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Sigamos con nuestra celebración, alegrémonos de nuestra vocación, y, al comulgar, digámosle: "Señor, esto es anticipo de las bodas".
 
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Revisión del 03:32 8 mar 2009

Fecha: 20001008

Título: No es bueno que el hombre este solo

Original en audio: 27 min. 45 seg.


Siempre tiene algo de gracia hablar sobre parejas y matrimonios, precisamente en una asamblea donde no hay esa realidad de manera inmediata.

No tenemos por aquí ni a los novios, ni a los esposos, ni a los hijos. La mayoría de nosotros estamos en un camino de servicio a Dios, que supone precisamente, que no hay matrimonio.

Así que esta es una ocasión perfecta para preguntarnos qué puede decir esta enseñanza del matrimonio, de la pareja; qué puede decir a nosotros que no tenemos esa realidad como inmediata, la tenemos de algún modo, porque venimos de la unión de un hombre y de una mujer; porque tenemos la experiencia de un hogar; porque en nuestras familias hay mucho hogares que, además, nos piden muchos consejos; porque seguramente hemos escogido este camino vocacional, porque nos hemos sentido escogidos por Dios.

Así como el hombre hace sentir a la mujer que le gusta, que está interesado en ella, así también Dios, pues nos ha llamado, y en ese sentido, hay una unión esponsal, hay un camino que se parece mucho a un matrimonio.

Así que hay más de una manera de hablar de estas realidades matrimoniales, de estas realidades esponsales entre nosotros que no somos personas casadas. Yo he pensado que es buena señal de vocación el tener aprecio por las otras vocaciones.

Si yo fuera maestro de novicios, y resultara un novicio que tiene temor, pavor, fastidio, o cualquier otro sentimiento adverso contra el matrimonio, yo dudaría de la vocación de ese novicio.

La condición normal de una vocación consagrada es tener en aprecio, en respeto y en amor todas las vocaciones, particularmente, las vocaciones que implican el matrimonio.

Por eso dicen las Constituciones de los Frailes Predicadores: "Conozcan los Frailes la dignidad....", yo no sé qué otras cosas, son unas palabras muy bonitas: "la dignidad y la nobleza, los derechos y los deberes", y no sé qué más dice del matrimonio; que conozcan y que aprecien.

Definitivamente, la realidad matrimonial, la realidad de la pareja, no sólo es necesario como un dato dentro de nuestra memoria, dentro de nuestra inteligencia.

Yo pienso que nosotros, no sólo tenemos que tener conocimiento de que existe el matrimonio, sino tener un gran amor por el matrimonio, por muchas razones: porque está dentro del plan de Dios, porque es el origen de nuestra propia vida, porque es un camino de santificación, porque implica a muchísimas personas, porque también es figura de nuestro propio camino vocacional.

Hay que tener un gran aprecio por el matrimonio, hay que tener un gran amor por la pareja, pero entonces, viene esta dificultad: bueno, el hombre es complemento de la mujer, la mujer es complemento del hombre, se complementan mutuamente, ¿y nosotros, los que no estamos así complementados? Entonces estamos incompletos. ¿Cómo manejar esa incompletud? ¿Qué hacemos con esa incompletud?

Yo creo que ese punto hay que meditarlo más profundamente. En algunas comunidades religiosas, que casi digo el nombre, pero no, abstengámonos, tienen más o menos esta idea: que todos los caminos son para la realización personal, entonces, pues, una mujer se puede realizar como esposa y como madre; otra mujer se realiza como religiosa. Cada una alcanza, dentro de su propio camino, su realización personal.

Una consecuencia lógica de este modo de hablar es que la religiosa es una mujer que se siente muy bien como está, y que, por decirlo así, no necesita, no necesita.

La realidad es que, gracias a Dios, la inmensa, la inmensa mayoría de las religiosas, viven como con tanta delicadeza este aspecto de la castidad, que por rareza se oye algún escándalo en este sentido. La inmensa mayoría de las religiosas son muy delicadas en este punto. Pues sí, se puede oír algún escándalo, algún problema, alguna vez en la vida, pero esto no es frecuente.

No es igual, no es igualmente delicado el cuidado que los hombres tenemos al respecto, lamentablemente, porque se oye mucho más, sucede mucho más, que hay dificultades entre los hombres. Pero yo no voy a eso, sino a la idea de que la mujer entró de religiosa, y ese era su camino. Más o menos así como hay gente que se hace arquitecto, o se hace ingeniero, y el uno fue feliz como arquitecto, y el otro fue feliz como ingeniero, así también una mujer se hizo religiosa, no se casó, pero se realizó plenamente.

