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¡Algo tiene que estar sucediendo en tu existencia! ¿Qué fue lo nuevo que trajo esta etapa a tu vida? ¿Qué es lo que tú quisieras entregarle al Señor como gratitud, como ofrenda del tiempo que ha transcurrido? Ahí te dejo esa inquietud. Puede servir también como materia de conversación en alguna reunión que haya después de esta Eucaristía. | ¡Algo tiene que estar sucediendo en tu existencia! ¿Qué fue lo nuevo que trajo esta etapa a tu vida? ¿Qué es lo que tú quisieras entregarle al Señor como gratitud, como ofrenda del tiempo que ha transcurrido? Ahí te dejo esa inquietud. Puede servir también como materia de conversación en alguna reunión que haya después de esta Eucaristía. | ||
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| + | Por otro lado, el tiempo nos hace despedirnos de la gente que ya no volveremos a ver. Por supuesto, en mi familia, el nombre que viene es el de mi cuñada recientemente fallecida. Cada año va dejando una serie de nombres, amigos nuestros, vecinos, parientes. Ellos, de un modo impresionante, nos están recordando que también nosotros pertenecemos a la misma raza. | ||
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| + | Como decía el papá de un sacerdote amigo: "Todos ésos que van muriendo, nos están recordando que ahí va el surco". Ahí va el surco y se va acercando también. ¿Cuándo será ese año, -tal vez está cerca, tal vez falta un poco-, en el que otros estarán recordando y diciendo: "Bueno, en este año se fue la hermana ... ". ¡Se fue! | ||
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| + | El tiempo que pasa nos obliga a despedirnos. Es un despojo, es un continuo despojo. Pero, al mismo tiempo, es una riqueza. Porque, con el paso del tiempo también van llegando otros rostros. Esta casa religiosa, por ejemplo, no contaba con algunas de las voces que están presentes. A ver, ¿quiénes llegaron este año aquí, por favor? Ahí hay varias voces, varias voces que llegaron este año. | ||
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| + | Luego, es a la vez un despojo y es una riqueza. Es a la vez un morir y un nacer. ¿Qué diremos? El tiempo es pascua, es morir y renacer. Y también nosotros, en algún momento, tendremos que dar nuestra cuota. | ||
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| + | También nosotros tendremos que despedirnos y tendremos que decir, -ojalá con plena conciencia, con plena lucidez-, decirle al mundo, a la Iglesia y a nuestra comunidad: "Gracias por todo. Hasta aquí llego. ¡Ánimo! ¡Bendiciones! Nos vemos en el Cielo". | ||
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| + | ''El tiempo trae esas despedidas y el tiempo trae esos saludos. Para nosotros, creyentes, el tiempo, sin embargo, no es un círculo, no es la repetición, no es el eterno retorno. El tiempo es una flecha, tiene una dirección. El tiempo apunta hacia una plenitud en Dios.'' | ||
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| + | Cada año nosotros recordamos esto, especialmente en la Pascua. Sé muy bien que la celebración de la Semana Santa queda un poco entre brumas en este momento. Mas, conocemos el rito. Cuando se toma el cirio pascual, se graba con el año. | ||
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| + | Cada cirio pascual es único; tiene un año. Ese año indica dos cosas: el tiempo que ha transcurrido desde la llegada de Cristo a esta tierra, pero también, que seguimos esperando el definitivo retorno del Señor. | ||
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| + | Es decir, al despedir este año 2007, nosotros, como cristianos, no podemos dejar de hacer un reclamo de amor a Cristo. Porque, estamos esperando que Él vuelva. Entonces, cuando termina el año, le estamos además diciendo a Jesús: "Señor, se acabó este año y no volviste. Se acabó este año y te seguimos esperando, Señor". | ||
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| + | ''Por lo tanto, este cambio de año es también una manera de afianzar nuestra esperanza, es una manera de levantar nuestro ardor mientras aguardamos a Jesús que vuelva. Porque, no todos los años serán iguales. Habrá un año, -no sabemos cuál-, que será el último de los años.'' | ||
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| + | ¡Vendrá el Señor! Eso parece imposible, eso parece fantasioso. Mas, Jesús nos dice en el evangelio: "Igual que sucedió en tiempos de Noé, sucederá cuando vuelva el Hijo del hombre" (''véase'' San Mateo 24,37). Es que en tiempos de Noé, la gente compraba y vendía, se casaban y se separaban, hasta que Noé entró en el arca. | ||
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| + | ''Mientras que la visión pagana es que nunca sucede nada y que todo se repite, la visión nuestra es, "Kayrós". El tiempo para nosotros tiene color, tiene perspectiva, tiene dirección, -casi digo-, tiene perfume. Nosotros vamos sintiendo el olor de la Pascua de Cristo a través de los años y de los siglos.'' | ||
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| + | ''Nosotros vamos persiguiendo el rostro de la Sangre redentora, purificadora de Jesús a través de los años. Y vamos buscando a ese Señor que también viene al encuentro de nosotros, que también viene saludando nuestra esperanza, dispuesto a abrazarnos y a llevarnos a esa Casa donde ya no existe el tiempo, esa Casa con muchas habitaciones.'' | ||
Revisión del 04:14 27 dic 2008
Fecha: 20071231
Título: Algunas reflexiones sobre el tiempo
Original en audio: 15 min. 40 seg.
