Diferencia entre revisiones de «Scat002a»
| Línea 105: | Línea 105: | ||
Que estas palabras pudieran llevarlas los Ángeles a tantos conventos, éso quisiera yo. Que pudieran llegar a muchos conventos, para que las religiosas no se sintieran solamente trabajadoras, para que no se sintieran solamente empleadas, para que no se sintieran como muchas veces se sienten, como una especie de cooperadoras en la promoción humana. | Que estas palabras pudieran llevarlas los Ángeles a tantos conventos, éso quisiera yo. Que pudieran llegar a muchos conventos, para que las religiosas no se sintieran solamente trabajadoras, para que no se sintieran solamente empleadas, para que no se sintieran como muchas veces se sienten, como una especie de cooperadoras en la promoción humana. | ||
| + | |||
| + | Si una religiosa llega a descubrir plenamente lo que significa dedicarse a Dios, ¿qué pienso? ¡Pienso que tendría tanto, tanto que agradecer! | ||
| + | |||
| + | Este es el día, pues, para alegrarnos en las vocaciones consagradas, es el día para pedir al Señor que nos bendiga con más vocaciones consagradas, y es un día para pedir también, que ese don de predicación que tuvo Catalina de Siena, se renueve en la Orden de Predicadores. | ||
| + | |||
| + | Mis últimas palabras son precisamente para hablar de la Orden Dominicana. Queridos amigos, el tiempo en el que vivió Catalina de Siena fue un tiempo de grave tribulación para toda la Iglesia, para la sociedad entera y desde luego que también, para la Orden dominicana, la comunidad a la que yo pertenezco, la Orden de Predicadores. | ||
| + | |||
| + | ¡Gravísimos males, terribles pecados, horribles escándalos en frailes, en sacerdotes! ¡Sí! ¡Sí es cierto! ¿Y ante eso, qué?¡Una seglar! No se te olvide; ella no estaba en un convento. Era seglar, una seglar enamorada de Dios. | ||
| + | |||
| + | Dice Raimundo de Capua, dominico que fue el director espiritual de Catalina de Siena: "La gente creía que nosotros le enseñábamos a ella. Era ella la que nos enseñaba a nosotros". Y esa es la obra del Espíritu Santo. | ||
| + | |||
| + | Tengo que dar solemne testimonio, yo, que he sido tan mediocre en tantas cosas, que después de la Santísima Virgen María, a nadie, a nadie le debo tanto como a Catalina de Siena. ¡A nadie le debo tanto! | ||
| + | |||
| + | Pienso que en ella hay ese fuego que ella misma decía, fuego de renovación, fuego de santidad. Yo quiero que ese fuego prenda en ustedes, seglares. Este es un día para que los seglares se alegren de ser seglares. | ||
| + | |||
| + | ¡Que ese fuego prenda, fuego de renovación, fuego de renovación de la Iglesia! | ||
Revisión del 06:05 24 abr 2009
Fecha: 19980429
Título: Fuego de renovacion y de santidad
Original en audio: 17 min. 52 seg.
Hoy, la Santa Iglesia Católica celebra la fiesta de Santa Catalina de Siena. Y por eso, hay muchas razones de fiesta y de gozo en mi corazón.
Pero, yo no quiero empezar por mi alegría, sino quiero empezar por tantos otros que se alegran en este día. Se alegra la católica Italia, es decir, los católicos de Italia.
Se alegra la católica Italia, que ve en Catalina uno de sus personajes más representativos. "Il mio cuore é il fuoco", decía Catalina de Siena: "Mi corazón es fuego".
En un mundo, donde sólo el cálculo, la inteligencia, la planeación, el medir cuánto me arriesgo y cuánto me reservo, en un mundo donde ésa parece ser la ley que impera, aparece de pronto esta mujer que dice: "Yo no sé medirme; yo no sé hasta dónde darme. No conozco otra manera de amar que consumirme en el amor que llevo".
"Il mio cuore é il fuoco"; "lleva fuego". Y esto es muy propio del temperamento mediterráneo; es muy propio de la manera de ser latina. Y es un tema que ha sido continua y perpetuamente descalificado por el racionalismo utilitarista, instrumentalista, tecnológico.
La técnica, la ciencia, la planeación, parecen decir: "Mira, no se puede amar demasiado; no se puede perdonar demasiado. Por favor, calcula. Calcula primero y analiza."
