Diferencia entre revisiones de «Ba03001a»
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Si Juan derriba los ídolos, Cristo levanta la gracia; si Juan nos enseña a humillarnos hasta el polvo y besar el polvo y decir: "Me he equivocado muchas veces", Juan nos lleva hasta ése polvo; y Cristo nos levanta de ése suelo, de ése polvo, de ésa tierra y nos dice: "Tú has confesado tu culpa; eres perdonado". | Si Juan derriba los ídolos, Cristo levanta la gracia; si Juan nos enseña a humillarnos hasta el polvo y besar el polvo y decir: "Me he equivocado muchas veces", Juan nos lleva hasta ése polvo; y Cristo nos levanta de ése suelo, de ése polvo, de ésa tierra y nos dice: "Tú has confesado tu culpa; eres perdonado". | ||
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| + | Se necesita Juan, se necesita la predicación de Juan, para que no nos digamos mentiras, para que no nos creqamos inocentes, para que dejemos de escharle la culpa a otras personas; se necesita la predicación de Juan, para que dejemos de decir: "Fue la culpa de mi papá", "fue por culpa de mi mamá", "por culpa de los políticos", "por culpa de los sacerdotes", por culpa de quien sea. | ||
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| + | Se necesita la predicación de Juan, para que dejemos de escharle la culpa a otras personas y caigamos en la cuenta de que cada uno de nosotros tiene una parte de responsabilidad en esto de que el mundo, a veces, no funcione como debiera. | ||
Revisión del 19:55 18 nov 2008
Fecha: 19961215
Título:
Original en audio: 11 min. 45 seg.
Queridos Hermanos:
La liturgia de este día nos presenta la figura de Juan Bautista, bien llamado Precursor del Mesías.
Precursor porque fue concebido antes de Jesucristo y en atención a Jesucristo. Nació antes de Jesucristo y como anuncio del nacimiento de Jesucristo; predicó antes de Jesucristo, y poco antes de que iniciara su predicación Jesucristo; presentó a Jesucristo y murió antes de Jesucristo, como una señal y una especie de anticipación de la muerte de Jesucristo.
Juan el Bautista, pues, iba como delante del Señor preparando para Dios un pueblo bien dispuesto, dice la Escritura.
Juan el Bautista es una vida dedicadaal anuncio de Jesucristo; juan el Bautista no hizo nada en esta tierrea sino anunciar a Jesús; Juan el Bautista no tuvo una tienda, ni una industria, ni un negocio, ni un hogar, no escribió ningún libro, no se sembró ningún árbol, no tuvo niungún hijo; toda su vida, todo su amor se concentra en su misma tarea: anunciar a Jesús.
Bien podemos decir que Juan Bautista es un hombre de un solo amor, del inmenso, del intenso amor a Jesús y el ministerio de jesús en favor de todo el pueblo de Israel y de todas las naciones.
De Juan el bautista hizo un hermosos elogio Jesucristo en alcuna ocasión. dijo quesús que " Juan el Bautista era el mayor entre los naciudos de mujer" (véase ). Dando un poco la vuelta a ewstas palabras, se podría decir que Juan el Bautista es lo más grande que puede engendrar la carne humana, es lo más grande que puede salir de las solas fuerzas humanas.
Juan el Bautista como el límite, como la cumbre suplicante de la humanidad, hasta donde pueden llegra sus fuerzas, hasta donde pueden llegra sus esperanzas. Pero Juan el Bautista todavía no es el Reino de los cielos, él no es la luz, es el testigo de la luz.
la vida de Juan el Bautista es admirable: vivió y predicó en el desierto en un régimen de austera penitencia, presentando, con su voz, la inminencia de la visita de Dios. Y sin embargo, por admirable que nos pueda parecer esta vida, todavía no es la vida que venía Dios a otorgarnos por medio de Cristo.
Y por eso debemos preguntarnos cuál es la diferencia entre la vida de Juan y la vida de Jesús. Es la misma diferencia que hay entre el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús.
El bautismo de Juan era un bautismo de solo agua, una señal de arrepentimiento, un deseo sincero de volver a Dios. El bautismo de jesús, en cambio, es una efusión del Espíritu Santo, es un gracia, es un regalo.
Si el bautismo de Juan es la confesión de que somos pecadores, el bautismo de Jesús es la proclamación de que Dios perdona. Si el bautismo de Juan es el reconocimiento de que necesitamos de Dios, el bautismo de jesús es el reconocimiento de que Dios viene a sanar nuestras necesidades.
El bautismo de Juan es como derribar los ídolos que nos impiden encontrar a Dios; el bautismo de Jesús es el levantamiento, la erección de la Cruz, que así levantada, aparece como verdadero reemplazo de todas esas idolatrías.
El bautismo de Juan y la vida de Juan es el esfuerzo más resuelto de luchar contra el mal; el bautismo de Jesús es la proclamación más clara de la siembra, de la presencia y de la cosecha del bien.
Y esto tien una enseñanza para nosotros. Hermanos, no basta con reconocer uno que uno ha sido malo; no basta con la comprobación de que hay muchos problemas, de que hay muchas idolatrías, de que hay muchos pecados. En el mejor de los casos, esta confesión de que nosotros somos malos, llega hasta el bautismo de Juan, es decir, hasta el reconocimiento público "soy un miserable"; eso no basta.
Lo más importante no es que nosotros somos malos, eso no es lo más importante del Evangelio. Lo más importante, lo más bello, lo más grande del Evangelio no es que nosotros somos malos y que estamos arrepentidos, sino que Dios es bueno y que puede transformarnos, que puede sanarnos, colmarnos de su Espíritu y renovarnos. Esta es la gran diferencia entre Juan y Jesús.
Si Juan derriba los ídolos, Cristo levanta la gracia; si Juan nos enseña a humillarnos hasta el polvo y besar el polvo y decir: "Me he equivocado muchas veces", Juan nos lleva hasta ése polvo; y Cristo nos levanta de ése suelo, de ése polvo, de ésa tierra y nos dice: "Tú has confesado tu culpa; eres perdonado".
Se necesita Juan, se necesita la predicación de Juan, para que no nos digamos mentiras, para que no nos creqamos inocentes, para que dejemos de escharle la culpa a otras personas; se necesita la predicación de Juan, para que dejemos de decir: "Fue la culpa de mi papá", "fue por culpa de mi mamá", "por culpa de los políticos", "por culpa de los sacerdotes", por culpa de quien sea.
Se necesita la predicación de Juan, para que dejemos de escharle la culpa a otras personas y caigamos en la cuenta de que cada uno de nosotros tiene una parte de responsabilidad en esto de que el mundo, a veces, no funcione como debiera.