fecha: 200050805
Título:
Original en audio: 9 min. 22 seg
Hermanos:
Los invito a que meditemos juntos en la primera lectura especialmente, que la Iglesia nos ofrece para este día, está tomada del libro del Deuteronomio.
Y la razón por la que me llama tanto la atención, es porque muestra una relación entre la felicidad y la obediencia a los mandamientos. Y yo creo que estas son dos cosas que a menudo vemos como casi en conflicto, la felicidad y la obediencia.
Porque tenemos la idea de que ser feliz es hacer más o menos lo que a uno se le antoja, no estar sujeto a ninguna ley, seguir el propio gusto o capricho, en fin, hacer los que se le da la gana, como decimos vulgarmente
Está muy difundida esa idea de que ser feliz es no tener una ley, obviamente, obedecer la ley aparece como algo amargo, a lo sumo, un mal necesario; hay que soportar la ley. La ley se convierte en un peso, en un impuesto, en una especie de aduana que ha que pagar para gozar de otros beneficios.
Por ejemplo, se obedecen la leyes del tránsito, o se pagan los impuestos, o se obedecen las leyes civicas o electorales o democráticas, para tener unos ciertos derechos y para tener la capacidad de exigir a otros que cumplan con lo que tienen que hacer.
En esa manera de ver las cosas, que está muy difundida en distintos países, ser feliz y obedecer son casi opuestos. Pero en la lectura queo oímos hoy eso fue lo que nos dijeron: "Cumple las leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia" Deuteronomio 4,40.
¡Vaya una sorpresa! Tal vez no nos habíamos preguntado nunca para qué Dios nos dio los mandamientos, esos mandamientos que recordamos en el Decálogo, pero también esos mandamientos que están inscritos en la conciencia humana; son mandamientos que tenemos ahí grabados realmente.
¿Para qué nos dio Dios esa conciencia? Eso que se suele llamara la ley natural, y que de algún modo está relacionado pues con los diez mandamientos, ¿Para qué nos dio Dios una conciencia, que es como su voz en nosotros? ¿Y para qué nos dio Dios estos mandamientos? ¿Qué gana Dios con eso? Pues eso es lo sorprendente, parece que Dios no gana nada.
Parece que este el único motivo, y esto es maravilloso, parece que el único motivo por el que Dios nos ha dado los mandamientos, es por lo que dice la lectura del libro del Deuteronomio hoy: "Para que seas feliz" Deuteronomio 4,40.
Es que el Dios que me creó tampoco tenía necesidad de crearme, no solo no tine necesidad de darme mandamientos, sino que no tenía necesidad de crearme. Dios me ha creado por amor, Dios me ha creado desde el amor; y porque me ha creado por amor, me mira con amor. Eso es lo que hemos encontrado al principio de esta misma lectura que oímos hoy.
Mira qué bello: "Pregunta a los tiempos pasados, investiga, ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído que Dios le hable como tú lo has oído?" Deuteronomio 4,32-33.