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Los judíos, por ejemplo, se sentían tremendamente orgullosos de su templo reconstruido. La historia se xxxx en tiempos de Salomón, seiscientos y tanto antes de Cristo, hicieron un primer templo, pero ese templo fue arrasado brutalmente cuando la invasión de los caldeos en el siglo VI A.C.
 
Los judíos, por ejemplo, se sentían tremendamente orgullosos de su templo reconstruido. La historia se xxxx en tiempos de Salomón, seiscientos y tanto antes de Cristo, hicieron un primer templo, pero ese templo fue arrasado brutalmente cuando la invasión de los caldeos en el siglo VI A.C.
  
Y luego, ¿qué pasó? Entonces mira: siglo X esto
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Y luego, ¿qué pasó? Entonces mira: siglo X esto, en el siglo VI arrasado, luego por allá viene la invasión de otro imperio, rehicieron, vinieron de Babilonia, vinieron de la invasión de los Caldeos y rehicieron el templo. Pues se lo redestruyeron. Esta vez fue el imperio Helenístico con Antíoco Epífanes. Es la parte de la historia que leemos en los libros de los Macabeos. Volvieron a profanar el templo, profanar el altar, se acabó ese otro templo. Y empiezan a reconstruir el templo.
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Por la época en que Jesús era un hombre adulto y predicaba, iban cuarentayseis años reconstruyendo el templo. Ya estaba practicamente terminado y se sentían felices. Claro que en ese orgullo había cosas que no le gustaban a Dios, pero en ese orgullo también había una señal que nosotros podemos aprender. Cuando ese templo estaba levantado le estaba diciendo a Antíoco Epífanes, el tirano del imperio Helenístico: "señor gordo repugnante, asqueroso tirano, usted no tuvo la última palabra, aqu{i estamos de nuevo, aquí estamos en pie, una vez más estamos en pie; usted tirano, no tuvo la última palabra".
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la confesión es algo parecido, la confesión es una cosa maravillosa, es un invento fantástico del corazón de Jesucristo; ustedes lo saben muy bien por qué. Muchos de ustedes tuvieron la gracia de recibir este sacramento el día de hoy. La confesión es algo fantástico, porque la confesión es una reconstrucción. El pecado reportóo victoria sobre nosotros, Satanás se carcajeaba de ver cómo un bautizado o cómo una bautizada se revolcaba en el lodo de sus pecados. Pero llega el poder maravilloso, llega el agua nueva, llega el fuego nuevo del Señor y limpia y levanta. Eso somos nosotros hoy después de confesados. Nosotros somos templos vivos, estamos aquí.
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Cuando un Cristiano, limpio especialmente por el sacramento de la confesión, se levanta, levanta sus manos a Dios, es un templo vivo más hermoso que el templo de Jerusalén que está diciendo a Dios: "gracias" y de paso le está diciendo al tirano por excelencia, el demonio: "tú no tienes la última palabra en mi vida.
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Por eso yo los invito a que nos sintamos felices de la gracia, felices, gozosos de la gracia. ¡Cuánto me ha dado Dios! El pecado no tuvo la última palabra en mi vida. El vicio no tuvo la última palabra en mi vida. O como dice el Salmo: "la trampa se rompió y  escapamos". Nosotros los cristianos en gracia de Disos, así lo esperamos, nos confiamos por las señales que nos da nuestra conciencia. los cristianos en gracia de Dios somos un canto al amor y al poder de Dios; eso somos nosotros.

Revisión del 22:09 21 feb 2009

Fecha: 20030308

Título: Dios tambien quiere y puede con los casos mas dificiles

Original en audio: 36 min. 42 seg.

Amados hermanos:

Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre una parte de la primera lectura de hoy. Ha sido Tomada, como vimos, del libro del profeta Isaías; y contiene una serie de promesas para aquellos que se resuelven a seguir la voluntad y la ley del Señor. Por ejemplo, dice: "el señor te dará reposo, en el desierto saciará tu hambre". Son expresiones que dichas en tiempo futuro indican una promesa, indican algo que Dios se compromete a realizar para aquellos que cumplen la Ley y los mandatos, sobre todo la Ley de amar al prójimo y sobre todo el mandato de respetar el día del Señor. En el caso de los judíos era el día sábado.

Si tú aprendes a compartir lo tuyo con el necesitado, y si aprendes a renunciar a tus intereses en el día del Señor para glorificarle, entonces vienen una serie de promesas. Entre esas promesas hay una que me parece especialmente sugerente, sobre todo en el tiempo en el que vivimos por las costumbres que tiene nuestra sociedad. En efecto, nuestra sociedad es la sociedad de la basura, del desecho y de lo desechable. El ideal del consumo es: úsalo una vez y bótalo. Otros que parecían inconcebibles hace unos años, ya existen como desechable. Por ejemplo aquellos lentes de contacto que se utilizan veinte, veinticinco, treinta días seguidos de día y de noche; no hay necesidad de quitárselos, no hay necesidad de limpiarlos, no hay necesidad de cuidarlos; tres o cuatro semanas después de ponérselos, te los quitas y los arrojas, te pones otros.

