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Cristo es infinitamente sensible. A Cristo no se le escapa un detalle. ¡Qué tamaño de fe la de este hombre, con todo lo que arriesgó! Esa fe lo puso ante Cristo y esa fe le devolvió la vista. | Cristo es infinitamente sensible. A Cristo no se le escapa un detalle. ¡Qué tamaño de fe la de este hombre, con todo lo que arriesgó! Esa fe lo puso ante Cristo y esa fe le devolvió la vista. | ||
| − | "¡Levántate que te llama!" ('' | + | "¡Levántate que te llama!" (''véase'' San Marcos 10, 49), le decía la gente a este ciego. Yo creo que hoy esta voz nos la repite la Iglesia, esta voz nos la repiten los Santos, esta voz la repiten los Ángeles. Así haya que perder lo tuyo, así haya quien no entienda, así tengas que hacer tantos ridículos. |
Levántate, apuéstalo todo, piérdelo todo por esa voz. ¡Ánimo, levántate! ¡te está llamando! Esa voz de Cristo, esa voz que llega al corazón esa es la voz que nosotros recibimos en el Evangelio; ese es el susurro que nos dice el Pan Eucarístico con su silencio. | Levántate, apuéstalo todo, piérdelo todo por esa voz. ¡Ánimo, levántate! ¡te está llamando! Esa voz de Cristo, esa voz que llega al corazón esa es la voz que nosotros recibimos en el Evangelio; ese es el susurro que nos dice el Pan Eucarístico con su silencio. | ||
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¡Te está llamando! Cuando te levantes de tu puesto para comulgar, acuérdate del ciego Bartimeo y cuando Cristo esté dentro de ti, acuérdate que te está llamando; y esa llamada final, más allá de toda multitud, está en el Cielo. | ¡Te está llamando! Cuando te levantes de tu puesto para comulgar, acuérdate del ciego Bartimeo y cuando Cristo esté dentro de ti, acuérdate que te está llamando; y esa llamada final, más allá de toda multitud, está en el Cielo. | ||
| − | "Señor, que yo pueda ver." ('' | + | "Señor, que yo pueda ver." (''véase'' San Marcos 10, 51). Lo que pedía Bartimeo era para esta tierra. Que yo pueda ver significa también que cuando yo llegue al Cielo yo te pueda ver. Esa es la sanación definitiva, esa es la victoria definitiva de Cristo. Que cuando llegue, que cuando se me acabe el camino - a Bartimeo se le acabó el camino- que cuando se me acabe el camino, yo te pueda ver. Que yo te pueda ver, eso es todo lo que pido. |
| − | Al comulgar, le rogamos eso a Cristo: que te pueda ver. En ese sentido, nosotros como que mejoramos la petición de Bartimeo, él sólo dijo “que pueda ver” ('' | + | Al comulgar, le rogamos eso a Cristo: que te pueda ver. En ese sentido, nosotros como que mejoramos la petición de Bartimeo, él sólo dijo “que pueda ver” (''véase'' San Marcos 10, 51), nosotros decimos: |
''¡Que te pueda ver a Ti, que cuando todo acabe, que cuando ya no quede ni manto ni multitud yo te pueda ver a Ti, mi Señor, mi Esposo, mi amor, mi Salvador; mi Dios y Salvador!'' | ''¡Que te pueda ver a Ti, que cuando todo acabe, que cuando ya no quede ni manto ni multitud yo te pueda ver a Ti, mi Señor, mi Esposo, mi amor, mi Salvador; mi Dios y Salvador!'' | ||
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Revisión del 03:46 8 mar 2009
Fecha: 20001029
Título: Aunque el ciego no podía ver, si se podía ver la fe del ciego
Original en audio: 9 min. 59 seg.
Me llama profundamente la atención una frase del evangelio que acabamos de oír. Una frase sobre la que ya prediqué alguna vez, pero que cada vez significa más para mí.
Dice el evangelista: “soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús” (veáse San Marcos 10, 50). ¿Por qué me llama la atención eso? Porque los pobres tenían solo un manto. El libro del Deuteronomio hace una advertencia: "Si le prestas dinero a un pobre y retienes su manto como prenda, como seguro del dinero prestado…" (veáse Deuteronomio 24, 10-13). No, no retengas ese manto en la noche, no tiene más con qué cubrirse. El manto servía de abrigo en el día y de cobija en la noche. Y la razón es muy sencilla, toda la ropa era hecha a mano. La ropa valía mucho. El poder adquisitivo de la ropa era bastante crecido, porque toda la ropa había que hacerla y era hecha de materiales resistentes.
