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Revisión del 15:16 31 mar 2009

Fecha: 19980430

Título: El Espiritu Santo nos hace agiles

Original en audio: 11 min. 7 seg.


Uno de los santos más extraños de la Iglesia es Felipe, del que nos habló la primera lectura. Es un santo extraño por su origen, uno lo puede confundir con el Apóstol, pero se trata es de uno de los diáconos.

En la primera lectura de estos días veníamos escuchando a Esteban, que también fue uno de los primeros diáconos.

Cosa que también es misteriosa, porque cuando uno lee sobre el origen de los diáconos, en el capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles, lo que se dice es que los eligieron en nombre del Señor para para que ayudaran en el ministerio de la caridad a atender a las viudas y a aquellos creyentes que venían de lengua griega.

Pero los dos diáconos de los que se habla en los Hechos de los Apóstoles, es decir, Esteban y Felipe, no aparecen directamente implicados en obras de caridad, sino más bien en obras de predicación; y es como una cosa misteriosa que tienen los Hechos de los Apóstoles.

Esteban fue un hombre lleno de elocuencia y de Espíritu Santo, que mostró con tanta fuerza a Jesús como el cumplimiento de todas las promesas, que eso venía prácticamente a equivaler en que se desarmaba el Judaísmo. Si Jesús es el Mesías, toda la estructura judía tenía que ser renovada. Y eso no les gustó, y lo persiguieron, y lo juzgaron, y lo mataron.

Pero ahora aparece otro diácono, Felipe. Este Felipe es un santo muy extraño, y no tiene fiesta, no tiene fiesta. Este Felipe, que debió ser un santo brillante, no tiene fiesta en la Iglesia. Eso significa que la liturgia de la Iglesia no es perfecta.

Es muy linda, es muy buena, pero tiene pequeños detalles que le hacen falta, por ejemplo este, ¿cómo es que este santo no tiene fiesta? No por honrarlo a él, sino porque el pueblo de Dios medite y aproveche la enorme santidad que él tenía.

Yo les confieso que de todos los santos que yo haya podido conocer en mi vida, el santo más carismático es este Felipe. Carismático, porque en él se cumplió un don extrañísimo, inexplicable desde el punto de la ciencia, que hacía que su propio cuerpo se asemejara, ya en esta tierra, al cuerpo glorioso de Cristo.

Porque es propio del Cuerpo glorioso de Jesucristo que puede atravesar puertas, que puede aparecerse, que puede ir de un lugar a otro; pero Dios ha concedido a algunos santos, que este Felipe no es el único caso pero tal vez sí es como el más brillante, ha concedido a algunos santos que su cuerpo todavía antes de morir, gocen en parte de los dones de después de la muerte.

Y oímos decir, por ejemplo, este Felipe era arrebatado por el Espíritu, vencía barreras de espacio, era como transformado.

No es el único caso en la Sagrada Escritura. Otro santo inmenso del Antiguo Testamento, el profeta Elías tenía ese mismo don. El Señor Dios muchas veces lo rescató de sus perseguidores así, lo arrebataba el Espíritu y lo hacía aparecer en otra parte. Pues así sucedía en este diácono Felipe.

Pero hay una diferencia, que a mí me llena como de dulzura y alegría el alma. Que yo sepa, aparte de las apariciones de Jesucristo, los únicos santos en la Biblia que tuvieron este don fueron: Elías, en el Antiguo Testamento; y el diácono Felipe, en el Nuevo Testamento.

Pero Elías lo tenía para huir, ese don de Dios era para huir. Cuando se dice de Elías estamos hablando de la época del rey Ajab, que fue un títere en manos de su esposa, la perversa Jezabel.

Jezabel fue una mujer idólatra, una mujer llena de supersticiones, brujería y magia, que odiaba con toda pasión la fe de Dios, odiaba a Yavé, odiaba el culto a Yavé, odiaba a los profetas de Yavé y había matado a muchos, pero hay uno al que no puedo matar, a Elías.

Elías fue el profeta que confrontó al pueblo de Israel, allá junto al monte Carmelo, y les dijo: "Bueno, si Baal es Dios, adoren a Baal; o si no, adoren a Yavé" 1 Reyes 18,21.

Elías es un profeta descomunal, es un gigante de la santidad. Pues Elías no pudo ser matado por Jezabel, porque el poder del Espíritu, el poder del amor de Dios fue más grande que el poder del odio de Jezabel.