He aquí una persona que aprendió en el Corazón abierto de Jesucristo, que hay cosas que no se deben calcular, que existen cosas en las que hay que apostar y fuegos en los que hay que dejarse consumir. Esto dice mucho para Italia, para el Mediterráneo y para todos nosotros, los latinos.
En Italia, también se recuerda a Catalina de Siena con mucho cariño, desde luego en esta fecha, por lo que ella significa para la historia de la literatura italiana.
Sus escritos, que son especialmente, el llamado "Diálogo de la Divina Providencia", del cual Marta nos leía una selección al principio de esta celebración; las cartas y las oraciones.
La obra literaria de Catalina de Siena tiene esas tres partes: un sólo libro, que se llama "El Diálogo de la Divina Providencia", en donde se contiene una serie de meditaciones, reflexiones, enseñanzas teológicas, que nosotros podemos decir que han sido inspiradas por Dios.
Eminentes teólogos han aprobado estas revelaciones. Pero, más allá de todos estos teólogos, han sido los Papas los que han apreciado la palabra de Catalina de Siena.
Y por eso, es ella una de las tres Doctoras de la Iglesia. Llámense Doctores de la Iglesia a aquellos que sobresalen, no sólo por la santidad de su vida, sino por la pureza, calidad y brillo de su doctrina. Hay sólo tres mujeres declaradas Doctoras de la Iglesia. Una de ellas es, Catalina de Siena.
A Catalina se le recuerda también por su labor diplomática, por su importancia en el curso de la historia de la Iglesia. Debemos a Catalina de Siena, el retorno de los Papas a su sede propia. Lo primero que es un Papa, es Obispo de Roma.
Pues bien, desde principios del siglo catorce, una situación política y eclesiástica complicadísima, llevó a que los Papas ya no vivieran en Roma, sino que vivieran en Avignon, hacia el centro-sur de Francia. Avignon: ahí vivían los Papas; pero, con una cantidad de males terribles para la Iglesia.
Porque, si el Papa no vive en su propia sede, ¿con qué cara le puede pedir a los Obispos que se apersonen de su labor pastoral? Y estos Obispos, ¿con qué moral le pueden pedir a los sacerdotes que se apersonen de las parroquias? Y los párrocos, ¿cómo le pueden pedir a los fieles que guíen su propia vocación?
De manera que había un principio de desorden, incluso en la cabeza misma de la Iglesia. Sin embargo, no es porque los Papas quisieran ser simplemente desordenados, sino porque había situaciones de horrenda violencia, atentados que se avecinaban, amenazas también de asesinato, situaciones que no están muy lejanas, de las que lamentablemente hemos tenido que volver a ver en estos días, y que quizás seguiremos viendo.
Esta es una fiesta, además, para que se alegren las mujeres. Deberíamos felicitar y dar un regalo especial a la mujer en este día. ¡Es un día grande!
Porque, encontramos aquí a una mujer que es Predicadora. Predica ante los Cardenales, predica ante el Papa, predica ante el Capítulo General de los dominicos, predica en la Plaza de Florencia. Predica, ora; el Señor le concede realizar milagros, liberaciones y muchos otros carismas.
No obstante, todo eso lo hace desde una plenitud femenina; no en competencia con el hombre. Es una mujer feliz, grata, agradecida al Señor de su propio ser. Ni por un instante se le ocurre competir con el hombre. Está bien en lo que Dios ha querido de ella. Y por eso, es un modelo acabado de feminidad.
Su doctrina teológica, por otra parte, muestra cómo en lo último y en lo más acabado de la vida espiritual, todos somos femeninos. Hay una etapa, que Catalina de Siena la caracteriza como la etapa viril o varonil.
Es esa etapa que nosotros a veces hemos llamado "segunda generación", la etapa en la que hombres y mujeres han de revestirse como de valor de soldados. Desde luego, no perder la delicadeza de la mujer en ningún caso. Pero, son expresiones que utiliza Catalina.
En "segunda generación", la lucha es, en cierto modo, viril, varonil, la lucha contra el pecado, la lucha para vencer muchas cosas. Y hay que saber vivir esa etapa viril, porque si no, males endémicos que hay en el corazón humano, quedarán ahí, y ahí seguirán.
Entonces, es necesario. Porque, existen cosas en el alma que hay que pelearlas como cuando se sale al combate. Hay que lucharlas y hay que vencerse.
El caso típico está en la pereza y está en la sensualidad. La lucha contra la pereza no es una lucha que voy a argumentar con la pereza: "A ver, pereza: ¿tú qué quieres que hagamos hoy? A ver; hagamos un planteamiento razonable, pereza. ¿Qué será mejor? ¿Quedarme aquí echado como una marmota? O, ¿será mejor que me ponga a trabajar? ¿Qué será mejor?"
