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''Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.''
 
''Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.''
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¡Bendito sueño éste! Sueño que nosotros necesitamos, porque, pasarse la vida entre las simpatías y las antipatías, es pasarse la vida como un fugitivo, tratando de no desagradar a unos y tratando de no perder la amistad con otros, tratando de caerle bien a éstos y de no caerle mal o peor a los otros.
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''¡Qué triste es la vida así! Es vida de fugitivos, es vida de errantes. Pero, cuando llega el sueño de Jacob, es decir, cuando llega la visita de la gracia, la mirada cambia. Aunque uno siga haciendo el mismo camino, como Jacob siguió haciendo su mismo camino, ya uno tiene un caminado distinto, ya uno avanza de otra manera.''
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¡Las simpatías y las antipatías! Esaú y Rebeca estarán siempre en nuestra vida. Lo importante es encontrar, lo importante es descubrir esa voz de Dios.
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''Porque, en esa voz de Dios entendemos, que por encima de los afectos o de los odios de los seres humanos, por encima de su acogida o de su rechazo, es Dios el que está marcando el camino, es Dios el que está mostrando el "para qué", el sentido de nuestro avanzar.''
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Jacob recibió este mensaje en sueños. ¿Y qué hizo Jacob para recibir este mensaje? ¡Nada! "Salió Jacob de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente, llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol" (''véase'' Génesis 28,10-11).
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Toda la escena es perfectamente natural. Jacob, en cierto sentido, no le estaba pidiendo a Dios esta luz. No obstante, Dios se la concedió.
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''Esta es la imagen que la Biblia utiliza para mostrar lo que significa la palabra "gracia". "Gracia" es aquello que uno no compra, no adquiere, no merece. "Gracia" es aquello que llega como puro regalo, como este sueño que Jacob tuvo. Las gracias no se pueden comprar, no se pueden negociar. Sin embargo, sí se pueden pedir, como hizo el mismo Jacob.''
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¡Jacob, príncipe de negociantes, ciertamente! "Si Dios está conmigo y me guarda en el camino, entonces el Señor será mi Dios" (''véase'' Génesis 28,20), dice él. Jacob pide guarda para el camino, pero lo pide después de haber recibido esta gracia.
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''Resumamos, pues, esta primera enseñanza, diciendo: La gracia de Dios cuando nos visita, nos levanta por encima de las simpatías y las antipatías, los afectos y las aversiones, y muestra que nuestro camino tiene sentido, más allá de lo que digan los demás, de lo que digan o contradigan los demás.''
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Nosotros no podemos arrancarle a Dios esta revelación, pero podemos pedírsela, porque es un regalo. Como hijos confiados, podemos pedirle: "¡Muéstrame el camino, Señor! ¡Muéstrame tu senda!"
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Eso es posible decir. Pero, hay otra súplica. Muchas veces no es, "muéstrame tu senda", sino, "muéstrame tu presencia en mi senda". Porque, no todas las veces Dios le tiene que cambiar a uno el camino. Yo insisto, hay veces en que hay que cambiar es el caminado.
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Va uno, dado el caso, por la vida consagrada: "¡Señor, muéstrame tu camino!" Ya está el camino: la vida consagrada. "¡Ah! Entonces, muéstrame cómo tengo yo que caminar" Es algo distinto.
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''A veces hay que pedirle a Dios, que le muestre a uno el camino, y a veces hay que pedirle a Dios, que le cambie a uno el caminado.''

Revisión del 04:28 23 jun 2009

Fecha: 19990705

Título: Cuando llega la visita de la gracia

Original en audio: 16 min. 10 seg.


El hermoso sueño que tuvo Jacob, -"Ángeles que subían y bajaban, y Dios mismo al final de esa escalinata" (véase Génesis 28,12-13)-, le abrió a Jacob el misterio de su camino.

¿Por qué estaba Jacob en camino? Él iba huyendo. Iba huyendo, porque con el beneplácito y la complicidad, diríamos, de Rebeca, había sonsacado bendiciones y primogenitura a su padre, Isaac.

Desde luego, esto no le había gustado ni poquito al que tenía el derecho primero sobre esas bendiciones, es decir, a Esaú. Por tanto, Rebeca, que evidentemente tenía preferencia por Jacob, lo pone en camino, lo empaca rapidito, lo manda al desierto, y Jacob sale huyendo.

Hasta ese instante, lo que tenemos es, que la preferencia, casi me atrevo a decir, el capricho de Rebeca, ha sido el protagonista de la huida del camino de Jacob.

Jacob es en ese momento un fugitivo, que huye de un peligro. Y Jacob es en ese momento un fugitivo, porque los caprichos, las preferencias, los gustos de la mamá, lo han puesto en esa historia.

Es decir, que hasta este sueño, hasta el sueño de la escalinata, Jacob podía leer su vida como el resultado de afectos, gustos, caprichos, reyertas, aversiones humanas.

