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Revisión del 03:14 2 mar 2009
Fecha: 19960301
Título: El pecado produce muerte
Original en audio: 16 min. 53 seg.
Hermanos:
Felices nosotros que podemos escuchar la Palabra de Dios. Es doloroso decirlo, pero hay palabras y hay temas que ya sólo se dicen en las iglesias, como, por ejemplo, el pecado.
En nuestro tiempo, parece que se hubiera olvidado por completo la palabra pecado. La gente tiene condicionamientos psicológicos, tiene fallas, tiene ignorancia, tiene comportamientos atípicos, pero, ¿pecados? Parece que ya nadie tuviera pecados.
Y por eso, yo creo que un cristiano, si tiene en su sitio y en su salud el sentido del olfato, fácilmente puede estar sintiendo que apesta, y que apesta a muerto. Pero, no se encuentra el cadáver por ninguna parte.
Apesta a muerto, -hay que decirlo-, un mundo, un país, en el que la vida aparece absolutamente despreciada y la credibilidad absolutamente perdida.
Hace unos pocos días, muchos de ustedes lo saben, hubo un percance sin consecuencias graves para gloria de Jesucristo, un percance en un accidente de tránsito. Ello lo permitió el Señor, entre otras cosas, para que pudiera acercarme y presenciar tanto, tanto, y tanto del dolor, de la miseria de nuestra Bogotá, la capital de Colombia.
Apenas sucedido el accidente, una nube de atracadores rodean el carro. ¿A comprobar, quizás, si el accidentado necesita atención? Tal vez, no. Tal vez no interesa su salud. Interesa si se puede defender. Si se puede defender, no se puede atracar. ¡Ese es nuestro país!
Si ahí, si en eso y detrás de eso, no hay pecado, que vengan aquí todos los psicólogos y los sociólogos, que vengan todos los filósofos y los budistas, y me expliquen quién va a sanar éso, si no es el que es capaz de sanar el pecado.
Al poco rato, gritos destemplados. Un grupo de borrachos arriesga su propia vida. Ésos no quieren hacerle daño a más nadie, sino a su propio cuerpo y a su propia familia. Es una miseria que se pasea ante mis ojos.
Minutos después, otros gritos; esta vez, chillones. Un grupo de homosexuales gritando en la calle lo que ellos juzgan sus travesuras. Un tiempo después, más gritos, más sirenas; gente que anda en parranda, gente que hace fiesta mientras el mundo se desbarata.
Yo pensé muy seriamente en esa noche, en esa noche larga, en esa extraña vigilia que el Señor me hizo pasar, en esa noche medité largamente en la Pasión de Cristo. Y medité largamente si uno de veras puede hacer fiesta. Porque, el espectáculo no terminó ahí.
Las características del accidente fueron violentas. El otro carro era conducido por un señor ebrio, dio una vuelta en el aire y cayó a cinco metros de distancia. Lo único que yo alcancé a decir en mi corazón, antes incluso de pensar en el Nombre de Dios, fue: "¡Muertos, no!" Es lo que me salió del alma.
Creo que Dios tuvo misericordia, y seguramente escuchó esa súplica. No hubo muertos. El otro señor salió chorreando sangre, pero no murió. Como hubo herido, era necesario ir a Medicina Legal.
Y ahí viene la otra parte del espectáculo. Estamos en Medicina Legal y me informa uno de los guardias, extrañado de que un personaje con semejantes vestidos estuviera por allá: "Pues, ha estado más bien liviano este fin de semana". ¡Más bien liviano! Y me dice: "No caben los muertos en la morgue. Hay quince que están afuera, todos de muerte violenta y todos sin identificar".
Si eso no se llama pecado, si eso puede pasar y uno puede irse de rumba, si uno puede descansar, hacer fiesta, acostarse con la barriga llena, tranquilo, una sonrisa y tres Alka Seltzer para seguir tomando al otro día, si uno puede hacer eso y el pecado no existe, díganme quién sana esto.
Es que es muy grave que uno se pueda tomar los Alka Seltzer. ¡Eso es muy grave! Porque, entonces, la fiesta siempre se puede seguir.
¡Unos muertos ahí, quince que no cabían en la sala común, quince tragedias, quince familias destrozadas, muchos de ellos atracados, muchos de ellos violados, muchos de ellos rotos!
Y hay que esperar entonces el desfile. Señoras, como ustedes, niños, como ustedes, y hombres, como ustedes, que van allá con un pañuelo en la boca, a llorar y a ver si ahí está el que no ha aparecido hace días, a ver si está ahí, de color gris y verde.