Con la pereza, con la propia pereza, no hay nada que se pueda hacer si no es la energía de una lucha que tiene mucho de varonil. Y algo parecido sucede con la sensualidad. Cada uno conoce su propia vida, y hay ciertas cosas que si no se les pone un corte y si no se les pone con firmeza un límite, se audeñan del alma.
El caso típico está en las dietas. ¡Ese es el caso típico! Si yo estoy haciendo una dieta, tengo que evitar, no sólo lo que me hace daño, sino la ocasión de que eso aparezca.
¡La ocasión de que eso aparezca! Porque, si estoy haciendo la dieta de las proteínas, que es muy popular en algunos círculos, -digo círculos porque son personas muy gordas-, si yo estoy haciendo la dieta de las proteínas, entonces digo: "Bueno, si no cambio mis costumbres y sigo yendo a los mismos lugares con las mismas personas, asistiendo a los mismos banquetes, va a ser demasiado difícil."
Se necesita tomar decisiones. Esa es la etapa varonil. Eso es lo que nosotros hemos llamado aquí, "segunda generación".
Pero, una vez que el corazón se va afianzando en las virtudes, llamémoslas así, viriles o varoniles, -y esto vale para hombres y mujeres-, también hombres y mujeres tenemos que saber que la plenitud de la vida espiritual, no está en el modo masculino sino en el modo femenino.
En esto es audaz y clarísima Catalina de Siena. ¡Clarísima! Maestra fue de vida espiritual, entre varias, de otra Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Santa Teresa, la otra Doctora de la Iglesia, aprovechó grandemente los escritos de Catalina de Siena.
Y le dice: "Sabemos que Santa Teresa de Jesús, cuando describe el itinerario espiritual, también presenta en las últimas moradas", -es decir, las que van llegando a la plenitud de vida espiritual-, "ese modo femenino, ese encuentro amoroso y femenino".
No tengamos miedo de las palabras con Dios. Es decir, que Él sea el Esposo y que el alma enamorada sea la esposa.
¿Por qué estos términos parecen luego tan extraños? ¿Por qué llegaron a parecer tan extraños más tarde en la Iglesia? ¿Qué pasó? Pues, pasó que los sentimientos han sido tan ensuciados por tantas cosas, y hay vidas tan lastimadas por tantas cosas, por tantos, que perdieron la capacidad de decir las palabras tiernas, que son el lenguaje para "tercera generación".
Una de las grandes bellezas que tiene "tercera generación", es la santificación de la ternura. Que la ternura sea el vehículo, el lenguaje de mi oración, el lenguaje de la gracia entre Dios y yo, entre Dios y mi comunidad, entre Dios y la Iglesia.
Pero, éste no es un lenguaje solamente de mujeres. San Juan de la Cruz, bastante hombrecito, si miramos lo que le tocó padecer y si vemos la manera como lo afrontó, muy claro en su ser masculino, cuando va a describir la plena unión con Dios, ¿qué lenguaje utiliza? El de la esposa y el del Esposo.
Se alegran también en este día las almas consagradas. Catalina de Siena es una persona consagrada enteramente a Dios. Es una persona de radicalidad, una persona de absoluto.
Debo aclarar, -porque siempre se la representa con hábito-, que Catalina de Siena no fue religiosa. Catalina de Siena fue seglar, vivió en su casa. Por consiguiente, yo debo extender mi felicitación a las vírgenes seglares en este día.
Creo que mejor amiga, madre, Maestra y Patrona, no les puedo presentar que aquella que por lo menos en mí suscitó el deseo de que esa vida debiera existir.
Porque, es una vergüenza de la Iglesia que la consagración que tuvo Catalina de Siena se dejara perder. Gente obtusa y sacerdotes ocupados en otras cosas, no supieron valorar lo que significa que hubiera vírgenes; eso no lo supieron valorar.
Y si nosotros vamos a los orígenes de la Iglesia, nos encontramos con que uno de los principales frutos de la predicación, estuvo precisamente en las vírgenes. ¡Oiga! Es que es madurez de una comunidad, es madurez de un alma que hubiera vírgenes.
¿Por qué? Porque, para representar lo que es la Iglesia ante Cristo, no tenemos ninguna imagen tan perfecta como una mujer consagrada en cuerpo y alma a Él. Y esto es esencialmente el don de la virginidad esponsal.
