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Es bueno que sepamos, especialmente los que por bondad de Dios y por amor a la Iglesia, asistimos con frecuencia a la Misa, es bueno que sepamos qué orden llevan las lecturas. Porque de pronto alguien podría tener la impresión de que simplemente van sacando de aquí y de allí; no. Los textos del Evangelio, en la Pascua, tiene un orden muy especial.
 
Es bueno que sepamos, especialmente los que por bondad de Dios y por amor a la Iglesia, asistimos con frecuencia a la Misa, es bueno que sepamos qué orden llevan las lecturas. Porque de pronto alguien podría tener la impresión de que simplemente van sacando de aquí y de allí; no. Los textos del Evangelio, en la Pascua, tiene un orden muy especial.
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La Pascua empieza, como lo sabemos, con el Domingo de Resurrección, el Domingo de los domingos, la Solemnidad de las solemnidades. Es el Domingo que corona la Semana Mayor o Semana Santa. Pero ese Domingo no se limita a un día, sino que se prolonga por toda una semana, que se llama la Octava de Pascua.
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Durante la Octava de Pascua, los evangelios que hemos escuchado, tomados de los diversos evangelios, de los diversos textos de los Evangelistas, lo que cuentan son las principales manifestaciones de Cristo Resucitado.
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Ahora estamos ya en la segunda semana de Pascua, que empezó el domingo pasado. En esa segunda semana hemos oído apartes de la conversación entre Jesús y un prodigioso maestro judío, llamado Nicodemo. Este Nicodemo, que era un gran maestro, fue de noche a visitar al Señor, y algunos textos de esa conversación nos han servido para la proclamación del Evangelio en esta semana.
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A partir de hoy, viernes, el panorama cambia. La conversación entre Jesús y Nicodemo está tomada del capítulo tercero de Juan. Ahora vamos a dar un pequeño salto, o lo acabamos de dar, y nos vamos al capítulo sexto según San Juan, donde se cuenta la multiplicación de los panes.
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Pero hay una diferencia entre lo que hace el Evangelista Juan y lo que hacen los otros Evangelistas. Los otros apenas cuentan en un texto cortico que Jesús hizo la multiplicación de los panes y que todos comieron y se saciaron. Más o menos lo que hemos escuchado precisamente el día de hoy.
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En cambio, el Evangelista Juan hace toda una meditación, hace toda una reflexión bien profunda, sumamente sustanciosa sobre lo que significaba ese milagro.
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Y por eso, preparémonos porque durante estos días vamos a oír a Juan, el Evangelista; meditar sobre lo que significa Cristo como el Pan de Vida. Podíamos decir que Cristo, en la cruz, fue como ese trigo que fue molido, y así se puedo hacer Pan para la vida del mundo.
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Pero no basta con moler el trigo, es necesario también que sea cocinado, que sea asado; es necesario que haya fuego y ese fuego fue la acción del Espíritu Santo que resucitó a Cristo de entre los muertos.
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''Como quien dice, si escuchamos a partir de hoy estos textos que nos hablan de la multiplicación de los panes, es porque la Iglesia quiere que aprendamos a reconocer en Jesucristo Resucitado la Fuente de la verdadera Vida, el Pan que da vida para esta tierra, pero sobre todo para la eternidad.''
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Cristo es ese Pan que fue molido en la Cruz, que fue consumido por el fuego del amor del Espíritu Santo y que hoy se presenta como Pan de Vida para que nosotros podamos alimentarnos de Él y tener vida en su Nombre.
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''A diferencia de los panes de esta tierra, que cuando se dividen, no alcanzan; y si hay muchos comensales, no hay para todos; Cristo es un Pan, que cuanto más se reparte, más se multiplica.''
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Porque así pasa también con el amor. Mire que eso sucede hasta con esa expresión sencilla del amor, que es una sonrisa. Bien se ha dicho que la sonrisa enriquece al que la recibe, sin empobrecer al que la da. Así como usted puede llenar con la sonrisa a otra persona y usted mismo no queda vacío, así también el amor hace ricas a las otras personas, sin empobrecer al que ama.
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''Y así también Cristo, Pan de Vida, Pan de Amor, a todos alimenta y es como inextinguible, es como inagotable lo que hay en Él. Cuanto más da, más hay en Él.''
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Nosotros, los que con trabajo ganamos el pan de cada día, corremos el riesgo de pensar que ese pan que recibimos a precio de trabajo, es la justa medida, el justo equivalente de nuestro esfuerzo. En realidad, uno no puede alimentarse con un cheque, ni uno puede alimentarse con unos pesos; nadie come billete.
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En realidad, el dinero que tanto nos cuesta trabajo conseguir se convierte en pan, pero la proporción no es que todo mi esfuerzo se convirtió en pan; sino que el pan, incluso el que compramos a precio de nuestro esfuerzo, lleva el sello de un regalo, el regalo de la bondad de Dios en la creación.
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Pero como precisamente cuesta tanto trabajo conseguir ese pan de cada día, a uno se le puede olvidar que el alimento y que la vida misma son un regalo.
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Y por eso, este nuevo y maravilloso Pan, este Pan de vida, este Pan de eternidad, viene a recordarnos la ternura, la infinita, la inagotable bondad de Dios, que estaba ya presente en la creación, pero que se ha vuelto desbordante en el sacrificio de Cristo en la cruz.
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Recibamos este Pan, que es el Pan de la Palabra que nos alimenta, y que es el Pan de la Eucaristía que nos fortalece.
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Comamos este Pan, comámoslo con la fe, comámoslo con los ojos, comámoslo con la boca; comamos eternidad, comamos una vida que ya no muere; comamos a este Cristo y celebremos así la Pascua.
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Amén.