La velocidad del tiempo, si se puede hablar de esa manera, no cambia en esta noche. Esta noche, desde el punto de vista de las estrellas y los astros, es quizás una noche más. Pero, a nosotros, los seres humanos, nos ayuda llevar una cuenta de los años, nos ayuda recordar que el tiempo va transcurriendo.
Y por eso, esta es una época en la que hacemos evaluaciones. ¿Qué pasó con los propósitos que yo hice el primero de enero de 2007? Ahora ya termina este año. ¿Qué tanto se logró de eso que se prometió? Esa es una forma de evaluar.
Los bancos, los comercios, las empresas, hacen sus propias evaluaciones también. ¿Qué se consiguió? ¿Nos fue mejor este año? ¿Nos fue peor? ¿Qué se hizo? Y así, sucesivamente. Es importante tomar esa conciencia del tiempo que pasa.
Nosotros tenemos una razón adicional. Y es que para nosotros, cristianos, el tiempo tiene un sentido de regalo continuo y de ofrenda permanente. El tiempo es el primer y fundamental regalo que Dios nos da, porque estar vivo significa, mientras estamos en esta tierra tener tiempo, contar con un poco de tiempo.
A la vez, el tiempo es una ofrenda. Porque, nosotros, como cristianos, ofrecemos la eucaristía de la vida. Nuestra vida misma es eucaristía. Y eso sólo se logra ofreciendo el día y la noche, los minutos y las horas, ofreciendo, en fin, el tiempo. ¡Convertir el tiempo en nuestra ofrenda! ¡Convertir el tiempo en nuestra eucaristía!
Hoy le presentamos al Señor, por ejemplo, el año 2007. Un ejercicio interesante es, si pusiéramos una bandeja aquí, y le pidiéramos a esta asamblea: "Tú, ¿qué traes para poner en esa bandeja? ¿Cuál sería ese objeto, papel, -o no sé-, prenda de vestir, juguete o aparato que pondrías tú ahí? Este año 2007, ¿en qué ha sido distinto para ti?"
Dios te ha regalado 365 días. ¿En todos esos regalos hay algo que destacar? ¿Qué fue lo que te sucedió este año que no había sucedido antes en tu existencia? ¿O fue un año que se repitió? ¿Fue una fotocopia de otro tiempo? ¡Seguramente que no!
¿Qué quisieras traer tú aquí como ofrenda? ¿Qué quisieras poner ahí? De pronto, una pareja podría dejar una copia de la escritura de la casa, porque han asumido ese compromiso.
De pronto, una religiosa diría: "Este año fue el año en el que hice mi primera profesión". Entonces, pondría ahí, un anillo o un velo, algo que hablara de su consagración. De pronto, un escritor podría traer su libro, ese libro que le costó tanto esfuerzo.
Yo quiero detenerme un momento para preguntarte, ¿qué quieres ofrecerle tú al Señor este año? ¿Cómo resumes tú este año en tu vida? La vida no puede pasar, simplemente, como que salió el sol, corrió el sol, se ocultó el sol, se hizo de noche, nació el sol, corrió el sol, se ocultó el sol ... .
