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Son tantos los bienes que surgen de la efusión de la Sangre de Cristo, que en razón de esos bienes por Dios conocidos, -aunque nosotros en el momento de la Pasión no lo supiéramos-, son tantos esos bienes, que podemos decir que Dios sí quería la efusión de esa Sangre, no por los males de ese momento presente, sino por los bienes futuros, por los bienes que iban a llegar. | Son tantos los bienes que surgen de la efusión de la Sangre de Cristo, que en razón de esos bienes por Dios conocidos, -aunque nosotros en el momento de la Pasión no lo supiéramos-, son tantos esos bienes, que podemos decir que Dios sí quería la efusión de esa Sangre, no por los males de ese momento presente, sino por los bienes futuros, por los bienes que iban a llegar. | ||
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| + | Así pues, podemos hablar de la voluntad de Dios de dos modos: uno, como aquello que descubrimos en el momento presente, y es a lo que nostros debemos tender con nuestra conciencia, con nuestra razón; y otro, que son los bienes que Dios quier sacar de nuestros actos y los actos de las otras personas, en lo cual a noostros nos corresponde aceptar y nos corresponde acoger. | ||
Revisión del 16:37 7 jul 2009
Fecha:19990719
Título:
Original en audio: 13 min. 56 seg.
El relato de la primera lectura, tomado del libro del Éxodo, es conocido. Desde los libros de Historia Sagrada sabemos de esa salida de Egipto.
El punto es que hay algo muy misteriosos ahí y es lo que va diciendo Dios, que va a endurecer al faraón para cubrirse de gloria.
Y en ese punto conflictivo quisiera yo fijar mi mirada y la de ustedes para que descubramos un poco sobre la voluntad de Dios. Porque toda nuestra vida, toda nuestra eternidad está en la realización de la voluntad de Dios.
De manera que en el conocimiento, y sobre todo en la obediencia de la voluntad de Dios, está toda nuestra plenitud cristiana, toda la obra del Espíritu Santo en noostros. Hay que conocer de la divina voluntad.
Lo extraño del caso es que el texto sagrado dice: "El Señor hizo que el faraón se empeñase en perseguir a los israelitas" Catregory:Exodo . La dureza del faraón aparece causada por Dios. Esto es muy propio de la Sagrada Escritura que atribuye todas las cosas a su causa primera y no le da tanto relieve o tanta importancia a las causas segundas.
La Sagrada Escritura no obra como los sutiles teólogosque disciernen, que distinguen causas primeras y segundas; algo puede ser causa segunda, y sin embargo deja espacio para tener su causa en otra que es la causa primera.
Donde mejor se entiende esto es en los instrumentos. Si una persona es apuñaleada, le causó la muerte el puñal, pero ese puñal no se movió solo, hubo otro, que fue el asesino, que fue el que movió ese puñal.
La existencia del puñal como causa segunda, no elimina la causa primera, que en este caso sería el asesino. Y así podríamos dar muchos otros ejemplos.
Esto sería suficiente para calmar nuestra conciencia. Dios obra como causa primera y el faraón obra como causa segunda. El faraón, libremente, desde su libertad, en este caso viciada por la codicia, por el rencor, sale a perseguir a los israelitas.
Pero hay una causa primera, que no elimina la causa segunda, que es Dios nuestro Señor, y que a través de esa acción del faraón, quiere hacer una manifestación de su gloria para que crezca la fe de los israelitas y para que los israelitas, aumentando su fe en Dios, se consoliden como pueblo testigo de sus maravillas en la humanidad, y así ese bien mayor que se va abriendo paso, que es la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.
Como explicación podemos decir que esto es suficiente. El faraón es una causa segunda:obró libremente, pero detrás, podemos decir, detrás, desde la acción del faraón, en los renglones torcidos de la obra del faraón, está la letra derecha de Dios, que quiere realizar su voluntad. Ahí podríamos dejar nuestra explicación.
Pero vale la pena recordar aquí una enseñanza de Santo Tomás de Aquino sobre la voluntad de Dios, sobre qué es lo que Dios quiere, qué podemos decir que Dios quiere. ¿Quería Dios el endurecimiento del faraón, como causa primera, siguiendo esa nomenclatura? ¿Quería Dios el endurecimiento del faraón?
Entonces, nos explica Santo Tomás, que se puede hablar de Dios de dos maneras: una es aquello que descubrimos como lo bueno, como lo mejor en determinadas circunstancias y a apartir de los elementos que nos presenta la historia.
Por ejemplo, la muerte de Jesucristo. ¿Quería Dios que su Hijo fuera torturado? Ahí toca distinguir. El hecho mismo de golpear y de humillar al Hijo de Dios, nuestra razón lo rechaza, nuestra inteligencia descubre la suma iniquidad de ese hecho.
Y en ese sentido podemos decir que hay como un rechazo, una desaprobación de Dios a ese hecho. Esta es la primera manera para hablar de la voluntad de Dios. La voluntad de Dios como aquello que descubrimos en un determinado momento como lo mejor.
Pero hay un segundo sentido que es el desenlace. ¿Qué bienes se van a seguir? ¿Cuál es el desarrollo, cuáles son las consecuencias de un determinado hecho? De la efusión de la Sangre de Cristo viene la perfecta manifestación del amor de Dios y de su misericordia; viene el perdón de nuestros pecados; viene la denuncia de todo pecado y del imperio de Satanás.
Son tantos los bienes que surgen de la efusión de la Sangre de Cristo, que en razón de esos bienes por Dios conocidos, -aunque nosotros en el momento de la Pasión no lo supiéramos-, son tantos esos bienes, que podemos decir que Dios sí quería la efusión de esa Sangre, no por los males de ese momento presente, sino por los bienes futuros, por los bienes que iban a llegar.
Así pues, podemos hablar de la voluntad de Dios de dos modos: uno, como aquello que descubrimos en el momento presente, y es a lo que nostros debemos tender con nuestra conciencia, con nuestra razón; y otro, que son los bienes que Dios quier sacar de nuestros actos y los actos de las otras personas, en lo cual a noostros nos corresponde aceptar y nos corresponde acoger.