¿Cómo va a ser que una persona ama a la Iglesia, dice que ama a la Iglesia, dice que ama a Cristo y no es sensible a estas señales, o a estos signos? Si yo amo a Jesucristo, yo entiendo que Cristo murió por la Iglesia. San Pablo lo dice: "Por la Iglesia murió, para alabarla y presentarla inmaculada" (véase Carta a los Efesios 5,25-27).
Yo entiendo que la Iglesia es el amor grande de Jesucristo, y yo entiendo que el discípulo más grande es ser Iglesia. Pues bien, si yo amo a la Iglesia, empiezo a buscar en dónde la puedo ver representada.
Y encuentro sólo dos imágenes. Primero, la del Obispo celebrando la Eucaristía. El Obispo, aquel en el que reposa y es activa la gracia sacerdotal con toda su fuerza, el Obispo, reunido con sus presbíteros y con el pueblo santo celebrando ante el altar de Jesucristo la Eucaristía, ésa es la imagen viva de la Iglesia.
Si a mí una persona me dice que es católica y no siente nada de ver a un Obispo celebrar con sus sacerdotes y con el pueblo la Eucaristía, yo no sé qué Espíritu Santo pueda haber en esa persona.
Por eso, es una imagen. La otra imagen, humilde y continua, es la imagen de una virgen consagrada. El Obispo, revestido, no obrando como Juan González, sino como Obispo de la Iglesia de Dios unido a sus sacerdotes y diáconos, a los demás ministros y a todo el pueblo santo, celebrando la Eucaristía, eso es bellísimo, pero es un instante.
Al contrario, una virgen consagrada como lo fue Catalina de Siena, es durante todas las horas del día y de la noche, un icono, una imagen viva de lo que es la Iglesia.
Luego, yo, que aprecio y hago propaganda a todas las vocaciones porque a mí me encanta que la gente encuentre su vocación, no puedo ocultar mi predilección por la vocación de la virginidad consagrada.
Yo no puedo ocultar el entusiasmo y la generosidad que eso suscita en mí. ¡No lo puedo ocultar! Porque, éso no nace de mí. Cualquiera que haya leído a los autores de la Iglesia, sabe que en ningín lugar la Iglesia se ha visto tan retratada como en aquella persona que se consagra con cuerpo y alma a servir al Señor. Desde luego, esto vale también para las religiosas. ¡Claro que sí!
Que estas palabras pudieran llevarlas los Ángeles a tantos conventos, éso quisiera yo. Que pudieran llegar a muchos conventos, para que las religiosas no se sintieran solamente trabajadoras, para que no se sintieran solamente empleadas, para que no se sintieran como muchas veces se sienten, como una especie de cooperadoras en la promoción humana.
Si una religiosa llega a descubrir plenamente lo que significa dedicarse a Dios, ¿qué pienso? ¡Pienso que tendría tanto, tanto que agradecer!
Este es el día, pues, para alegrarnos en las vocaciones consagradas, es el día para pedir al Señor que nos bendiga con más vocaciones consagradas, y es un día para pedir también, que ese don de predicación que tuvo Catalina de Siena, se renueve en la Orden de Predicadores.
Mis últimas palabras son precisamente para hablar de la Orden Dominicana. Queridos amigos, el tiempo en el que vivió Catalina de Siena fue un tiempo de grave tribulación para toda la Iglesia, para la sociedad entera y desde luego que también, para la Orden dominicana, la comunidad a la que yo pertenezco, la Orden de Predicadores.
¡Gravísimos males, terribles pecados, horribles escándalos en frailes, en sacerdotes! ¡Sí! ¡Sí es cierto! ¿Y ante eso, qué?¡Una seglar! No se te olvide; ella no estaba en un convento. Era seglar, una seglar enamorada de Dios.
Dice Raimundo de Capua, dominico que fue el director espiritual de Catalina de Siena: "La gente creía que nosotros le enseñábamos a ella. Era ella la que nos enseñaba a nosotros". Y esa es la obra del Espíritu Santo.
Tengo que dar solemne testimonio, yo, que he sido tan mediocre en tantas cosas, que después de la Santísima Virgen María, a nadie, a nadie le debo tanto como a Catalina de Siena. ¡A nadie le debo tanto!
Pienso que en ella hay ese fuego que ella misma decía, fuego de renovación, fuego de santidad. Yo quiero que ese fuego prenda en ustedes, seglares. Este es un día para que los seglares se alegren de ser seglares.
¡Que ese fuego prenda, fuego de renovación, fuego de renovación de la Iglesia!