Diferencia entre revisiones de «P045004a»

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Hoy, providencialmente, la primera lectura nos ofrece una de esas predicaciones de San Pablo, es una típica predicación kerigmática. Como decía un profesor de mis años de formación, este es uno de esos casos en que el predicador se dirige a sus oyentes como quien ofrece un telegrama, la noticia fresca del amor de Dios.
 
Hoy, providencialmente, la primera lectura nos ofrece una de esas predicaciones de San Pablo, es una típica predicación kerigmática. Como decía un profesor de mis años de formación, este es uno de esos casos en que el predicador se dirige a sus oyentes como quien ofrece un telegrama, la noticia fresca del amor de Dios.
  
La predicación tiene que llegar a cada corazón, tiene quellegar a los oídos de todos aquellos que quieran recibirnos, tiene que llegar como una noticia personal, una noticia fesca, cautivante, algo de lo cual el oyente no puede safarse.
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La predicación tiene que llegar a cada corazón, tiene quellegar a los oídos de todos aquellos que quieran recibirnos, tiene que llegar como una noticia personal, una noticia fesca, cautivante, algo de lo cual el oyente no puede zafarse.
  
 
El arte de un buen escritor, decía algún francés recientemente, no es que la gente pueda entender, sino que la gente sienta que tiene que entender; hay que cautivar, hay que enamorar, hay que atrapar de tal manera el corazón del oyente con una noticia de amor, para que ése o ésa que nos está escuchando, pueda sentir: "Esto me concierne".
 
El arte de un buen escritor, decía algún francés recientemente, no es que la gente pueda entender, sino que la gente sienta que tiene que entender; hay que cautivar, hay que enamorar, hay que atrapar de tal manera el corazón del oyente con una noticia de amor, para que ése o ésa que nos está escuchando, pueda sentir: "Esto me concierne".
  
Si el grito del secularismo es: "Dios no viene al caso", el grito del evangelizador es: "Esto sí que te importa". Es el tono que tiene San Pablo en esta primera lectura.
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Si el grito del secularismo es: "Dios no viene al caso", el grito del evangelizador es: "Esto sí que te importa". Es el tono que tiene San Pablo en esta primera lectura: "A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación" [[:Category:Hechos 013_026|Hechos de los Apóstoles 13,26]].
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Y hacia el final del pasaje que hemos leído hoy, del capítulo trece: "Nosotros os anunciamos, que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos" [[:Category:Hechos 013_032-033|Hechos de los Apóstoles 13,32-33]].

Revisión del 12:41 1 may 2009

Fecha: 20080418

Título:

Original en audio: 7 min. 49 seg.


Este convento, mis hermanos, no es solamente una casa de estudios, es una casa de formación. El deseo es formarnos como predicadores, es nuestro título, es nuestro desafío, es nuestro camino, es nuestra alegría: formarnos como predicadores de la Palabra de Dios.

Y un predicador tiene que tener luz y calor; tiene que tener luz para mostrar una doctrina, para mostrar una verdad, pero tiene que tener calor, sobre todo, fuego que contagia a otros y que les lleva a responder con amor al amor que se ha manifestado en Jesucristo.

La luz la recibimos fundamentalmente por el estudio, en el ejercicio crítico de aquello que leemos, de aquello que exponemos, escribimos, y en todas aquellas actividades que pertenecen a lo que llamamos "la academia".

Pero el calor requiere contagio, el calor requiere proximidad. Por eso también, dejando por un momento los libros de alta filosofía y teología, venimos a esta hoguera que se llama el altar para que el fuego del Espíritu, que es capaz de consagrar el pan como Cuerpo de Cristo y el vino como su Sangre, ese mismo fuego también nos contagie a nosotros.

Pero además de esa fuente en el sacramento, queremos contagiarnos también, mirando, aprendiendo del ejemplo de otros. Si una sola recomendación pudiera darles, y lo hago con toda sencillez y afecto, es: procuren aprender algo, algo de cada predicador que ustedes lleguen a conocer, no solamente en esta casa, sino, por supuesto, en todos sus años de formación.

Nuestro mismo Fundador, Santo Domingo, fijó sus ojos en modelos bien altos, fijó sus ojos, ante todo, en el Predicador de predicadores, el Verbo mismo de Dios, Jesucristo, y por eso cargaba consigo el evangelio de San Mateo.

Pero también llevaba las cartas de San Pablo, y de ese hecho podemos deducir que Domingo meditó muchas veces en lo que Pablo hacía, en lo que Pablo decía, en la manera cómo oraba y también en los padecimientos que tenía en sus entrañas, queriendo engendrar la presencia del Evangelio en todas aquellas comunidades de la cuenca del Mediterráneo.

Hoy, providencialmente, la primera lectura nos ofrece una de esas predicaciones de San Pablo, es una típica predicación kerigmática. Como decía un profesor de mis años de formación, este es uno de esos casos en que el predicador se dirige a sus oyentes como quien ofrece un telegrama, la noticia fresca del amor de Dios.

La predicación tiene que llegar a cada corazón, tiene quellegar a los oídos de todos aquellos que quieran recibirnos, tiene que llegar como una noticia personal, una noticia fesca, cautivante, algo de lo cual el oyente no puede zafarse.

El arte de un buen escritor, decía algún francés recientemente, no es que la gente pueda entender, sino que la gente sienta que tiene que entender; hay que cautivar, hay que enamorar, hay que atrapar de tal manera el corazón del oyente con una noticia de amor, para que ése o ésa que nos está escuchando, pueda sentir: "Esto me concierne".

Si el grito del secularismo es: "Dios no viene al caso", el grito del evangelizador es: "Esto sí que te importa". Es el tono que tiene San Pablo en esta primera lectura: "A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación" Hechos de los Apóstoles 13,26.

Y hacia el final del pasaje que hemos leído hoy, del capítulo trece: "Nosotros os anunciamos, que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos" Hechos de los Apóstoles 13,32-33.