¡Algo tiene que estar sucediendo en tu existencia! ¿Qué fue lo nuevo que trajo esta etapa a tu vida? ¿Qué es lo que tú quisieras entregarle al Señor como gratitud, como ofrenda del tiempo que ha transcurrido? Ahí te dejo esa inquietud. Puede servir también como materia de conversación en alguna reunión que haya después de esta Eucaristía.
Por otro lado, el tiempo nos hace despedirnos de la gente que ya no volveremos a ver. Por supuesto, en mi familia, el nombre que viene es el de mi cuñada recientemente fallecida. Cada año va dejando una serie de nombres, amigos nuestros, vecinos, parientes. Ellos, de un modo impresionante, nos están recordando que también nosotros pertenecemos a la misma raza.
Como decía el papá de un sacerdote amigo: "Todos ésos que van muriendo, nos están recordando que ahí va el surco". Ahí va el surco y se va acercando también. ¿Cuándo será ese año, -tal vez está cerca, tal vez falta un poco-, en el que otros estarán recordando y diciendo: "Bueno, en este año se fue la hermana ... ". ¡Se fue!
El tiempo que pasa nos obliga a despedirnos. Es un despojo, es un continuo despojo. Pero, al mismo tiempo, es una riqueza. Porque, con el paso del tiempo también van llegando otros rostros. Esta casa religiosa, por ejemplo, no contaba con algunas de las voces que están presentes. A ver, ¿quiénes llegaron este año aquí, por favor? Ahí hay varias voces, varias voces que llegaron este año.
Luego, es a la vez un despojo y es una riqueza. Es a la vez un morir y un nacer. ¿Qué diremos? El tiempo es pascua, es morir y renacer. Y también nosotros, en algún momento, tendremos que dar nuestra cuota.
También nosotros tendremos que despedirnos y tendremos que decir, -ojalá con plena conciencia, con plena lucidez-, decirle al mundo, a la Iglesia y a nuestra comunidad: "Gracias por todo. Hasta aquí llego. ¡Ánimo! ¡Bendiciones! Nos vemos en el Cielo".
El tiempo trae esas despedidas y el tiempo trae esos saludos. Para nosotros, creyentes, el tiempo, sin embargo, no es un círculo, no es la repetición, no es el eterno retorno. El tiempo es una flecha, tiene una dirección. El tiempo apunta hacia una plenitud en Dios.
Cada año nosotros recordamos esto, especialmente en la Pascua. Sé muy bien que la celebración de la Semana Santa queda un poco entre brumas en este momento. Mas, conocemos el rito. Cuando se toma el cirio pascual, se graba con el año.
Cada cirio pascual es único; tiene un año. Ese año indica dos cosas: el tiempo que ha transcurrido desde la llegada de Cristo a esta tierra, pero también, que seguimos esperando el definitivo retorno del Señor.
Es decir, al despedir este año 2007, nosotros, como cristianos, no podemos dejar de hacer un reclamo de amor a Cristo. Porque, estamos esperando que Él vuelva. Entonces, cuando termina el año, le estamos además diciendo a Jesús: "Señor, se acabó este año y no volviste. Se acabó este año y te seguimos esperando, Señor".
Por lo tanto, este cambio de año es también una manera de afianzar nuestra esperanza, es una manera de levantar nuestro ardor mientras aguardamos a Jesús que vuelva. Porque, no todos los años serán iguales. Habrá un año, -no sabemos cuál-, que será el último de los años.
¡Vendrá el Señor! Eso parece imposible, eso parece fantasioso. Mas, Jesús nos dice en el evangelio: "Igual que sucedió en tiempos de Noé, sucederá cuando vuelva el Hijo del hombre" (véase San Mateo 24,37). Es que en tiempos de Noé, la gente compraba y vendía, se casaban y se separaban, hasta que Noé entró en el arca.
Mientras que la visión pagana es que nunca sucede nada y que todo se repite, la visión nuestra es, "Kayrós". El tiempo para nosotros tiene color, tiene perspectiva, tiene dirección, -casi digo-, tiene perfume. Nosotros vamos sintiendo el olor de la Pascua de Cristo a través de los años y de los siglos.
Nosotros vamos persiguiendo el rostro de la Sangre redentora, purificadora de Jesús a través de los años. Y vamos buscando a ese Señor que también viene al encuentro de nosotros, que también viene saludando nuestra esperanza, dispuesto a abrazarnos y a llevarnos a esa Casa donde ya no existe el tiempo, esa Casa con muchas habitaciones.