Revisión actual del 13:23 22 abr 2009

Fecha: 19970411

Título: Cristo es el Pan de Vida Inagotable

Original en audio: 7 min. 38 seg.


Queridos Hermanos:

Acabamos de escuchar un evangelio bastante conocido, es de los milagros que seguramente todos conocemos y recordamos que hizo Jesús Nuestro Señor: la multiplicación de los panes. Este milagro lo atestiguan los Evangelistas, como hemos escuchado en esta ocasión, según la versión de San Juan.

Y no puede preguntarse: "¿Por qué, después de los relatos de la Resurrección que veníamos escuchando, y después de los otros textos de la conversación entre Jesús y Nicodemo, ahora vamos con la multiplicación de los panes?"

Es bueno que sepamos, especialmente los que por bondad de Dios y por amor a la Iglesia, asistimos con frecuencia a la Misa, es bueno que sepamos qué orden llevan las lecturas. Porque de pronto alguien podría tener la impresión de que simplemente van sacando de aquí y de allí; no. Los textos del Evangelio, en la Pascua, tiene un orden muy especial.

La Pascua empieza, como lo sabemos, con el Domingo de Resurrección, el Domingo de los domingos, la Solemnidad de las solemnidades. Es el Domingo que corona la Semana Mayor o Semana Santa. Pero ese Domingo no se limita a un día, sino que se prolonga por toda una semana, que se llama la Octava de Pascua.

Durante la Octava de Pascua, los evangelios que hemos escuchado, tomados de los diversos evangelios, de los diversos textos de los Evangelistas, lo que cuentan son las principales manifestaciones de Cristo Resucitado.

Ahora estamos ya en la segunda semana de Pascua, que empezó el domingo pasado. En esa segunda semana hemos oído apartes de la conversación entre Jesús y un prodigioso maestro judío, llamado Nicodemo. Este Nicodemo, que era un gran maestro, fue de noche a visitar al Señor, y algunos textos de esa conversación nos han servido para la proclamación del Evangelio en esta semana.

