Diferencia entre revisiones de «Msan004a»
| Línea 15: | Línea 15: | ||
Supliquémosle, con el alma llena de fe, llena de esperanza y llena de amor, supliquémosle: "Si es tu voluntad, que yo pueda asomarme un poco mejor al abismo de tu amor, concédemelo, Padre; concede que yo pueda mirar un poco más, que yo pueda valorar más, que yo pueda recibir un poco más de ti, si es para mayor gloria tuya". | Supliquémosle, con el alma llena de fe, llena de esperanza y llena de amor, supliquémosle: "Si es tu voluntad, que yo pueda asomarme un poco mejor al abismo de tu amor, concédemelo, Padre; concede que yo pueda mirar un poco más, que yo pueda valorar más, que yo pueda recibir un poco más de ti, si es para mayor gloria tuya". | ||
| + | |||
| + | Con esos sentimientos, hasta donde son posibles, nos acercamos a este texto del evangelio de Juan; ya se sitúa la escena en la Cena de despedida, ya estamos en esa Última Cena, la misma que está grabada en el corazón del pueblo católico precisamente por la celelebración de la Santa Misa. | ||
| + | |||
| + | Y en esta Cena, yendo con nuestro corazón y situándonos en ese banquete, escuchemos la palabra terrible que dice Jesucristo: "Os aseguro que uno de voostros me va a entregar" [[:Category: Juan 013_021|San Juan 13,21]. | ||
| + | |||
| + | Esa expresión, "os aseguro" [[:Category: Juan 013_021|San Juan 13,21], aparecece muchas veces en los Evangelios, parece que | ||
Revisión del 16:49 24 mar 2009
Fecha: 19990330
Título:
Original en audio: 17 min. 47 seg.
La Palabra de Dios es profunda, es inagotable, siempre es profunda y siempre es inagotable; pero hay pasajes, que por los misterios tan gandes que enseñan, se convierten como en abismos, abismos insondables del misterio de Dios.
Indudablemente, la muerte de Jesucristo, su descenso a lo más profundo de la miseria humana, en esas condiciones de rechazo, de traición, de tortura, pero también en esas condiciones de generosidad y de amor sin límites, esa muerte de Cristo, digo, es el misterio de los misterios.
Y por eso, a medida que se van acercando esos días santísimos, también nosotros, con la bondad de Dios, tenemos que preparar nuestro entendimiento y abrirlo al máximo como apetito, porque Dios nos va a dar su pan. Abramos amplio el espacio a Dios y digámosle, con humilde corazón, aquello del salmista: "Como están los ojos de los escalvos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia" Salmo 122,2.
Fijemos así nuestros ojos en Él, fijemos así en Él nuestro corazón, nuestros ojos en sus manos, de donde vamos a recibir el Pan de la Vida, el alimento de la eternidad, y pidámosle, con un corazón humilde y enamorado: "Señor, ábrenos los tesoros de tu revelación, de tu amor".
Supliquémosle, con el alma llena de fe, llena de esperanza y llena de amor, supliquémosle: "Si es tu voluntad, que yo pueda asomarme un poco mejor al abismo de tu amor, concédemelo, Padre; concede que yo pueda mirar un poco más, que yo pueda valorar más, que yo pueda recibir un poco más de ti, si es para mayor gloria tuya".
Con esos sentimientos, hasta donde son posibles, nos acercamos a este texto del evangelio de Juan; ya se sitúa la escena en la Cena de despedida, ya estamos en esa Última Cena, la misma que está grabada en el corazón del pueblo católico precisamente por la celelebración de la Santa Misa.
Y en esta Cena, yendo con nuestro corazón y situándonos en ese banquete, escuchemos la palabra terrible que dice Jesucristo: "Os aseguro que uno de voostros me va a entregar" [[Category: Juan 013_021|San Juan 13,21].
Esa expresión, "os aseguro" [[Category: Juan 013_021|San Juan 13,21], aparecece muchas veces en los Evangelios, parece que