Diferencia entre revisiones de «Pasion de Cristo 17»
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Revisión del 14:41 22 dic 2008
Fecha: 20070204
Jesus Flagelado y Coronado de Espinas.
Original en audio: 17 min. 20 seg.
San Juan 19,1-8
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Escuchemos primero la Palabra del Señor, Juan 19,1-8: “Pilato pues, tomó entonces a Jesús y le azoto. Los soldados tejieron una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza, le vistieron con un manto de púrpura, y, acercándose a Él y le decían: “Salve, Rey de los judíos”; y le daban bofetadas" (véase San Juan 19,1-3).
"Volvió a salir Pilato y les dijo: ”Miren, que se lo traigo fuera, para que sepan que no encuentro ningún delito en Él”. Salió, entonces, Jesús fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Les dice Pilato: “¡Aquí tienen al hombre!”(véase San Juan 19,4-5).
Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y loa guardias, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” Les dice Pilato: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no veo en Él ningún delito”. Los judíos le replicaron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley, debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios”. Cuando oyó Pilato estas palabras se atemorizo aun más” (véase San Juan 19,6-7)
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hermanos, estamos en un momento culminante de la Pasión de Jesucristo; podemos ver que el drama que vive Jesús en este momento, queda entrelazado con el drama que vive Pilato. Pilato interiormente, podríamos decir, en su conciencia, sabe que Jesús es inocente, lo ha dicho expresamente: “Yo no encuentro ningún delito en Él” (véase San juan 19,4;6) es un inocente.
Y Pilato esta en ese cargo que tiene, él es el representante de la autoridad romana, él hace el papel de juez, es quien tiene que definir lo que es justo, lo que es verdadero, y está pronunciando su parecer.
“Yo no encuentro ningún delito en Él” (véase San Juan 19,4;6) sin embargo, después dice: “Tomadle vosotros y crucificadle” (véase San Juan 19,6). Tenemos entonces aquí a un juez, que por una parte, reconoce la inocencia del acusado que es Jesucristo; pero por otra parte, reconoce el poder de aquellos que acusan a Jesús. En este juez tan particular, en este Pilato, no tiene tanto poder la justicia, cuanto tienen el poder otras cosas.
¿Qué cosas? ¿Qué pudo haber tenido tanta fuerza en Pilato, como para que él contradijera su conciencia, como para que él también negara el concejo que le dio su propia esposa? . Como cuenta también otro pasaje del Evangelio, la esposa de Pilato le dijo: “No te metas con ese justo”(véase ). O sea que ella estaba también convencida de la inocencia de Jesús, ella también vivía su propio drama; pero Pilato contradice a la esposa y contradice su conciencia.
¿Qué tiene tanto poder en él? Esta pregunta nos interesa mucho, porque como hemos venido encontrando, en la meditación de la Pasión de Cristo, lo que realmente está sucediendo es una serie de negaciones. Todos recordamos espontáneamente las negaciones de Pedro, pero ese no fue el único que negó a Jesús; aquí Pilato esta negando a Jesús, porque esta diciendo:” Él es inocente”, y luego está diciendo:” Pues vayan y castíguenlo, vayan y crucifíquenlo”.
Si es inocente, ¿por qué lo manda a azotar? Y si es culpable, ¿por qué no lo declara culpable? Hay una contradicción interna en Pilato, y lo más interesante es que Jesús hace que aparezca esa contradicción que Pilato llevaba dentro; probablemente él podía pasar por un hombre justo, y por un hombre respetable. Pero la verdad de Pilato aparece ante Jesucristo.
Jesucristo obliga a cada uno de nosotros a sacar su verdad; y la verdad de Pilato es que es un desastre de juez, es que es un asco de juez. Porque es un juez que proclama la inocencia y manda una condena, es un juez que representa al Imperio más poderoso y que, sin embargo, se rinde. Y vuelvo yo a preguntar, se rinde ante qué ¿Qué tuvo tanto poder en él para que contradijera su propia conciencia y para que contradijera el consejo oportuno de su esposa?
Efectivmanete, Pilato tiene un temor. El último versículo que hemos escuchado hoy es: ”Pilato, cuando escucho estas palabras, se atemorizó aun más” (véase San Juan 19,5). A ver, el que debería estar atemorizado y el que sin duda sufrió terriblemente el terror de lo que se le venia encima, es Jesús; pero Jesús no es el único que tiene miedo, la Escritura nos dice que Pilato, cuando oyó estas palabras, se atemorizó aun más; ya estaba atemorizado, y aquí se atemorizo más.
Lo asustaron las palabras de los judíos: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley, él debe morir, porque pretendió ser el Hijo de Dios”(véase San Juan 19,7). Esto es muy interesante en sí mismo, fíjense que algunas veces se presenta la muerte de Cristo como la consecuencia de sus opciones políticas.
No es extraño oír que algunos dicen: “Como Jesús afectó a los poderosos de su tiempo, como Jesús criticó a los poderosos y ricos de su tiempo, entonces ellos, podríamos decir, los del poder establecido, sintieron ese peligro y quisieron deshacerse de Él”.