Mientras que otra mujer se casó, tuvo siete hijos, y se realizó plenamente, fue esposa, fue madre, por consiguiente, se supone que si yo hablo con esa mamá, y le pregunto: "¿A usted le hace falta algo?" Ella dice: "No, yo me siento completa; tengo a mi esposo, he visto crecer a mis hijos, me siento realizada."

Se supone que si uno habla con la religiosa, la religiosa debe decir lo mismo: "Yo también me siento completa, yo me siento plena; para mí es una dicha no tener esposo, ¡qué dicha, no hay niños!"

Bueno, claro que la religiosa no diría eso, sino que la religiosa destacaría los aspectos, por decirlo así, bonitos, de su consagración.

De pronto es una misionera, y entonces dice: "Para mí ha sido una experiencia plenificante, ha sido una experiencia maravillosa, una experiencia plenificante; yo yo me siento completa, me siento equilibrada, me siento...." ¡Qué bonito!

Pues mire que esa era la idea que yo tenía hasta hace unos años, pero esa idea me ha venido cambiando, ¿sabe quién me cambió esa idea? la Palabra de Dios. Porque, resulta que aquí dice, mire: "No es bueno, no está bien que el hombre esté solo" (véase Génesis 2,18). Ahí no dice: No es bueno que el hombre no esté solo, a menos que tenga una consagración virginal, un voto de castidad, o lo que sea. Esa afirmación de la Bibilia ahí no aparece con ninguna matización.

No está bien, algo anda mal; si no tiene pareja, algo anda mal.

Bueno, de pronto alguien que esté escuchando estas palabras, se asuste, dirá: "¿Para dónde va este padre con esas reflexiones?"

Algo anda mal, algo anda mal. Y uno supone que, pues, esto es proporcional, es decir, que no está bien que el hombre esté solo, no está bien que la mujer esté sola, daría la impresión, aunque no dice expresamente de la mujer, uno tiene esa sensación por el tono general del relato.

Bueno, para no extenderme, entonces yo les cuento cuáles son mis conclusiones hasta el momento.

Yo he llegado a la conclusión de que un religioso que viva verdaderamente este voto de castidad, una religiosa que viva plenamente este voto de castidad, no es una persona completa, no es una persona plena, no; es una persona incompleta, ¿y entonces? ¿Y por qué no se completa? Pues eso es lo bello, eso es lo bello: ¡porque no te completa!

No busquemos para religiosas a mujeres que no les haga falta hombre; no busquemos para religiosos a hombres que no les haga falta mujer. Busquemos para religiosos a hombres que les haga falta mujer, que están incompletos, que se saben incompletos, que se sienten incompletos, pero que no se completan, ni por las buenas, ni por las malas, ni públicamente, ni con trampitas.

Es que la fuerza significativa de nuestro camino, no está en que "yo soy plena", como yo le he oído a tantas religiosas, y me da una desconfianza, porque yo digo: "Pero esto no está según el plan de Dios. Si esta mujer se siente plena, sin dudas, algo anda mal, algo anda mal, algo anda mal aquí. Estoy ante una egoísta, estoy ante una mujer como rara, esto no está bien".

Si la mujer tiene que sentirse incompleta, y el hombre tiene que sentirse incompleto, porque "no está bien que esté solo", tiene que sentirse incompleto, pero eso no significa que salga a completarse con cualquiera.

Está incompleto y no se completa, como Jesús; Jesús está incompleto y no sale a completarse con ninguna mujer.

Es que, precisamente, ahí es en donde está la belleza y la fecundidad de este camino. No está en que yo soy tan completo como tú, ¿quién va a decir eso? Yo no digo eso, yo hace rato no digo mentiras. Por lo menos en estos temas, hace rato que no digo mentiras.

Si uno se pone a ver la vida de los casados, hay muchas cosas en las que ellos están más completos que uno. Y va uno a decir: "No, a a mí nunca me ha hecho falta eso; eso son bobadas".

Yo no estoy hablando, desde luego, sólo de lo biológico, de lo fisiológico; yo estoy hablando de todo lo que significa tener pareja; eso es muy bello, tener pareja es muy bello; conocer a una pareja que se ama, que se quiere, ¿a quién no le da alegría eso? Sin llegar al extremo de un padre que vio a un apareja que se quería tanto, y se abrazaban y hasta se besaban, y decía: "Bueno, eso ya es contar plata en presencia de pobre".