A partir de hoy, viernes, el panorama cambia. La conversación entre Jesús y Nicodemo está tomada del capítulo tercero de Juan. Ahora vamos a dar un pequeño salto, o lo acabamos de dar, y nos vamos al capítulo sexto según San Juan, donde se cuenta la multiplicación de los panes.

Pero hay una diferencia entre lo que hace el Evangelista Juan y lo que hacen los otros Evangelistas. Los otros apenas cuentan en un texto cortico que Jesús hizo la multiplicación de los panes y que todos comieron y se saciaron. Más o menos lo que hemos escuchado precisamente el día de hoy.

En cambio, el Evangelista Juan hace toda una meditación, hace toda una reflexión bien profunda, sumamente sustanciosa sobre lo que significaba ese milagro.

Y por eso, preparémonos porque durante estos días vamos a oír a Juan, el Evangelista; meditar sobre lo que significa Cristo como el Pan de Vida. Podíamos decir que Cristo, en la cruz, fue como ese trigo que fue molido, y así se puedo hacer Pan para la vida del mundo.

Pero no basta con moler el trigo, es necesario también que sea cocinado, que sea asado; es necesario que haya fuego y ese fuego fue la acción del Espíritu Santo que resucitó a Cristo de entre los muertos.

Como quien dice, si escuchamos a partir de hoy estos textos que nos hablan de la multiplicación de los panes, es porque la Iglesia quiere que aprendamos a reconocer en Jesucristo Resucitado la Fuente de la verdadera Vida, el Pan que da vida para esta tierra, pero sobre todo para la eternidad.

Cristo es ese Pan que fue molido en la Cruz, que fue consumido por el fuego del amor del Espíritu Santo y que hoy se presenta como Pan de Vida para que nosotros podamos alimentarnos de Él y tener vida en su Nombre.

A diferencia de los panes de esta tierra, que cuando se dividen, no alcanzan; y si hay muchos comensales, no hay para todos; Cristo es un Pan, que cuanto más se reparte, más se multiplica.

Porque así pasa también con el amor. Mire que eso sucede hasta con esa expresión sencilla del amor, que es una sonrisa. Bien se ha dicho que la sonrisa enriquece al que la recibe, sin empobrecer al que la da. Así como usted puede llenar con la sonrisa a otra persona y usted mismo no queda vacío, así también el amor hace ricas a las otras personas, sin empobrecer al que ama.

Y así también Cristo, Pan de Vida, Pan de Amor, a todos alimenta y es como inextinguible, es como inagotable lo que hay en Él. Cuanto más da, más hay en Él.

Nosotros, los que con trabajo ganamos el pan de cada día, corremos el riesgo de pensar que ese pan que recibimos a precio de trabajo, es la justa medida, el justo equivalente de nuestro esfuerzo. En realidad, uno no puede alimentarse con un cheque, ni uno puede alimentarse con unos pesos; nadie come billete.

En realidad, el dinero que tanto nos cuesta trabajo conseguir se convierte en pan, pero la proporción no es que todo mi esfuerzo se convirtió en pan; sino que el pan, incluso el que compramos a precio de nuestro esfuerzo, lleva el sello de un regalo, el regalo de la bondad de Dios en la creación.

Pero como precisamente cuesta tanto trabajo conseguir ese pan de cada día, a uno se le puede olvidar que el alimento y que la vida misma son un regalo.

Y por eso, este nuevo y maravilloso Pan, este Pan de vida, este Pan de eternidad, viene a recordarnos la ternura, la infinita, la inagotable bondad de Dios, que estaba ya presente en la creación, pero que se ha vuelto desbordante en el sacrificio de Cristo en la cruz.

Recibamos este Pan, que es el Pan de la Palabra que nos alimenta, y que es el Pan de la Eucaristía que nos fortalece.

Comamos este Pan, comámoslo con la fe, comámoslo con los ojos, comámoslo con la boca; comamos eternidad, comamos una vida que ya no muere; comamos a este Cristo y celebremos así la Pascua.

Amén.