Todos los pobres dependían de su ropita, pero éste es especialmente pobre, vive de la limosna; y suelta ese manto y lo pierde. Soltó el manto, dio un salto, un salto a ciegas, un salto que es de emoción, un salto que es de alegría y un salto que es de riesgo.
No es fácil andar sin mirar, mucho más difícil correr o saltar. Es la expresión del gozo, es también la expresión de una oportunidad única, por la cual este hombre pierde hasta su manto.
Soltó el manto que era dejar media vida, dio un salto a oscuras. No es difícil imaginar la escena, una escena ruda y a la vez conmovedora. Un hombre que intenta abrirse paso guiándose sólo por la voz, sólo tiene la voz de Cristo. Yo creo que esto se parece mucho a la vida nuestra muchas veces. Es mucho más lo que oímos que lo que podemos ver.
¿Qué es lo propio de la vista?, ¿qué es lo propio de ver? La evidencia, la evidencia, lo que está claro. Pero en nuestra vida, sobre todo en nuestra vida de fe, hay muchas cosas que no están claras, muchas cosas que se parecen a este salto de este hombre. Hay muchas cosas y hay muchas ocasiones en las que tenemos que abrirnos paso en medio de la gente, sólo guiados por una voz.
Pero así, a ciegas y pobre se acercó a Jesús. ¿Qué lo puso en marcha? que Jesús se había detenido. La voz de Jesús lo puso en marcha, es la voz de Jesús la que nos pone en marcha, es la voz de Jesús la que nos hace capaces de arriesgarlo todo; es la voz de Jesús la que nos hace superar el ridículo de ir a ciegas tropezando con todo el mundo, equivocándonos muchas veces.
La persona que puede ver no tropieza a nadie, la persona que puede ver pide las disculpas y los permisos a tiempo, la persona que puede ver hace su camino y pasa inadvertida. El ciego va dando tumbos, se tropieza con unos y otros, hace el ridículo, tiene que soportar risas y quejas, de pronto insultos. Pero este hombre no sólo pierde sus bienes representados en ese manto, sino que está dispuesto a asumir todas esas incomodidades por una voz. Es muy grande la voz de Cristo, muy grande, muy poderosa.
Cuando llegó donde Cristo, le preguntó: ¿qué quieres que haga por ti? (véase San Marcos 10, 51) -Esa era la voz que le estaba esperando- "Que pueda ver" (véase San Marcos 10, 51). La respuesta que le da Jesús es: "Tu fe te ha curado"(véase San Marcos 10, 52).
Aunque el ciego no podía ver, si se podía ver la fe del ciego, se podía ver que había dejado su manto, se podía ver que había pasado por encima de los obstáculos y de los ridículos. Eso sí se podía ver.
Cristo es infinitamente sensible. A Cristo no se le escapa un detalle. ¡Qué tamaño de fe la de este hombre, con todo lo que arriesgó! Esa fe lo puso ante Cristo y esa fe le devolvió la vista.
"¡Levántate que te llama!" (véase San Marcos 10, 49), le decía la gente a este ciego. Yo creo que hoy esta voz nos la repite la Iglesia, esta voz nos la repiten los Santos, esta voz la repiten los Ángeles. Así haya que perder lo tuyo, así haya quien no entienda, así tengas que hacer tantos ridículos.
Levántate, apuéstalo todo, piérdelo todo por esa voz. ¡Ánimo, levántate! ¡te está llamando! Esa voz de Cristo, esa voz que llega al corazón esa es la voz que nosotros recibimos en el Evangelio; ese es el susurro que nos dice el Pan Eucarístico con su silencio.
¡Te está llamando! Cuando te levantes de tu puesto para comulgar, acuérdate del ciego Bartimeo y cuando Cristo esté dentro de ti, acuérdate que te está llamando; y esa llamada final, más allá de toda multitud, está en el Cielo.
"Señor, que yo pueda ver." (véase San Marcos 10, 51). Lo que pedía Bartimeo era para esta tierra. Que yo pueda ver significa también que cuando yo llegue al Cielo yo te pueda ver. Esa es la sanación definitiva, esa es la victoria definitiva de Cristo. Que cuando llegue, que cuando se me acabe el camino - a Bartimeo se le acabó el camino- que cuando se me acabe el camino, yo te pueda ver. Que yo te pueda ver, eso es todo lo que pido.
Al comulgar, le rogamos eso a Cristo: que te pueda ver. En ese sentido, nosotros como que mejoramos la petición de Bartimeo, él sólo dijo “que pueda ver” (véase San Marcos 10, 51), nosotros decimos:
¡Que te pueda ver a Ti, que cuando todo acabe, que cuando ya no quede ni manto ni multitud yo te pueda ver a Ti, mi Señor, mi Esposo, mi amor, mi Salvador; mi Dios y Salvador!