Sin llegar a esos extremos, uno tiene que reconocer que la vida de uno es una vida incompleta, pero es una vida que no sale a completarse, ahí está el misterio, y ahí está la belleza; la belleza no está en que ustedes como religiosas, se llenen de soberbia, porque hay tanta soberbia en las religiosas.

En este aspecto yo he visto mucha soberbia; no son soberbias en otras cosas, pero en estos aspectos, se llenan como de una soberbia, "no, yo estoy bien así, yo estoy completa....". y ahí es donde vienen las neurosis y vienen una cantidad de problemas que le dan mala fama a las religiosas.

La religiosa es una persona incompleta; el religioso es un hombre incompleto, pero no es un hombre que sale a completarse de cualquier manera, precisamente, siendo incompleto, pero sin completarse, pasa lo mismo que con Nuestro Señor Jesucristo Crucificado.

Esas llagas de Jesucristo no son decoraciones, no son adornos pintados; esas llagas de Jesucristo son reales. Los dolores de Nuestro Señor Jesucristo, las carencias de Nuestro Señor Jesucristo son reales. Y cuando Él dijo: "tengo sed", tenía sed, no estaba diciendo: "Bueno, vamos a completar el libreto de esta cuento". Tenía sed, se estaba muriendo de sed, y murió incompleto, con sed; murió, porque lo poco que le dieron, fue para empeorarle su situación.

Luego, el religioso, o la religiosa, o la virgen, o como se llamen los caminos estos de la castidad, son los caminos de una persona a la que se le aplica esto.

No está bien, y si no está bien, ¿por qué pasa esto?

Volvemos nuestra mirada hacia Jesucristo, y le aplicamos esta pregunta a El: "Señor Jesús, si no está bien que el hombre esté solo, ¿por qué tú estás tan solo? ¿Por qué?" Porque en la soledad de Cristo está la verdadera explicación de todas nuestras soledades.

Y Jesucristo diría: "Yo no estoy bien, no está bien que yo esté solo" -Claro, no está bien, la Biblia no se ha desdicho de estas palabras- "no está bien que yo esté solo, claro, pero es que esa soledad mía, que no está bien, es una soledad para remediar algo que está peor; ahí está la verdadera razón".

"No está bien que el hombre esté solo" (véase Génesis 2,18), "pero yo estoy solo", dice Cristo, "¿Y por qué estoy solo? ¿Y por qué no tengo pareja? Porque la condición en la que se encuentra el mundo por el pecado, y la urgencia del Reino de Dios, ha hecho brotar en mí, desde que tengo conciencia de mí, un amor infinito a la causa del Reino, un amor infinito a la gloria de Dios, un amor infinito a restaurar esta situación, y ese amor abrasa de tal manera mi corazón, posee de tal manera mi vida, que por ese amor he renunciado a los otros amores, lo cual no significa que no esté la herida, que no esté la soledad, que no esté la llaga".

Este, me parece a mí, que es un enfoque mucho más real y mucho mas positivo, aunque parezca lo contrario sobre la virginidad consagrada.

Si a un hombre no le hace falta mujer, y a una mujer no le hace falta hombre, ¿qué significado tiene que no se case? Escogió lo que quería, más cómodo para él; eso no tiene ningún significado eclesial.

Pero si a una persona sí le hace falta, pero tiene por Jesucristo y por recibirlo de Cristo, tiene un amor por el Reino de Dios, tiene como una preocupación por la llegada del Reino, tiene ansia infinita de que se realice la voluntad del Padre; y descubre que como está el mundo, se necesita algo distinto, entonces esa soledad es como una pequeña herida, una herida santa en el alma que está ahí; una herida santa en el alma de la cual brota amor, celo, ansias del Reino de Dios.

Si alguien me dijera: "Bueno, no está bien que el hombre esté solo, y usted no tiene pareja, entonces, ¿en qué quedamos?"

Entonces, yo le digo: "Eso es cierto, yo reconozco que mi condición es excepcional, y si usted quiere ser más crítico, anormal, llámela así si quiere, pero yo estoy en una condición anormal, porque el mundo está en una condición peor de anormal, y por eso ha nacido en mí una pasión por el Reino de Dios, y eso es tan grande que no cabe en una familia; y por eso estoy en las que estoy, emproblemado, como me ve".

