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Revisión del 21:56 22 ene 2009
Fecha: 19990205
Título: Para que este tiempo sea tiempo de santidad, "no abandonen las asambleas"
Original en audio: 24 min. 53 seg.
Muy queridos Hermanos:
La Carta a los Hebreos es un documento escrito para darle ánimo a gente que empezaba a desalentarse. Por todas partes, en esta Carta a los Hebreos, aparecen expresiones que intentan devolverle coraje y entusiasmo a estos cristianos que se habían convertido del judaísmo y que se sentían sin fuerzas, se sentían sin ánimo.
Se les iba apagando el amor del comienzo, y mientras tanto, arreciaban las burlas, las persecuciones de parte de la gente que los rodeaba: burlas por fuera y desaliento por dentro. Así, debilitados, estos cristianos empezaban a desfallecer.
Y la manera como habían empezado a desfallecer, era retirándose de las asambleas. Ya no acudían a las reuniones de oración. Ya no se acercaban para la fracción del Pan. Se iban alejando, se iban dispersando.
A ellos, entonces, les sucedía lo mismo que ocurre cuando a una fogata se le empiezan a separar los troncos o los tizones encendidos. Los que estaban primero llenos de calor y de luz, al poco tiempo se van enfriando y se van apagando.
Primera enseñanza para nosotros: Lo que les sucedió a aquellos cristianos convertidos del judaísmo, también nos pasa a nosotros. Alejados de Dios, alejados de los hermanos, alejados de nuestros grupos y asambleas, alejados de la Eucaristía, sobre todo de la Eucaristía que nos congrega, que nos enciende, alejados de la fogata, todavía ardemos un poquito, todavía nos queda algo de luz.
Pero, esa ley no tiene excepciones. El que se retira, el que retira su amor de la hoguera de la Iglesia, termina por enfriarse, termina por apagarse.
Eso vale no solamente para las personas, sino incluso para grupos enteros. Si uno estudia, por poner el caso, la historia de la Iglesia, se encuentra con que en el siglo dieciséis se inició una división de donde vienen los protestantes.
¿Y qué sabemos sobre ellos? Si nosotros miramos lo que decían los reformadores protestantes en el siglo dieciséis, todavía encontramos mucho calor, mucho fuego. Lutero, por ejemplo, que fue uno de los iniciadores de este movimiento, creía en la confesión. Lutero creía en la virginidad perpetua de María y amaba mucho a la Virgen. Lutero creía que era necesario que hubiera ministros ordenados en la Iglesia. Lutero estaba todavía cerca de la hoguera.
Apenas acababa de retirarse, todavía conservaba calor. Pero, se había separado. Es lo mismo que sucede con un árbol. Si tú desgajas una rama, al principio esa rama parece igual que todas las otras. Si tú la desgajas, todavía parece verde, todavía parece viva.
Sin embargo, espera sólo un momento y empiezas a notar la diferencia. Pasa el tiempo, y esas hojas que antes estaban verdes, pronto se marchitan, mostrando así que se han separado de la vida, que se han separado de la fuente de la vida.
Eso que pasa a los grupos, a las iglesias, eso también nos pasa a nosotros. Muchas personas creen que el asistir a un grupo, a una comunidad, a una parroquia viva ... . Dios te ha puesto en algún lugar donde tú tienes vida. Tú te has encontrado con Dios en algún sitio. Estoy seguro de eso. O, probablemente, el sitio donde te has encontrado con Él, es precisamente éste; tal vez aquí mismo.
Tú te encuentras con Dios, y tú sientes que tienes vida. De pronto dices: "Bueno, yo ya sé qué es lo que se va a hacer allá. Se va a cantar, a repetir las mismas alabanzas, a levantar otra vez las manos, mover, palmotear. Yo ya sé hacer eso. Lo puedo repetir solo en mi casa". ¡Eso te crees tú! ¡Eso te crees! El tiempo pasa y se va notando cómo la vida que teníamos, disminuye y se apaga. El entusiasmo se apaga.