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Revisión del 01:54 4 oct 2008
Fecha: 19961020
Título: Dejar que Cristo se convierta en pregunta para nosotros
Original en audio: 9 min. 16 seg.
Queridos Hermanos:
La Palabra de este domingo nos presenta una especie de prueba definitiva a la que quisieron los enemigos de Cristo someterlo. Esa prueba definitiva es: "¿Cómo vas a obrar tú ante los poderes de esta tierra?" (véase San Mateo 22,17)
Se trataba verdaderamente de un lazo mortal. Si Jesús decía que no había que pagar impuesto al emperador o al César, como estamos acostumbrados a oír, esto lo situaba dentro del grupo de los rebeldes, dentro del grupo de aquellos que estaban tratando de alzarse contra el imperio, y por consiguiente, esto hacía de él un enemigo público.
Sabemos de qué manera los romanos reprimían esta clase de rebeliones. Precisamente, la cruz, a la que después fue sometido Cristo, era el suplicio que reservaban ellos para aquella gente de mala ley, que no se sometía a su poder.
Pero, si Cristo decía que sí había que pagar el impuesto al emperador, esto significaba que estaba de acuerdo con la dominación romana, y por consiguiente, que no estaba reconociendo verdaderamente a Dios como Rey.
La pregunta, entonces, era una verdadera trampa, y se presenta de modo cortés, llena de una falsa dulzura, de una adulación que Cristo rechaza. "Sabemos que eres sincero" (véase San Mateo 22,16), le dicen, cuando están tratando de probar su sinceridad. "Sabemos que tú enseñas el camino de Dios" (véase San Mateo 22,16), le dicen, cuando exactamente lo que intentan es que quede claro que Ése no es el Enviado de Dios.
"Sabemos que tú hablas sin que te importe la opinión de la gente" (véase San Mateo 22,16), le dicen, precisamente, para tratar de ubicarlo en alguna de las opiniones de la época, para tratar de encerrarlo en un grupo.
Si pensamos en la historia de la Iglesia y en la historia de la sociedad, realmente ése ha sido el esfuerzo que muchas personas han hecho: tratar de matricular a Jesucristo dentro de una determinada opinión o grupo, para luego aprovecharse de ese hecho, como pretendían los fariseos en el texto que hemos escuchado.
La respuesta de Jesús se ha convertido en una especie de proverbio o de refrán. La recordamos todos en la traducción usual: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (véase San Mateo 22,21).