Esa imagen de la religiosa autosuficiente, de la religiosa a la que no le hace falta esposo, que está perfectamente completada, equilibrada, y lamentablemente, esa es la imagen que se predica acerca de la castidad a las candidatas a una comunidad religiosa, va en la línea de que ellas se sienten completas, se sienten perfectas, se sienten equilibradas, como quien dice, que no les haga falta nada, eso no es cierto.

Hay que educar a las postulantes, a las novicias, para que les haga muchísima falta, muchísima falta, inmensa falta, lo que sólo Jesucristo puede dar, y que por esa razón de la causa de Jesucristo, del amor de Cristo y del Reino de Cristo descubran que, aunque como mujeres, les gustaría que les tuvieran ternura y cuidado, y todo lo que puede dar el hombre; y ese liderazgo, y yo no sé, esa cosa tan linda que le puede dar el hombre a la mujer, aunque todo eso les haría falta, en razón de esa ansia infinita del Reino, descubren que quieren esperar, aplazar sus bodas.

Por eso yo ahora, cuando predico sobre la castidad de Cristo, que me toca con frecuencia por aquello del grupo de vírgenes, cuando predico de la castidad de Cristo, siempre digo: "Mire, no es que Cristo no quisiera casarse, es que aplazó sus bodas". Afortunadamente la Biblia nos habla del matrimonio de Cristo.

Y así también todos los que vamos en esta vida consagrada, no es que nos hayamos salido de la Palabra que se leyó hoy: "No es bueno que el Hombre esté solo" (véase Génesis 2,18), esa palabra sigue vigente.

¿Y entonces usted por qué no se casó? "Mire, lo que pasa es que yo aplacé, que es muy distinto; yo aplacé mis bodas, eso es lo que pasó".

Entonces, ¿qué es una vida conventual, de acuerdo con todos estos análisis? Esto es muy importante aclararlo, porque se está metiendo en la Iglesia de que no; basta con que la persona no exteriorice las dimensiones sexuales o genitales de su afectividad, y ya con eso puede vivir en un convento. Sea homosexual, o sea lo que sea, pero con tal de que no exteriorice.

Una barbaridad, una estupidez, una cosa tan terrible, que se ha metido, y que también existe dentro de la Orden Dominicana, como ustedes saben.

Gracias a Dios, eso no ha entrado mucho por estas tierras latinoamericanas, pero sí existe, y sí se ha metido, ¿por qué? Porque con la idea de que cada uno se sienta completo y pleno, !ah¡ entonces, ¿qué es un convento? ¡El paraíso de la homosexualidad! ¡Qué más quería yo! ¡Qué alegría para mí! No quería mujer, y me meten a un lugar que donde hay es hombres y hombres por todas partes. ¡Qué desastre! ¡Qué degeneración!

Y otro tanto ya ha pasado en conventos de religiosas, no en este país, pero sí en otros.

¡Ah! entonces, ¿a qué estamos jugando? Pues, no, señor. Un convento no es gente que se siente muy feliz de estar juntita:"¡ay!, ¡tan rico para mí, vivir con este poco de hombres!. "¡Qué alegría para mí, mujeres mujeres!".

¿Eso es lo que debe ser un convento? No, señor. Un convento es un lugar donde un grupo de hombres o de mujeres, atraídos por la causa del Reino de Dios, resuelven, por una acción del Espíritu Santo, aplazar la realización de sus propias bodas, y por eso, se acompañan en la sobriedad de un afecto que no amarra.

Así como es necesario que las vocaciones aprecien el matrimonio, y para mí un tipo que no aprecie el matrimonio debe largarse del convento, así también es necesario que sepan que no pueden amarrarse, que no pueden aferrarse, porque, si se están aferrando, se pierde todo el significado de esto. El significado de esto es que no se aferra.

Entonces, cuando la gente empieza a esperar la respuesta afectiva fuerte, ¿no?: "Pero es que yo te doy y tú no me das". Mire, así no haya sexualidad desordenada, ni degeneración, ni homosexualidad, ya eso es en contra de la castidad.

¡Qué cuentos de estar ahí aferrándose!, lo que decía la enseñanza tradicional, las famosas "amistades particulares", así entendidas.

¿Debe desaparecer la amistad de los conventos? No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que toda amistad debe vivirse en una sobriedad muy grande, porque si yo voy con unos compañeros al encuentro de Jesucristo en la Patria Celestial, pues entonces, yo no estoy dependiendo de esos compañeros, ni aferrándome a esos compañeros, ni amarrándome a esos compañeros, simplemente, estamos caminando juntos para la Patria Celestial. Y nos ayudamos en lo que tenemos que ayudarnos para que el camino no termine, pero sin estar en dependencias, sin estar en expectativas.