Eso tiene algo de cierto, porque es evidente que el lenguaje revolucionario de Cristo, toca una cantidad de realidades humanas, y, entre ellas, la sociedad misma. El Evangelio de Jesús tiene fuerza para denunciar tantas y tantas injusticias, de ese tiempo y de nuestro tiempo; pero hay algo más, no estamos ante un simple “revoltoso”, no solamente un caso de justicia social.
“Él debe morir, porque pretendió ser el Hijo de Dios” (véase San Juan 19,7). La causa última de la muerte de Jesús no es una causa social, ni económica, ni política, aunque Jesús afecta la economía la sociedad. No es eso, no es la política, la causa última de la muerte de Cristo como aparece aquí, cuando están saliendo las verdades a flote; la causa última es: “Él pretendió ser el Hijo de Dios, por eso debe morir” (véase San juan 19,7)
Puestos en estas circunstancia, también los judíos tienen que sacar su verdad, no son todos los judíos, esto no debe llevarnos a odio hacia el pueblo judío, pero no podemos negar que fueron fundamentalmente las autoridades judías de aquella época, las que lideraron al pueblo en acusar a Jesús de esta manera, y la acusación última es: “Tenemos una Ley, según esa Ley, debe morir, porque pretendió ser el Hijo de Dios” (véase San Juan 19,7).
Y eso asustó a Pilato, eso produjo mayor miedo en él; ¿era Pilato una persona que le interesara la religión judía? Él no se mete en asunto de la Ley, no era estrategia de los romanos, eso lo sabemos muy bien por la historia. Los romanos tuvieron un gran éxito en la extensión de su Imperio, precisamente porque ellos no se metían con las cuestiones internas de los pueblos o de las culturas.
Ellos no se metían en aspectos ni de arte ni de religión; incluso muchas veces conservaban mucho de la estructura de poder político en los distintos sitios.
¿Qué le preocupa a Pilato? El temor de Pilato viene de esa frase: “Él pretendió ser el Hijo de Dios” (véase San Juan 19,7), ¿y por qué esa frase causa temor? Creo que si la dijera cualquier otra persona, pues nos causaría risa o nos causaría compasión: "¡Aquí tenemos a un loco¡".
Hay chistes sobre locos, que hacen juego con eso, el loco que se cree Dios, Pero Pilato no se ríe aquí, no es una carcajada lo que viene a sus labios, no siente alegría, es una mueca de horror, es una sombra de terror la que llega a sus ojos; le dicen: “Él pretendió ser el Hijo de Dios” (véase San Juan 19,7), y Pilato siente miedo.
Hermanos, yo sólo encuentro una explicación para ese miedo de Pilato; él tuvo que haberse preguntado: “¿Y si es verdad? ¿Y si es cierto? Si es verdad que este inocente, que este acusado, que este que es tan despreciado y tan noble a la vez, viene de Dios?”
Por eso, lo que sigue en el versículo nueve, la pregunta que le hace Pilato a Jesús es: “¿De dónde eres?" (véase San Juan 19,9), eso confirma el temor de Pilato. Él trato de cerciorarse, porque acordémonos que el gran drama de Pilato es que él no sabe cuál es la verdad, porque no le ha dado su corazón a la verdad, porque no ha apostado por la verdad, porque es un juez y reparte injusticia.
Sólo hay una manera de conocer la verdad, y es entregarse a la verdad, y eso no lo ha hecho Pilato; pero siente temor, presiente los pasos de la verdad, de la gran verdad, de la inmensa verdad, del amor de la salvación, de la conversión que viene con Jesús.
Él presiente eso, y siente temor, porque su vida está repleta de incoherencia, completa de mentira, porque su vida es una capa sobre otra capa de engaño y de mentira, y por eso siente temor; porque llega una luz que lo ofusca, su vida está llena de nieblas espesas, ¡su vida tiene tantas tinieblas!
¡Hay tanto que ocultar! ¡Tendría que esconder tantas cosas!, que siente miedo de la luz, se atemorizó por lo que dijeron los judíos: “¿Y si éste es el Hijo de Dios?" Sintió temor de eso, trató de cerciorarse, trató de mantener el control de la situación. Pero hay miedo en él.
Hermanos, alabemos la majestad de Jesucristo, que saca de cada uno de nosotros, nuestra verdad, lo que somos en verdad; alabemos la majestad y la luz de Cristo, que hacen que cada uno de nosotros finalmente tenga que decir: “Esto es lo que yo soy”.
Pilato llegó hasta ese borde y ese borde la condujo a un abismo incomprensible, el abismo de todos sus absurdos, de todas sus contradicciones, de todas sus mentiras, de todas sus trampas, y sintió terror de su propio abismo, y entonces quiso deshacerse de la luz.
Quiera Dios que nosotros obremos de otra manera, sí, que nosotros obremos de otra manera y que podamos encontrar en esa luz, aunque nos produzca algo de temor; podamos encontrar la verdad que nos redime, porque este Jesús, que como que con su esplendor, como que nos apabulla, con su amor nos levanta.
Él merece nuestra fe, Él merece nuestro amor, Él merece ese sí resuelto, que tú le quieres dar en este momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.