Ajab no hacía nada, Ajab era un tontico que estaba ahí como en manos de lo que dijera Jezabel, que era una bruja tenebrosa, una mujer espantosa.

Pero mi historia va a que Elías tenía ese don del Espíritu santo, y el otro que lo tuvo fue Felipe, este diácono. Pero Elías lo tenía para huir, para huir del enemigo; Felipe lo tiene para hacer huir al enemigo; él es muy grande.

Mientras que en Elías, y eso es una obra muy bella porque lo salvó del poder de Satanás, que era en últimas el que lo estaba persiguiendo a través de Jezabel y de toda esa gente.

Mientras que en Elías vemos a Dios dándole alas para huir ante el enemigo, aquí vemos a Dios dándole alas a Felipe para poner en huida al enemigo. Puede decirse que es como una revancha. Es decir, aquí es el poder del Espíritu manifestándose de una forma ya incomprensible, de una forma fantástica, para que la Palabra de Dios se difunda.

Bueno, es hermoso meditar en este santo. Ojalá Dios me concediera, antes de morir, que se hicieran unas reformas al calendario litúrgico para incluir la fiesta de este santo; a mí me parece que sería muy bonito.

Y otra fiesta que hay que incluir es la fiesta de Santa María de Betania, la hermana de Marta, las dos hermanas eran hermanas de Lázaro: Marta, María y Lázaro. Santa María de Betania debería tener una fiesta, que ha sido modelo, por todos los siglos, de la vida contemplativa.

Pero mientras llega esa reforma litúrgica, nosotros nos quedamos mirando todo lo que Dios hizo con Felipe y decimos: "¿Y para nosotros qué?" Pues para nosotros vamos a sacar dos enseñanzas.

Primera: que eso que el Espíritu Santo realizó físicamente con Elías y con Felipe, también lo hace con nosotros. Dios nos rescata de muchas cosas, pero de muchas, y de garras casi imposibles, nos saca; y de riesgos casi totales, nos saca. Ese es el Espíritu de Dios sacándonos.

Canta por allá un salmo y dice: "La red, la trampa se rompió y escapamos" Salmo 123,7. Es muy lindo sentir eso, que Dios rompe redes. Redes pegajosas, redes estrechas, pesadas, terrible de Satanás, son rotas por Dios. Y uno sale como un pájaro de la trampa del cazador; o sea que Dios lo hace en favor de nosotros.

Y también comprender que cuando el Espíritu Santo está con nosotros, nosotros de alguna manera tenemos también esa capacidad para no temer y para anunciar, aún en medio de las tribulaciones, anunciar, no es sólo que nosotros seamos liberados, sino que anunciemos libertad y liberación y paz a los demás.

¡Hay muchas personas que viven agobiadas por angustias y miedos y cosas! Que nosotros seamos mensajeros de la victoria de Dios. Esta es una enseñanza.

La otra enseñanza es percibir lo que hace el Espíritu santo, una de las mucha sobras que hace el Espíritu Santo en nosotros. El Espíritu Santo nos hace ágiles. Tan ágil hizo a Felipe, que no se le veían ni los pies, lo hacía como volar. Quién sabe cómo era ese milagro, ¿no? Un milagro como primo de la bilocación, un milagro raro el que sucedió ahí.

Tan rápido, tan ágil hizo a Felipe, que no se le veían ni los pies, simplemente como que desaparecía. Pero nosotros necesitamos otro tipo de agilidad.

Hay veces que cuando no está metido en los trancones dice: "¡Si yo tuviera ese don de Felipe de salir como volando y llegar adonde tengo que llegar!" Dios tal vez no nos da ese género de don, pero Dios sí quiere que seamos ágiles, que nosotros tengamos, como decía por boca de Isaías, "alas de águila" Isaías 40,31. Que seamos ágiles y volemos, que nos nos dejemos enredar por las cosas de esta tierra ni por los problemas.

Que seamos ágiles, que volemos pronto a obedecerle. Esto es ser como Ángeles. La descripción más parecida a un Ángel, en carne humana, es Felipe, que cumple una misión de anunciar noticias de Dios, superando incluso el espacio mismo.

Que el espíritu Santo nos haga ágiles, ágiles; no nos dejemos enredar. Enredar es quedar en una red. No nos dejemos enredar. Ágiles, sueltos, obedientes, amorosos, llenos de fuego y de palabras de Dios.