Mi conclusión, después de meditar estos temas de la castidad, en sus expresiones más hermosas, en sus expresiones más mediocres, y en sus expresiones más depravadas, mi conclusión, después de meditar todo esto, es que el ideal está en eso que Jesucristo fue construyendo con los apóstoles. Es un amor muy grande, es un amor que tiene su centro en el Reino de dios, es un amor que está más allá de las expectativas afectivas. Es muy importante, es muy importante, porque esto pasa a todas las edades.

Los problemas de sexo como tal, así, los problemas de sexo, lo que llaman sexo, esos tienen una curva, dicen los expertos y los psicólogos que estudian esto. A ciertas edades, la cosa como que se complica más, pero luego la naturaleza va cobrando sus impuestos y sus impuestos, y ya llega un tiempo en que ya eso no, "eso ya hasta se me olvidó", "eso ya desapareció".

La parte fisiológica tiene esa curva, ¿no? Para la juventud, para cierta edad, lo que sea, pero ya luego, va bajando va bajando, va disminuyendo esa parte fisiológica. Pero la parte de la dependencia, y el gancho afectivo, y estar esperando... la parte de la expectativa afectiva, esa parte sí no se muere tan fácilmente. Y uno se encuentra religiosos maduros, viejos y ya que se caen del palo"; y otras religiosas maduras, viejitas, y ya que "se caen del palo", y siguen con problemas, por eso, porque sigue la expectativa.

Fíjense en la profundidad que tiene esto. Lo de la castidad no es solamente asunto del cuerpo, de piel y de sexo, es asunto de todo esto, sigue la expectativa.

Por eso a mí me parece que la gran madurez, en este camino, está en superar este tipo de expectativas, es tener una gran sobriedad, tal vez la suficiente para seguir el camino, punto, no se necesita mucho más; lo suficiente para seguir el camino, no más. No tenemos que estarnos distrayendo.

Si estamos en un mismo convento, imagínese lo que sería vivir conmigo, yo creo que eso es difícil. ¡No! olvídese, olvídese del cuento, yo no tengo que ser un distractivo para usted. Usted tiene su meta en Cristo, yo no tengo que distraerlo de Cristo, y a usted tampoco tengo que distraerla de Cristo. ¡Yo qué voy a distraer a nadie de Cristo!, ¡no!, lo suficiente para que usted siga su camino. Ese es el tipo de amor, ese es el tipo de amistad que debe reinar en los conventos.

De manera que cuando se hable de Jesús, ardan los corazones a una sola, una sola llamarada que se posesione de los corazones de todos. Se habla de Jesús, ¿pero lo demás? "Que se habló de fulanita, que se habló de sutanita, que se habló de menganita, que se habló...." entonces, arde el convento, no, ¡qué pesar, qué mediocridad de vida! El convento sólo debe arder cuando se hable de Jesucristo, que ese es el amor que nos une, lo demás, ¿qué?

Yo no vine a un convento para encontrarme con unos señores, el uno barbado, el otro panzón, el el otro feo, el otro malgeniado, ¿yo a qué vine? ¿Con esos señores? ¡Yo no tengo que ver nada con esos señores! Los aprecio, porque vamos juntos para la Casa de Dios, porque recibo mucho de ellos, porque me dan testimonio de muchas cosas; eso es lo que se llama un amor espiritual; pero lo demás, "que me cae bien, que me mira...."

Qué tal el día, que no me ha pasado todavía, el día que me resulte un fraile: "Que tú no me devuelves los detalles", no sé para dónde voy a coger. Digo: "acelérenme los viajes, por favor", ¡sin saberse a dónde vaya a llegar uno!

Entonces, conclusiones: estas lecturas se aplican maravillosamente a nuestro caso; y es necesario que nosotros aprendamos a vivirlas, porque nosotros estamos hechos de la misma materia, del mismo barro que todo el mundo, estamos sujetos a estas mismas necesidades, sólo que en nosotros se entró esa necesidad que es más grande que todas: la pasión por el Reino, el afán por la gloria de Dios, la necesidad de estar con Jesucristo.

Sigamos con nuestra celebración, alegrémonos de nuestra vocación, y, al comulgar, digámosle: "Señor, esto es anticipo de las bodas".