La nuestra es una sociedad de la basura, una sociedad del desecho. Lo grave es que eso entra en una cantidad de esferas que son un poco más trascendentes que problemas de la vista. Por ejemplo, las relaciones también se vuelven desechables. Un amigo se va, consigo otro amigo; un socio se va, consigo otro socio; un negocio se termina, hago otro; un esposo se va, busco otro; una esposa se va, busco otra.

Nuestro mundo pareciera estar mandándonos un mensaje: que lo que se perdió, se perdió para siempre; que lo que se destruyó no se puede reconstruír; que lo que se arruinó ya no se puede levantar.

Pero el profeta Isaías nos da una palabra que lo que se va en un sentido distinto: "reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño, te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas". Es verdad que lo nuevo tiene un encanto particular, pero aquello que ha sido levantado desde sus ruinas, tiene un grito de victoria. Lo nuevo tiene su belleza, pero lo reconstruido, lo restaurado tiene también su hermosura. Y hay que saber apreciar esas dos dimensiones de la belleza. Porque Dios no obra con nosotros a la manera de la basura: pecó, se condena; pecó, se condena; pecó, se condena.

El infierno sería como la basura: pecó, se condena; no nosotros somos reconstruidos, nosotros somos rehechos, recreados, restaurados, redimidos; hay una cantidad de re. Somos restaurados y esto trae unas implicaciones tan hermosas y tan conmovedoras. Si yo pyedo ser restaurado, entonces una vida en ruinas, puede volver a ser un edificio, puede volver a ser una casa de Dios. Y eso es emocionante; a todos nos gusta el modelo de la cajitade jugos, que te la tomas y botas y se acabó. Pero también es hermoso este otro modelo: el modelo de la reconstrucción.

Dios puede restaurarnos y Dios puede hacernos restauradores; porque eso es lo que se promete en la lectura de Isaías: "reconstruirás viejas ruinas". ¿Saben por qué es tan bello lo de la reconstrucción? Porque es una manera de decirle al tiempo, de decirle al gorgojo y de decirle a los enemigos, que no han tenido la última palabra.

Los judíos, por ejemplo, se sentían tremendamente orgullosos de su templo reconstruido. La historia se xxxx en tiempos de Salomón, seiscientos y tanto antes de Cristo, hicieron un primer templo, pero ese templo fue arrasado brutalmente cuando la invasión de los caldeos en el siglo VI A.C.

Y luego, ¿qué pasó? Entonces mira: siglo X esto, en el siglo VI arrasado, luego por allá viene la invasión de otro imperio, rehicieron, vinieron de Babilonia, vinieron de la invasión de los Caldeos y rehicieron el templo. Pues se lo redestruyeron. Esta vez fue el imperio Helenístico con Antíoco Epífanes. Es la parte de la historia que leemos en los libros de los Macabeos. Volvieron a profanar el templo, profanar el altar, se acabó ese otro templo. Y empiezan a reconstruir el templo.

Por la época en que Jesús era un hombre adulto y predicaba, iban cuarentayseis años reconstruyendo el templo. Ya estaba practicamente terminado y se sentían felices. Claro que en ese orgullo había cosas que no le gustaban a Dios, pero en ese orgullo también había una señal que nosotros podemos aprender. Cuando ese templo estaba levantado le estaba diciendo a Antíoco Epífanes, el tirano del imperio Helenístico: "señor gordo repugnante, asqueroso tirano, usted no tuvo la última palabra, aqu{i estamos de nuevo, aquí estamos en pie, una vez más estamos en pie; usted tirano, no tuvo la última palabra".

la confesión es algo parecido, la confesión es una cosa maravillosa, es un invento fantástico del corazón de Jesucristo; ustedes lo saben muy bien por qué. Muchos de ustedes tuvieron la gracia de recibir este sacramento el día de hoy. La confesión es algo fantástico, porque la confesión es una reconstrucción. El pecado reportóo victoria sobre nosotros, Satanás se carcajeaba de ver cómo un bautizado o cómo una bautizada se revolcaba en el lodo de sus pecados. Pero llega el poder maravilloso, llega el agua nueva, llega el fuego nuevo del Señor y limpia y levanta. Eso somos nosotros hoy después de confesados. Nosotros somos templos vivos, estamos aquí.

Cuando un Cristiano, limpio especialmente por el sacramento de la confesión, se levanta, levanta sus manos a Dios, es un templo vivo más hermoso que el templo de Jerusalén que está diciendo a Dios: "gracias" y de paso le está diciendo al tirano por excelencia, el demonio: "tú no tienes la última palabra en mi vida.

Por eso yo los invito a que nos sintamos felices de la gracia, felices, gozosos de la gracia. ¡Cuánto me ha dado Dios! El pecado no tuvo la última palabra en mi vida. El vicio no tuvo la última palabra en mi vida. O como dice el Salmo: "la trampa se rompió y escapamos". Nosotros los cristianos en gracia de Disos, así lo esperamos, nos confiamos por las señales que nos da nuestra conciencia. los cristianos en gracia de Dios somos un canto al amor y al poder de Dios; eso somos nosotros.