Diferencia entre revisiones de «I034002a»

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Revisión del 19:27 9 ene 2009

Fecha: 20030130

Título: La Carne de Cristo es el camino nuevo que nos trae paz y serenidad en los momentos dificiles

Original en audio: 4 min. 11 seg.


Hermanos:

Dediquemos un momento de nuestra atención a la primera lectura que hemos oído, tomada de la Carta a los Hebreos. Esta Carta nos habla de un camino nuevo. Cristo es un camino nuevo, ofrecido por Dios, para que nosotros podamos mantener nuestra esperanza, para que podamos perseverar en la fe que profesamos.

El camino nuevo es el de su propia Carne. En la Carne de Nuestro Señor Jesucristo está ese camino. Y esto singularmente se ve y se vive en la bienaventurada Pasión de Nuestro Señor.

En su Pasión, la Carne de Cristo declara la gravedad terrible del pecado; en la Pasión de Cristo, su Carne declara, sobre todo, el tamaño inmenso, infinito, inagotable de la misericordia de Dios. De la Carne de Cristo brota esa Sangre, que es la que perdona nuestros pecados. En la Carne de Cristo hay sobre todo una herida, que nos permite asomarnos al corazón de Dios.

Tenemos un camino nuevo que es el camino de la Carne de Cristo. Nuestra propia carne muchas veces se rebela ante Dios. Nos rebelamos porque nos sentimos cansados, la carne es perezosa, es difícil perseverar en las buenas obras. Si usted hace propósito, por ejemplo de tener un programa, una vida de oración, muy pronto la carne se le rebela.

Usted dice: "Quiero levantarme muy temprano para hacer una hora de alabanza", muy pronto la carne se rebela: "No quiero una hora de alabanza, quiero una hora más de sueño", la carne se rebela. Usted dice: "Quiero hacer ayuno por los pecados del mundo", pero muy pronto la carne se rebela; el día que usted se propone hacer ayuno es cuando más hambre siente, y es cuando lo invitan a todas partes.

Usted dice: "Quiero guardar la pureza de mi cuerpo, de mi estado de vida", pronto la carne se rebela, abundan las tentaciones, las imaginaciones. San Agustín decía que en ese campo la lucha es muy frecuente y la victoria es muy rara. Pero cuando sintamos que nuestra carne se rebela, es muy pacificador, es muy tranquilizador volver los ojos a la Carne de Cristo.

Nuestra carne se rebela por los afectos que se retuercen, por ejemplo, por el amor que damos y que no nos dan; la carne se rebela porque uno quiere ser bueno y se burlan de uno; porque uno quiere que todos seamos justos y lo tratan como si fuera un tonto; porque un papá o una mamá se entrega a sus hijos y cosecha ingratitudes, y entonces dice: "¡Yo para qué gasté mi vida!"

Pero también en esos momentos hay que volver la mirada a la Carne de Cristo y encontrar la paz. La divina serenidad con la que Jesús ofreció su vida es algo maravilloso, es un mensaje que trae muchísima reconcialiación interior, que trae muchísima paz y que hace que uno sienta, junto con el dolor, la fuerza victoriosa del amor, y esa es la victoria de Cristo, y ese es el camino nuevo del que nos habla la Carta a los Hebreos.