Hasta este punto, hasta este sueño, Jacob lo que siente, es: "Mi mamá me quiere, y mi hermano me odia. Mi mamá me prefiere, pero mi hermano no puede verme. ¡Me voy! ¡Desaparezco!"

Él no está haciendo un camino para Dios, ni un camino hacia Dios. Él está haciendo un camino de huida de los hombres. Sin embargo, se encuentra con este sueño, que más allá de los planes humanos, más allá de las simpatías y de las aversiones humanas, era Dios mismo el que tenía un plan.

Dios le cambió el caminado; no le cambió el camino. Mas, sí le cambió el caminado a Jacob. Jacob siguió su camino, pero ya caminaba de un modo distinto.

Porque, ahora ya sentía que su camino no era huir del peligro, sino acercarse a su Señor. No era seguir los caprichos de la mamá, sino la voluntad de su Dios. No era complacer a los corazones humanos, sino agradar al Señor, el que había hecho alianza con su padre, Isaac, y con su abuelo, Abraham.

Pensemos en lo que esto significa para nuestras vidas. También nosotros estamos sumergidos en mares de simpatía y de antipatía. En nuestras vidas ha habido "Rebecas", es decir, aquellas personas a las cuales sin hacer nada, como que les hemos caído muy bien. Y también ha habido "Esaúes", -¡qué plural tan feo!-, que nos detestan.

Y uno puede pasar su camino por esta tierra entre las olas de la simpatía y las olas de la antipatía. Uno puede andar por esta tierra así: acumular algunos bienes y dar vueltas por el mundo, solamente sintiendo que hay olas a favor y hay olas en contra. Esa es la versión humana, demasiado humana, meramente humana de nuestra vida.

Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.

¡Bendito sueño éste! Sueño que nosotros necesitamos, porque, pasarse la vida entre las simpatías y las antipatías, es pasarse la vida como un fugitivo, tratando de no desagradar a unos y tratando de no perder la amistad con otros, tratando de caerle bien a éstos y de no caerle mal o peor a los otros.

¡Qué triste es la vida así! Es vida de fugitivos, es vida de errantes. Pero, cuando llega el sueño de Jacob, es decir, cuando llega la visita de la gracia, la mirada cambia. Aunque uno siga haciendo el mismo camino, como Jacob siguió haciendo su mismo camino, ya uno tiene un caminado distinto, ya uno avanza de otra manera.

¡Las simpatías y las antipatías! Esaú y Rebeca estarán siempre en nuestra vida. Lo importante es encontrar, lo importante es descubrir esa voz de Dios.

Porque, en esa voz de Dios entendemos, que por encima de los afectos o de los odios de los seres humanos, por encima de su acogida o de su rechazo, es Dios el que está marcando el camino, es Dios el que está mostrando el "para qué", el sentido de nuestro avanzar.

Jacob recibió este mensaje en sueños. ¿Y qué hizo Jacob para recibir este mensaje? ¡Nada! "Salió Jacob de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente, llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol" (véase Génesis 28,10-11).

Toda la escena es perfectamente natural. Jacob, en cierto sentido, no le estaba pidiendo a Dios esta luz. No obstante, Dios se la concedió.

Esta es la imagen que la Biblia utiliza para mostrar lo que significa la palabra "gracia". "Gracia" es aquello que uno no compra, no adquiere, no merece. "Gracia" es aquello que llega como puro regalo, como este sueño que Jacob tuvo. Las gracias no se pueden comprar, no se pueden negociar. Sin embargo, sí se pueden pedir, como hizo el mismo Jacob.

¡Jacob, príncipe de negociantes, ciertamente! "Si Dios está conmigo y me guarda en el camino, entonces el Señor será mi Dios" (véase Génesis 28,20), dice él. Jacob pide guarda para el camino, pero lo pide después de haber recibido esta gracia.

Resumamos, pues, esta primera enseñanza, diciendo: La gracia de Dios cuando nos visita, nos levanta por encima de las simpatías y las antipatías, los afectos y las aversiones, y muestra que nuestro camino tiene sentido, más allá de lo que digan los demás, de lo que digan o contradigan los demás.

Nosotros no podemos arrancarle a Dios esta revelación, pero podemos pedírsela, porque es un regalo. Como hijos confiados, podemos pedirle: "¡Muéstrame el camino, Señor! ¡Muéstrame tu senda!"

Eso es posible decir. Pero, hay otra súplica. Muchas veces no es, "muéstrame tu senda", sino, "muéstrame tu presencia en mi senda". Porque, no todas las veces Dios le tiene que cambiar a uno el camino. Yo insisto, hay veces en que hay que cambiar es el caminado.

Va uno, dado el caso, por la vida consagrada: "¡Señor, muéstrame tu camino!" Ya está el camino: la vida consagrada. "¡Ah! Entonces, muéstrame cómo tengo yo que caminar" Es algo distinto.

A veces hay que pedirle a Dios, que le muestre a uno el camino, y a veces hay que pedirle a Dios, que le cambie a uno el caminado.